© Francesca Mantovani

Con Los niños de Himmler (Tusquets, 2025), la escritora belga Caroline de Mulder nos abre las puertas de las casas de maternidad que Heinrich Himmler —Reichführer de las SS y jefe de la Gestapo desde 1934, creador de los Einsatzgruppen y supervisor de todos los campos de concentración— puso en marcha en 1936 de acuerdo con las directrices del programa Lebensborn (Lebensborn, traducido al español, significa “fuente de vida”, ideado para preservar la raza aria, expandirla y limpiarla de sus impurezas (lo que incluía aplicar la eugenesia cuando fuese necesario o la exterminación de quienes no se ajustaran a los rasgos deseados). Abre las puertas y abre la mirada: aunque la literatura sobre las guerras que asolaron el pasado siglo XX es extensa y no deja de crecer, pocas veces se ha contado la historia desde las experiencias de las mujeres.

La acción transcurre en Baviera, 1944. Los rumores de la guerra apenas llegan a la primera maternidad nazi, la Heim Hochland, creada por Heinrich Himmler en 1936 como parte del programa Lebensborn. En ese idílico lugar se hace todo lo posible para ofrecer un ambiente armonioso a los hijos recién nacidos de miembros de las SS y a sus madres. Allí llega, para dar a luz, la joven Renée, una francesa repudiada por su familia tras haberse enamorado de un alemán durante la ocupación de París. En su estancia coincide con una dedicada enfermera llamada Helga y un prisionero de un campo de concentración encargado del mantenimiento del Heim. A través de estos personajes, de Mulder dibuja la realidad que vivieron miles de mujeres y sus hijos en estas casas aparentemente idílicas. Hogares donde la comida abunda, los pañales y las cunas lucen impecables, y el aroma a jabón impregna cada rincón. Sin embargo, basta con que un médico frunza el ceño al ver a un recién nacido o que una mujer contenga un sollozo para que el miedo se haga palpable, revelando la tensión y las decisiones inconfesables que se toman a espaldas de las madres. Poco después de la derrota del Tercer Reich, en verano de 1945, la revista Life publicó un reportaje sobre un Heim, con fotografías que Robert Capa tomó a algunos niños, con el título de «Super Babies».

De Mulder recibió hace pocos días a la prensa para hablar sobre su libro. En esta entrevista, charlamos sobre el proceso de documentación, los desafíos de transformar la investigación en ficción y la necesidad de evitar una visión simplista de las mujeres involucradas.

 

 

Jóvenes mujeres que formaron parte del Programa Lebensborn

 

¿Qué despertó tu interés en este tema y no en otro?

Quería escribir desde el punto de vista de las mujeres y no de cualquier mujer, sino sobre las mujeres que se situaban del “lado malo”, ya fuera por elección, parcialmente, o muchas veces por circunstancias de la vida. Se ha hablado mucho de los campos de exterminio, de los campos de la muerte, pero muy poco de lo que de hecho constituye el reverso lógico, que son los “campos de la vida”. En los campos de exterminio se mataba, se eliminaba a los considerados indeseables y en las maternidades Lebensborn se intentaba producir lo más rápido posible elementos deseables para reemplazar a los que se iban.

¿Por qué crees que el periodo de las guerras en Europa es tan fértil como tema literario?

En mi opinión, no hemos salido del todo de esa Segunda Guerra Mundial. Realmente es una herida tan fuerte, en donde todo fue posible en un país tan civilizado, tan cultivado, y que creó esa máquina de muerte. Sigue siendo algo incomprensible; de hecho, es algo sobre lo que necesitamos seguir haciéndonos preguntas. Efectivamente, siempre se encuentran puntos de vista diferentes: creo que el interés que se mantiene es, en cierta manera, un interés filosófico. Hay preguntas que nos gustaría resolver y, como no lo hacemos, seguimos explorándolas y hablando de ello, inventando ficciones para intentar responderlas. Ya formularlas es un primer paso.

¿Cómo fue el proceso de documentación para esta novela?

