El primer elemento del rencor de la mujer hacia la sociedad es verse obligada a afrontar la maternidad como disyuntiva excluyente.
Carla Lozi
¿Estoy produciendo con el temblor de mi vientre, con el sudor de mi frente, un cuerpo-mercancía? ¿Estoy cuidando desde mi cuerpo explotado un cuerpo-mercancía? ¿Estoy sentada en el banquillo de las acusadas amamantando un cuerpo-mercancía?
Mientras las cifras de los feminicidios, la violencia machista y las ablaciones sigan disparadas a nivel mundial; la prostitución, la pederastia, la explotación laboral de millones de mujeres continúen siendo el pan nuestro de cada día, la violencia obstétrica siga robando partos, el aborto no se considere sin una decisión soberana de la mujer en todo el mundo, la baja de maternidad sea irrisoria y los cuidados ocupen el último lugar en la agenda política; seremos madres con los cuerpos escindidos la garganta cerrada y la líbido olvidada en un rincón, seguiremos intentando a adaptarnos a un modelo económico, político y cultural en el que nuestro deseo no cuenta. En una sociedad donde las madres no estuvieran excluidas del ámbito público ni las crianzas relegadas a lo privado, donde hubiera sostén económico y repercusión en lo político, donde los cuidados estuvieran retribuidos y fueran asunto de todxs, no haría falta ser madre para descubrir el goce de cuidar, ni tener hijxs sería sinónimo de sacrificio, renuncia, culpa y frustración. De la necesidad de reflexionar, investigar, compartir y dar voz, nace este proyecto, La Pelvis en llamas, un híbrido entre poemario, ensayo teórico y diario experiencial, estructurado en tres partes. Un grito susurrado, donde la página es líquido amniótico y la palabra el latido.
La pelvis en llamas, libro singular y necesario que contiene una poética ensayística sobre la maternidad «en las retaguardias de la ternura». Un canto al precipicio y una crítica a la oscuridad donde damos a luz. Sara Martín revela que «el horizonte busca una pared donde apoyarse» y construye ese apoyo desde el asombro y la conciencia. Transcribe el pensamiento de un útero cuántico, como si no fuera todavía lo que es, pero es. Sara muestra con la «transparencia psíquica» de una cadena de sueños que colectivizan el miedo y la angustia, ese cerebro que arde en el interior de la pelvis. La poeta se posiciona, «solo nosotras sabemos lo que se cuece», mostrando sus fuentes, citas y descubrimientos científicos como el de que dejamos algunas células en nuestras madres que modificarán sus reacciones. Es una poesía de investigación, revolucionaria, motivada por la necesidad vital de liberarse y liberarnos de la marginalidad claustrofóbica en que se ha convertido la maternidad. Consciente de la necesidad de un discurso, que nos conecte con el animal social que somos y nos haga más libres. Sara Martín ha parido poemas de una belleza compacta, rigurosos como golpes. Inaugura de esta manera «una nueva estética afectiva», social y política, que funciona para una «madre huérfana de madre […] como una taza de caldo en la convalecencia».
Marina Oroza






