© Daniela Canales

PINO LUNA: “SI LAS FAMILIAS SON NOVELAS, LAS MADRES SON LA PALABRA”

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No lo vimos venir, la verdad. Pero qué gran acierto el de Gabriela Wiener al cambiar caballo por yegua en esta residencia editorial suya al frente de Yegua de Troya. La ocurrencia de Wiener es una de esas cosas que desearías que se te hubiera ocurrido a ti. Igualmente, qué gusto da. La primera relinchada de la yegua es cortesía de la escritora y profesora chilena Pino Luna (Santiago de Chile, 1990), y es de una belleza extraña. Es dolor y es música, dos cosas que se llevan bien. Es gris y es destello de luz, que también combinan bien porque sin oscuridad la luz no se ve bien. Es silencio y es bullicio, una cosa muy del año nuevo.

La historia de Mientras dormías, cantabas tiene lugar en una celebración familiar de Año Nuevo en La Pintana, un barrio periférico de Santiago de Chile. Marta, la protagonista, se enfrenta a los recuerdos de su infancia y adolescencia mientras las cumbias suenan —cada capítulo tiene nombre de cumbia y el títutlo de la novela se inspira en un verso de Cumbia para adormecerte—. La identidad, el duelo y los secretos familiares atraviesan la narración y exploran las complejas relaciones entre las mujeres de la familia a la vez que revelan las verdades ocultas tras la muerte de Leonor, la tía-hermana de Marta.

Mientras dormías, cantabas, en su primera versión —la que  ahora publica Yegua de Troya está reescrita para la ocasión—, le valió la mención especial a Mejor novela de los Premios literarios del Ministerio de las Culturas (2022), el Premio José Nuez Martín de novela de la Pontificia Universidad Católica de Chile (2023) y el premio Atenea de narrativa de la Universidad de Concepción (2023). Actualmente, la autora trabaja en su segunda novela y en un libro de ensayos.

Tu novela Mientras dormías, cantabas ha sido muy bien recibida en Chile —ya son varios los premios que atesora— y ahora llega a España. ¿Cómo ha sido este proceso de internacionalización de la novela?

Es increíble pensar que la historia de Leonor, Marta, Mónica y Clara, las mujeres de mi novela, va a ser leída por nuevas personas. Si bien es una novela situada en Chile, las relaciones familiares, el duelo, la fiesta son cuestiones que nos unen como seres humanos. Espero que las y los lectores se sientan también remecidos por las reflexiones a las que invita esta novela. Mientras dormías, cantabas es una novela telúrica, en ese sentido, como mi país, y a eso llegó a España, a remecer.

¿Cómo ha sido trabajar con Gabriela Wiener como editora?

Gabriela Wiener es una autora y una mujer muy generosa. Ahora que estoy en España, la he podido ver rodeada de sus amigas y es maravilloso ver cómo forman una comunidad migrante, activista, humana. Se ayudan a crecer las unas a las otras, y así mismo fue el proceso de edición.

¿Cuál es el germen de esta historia? ¿Cómo fue el proceso de composición y escritura? Leí que escribiste la novela a mano y en voz alta.

Me encanta que uses la palabra “composición”; para mí eso es la escritura. Es tener una historia y querer depositarla sobre una superficie. Es tener las partes de esta historia y moverlas, hacerlas bailar entre ellas. En ese sentido, escribir a mano me ayudó a mirar y fijar la novela. Mirar su naturaleza, las pasiones que la atraviesan, y fijar una estructura que me permitiera honrar de mejor forma a esas pasiones. Escribiendo a mano puedes tachar y a la vez contar con lo tachado. Cuando escribes a mano, nadie te está mirando, no hay un sistema operativo esperándote, no tienes que poner títulos, nada tiene por qué ser definitivo. En ese sentido, es una práctica mucho más libre.

¿Cómo ha evolucionado tu percepción del libro desde su escritura hasta este desembarco en España?

Para mí, la escritura solo puede cambiar. Cuando surgió la idea de publicar en Yegua de Troya, abrí de inmediato el archivo del manuscrito y empecé a editarlo. Esta publicación era la posibilidad de volver a entrar en esa historia, pero también de entrar en mis formas de componer, de escribir. La gente me decía: «pero ¿por qué vas a cambiarla?», y yo defendía la idea de contar con una escritura que fuera lo más parecida a lo que soy en este momento. Su primera publicación fue en 2021; ha pasado mucha agua bajo el puente, he crecido, ha crecido mi palabra y quería que la publicación de Yegua de Troya fuera fiel a lo que soy ahora. Luego vino la edición de Gabriela, de la editorial, así que esta es una novela algo distinta a esa que se publicó en Chile. Me encanta que sea así. Espero que encuentren las 10 diferencias.

Ambientaste esta historia en un barrio de la periferia, a las afueras. ¿Por qué esta elección? ¿Qué debemos saber sobre este lugar aquí, en España?

La primera imagen que tuve cuando quise escribir esta novela fue la de una mujer enferma, Leonor, frente a un sitio eriazo, un terral, mirando cómo se levantaba de este un huracán de polvo y piedras, un remolino. Ese paisaje de piedras es algo que solo se da en la periferia, donde no hay árboles ni parques, donde todo es gris o sepia. Para Leonor esa imagen era hermosa y en la novela tiene muchos significados. Nadie me puede decir a mí que eso no es un paisaje. Sí lo es. Es el único paisaje que tienen mis personajes. No creo que sea muy distinto a ciertos barrios de España. En este viaje me he caminado Madrid casi completa. Reconozco los bloques de departamento, reconozco los sitios eriazos aquí también.

La cumbia tiene un papel protagónico en la historia. ¿Cómo surgió la idea de incorporar la música como hilo conductor de la trama?

