© Teatro Español

AHMED YOUNOUSSI: LA HERIDA, EL VIAJE, EL ESCENARIO

Escrito por:

14.4 es la historia de un niño que huye del maltrato y sueña con una vida mejor. 14.4 son los kilómetros de mar que separan Europa y África en el punto más estrecho. 14.4 es también un golpe certero en el corazón, un tiro en la frente y una lección de humildad. 14.4 es la historia de Ahmed Younoussi, y la de tantos otros niños que cruzan solos la frontera en busca de un futuro. Tras haber formado parte de producciones como La Pecera de Eva, El Príncipe o Los Nuestros, Ahmed sube al escenario desde hace ya casi un año, para acompañarnos en un recorrido desde el niño que fue, viviendo en las calles de Marruecos, hasta el día de hoy. Escrita por Juan Diego Botto y dirigida por Sergio Peris-Mencheta, la obra es un viaje sorprendente, un relato descarnado salpicado de humor y lleno de poesía, que nos muestra una realidad que tan distorsionada nos llega a través de los medios. Una historia de resiliencia admirable e inspiradora.

Veo la obra el día en que se estrena en el Teatre Lliure de Barcelona. Hacía meses que lo había intentado sin éxito en Madrid y desde entonces seguía a Ahmed en redes, muy atenta a todas las fechas, y nos habíamos escrito alguna vez. Entro en el teatro acelerada porque necesito ir al baño y le pido permiso a un chico de ojos verde bosque que lleva una placa con su nombre prendida de la solapa. El chico me sonríe confuso y me indica. Pienso que le conozco, que me conoce, y me digo que eso es una estupidez porque en su placa pone “Rafa” y yo no conozco a ningún Rafa. Tardo unos segundos más en pensar cuánto se parecen esos ojos a los del protagonista de la obra que he venido a ver, pero cómo va a ser el actor si está trabajando en el teatro. Aparco la estupidez para concentrarme en esta historia y me siento en mi butaca. Nada más comenzar la obra siento una vergüenza terrible, primero por no haberle saludado (efectivamente era Ahmed) y minutos después por haber tenido una suerte mejor, naciendo en este trozo de mundo y no al otro lado del Estrecho. Acabamos riéndonos de mi confusión unos días más tarde con un café y accede sin dudarlo a que le entreviste.

Ahmed es actor, padre de un niño de ocho años y tiene una empresa de transportes. Pero también ha tenido una empresa de reformas, ha llevado el mantenimiento de una escuela, ha vendido fruta, ha sido mozo de almacén, albañil, transportista, socorrista.  Quedamos a desayunar una semana después. Lleva dieciséis noches representando la obra en Barcelona y escapándose fugazmente a Madrid cada lunes para estar con su hijo unas horas. Llega agotado, en medio de la lluvia, pero vuelve a regalarme su sonrisa y me deja bucear en sus sentimientos sin pudor alguno.

¿Qué es para ti la paternidad?

A mí me ha cambiado la vida. Antes había ciertas cosas que no valoraba, incluso de mi infancia, y una vez que fui padre, lo que no era importante empezó a serlo. Empecé a descubrir un afecto que no había conocido. Ves cosas tuyas que, cuando miras a la cara de tu pequeño, reconoces. De alguna manera te hace ser más consciente, más responsable. Yo no he sido cariñoso por la vida que he tenido, sin embargo cuando nació mi hijo me sentía el hombre más cariñoso del mundo con él. Es un honor que haya alguien, un ser tan pequeñito como puede ser tu hijo, que te haga despertar ese amor que uno tiene y que nunca había experimentado. Con mi hijo todo lo hago con cariño, lo hago pensando en él y no en mí como antes. Y eso es bonito, te alimenta esa parte bondadosa que tenemos todos, porque todos somos buenos en alguna parte de nuestros cuerpos y en mi caso mi hijo ha sido el motivo que me ha hecho cambiar y crecer como ser humano. La verdad es que la paternidad es lo mejor que me ha pasado nunca.

¿En qué han cambiado tus objetivos antes y después de ser padre?

Yo soy actor y tenía unos objetivos muy marcados, pero al nacer mi hijo aparqué muchas cosas. Tuve que dejar curros, darme de alta como autónomo, crear un trabajo propio para poder organizar mis horarios, recoger a mi hijo del cole… Me separé y me tenía que cruzar medio Madrid para llevarlo a la guardería… Cuando te propones caminar junto a tu hijo, tienes que hacerlo bien.

¿Cómo valoras los cuidados y la crianza?

Me gusta cuidar. Me encanta criar y educar a mi hijo. Yo vivo la paternidad con mucha felicidad y mucha alegría. Recuerdo cuando le enseñé a montar en bici… es muy bonito. Lo que pasa es que ahora estoy en un momento de mi vida en el que no puedo estar con él todo el tiempo que quiero pero el tiempo que puedo estar lo disfruto, porque es lo más importante. Al final toda mi vida gira en torno a mi hijo y es algo de lo que estoy contento y me siento orgulloso, como padre que soy.

¿Qué persona o personas son tu referente en este sentido?

Borja, que en paz descanse, mi tutor. Él era un educador que no se otorgaba poder; te otorgaba a ti su amor, su bondad. Educadores como Borja los hay, si no no habría esperanza.

Borja te acogió cuando él tenía 27 años, más o menos la misma edad que tenías tú cuando nació tu hijo. En algún momento has dicho que te dio una vida a cambio de problemas.

Borja era un tío que no veía problemas, veía soluciones en mí. Todo lo que soy, se lo debo a él.

¿Por qué o para qué decides llevar tu historia a los escenarios con todo lo que implica para ti? ¿Es un viaje traumático o terapéutico?

