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YO NO QUIERO SER LOBA: PREFIERO SER LEOPARDA

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Aún con la resaca de la celebración del XXII Premio Tusquets en Barcelona —que la oscense Marta Borraz acaba de ganar con su novela Las leopardas—, mis redes comenzaron a llenarse de imágenes del primer concierto de la residencia de Shakira en Madrid. La coincidencia zoológica era difícil de esquivar, aunque las lobas de Shakira, a diferencia de las leopardas de Borraz, tienen mandamientos. En las pantallas del concierto se proyectan los diez preceptos por los que debe regirse una loba. El sexto dice: «Una loba no compite con las de su especie. Las lobas se ayudan y protegen». El noveno, apenas tres puestos después: «Una loba no codiciará los bienes ajenos. ¡Claramente!». La alusión a Clara Chía no necesita subtítulos. Tampoco la contradicción. La manada se ayuda y protege, pero antes decide quién merece formar parte de ella.

Yo no quiero ser una loba, la verdad. Prefiero ser una leoparda. En la novela de Marta Borraz también hay una Clara, aunque esta pasa el curso en Zaragoza y los veranos con su familia en el Pirineo, a finales de los años setenta, cuando la amistad entre adolescentes, la música, el cine y los horóscopos acompañaban el despertar de unas jóvenes que sentían que todo estaba por descubrir. A su alrededor, un grupo de mujeres desafía las convenciones mientras la sociedad cambia rápidamente. La irrupción de una enfermedad silenciosa marcará el destino de algunas de ellas y las obligará a enfrentarse también al estigma, frente al que eligen la ternura y el cuidado de quienes aman. Las leopardas habla del deseo femenino, la amistad, los cuidados y la memoria, y rinde homenaje a quienes abrieron caminos en una época marcada por la recuperación de libertades y por la incertidumbre. «Todas somos leopardas», afirma Borraz, que se inspiró en mujeres que se han cuidado unas a otras y han enseñado a las siguientes generaciones a estar alerta y defenderse.

Shakira convirtió una traición privada en un relato público de recuperación económica y simbólica, pero buena parte de ese relato necesitó fabricar a otra mujer como antagonista. «Las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan» parece una consigna feminista hasta que preguntamos quién paga la factura. La artista tiene derecho a escribir desde la rabia, a estar despechada, a ser injusta, vulgar, vengativa y brillante, faltaría más. El problema aparece cuando la industria, los medios y el público presentan esa venganza como empoderamiento. Facturar no convierte automáticamente un discurso en feminista. A veces solo convierte el dolor en un producto muy rentable.

Y mientras Gerard Piqué —la persona que había contraído un compromiso con ella— queda como el tipo que cambió un Ferrari por un Twingo o un Rolex por un Casio, Clara Chía recibe el viejo castigo reservado a «la otra». La joven oportunista, la sustituta barata, la mujer que «se metió» donde no debía. Incluso el juego con «claramente» convirtió su nombre en una diana mundial. De nuevo, la supuesta liberación de una mujer sostenida, en parte, sobre la humillación masiva de otra.

El noveno mandamiento de las lobas, además, altera la distribución de responsabilidades. Al pedir que no se codicien «los bienes ajenos», convierte a Piqué en un objeto: algo que pertenecía a Shakira y que Clara deseó hasta apropiárselo. Él queda desprovisto de voluntad, como un bulto que alguien se roba. Incluso dentro de un espectáculo celebrado como una fiesta de poder femenino, el hombre actúa y las mujeres se culpan entre sí. Me molesta especialmente la expresión «las de su especie». En apariencia, amplía la manada; en la práctica, permite cerrar la puerta. Las lobas se ayudan y protegen, sí, pero Clara no cuenta como loba. La sororidad deja de serlo cuando necesita una mujer fuera para que las demás se reconozcan dentro. Prefiero a las mujeres de la novela de Marta Borraz —que se publicará el próximo 7 de octubre—, capaces de abrir caminos cuando casi todo estaba todavía por descubrir. Prefiero ser leoparda. Y dejar a Clara en paz.

 

 

 

Clara se mueve por el mundo con una naturalidad que desconcierta, como si los prejuicios no fueran con ella. Durante el curso vive en Zaragoza, pero pasa los veranos con su familia, en el Pirineo, cuando la amistad feroz entre adolescentes, la música, el cine y una apasionada fe en los horóscopos anuncian el despertar de una generación, la de finales de los años setenta, que siente que todo está por descubrir. Una singular constelación de mujeres que desafían las convenciones la acompañan mientras, a su alrededor, todo cambia a velocidad de vértigo. Pero una enfermedad silenciosa marcará el destino de algunas de ellas. Sin embargo, frente al estigma eligen la ternura y cuidar a quienes aman. Las leopardas es una novela luminosa y desgarradora, no exenta de humor, sobre el deseo femenino, la amistad y la memoria. Un homenaje a una generación de pioneras que se abrió camino en una época de libertad recuperada y de incertidumbres. Una historia inolvidable que demuestra que, incluso en los momentos más oscuros, la vida avanza con determinación y sigue rugiendo.

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VICTORIA GABALDÓN

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.
Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

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