La cumbia es importante porque la novela está situada en año nuevo. Entonces, para hablar de cumbia, tengo que hablar del año nuevo. Esta es una novela sobre el duelo y no hay fecha mejor para hablar de ello que año nuevo. Es una festividad llena de contradicciones, donde siempre se recuerda a quienes ya no están. En mi novela, los personajes recuerdan a Leonor, que ya está muerta cuando sucede la novela. Y en ese recordar, también bailan, porque es año nuevo y hay que abrazarse, beber y bailar. ¿Y qué bailan? Cumbia, de esas cumbias de los años setenta y ochenta, cumbias tristes, melancólicas. Cumbias que hablan de pérdidas. Cumbias que tienen una melodía algo confusa, como el año nuevo, una fecha que nos aturde a todos. Al final de la novela hay un QR con todas las canciones que aparecen en el libro, recomiendo detenerse en sus letras. Son tan hermosas como tristes.

Marta, la protagonista, vive una noche intensa que la enfrenta a su pasado. ¿Cómo describirías su evolución a lo largo de la historia?

Esta es una novela que tiene dos grandes preguntas. La primera se la hizo Leonor antes de morir y es: ¿qué hay antes? ¿Antes de la vida? ¿Antes de todo esto que nos pasa? La segunda pregunta se la hace Marta, su hermana, años más tarde y es: ¿Cómo fue la vida de mi hermana muerta? ¿Cómo fueron sus últimos meses con vida? ¿Qué sintió? ¿Qué preguntas se hizo? Marta en esta noche de año nuevo intenta descubrir eso y la pasa mal, porque son preguntas que la obligan a declarar los miedos, a revisar su propia historia. Marta lo hace y crece.

Hay una sensación de tensión y nostalgia en la forma en que Marta mira a su familia. ¿Qué representa su relación con ellos dentro de la novela?

Escribiendo esta novela descubrí que los árboles genealógicos son una mentira, una ficción. Los lazos filiales son una imposición. Los Estados depositan la historia familiar en una libreta o documento, y las familias también tienen sus propios documentos, sus historias oficiales, sus mentiras. La familia de Marta miente, mintió y ella tiene que vivir con ello. Con una tía que es en realidad su hermana, con una abuela que obliga a todos a reproducir un discurso que ella misma creó para sobrevivir. Tolstói decía que las familias felices se parecen, y las tristes son cada una diferente a su manera. Yo diría que todas las familias son novelas, llenas de ficciones para la sobrevivencia.

La figura de la madre es clave en la historia. ¿Cómo trabajaste la construcción de este personaje y su influencia o ausencia en personajes como Marta, Leonor o Gabriel?

Hay tres madres en la novela: la madre de Marta y Leonor, la figura de la abuela y la madre de Gabriel. Las tres tienen historias que me superan como escritora, que me sobrepasan, historias tan enormes que traté de hacer lo posible por hacerles justicia, pero una sin juicios y sin compasiones tampoco. Si las familias son novelas, las madres son la palabra, esa primera palabra que aprendemos a decir casi todos por primera vez. La primera palabra de nuestras propias novelas. Esa es su importancia.

Los personajes de tu historia parecen estar atrapados en un ciclo de violencia y precariedad. ¿Crees que hay una posibilidad de escape para ellos o la historia es, en cierto sentido, una condena?

No, no es una condena, pobres. Espero que no lo sea. Yo amo a mis personajes y me encargué de que cada uno tuviera su pedacito de redención. Y no hablo de redenciones mágicas tipo deus ex machina, sino de redenciones posibles. Leonor, por ejemplo, pudo conocer el amor, la lectura y la belleza de los remolinos de piedras. La madre de Gabriel tuvo su libertad, quizá no es una libertad exitosa. La libertad es compleja y va más allá de los juicios o de la belleza misma. Espero que los lectores encuentren ese lado B de la violencia y cómo cada uno de los personajes obtiene cierta justicia o cierta belleza.

Eres profesora y escritora. ¿Cómo dialogan estas dos facetas en tu vida? ¿Sientes que la docencia ha influido en tu manera de escribir?

Me han dicho que se nota que esta es una novela escrita por una profesora y me encanta que se piense eso. En todo lo que escribo siempre aparece una profesora. En este libro hay un personaje que aparece casi al final, que es profesora y viene a desordenarlo todo, pero también a narrarlo todo. No puedo decir más. Para mí las profesoras han sido fundamentales en mi vida y un poco en la vida de todos. Si las madres no enseñan la palabra, las profesoras nos muestran la escritura.

 

pino luna

 

En un piso de la periferia de Santiago de Chile, la Nochevieja se torna más extraña que nunca. Marta observa el cadáver de su hermana en busca de revelaciones. No está claro si en esos días la cumbia hace más o menos dolorosa la autopsia, pero el baile sucede a los abrazos y la intimidad florece como una llaga en la boca.

En esta novela de cuidada hondura, la gramática del baile y la de los afectos se reproduce entre confidencias, el diario íntimo de una familia que podría ser la nuestra, cuando toca habitar un territorio inhóspito. En un mismo plano secuencia, con una prosa excéntrica y vigorosa, vemos estrecharse los cuerpos en los espacios de la ausencia, en la vaga y mutua comprensión del daño. Vestidos de vulnerabilidad para la ocasión, los personajes de esta historia logran componer una melodía con el vacío y el silencio, con la metralla y la caricia, con el sueño y el apagón. Y lo que vibra es la tenue esperanza de lo que no vendrá.

Multipremiada en su país, aclamada por críticos y autores, Mientras dormías, cantabas es una fiesta oscura o un velorio carnavalero que nos acompaña, dando un pasito adelante y otro atrás, por la pista de baile de la pérdida.

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VICTORIA GABALDÓN

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.
Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

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