© Inés Garp

“LA CULPA ES TUYA”: CARTA DE LA DIRECTORA

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A mediados del pasado mes de septiembre, compartí mesa y conversación con la ilustradora Elia Mervi, la escritora Elena Sánchez Escandell y la poeta Carmen Berasategui. Nos encontramos a propósito de las presentaciones en Barcelona de Accidentes, el poemario de Carmen ilustrado por Elia, y Una habitación propia, el anterior número de MaMagazine. Entre todos los temas de conversación que tocamos, uno surgió más alto que los demás, y es que nos sentíamos culpables, simplemente, por estar ahí, siendo solo escritoras, ilustradoras, poetas o directoras de una revista disfrutando de un agradable rato entre amigas.

Yo me sentía culpable por haber viajado de Madrid a Barcelona esos cuatro días. Por no atender mis compromisos familiares durante esos días. Me sentí culpable hasta por lo mucho que disfruto de mi trabajo, de mis viajes, de las conversaciones tan enriquecedoras que mantengo, de las mujeres inspiradoras a las que conozco. Ellas comenzaron a hablar, también, de la maternidad como una fuente principal de culpas.

«Cuando no me quedaba embarazada, me sentí culpable por no haberlo intentado antes, por haber salido de noche, porque me faltó la regla durante cinco años… Cuando hice la FIV me sentí culpable porque pensaba que estaba tergiversando las leyes de la naturaleza: si no me quedaba embarazada de forma natural, quizá fuera porque iba a ser una madre de mierda, porque el bebé iba a venir mal… sentir que iba contra natura me supuso otro conflicto».

«Cuando me dijeron que mi bebé tenía el 20% de posibilidades de nacer sano, pensé en interrumpir mi embarazo de ocho meses. Pudimos respirar cuando finalmente supimos que los síndromes más complicados a los que se podría enfrentar, incluso los incompatibles con la vida, estaban descartados. Salí sin bebé del hospital: estuvo una semana ingresado en la incubadora y yo, sin tiempo de recuperación posparto, me tiraba todo el día allí para poder amamantarlo cada tres horas. Mi sentimiento de culpa durante los años siguientes fue tremendo por haber pensado en abortar».

«Cuando un bebé llega al mundo, no sabe dónde llega y lo que necesita es un vínculo. Quería —quiero— que, miren hacia donde miren, mis hijas me vean. Quizá mi idea de la entrega a la maternidad sea extrema: sigo sin separarme de mis hijas, sigo acompañándolas. Me siento culpable por querer estar siempre presente, cuando lo que te dicen es que tienes que encontrar tus momentos de autocuidado. Creo que hay culpas a las que hay que escuchar: no todas son culpas impuestas y, en ocasiones, la culpa tiene utilidad. A veces hay que pararse a pensar, a escuchar, si nos imponemos culpas en la maternidad o si, en ciertos momentos, simplemente es necesario que estemos presentes en los cuidados».

Mientras hablaban, mi cabeza comenzó a dar vueltas. En escucha activa, comencé a escribir en un trozo del mantel de papel algunas notas: la utilidad de la culpa, la culpa por la salud de tu hijo, la culpa por haberte sometido a un proceso de fecundación in vitro, la culpa por la entrega total. Fue ahí, en ese momento, cuando supe de qué iba a tratar este número.

Sigo sintiéndome culpable, pero lucho por discernir qué culpas he heredado, qué presión recibo y qué responsabilidad tengo. Ahora, por las mañanas, me pido perdón de antemano por todas las veces que me equivocaré a lo largo del día. Ahora, por las mañanas, abrazo la política de la imperfección desde el amor.

 

 

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VICTORIA GABALDÓN

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.
Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

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