los animales pequeños de mercedes duque

LOS “ANIMALES PEQUEÑOS” DE MERCEDES DUQUE ESPIAU

Escrito por:

Espero a Mercedes Duque Espiau (Sevilla, 1996) tomando un café en un hotel del centro. Llega con su maleta, dispuesta a un día más de promoción y preguntas sobre Animales pequeños, su primera novela publicada por el sello Tusquets. No es su ópera prima: ya expuso su talento para contar historias en el libro de relatos Los días breves, con el que ganó el III Premio Internacional de Cuento Juan Ruiz de Torres 2023Licenciada en Antropología y Sociología por la Goldsmiths University de Londres y docente, vuelca la experiencia generacional de tantos jóvenes españoles que migraron a grandes ciudades con expectativas inevitablemente idealizadas en esta historia en la que la amistad femenina se representa como una fuerza poderosa e intensa que moldea la identidad de sus protagonistas, Rita y Lis, amigas desde el colegio, y que comparten piso en Londres.

Animales pequeños presenta la amistad entre mujeres como una experiencia formativa fundamental. A través de la relación entre Rita y Lis, Mercedes explora la complejidad, la intensidad y la importancia de estos vínculos, desafiando las narrativas sociales que buscan minimizar su impacto. La amistad, a pesar de sus complejidades, también funciona como refugio y apoyo para ellas, especialmente en momentos de crisis y desubicación. La relación con Lis, a pesar de sus altibajos, ofrece a Rita un espacio de comprensión y contención. La historia que desgrana la novela también destaca la importancia de otros vínculos en la vida de Rita en Londres, como la relación con Freya, su compañera de piso, su hermana Eva y su compañero de trabajo Marek. 

Animales pequeños podría definirse como un retrato generacional. ¿Te sientes cómoda en esa definición?

Escribo casi compulsivamente sobre la década de mis 20, me he quedado ahí, en esa edad. La acción está situada en Londres, esa ciudad inmensa, como otras grandes ciudades que te comen. Estas ciudades no están hechas para crecer en ellas, sino que ellas crecen a cuenta tuya. Aunque he escrito desde mi experiencia, no es un libro autobiográfico, pero no tenía más remedio que narrarlo desde ahí: es lo que conozco. Y ficciono, claro: lo que escribo es ficción, pero necesito conocer el espacio y, si no haber vivido esas experiencias a nivel emocional, haberme sentido en esos lugares. No soy consciente de haber creado un relato generacional. Otras personas de distintas edades también me han dicho: pues yo me fui a Berlín, a Londres, a Ámsterdam; me fui a Madrid también, a Barcelona… Sales de tu zona de confort y te prometen que en ese lugar, que suele ser una gran ciudad vas a crecer, ¿no? Como decíamos antes, es la ciudad la que crece gracias a ti. Es posible que la gente de mi generación lo haya vivido más pero en verdad, no tengo muy claro por qué. Puede ser que, a raíz de la crisis del 2008, se considerase la posibilidad de viajar de una manera más natural, digamos. Mis padres también podían viajar, pero era muy raro irte a vivir a otro país. Mi tía se fue a vivir a Barcelona y eso era lo más extraño que podía ocurrir. Muchas personas de mi generación viajaron a Londres y se encontraron con todo esto que se encuentra Rita en el libro; ella tiene una experiencia bastante traumática o negativa de la ciudad. Yo también la tuve, pero es verdad que viví la ciudad de distintas maneras: han salido muchas cosas buenas de mi experiencia en los tres años que estuve viviendo allí. Por ejemplo, este libro: si no hubiera vivido allí, no habría salido esto. Sí creo que es verdad que este desencanto que se encuentra Rita es una cosa bastante generacional, no únicamente en Londres, sino en todas estas grandes ciudades que son un poco como esa promesa de aquí te vas a encontrar a ti misma. Con lo difícil que es encontrarse una misma, ¿cómo te vas a encontrar en una ciudad como Londres, en la que no encuentras nada?

También escuché que se definía tu escritura como “costumbrismo millenial”. ¿Cómo es ese costumbrismo?

No lo tengo muy claro. Supongo que, como es “mi” costumbrismo, nunca he reflexionado mucho sobre él, pero cuando me hicieron esa pregunta yo pensé en Rita, que vuelve a ver los capítulos de House una y otra vez, o en los momentos en los que, con su amiga Freya, ve Girls. Yo veo películas de terror, que me encantan, y también muchos dramones, para decirme: «bueno, por lo menos mi vida no está tan mal: no hay nadie persiguiéndome con un hacha». Creo que Rita ve lo que ve, igual que lo vi yo, cuando se siente un poco desubicada. Estuve viviendo un tiempo en Roma y, al principio, me sentía muy desubicada. Y volví a ver House, una serie con la que había crecido, que veía con mi madre todos los jueves a las diez de la noche cuando la ponían en Fox —antes de que las plataformas ofrecieran todas las series de corrido—. Ese “costumbrismo millenial” que existe en el libro se debe a que no tenía más remedio y, por otro lado, porque es la zona de confort de Rita, que quieras que no, lo que está buscando es una vuelta a un pasado que le resulta más agradable, más adolescente o infantil, en el que todo era un poquito más acolchado. Las series que ve, la música que escucha, son su zona de confort.

