MANIFIESTO

La maternidad es un viaje salvaje que comienza, casi siempre, con uno de los sucesos más brutales de la vida: un parto. Ahí se unen lo antropocéntrico, lo biológico, lo cultural, lo mágico y lo místico para acompañarnos de por vida.

El relato de la maternidad, tradicionalmente, ha estado monopolizado por la entrega de la madre hacia el hijo. Por el silencio si no es para decir lo maravilloso que es ser una madre, porque la queja revela ingratitud. Cómo te atreves. Nos acostumbramos a consumir un relato edulcorado, como si la maternidad fuera tan dulce como la más dulce película de amor. Pero no es así. La maternidad duele. Es amarga. Es muchas cosas que no nos contaron nunca y que merecemos saber antes de tomar una decisión. Contadnos la verdad: evitadnos la frustración.

Mamagazine es una revista digital en la que encontrar relatos honestos, íntimos y brutales sobre la maternidad (y la paternidad también). A través de testimonios de mujeres (y hombres) generosas y valientes iremos destilando un nuevo caldo lleno de matices, un relato del impacto de la maternidad en nuestros cuerpos, en nuestras mentes y en nuestros días.

Mamagazine es un álbum de fotos con historias, de luces y de sombras. De negros, muchos grises y blancos. De belleza y de furia. Una publicación honesta, antropológica y necesaria. Abrazamos los valores feministas, femeninos, masculinos también, ecológicos, sostenibles, amables, culturales, críticos y de buen humor.

Queremos que leas, que escribas, que escuches, que hables, que preguntes, que contestes, que te enfades y que rías a carcajadas. Si nos acompañamos en este viaje, no dudes de que será un viaje mejor.

 

ABOUT

Ada Curie 

 

Antecedentes: Nació en 1981 en Zaragoza, España. Se mudó a Madrid a los 17 años para cursar estudios de Periodismo. Hasta el día de hoy, ha pasado por 11 mudanzas en 19 años. Su máximo logro inmobiliario: haber vivido en 3 pisos situados en 3 números distintos de la misma acera de una calle con 5 edificios. Tras estas experiencias, afirma ser urbanita, muy urbanita, mientras sueña con jubilarse en un caserío asturiano de menos de 10 viviendas.

Formación académica: Paseó varios años por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense (sí, esa donde Alejandro Amenábar rodó su Tesis), frecuentando cafetería, sala azul, sala naranja y césped colindante. El Periodismo ya comenzaba a ser, por aquel entonces, una profesión poco respetada y peor pagada. Así no se iba a ganar la vida. Ostentó varios trabajos típicos de la época universitaria: camarera de bar de copas, canguro de niños, profesora de clases particulares y personal en prácticas.

Años más tarde, para continuar en la estela de formaciones curriculares poco rentables, cursó un Postgrado de Gestión Cultural. No sabría decir si alguno de sus compañeros encontró acomodo profesional en este campo tras el postgrado. Se atrevería a decir que no. El gestor cultural suele estar igual de mal remunerado que el periodista de a pie.

Cualidades: Optimista hasta el delirio, voraz lectora, con hiperactividad visual.

Algún defecto: Optimista hasta el delirio, cabezona, usa frecuentemente pseudónimo.

Su mejor momento: He insistido pero no quiere contármelo, porque dice que los mejores momentos se los guarda para ella. Cree que sus mejores momentos no están hechos para ocupar un espacio en su Instagram. Se los guarda para ella.

Aficiones: Tener mil versiones de si misma. Cambiar de opinión varias veces al día. Escuchar conversaciones ajenas y propias. Llevar la cuenta de los diferentes precios de los carburantes (no puede evitar estudiarlos cada vez que pasa por una gasolinera). Ir por la carretera comparando la matrícula de los coches, para saber por qué letras van. Comprar ropa de segunda mano (incluido un traje de novia que nunca llevará, pero era tan mono y tan de los 70…). Sentarse a mirar y opinar por lo bajini sobre el paisaje y el paisanaje, si es que se sienta acompañada. Comprar botas y botines. Incluso en verano. También comprar alpargatas. Contar, desde el asiento del coche, los corzos que bajan a los campos cercanos a la A2 a su paso por Soria y Guadalajara,  al atardecer, de ida o vuelta en los viajes para estar con la familia. Sentarse en una de las mesas con mirador del Pepe Botella en la Plaza del 2 de mayo en Madrid un lunes por la mañana. Esta afición la tienen muchas más personas los fines de semana.  Las mañanas de Malasaña. Dormir en hoteles. Abrazar y besar. Beber zumo de tomate preparado. Comer Rigatoni Alla Indiavolata sin guindilla en la Trattoria Pulcinella.

Demasiadas pistas para alguien que se esconde tras un pseudónimo. ¿No?*

 

*Gracias a Stuart Murdoch en El Café Celestial por la inspiración para escribir este texto. En realidad me llamo Victoria Gabaldón Aparicio.