Es una mañana de octubre lluviosa en Gijón. Hace fresco y el cielo está encapotado con una gama de grises en diferentes intensidades. El día perfecto para quedarse en casa. Sin embargo, en la LABoral Centro de Arte y Creación Industrial se está celebrando el Mama Travel Fest, un evento de charlas y talleres donde familias viajeras venidas de todas partes comparten una jornada inspiradora y divertida. Antes fue en Barcelona, Madrid y Valencia. Llevo varios años intentando asistir y esta vez, a la cuarta edición, va la vencida. Aunque tengamos que recorrernos España de un extremo al otro. No soy la única que viene de fuera: hay quien se pilló los vuelos hace meses para estar hoy en Asturias.
A la entrada recibo un welcome pack con muchos regalos y enseguida me encuentro con una zona llena de gente: es el mercadillo donde se van a realizar talleres y actividades con los peques durante todo el día. Esta es la antesala del espacio de las charlas. Hay niños de diferentes edades por todas partes, corriendo y jugando porque esto está pensado para que venga toda la familia. Hay cosas para dibujar: un tipi con cojines, un arenero lleno de algo parecido a sal azul y muchos cacharros para hacer trasvases. También hay un stand de pintacaras y puestos de marcas y tiendas que apuestan por la idea de viajar en familia y sostenibilidad, con intercambio de juguetes incluido. El puesto de la librería gijonesa El Bosque de la Maga Colibrí está lleno de madres, padres y abuelos cotilleando y comprando libros, y reconozco que es mi debilidad porque tiene auténticas maravillas. El ambiente en general es de muy buen rollo. Yo aprovecho para saludar a personas que hace mucho no veía y para desvirtualizar a otras que seguía en redes, pero con las que no había coincidido en persona. Me encanta porque es como si nos conociéramos todas de siempre, una tribu virtual que ansiaba el momento para juntarse fuera de las pantallas. El sonido de un cencerro nos interrumpe: es la señal de que comienzan las charlas.

Los carritos de bebé llenan un lateral de la sala. Hay familias con niños, unos sentados y otros jugando. Madres y padres con bebés en porteo paseándolos, con ese andar acompasado que busca calmar y dormir. La atmósfera es muy relajada; se oyen voces y risas infantiles de fondo. Va a ser así durante todo el día: la infancia no molesta; se integra con normalidad en el desarrollo de las actividades. Porque el Mama Travel Fest no va solo de viajar, va de hacer comunidad, de conocer otras formas de mirar el mundo, de maternidad y crianza. De compartir y aprender. De coincidir con otras personas afines que te motivan y remueven (para bien) con sus historias y proyectos.
Familias como Águeda y Noel de WildKids, a los que les encanta la montaña y la naturaleza y que han viajado con sus hijas por diferentes países en bici, autoestop o en kayak. Hoy vienen a compartir la experiencia de hacer la Transpirenaica andando por una buena causa. También están Carmen y Uri de Velero Forquilla, que cruzaron el Atlántico en su velero con su hijo Leo. O la experiencia de Patri de Ilusión Recuerdo, una de las organizadoras del evento, que se lanzó a emprender y a viajar dando la vuelta al mundo con su pareja y tres peques. Y muchas más. El programa incluye también charlas de expertos sobre creatividad, diversidad e inclusión o sobre adicción a internet en los jóvenes.
Es muy fácil sentirse identificada con estas historias, y eso es lo que las hace más humanas: cualquiera de los que estamos escuchando soñamos con hacer lo mismo. Porque los miedos e inseguridades que puedes tener al viajar con niños se diluyen y se ven mejor desde la perspectiva de quien ya lo ha hecho. La realidad es que sales motivada, pensando que esa idea de viaje que llevas tiempo rumiando es posible.
El mensaje más repetido al hablar con otras familias es la falta de espacios así en sus ciudades o en su entorno. «Me dicen que estoy loca si me quiero ir de viaje con el bebé”». «Qué gusto poder hablar de todo esto y sentirme comprendida». «Esto sí que es motivador, yo es el cuarto año que repito». Lo que se percibe es una necesidad de tribu tremenda. Al día siguiente hay un pequeño taller que incluye también desayuno, todo pensado solamente para las madres. Para esa actividad me quedé sin entrada porque se agotaron muy pronto. De momento estoy asimilando todo lo vivido estos días y pensando en próximos planes en familia. Me quedo con uno de los mensajes que comparte en su charla Lucía de Algo que Recordar, otra de las creadoras del festival y que lleva dos años organizando viajes en tribu por diferentes partes del mundo: «Más que el camino o el destino, lo importante es la compañía». Pues más gente y espacios así, por favor.