¿Qué importancia tienen los talleres de escritura en tu manera de crear?

Me he apuntado a talleres, por un lado, porque he aprendido mucho. Por ejemplo, a los talleres de Casa Tomada, una librería que me encanta. He pasado por casi todas las personas que dan clases allí y he aprendido mucho de ellas. Cuando me vi con este proyecto, supe que iba a mejorar muchísimo con una rutina impuesta, con un horario de clases a las que tienes que acudir sí o sí. Estuve colaborando con la escritora Elaine Vilar Madruga, y fue genial. Mi mejor amiga me regaló La tiranía de las moscas y mientras lo leía, ya estaba trabajando en este manuscrito. A la vez, pensaba que me encantaría que ella me leyese y me editase porque intuía que podríamos llevarnos muy bien a ese nivel. Comencé a seguirla en redes y descubrí su Laboratorio de narraciones: talleres de edición en los que ayuda a otras personas a editar sus manuscritos. Contacté con ella, leyó la primera página de esta historia y dijo que le encantaba. Con el tiempo, fuimos afianzando nuestra relación tanto a nivel de escritura como de amistad. Es muy hermoso pensar que este libro que, evidentemente, he escrito yo, ha llegado a ser lo que es porque ha pasado por otro montón de cabezas, manos y opiniones distintas a las mías.

Uno de los temas que exploras en Animales pequeños es la complejidad de la amistad femenina, mostrando tanto sus aspectos positivos como sus contradicciones.

Me interesaba explorar la amistad desde el punto de vista de la identidad. Por lo menos, en mi experiencia, creo que cuando las mujeres tenemos una mejor amiga, que además aparece desde una edad muy temprana —como es el caso de Rita y Lis—, parte de la identidad de una se forma en relación con la otra. Quería narrar el duelo, también. Cuando tu identidad o parte de tu identidad ha sido formada a través de otra persona y esa persona desaparece, tu identidad o ese pedacito se resquebraja un poco, te quedas un poco coja. Y esta es una sensación que yo he vivido en más de una ocasión: la ruptura de una amistad me ha roto el corazón mucho más que un desengaño amoroso con una pareja. Cuando esta amistad nace en una edad temprana, se genera un vínculo que es superambiguo.

Me han preguntado mucho si la portada refleja una escena lésbica. Yo creo que eso no es lo interesante: me gusta que me hagan esa pregunta porque me da pie a hablar de lo que realmente me interesa: y es que en la amistad entre mujeres también hay un enamoramiento. Rita y Lis se conocen en el patio del recreo, tienen como 11 o 12 años: hay un flechazo totalmente entre la una y la otra. Yo he tenido montones de flechazos con amigas y con amigos, pero no he tenido ningún flechazo de amor con una persona, nada más verla. Entonces, en ese tipo de relaciones, que son prácticamente como de pareja, existen tanto las cosas buenas de adorar a tu amiga, admirarla muchísimo, como también las cosas malas: los celos, la envidia… La suya es una relación bastante tóxica en ese aspecto. Es un tema que a mí me obsesiona, un tema sobre que el que he encontrado poco sobre lo que leer. Por eso me interesaba explorarlo. El hospital de ranas, de Lorrie Moore, por ejemplo, ha sido una especie de diccionario para escribir esta novela.

Existe una suerte de invisibilización de la amistad femenina y una exaltación de las relaciones de pareja. 

Rita, en la novela, dice que nunca se ha enamorado, que nunca ha tenido una pareja y no le interesa. Y tampoco se siente muy triste por eso. En una entrevista me preguntaron si se podía vivir sin amor romántico y yo creo que 100% sí. Y creo que puede ser este uno de los motivos por los que se invisibiliza la amistad femenina: porque no es productiva al fin y al cabo. Con una amiga no vas a tener hijos, no vas a caer dentro de la norma si convives con ella el resto de la vida, o si te apoyas en ella en lugar de una pareja. Esta relación de amistad no es para nada productiva, no sirve para nada en el mundo heteropatriarcal en el que vivimos.

La relación de Rita con su hermana también es definitiva en un momento en el que todo el mundo, en la novela, tropieza existencialmente.