Fue bastante largo. Hay muchas obras de referencia y materiales de archivo, pero están escritos principalmente en alemán. Muy pocas cosas han sido traducidas al francés o al inglés. Para mí, el mayor esfuerzo consistía menos en integrar toda esa documentación que en intentar salir de ella, ir más allá de ella, para entrar de lleno en la ficción, en la novela. Lo que yo quería era escribir una novela y las primeras versiones que hice de esta novela eran demasiado documentales. En un momento dado tuve que dejar todo de lado y reescribirlo desde el principio. Para lograr salir de esa parte documental, como digo, sabiendo además que la realidad que se describe en estos documentos, los hechos son tan fuertes, tan violentos, es necesario encontrar un medio de entrar en la ficción que sea tan potente como la realidad.

 

Cuidando a los bebés en una de las casas de maternidad

 

¿Cómo crees que influyó este programa en la percepción de la maternidad a posteriori?

En estas maternidades se trata a las mujeres, quizá como no se las había tratado nunca antes. Efectivamente, hay una instrumentalización del vientre de las mujeres, pero cuidado: tampoco debemos ver a estas mujeres como solo víctimas, porque muchas veces consentían y la mayor parte estaban encantadas de estar ahí. Estaban en un lugar donde las condiciones eran excepcionales en esa época: los mejores cuidados, una alimentación sana, variada, abundante hasta el final de la guerra, mientras que en otros lugares de Europa se morían de hambre —incluso en Alemania—. Así que consentían, pero en el fondo era una fábrica de carne humana, incluso con un lado un tanto distópico que, en el fondo, puede recordar —no es lo mismo, pero ese ambiente, sí— a El cuento de la criada. Existe esa especie de religión de la maternidad, de la sangre, de la raza, de la carne que produce carne.

¿Qué es lo que más te ha sorprendido de tu investigación?

Una de las personas con las que me encontré en mi investigación y que me marcó mucho fue el pequeño Jurgen, que es un bebé que nació con una discapacidad y que rápidamente fue apartado y trasladado a una institución psiquiátrica donde fue eutanasiado. Entonces, a estos bebés se les aplicaba la eutanasia, se les estudiaba y se entregaba su cerebro a los investigadores nazis. Eran niños que no se devolvían a sus padres, que ni siquiera tenían derecho a una tumba: simplemente eran borrados. Por eso también decidí darle un papel, una segunda vida en este libro.

Ahora mismo, en Europa y en el resto del mundo, seguimos luchando por los derechos reproductivos de la mujer. ¿Crees que existen paralelismos entre el control de los cuerpos femeninos en la Alemania nazi y las políticas actuales?

Una imagen que realmente me chocó, porque ya estaba trabajando en este tema, es la que vi al principio de la guerra entre Rusia y Ucrania: en la tele, vi una fila de cunas en una maternidad en Ucrania, de bebés que habían nacido de una gestación subrogada. Y fue un shock porque es exactamente el mismo tipo de imagen que puedes encontrar relativa al proyecto Lebensborn: esos bebés que estaban ahí, arrinconados por la guerra, y que no podían ser transferidos a sus padres adoptivos. Es algo que me parece un tanto perturbador.

 

 

lebensborn

 

Baviera, 1944. Los rumores de la guerra apenas llegan a la primera maternidad nazi, la Heim Hochland, creada por Heinrich Himmler en 1936 como parte del programa llamado Lebensborn. En ese idílico lugar se hace todo lo posible para ofrecer un ambiente armonioso a los hijos recién nacidos de miembros de las SS y a sus madres. Allí trabaja Helga, una enfermera modélica y entregada, que cuida de mujeres embarazadas y bebés, pero que asiste a situaciones que harán tambalearse sus certezas. Y allí llega, para dar a luz, la joven Renée, una francesa repudiada por su familia tras haberse enamorado de un alemán durante la Ocupación de París. Mientras reconstruye este inquietante gineceo en su realidad histórica, Los niños de Himmler ofrece una inmersión en la cotidianidad de un lugar concebido para desarrollar y «depurar» la raza aria, y criar a los futuros «señores de la guerra».

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VICTORIA GABALDÓN

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.
Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

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