Siempre que nos relacionamos, en todas las relaciones que mantenemos, hay toxicidad; quiero decir: nunca nada es lineal ni perfecto. La relación que tienen Rita y Eva, su hermana, es la única relación que podían tener. Son hijas de padres ausentes, que las quieren y ellas lo saben, pero que no están ahí. Ambas se han visto obligadas a desarrollar un mecanismo de cuidados entre ellas, ajeno al de los padres, y no había más remedio que esta relación fuera así. Eva es la hermana, un poco más responsable, más calmada; por el otro lado, Rita sí podría ser un poco más desastre, pero aparte también ha asumido este rol: como mi hermana es la hermana perfecta, por consecuencia,yo soy caótica. Se genera entre ellas esta relación de necesidad mutua. Estas hermanas estaban abocadas a tener este tipo de vínculo, con todas sus toxicidades y con todo el amor que se tienen, también.

Otra de las relaciones que mueven la acción es la de Rita y Marek, compañero suyo en el bar en el que trabaja. Su amistad no atesora grandes confesiones ni profundidad, pero es una manera igualmente válida de generar un vínculo, un refugio necesario.

A mí me encanta Marek. Siempre que me preguntan por él me pongo muy contenta porque me parece un personaje muy divertido, que se pasa un poco por alto porque obviamente no es un personaje principal, pero sí que es un refugio, como has dicho, una compañía para Rita muy especial. Es un personaje bastante divertido, y creo que también es interesante ese tipo de vínculo que tienen en ciertos momentos de la novela. No saben nada el uno del otro, no se han contado ninguna historia, ninguna anécdota… Lo interesante para ella, y lo que les gusta a ellos dos de esa amistad, es que se conservan las incógnitas. Se acompañan mutuamente en la sencillez, en tener una compañía sencilla, en la que no hagan falta las preguntas. Rita se siente respetada por Marek. Mantienen una de esas amistades que pueden parecer superficiales, pero para mí en verdad no lo son. Creo que son también igualmente necesarias.

La relación de Rita con el sexo y el deseo también atraviesa esta historia. 

No creo que Rita tenga sexo porque sienta placer o, si siente placer, es una cosa secundaria. Lo que busca, y en ciertos momentos de la novela también lo dice, es ser adorada, ser amada, ser querida. No querida emocionalmente, sino sentirse un poco venerada. He reflexionado mucho sobre esta novela; he ido a muchos talleres y en los talleres siempre te preguntan qué es lo que quiere tu personaje, qué busca. Rita es un personaje que no parece buscar nada, de hecho, ese es uno de sus grandes rasgos es que no busca nada. También a raíz de eso, me he dado cuenta de que lo que busca, realmente, es que la quieran. Cuando se encuentra con el sexo, lo que tiene es momentáneamente esa sensación de que la de que la están queriendo, de que la están adorando y por eso se acuesta con hombres.

Rita consume drogas; Lis, ansiolíticos. Las drogas legales y las ilegales se muestran como la posibilidad de escapar, por un rato, de la vida real. 

Al final, necesitas salir de la realidad y evadirte porque no la soportas más, y esto es algo que pasa a todas las edades. Rita toma cocaína para ello, por ejemplo. Para empezar, la cocaína en Londres es como cualquier cosa, o sea, como quien se compra un paquete de chicles, básicamente. Cada persona tiene su forma de, no sé si de evadirse, pero sí de hacer su vida un poquito más brillante y un poquito menos pesada de lo que es. Lis toma ansiolíticos, algo que está más normalizado. Rita necesita salir de su cuerpo y Lis necesita apagar el suyo. Yo no hago ninguna crítica a las drogas en el libro. Sencillamente, creo que en estos momentos de las vidas en los que encontramos a estas mujeres, no sé si las necesitan, pero las utilizan para sobrellevar un poco la situación en la que están.

 

 

Rita, desencantada y resentida con su mundo, pasa los días dinamitándose el cuerpo, viviendo de recuerdos. Se instaló en Londres con Lis, su mejor amiga, tras graduarse en la universidad, con la intención de buscar algo nuevo, una aventura quizá, o de labrarse un futuro similar al de su hermana mayor, Eva, editora de éxito, una envidiable hija perfecta. Cuando Lis cae en una depresión profunda, una especie de enajenación que la mantiene en cama, y Eva se enfrenta a una crisis que le hará replantearse su futuro, Rita se ve obligada a bucear en el pasado para entender en qué momento su vida dejó de tener sentido, por qué las personas que más quiere se alejan de su lado. Con una economía de lenguaje quirúrgica, esta novela deambula por una ciudad lluviosa y sombría, extrañamente silenciosa, y retrata a una generación que no encuentra su lugar. En esa urbe despiadada, estas jóvenes se rebelan de forma salvaje contra su cuerpo, contra la vida adulta, resignadas a no poder transmitir sus sentimientos.

Escrito por:

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.

Relacionados

VICTORIA GABALDÓN

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

Revista en papel