Es verdad que los primeros días me afectaba, a fin de cuentas es mi vida y me vienen imágenes que cuesta recordar, pero es bueno. Sea malo o bueno lo que sientas, recordar te ayuda a entender y cuanto más entiendas, más solucionas. Para mí la obra, a día de hoy, es una terapia, aunque agotadora. Pero cualquier trabajo, si lo haces con honestidad, con ética, con bondad, es agotador. Si no sales de tu trabajo agotado, es que no estás haciendo un buen trabajo. Me parece más importante poder compartir mi vivencia, que es la de muchas personas, y que una sociedad tenga la oportunidad de conocer y entender más allá, que el peso que me genera a mí.

Cuando te haces consciente de todo, sientes el dolor y la pena de los demás. Esto te hace ir con cuidado con la gente porque compadeces, empatizas… y es algo que se está perdiendo en la sociedad. Hay demasiada gente con poder que no hace esto.

Cuando tenías la edad que ahora tiene tu hijo (8 años), intentabas llegar a Europa y vivías solo en la calle. ¿Cómo ha cambiado el recuerdo de esa etapa ahora que eres padre?

Yo vivo la vida desde el que soy hoy. Lo que me ha pasado me ha hecho, me ha formado, nada más, no vivo en base a lo que me ha pasado, sino en base a lo que soy ahora, a lo que siento, respetando mi dignidad y mis principios. Soy muy consciente de donde vivo, de lo que me rodea, e intento ser alguien ejemplar, compartir mi conocimiento y mis vivencias con otras personas para que puedan entender y crecer. Hay muchas vidas peores, hay gente que intentando venir se ha quedado sin las dos piernas, otro ha perdido un ojo, otro ha muerto cayéndose de un muro. Yo he tenido mucha suerte. Mi vida es una ventana que le viene muy bien a la sociedad, tal y como está ahora, para que pueda relajar: que somos personas, que si desaparezco yo de tu país no vas a ser mejor. Que el hecho de robar o no, no va con la nacionalidad o con la raza; robar o no, va con la persona y con sus circunstancias.

¿Cuál es tu relación con la soledad?

Yo soy la soledad. Siempre he sido así, desde muy pequeño he vivido solo, he estado solo y a mí la soledad no me da miedo. Yo la disfruto, ella me disfruta y somos muy buenos amigos. Estando juntos está todo en paz. No necesito que nadie me quiera, ya me han querido de una manera tan bonita, tan buena, que ya está esto cubierto —se toca el corazón—, no necesito que venga alguien para que yo me sienta querido.

 

ahmed younoussi
14.4 © Vanessa Rábade

 

La historia es tuya pero el texto lo escribe Juan Diego Botto. ¿Cómo fue el proceso de sumergirte en el pasado y decidir qué anécdotas contar?

Con Juan Diego hablé mucho. Él ha sabido cómo reflejar lo que yo quería contar y cómo hacerlo. Me sentí escuchado y cuando leí el guión lo reafirmé. Me parece un texto muy bonito, muy currado. Tengo el honor de que lo ha escrito alguien que, joder, cómo escribe… nadie escribe como Juan Diego Botto. Él hizo que contarle las cosas fuera fácil para mí. Esa naturalidad con la que me trataba, el respeto que demostraba hacia lo que yo le estaba contando… Ahora entiendo por qué escribe lo que escribe y hace las obras que hace: porque es un ser humano que siente y padece. Soy un actor afortunado: me ha escrito Juan Diego Botto y me ha dirigido el gran Sergio Peris-Mencheta. Ya está, yo ya soy actor —risas—.

Dices que somos una sociedad más clasista que racista, y en la obra empezáis mencionando un montón de personajes públicos considerados muy “españoles”, que no nacieron aquí. Seguro que has notado cambios en cómo te trataban antes y cómo te tratan ahora que eres más conocido. ¿Cómo es tu relación con el éxito?

Lo que estoy viviendo es la reafirmación de lo que pienso. Antes era el chaval que llegó debajo de un camión, ahora soy el actor Ahmed Younoussi. Mañana me compraré un Ferrari y seré Don Ahmed Yunoussi y si ya me compro un edificio de 17 plantas seré el magnate Ahmed Younoussi —risas—. El éxito para mí no es importante. Tu éxito depende de los demás, porque tu éxito se gana haciendo cosas de verdad y que los demás lo vean y lo sientan de verdad. A mí la fama me da igual, es más, me agobia, pero sé que viene de la mano con mi profesión así que me abro a ello también. Yo tengo un respeto por mi público; si vienen a pedirme algo, escucho aunque no me guste. Yo defiendo valores de verdad.

¿Qué opinas de los centros de acogida, tú que has pasado por uno?

Los centros de acogida son de gran necesidad. Son instituciones que tienen que existir; el gran fallo, para mí, es que al final se ponen en manos de empresas privadas que en muchos casos no son responsables, de hecho algunas están enjuiciadas. Igual habría que anular esas concesiones y convertirlos en centros completamente gestionados por el Estado, que los trabajadores entren por oposición, aparte de la carrera, y que en esta oposición haya una parte que sea formación de educadores para menores no acompañados, porque en la Universidad esto no se enseña. Eso hay que cambiarlo. En los centros debe haber personal bien formado, que se les cuide bien, se les quiera, se les pague bien, para que el día de mañana el país sea más inteligente, más constructivo, más productivo, más educado, más sano.

¿Suerte, empeño o ambas?

Yo creo que la suerte consiste en estar en el momento y a la hora adecuados y luego hay que estar dispuesto al sacrificio que conlleva. Yo habré tenido la suerte de cruzarme con Sergio Peris-Mencheta, pero para mí ha sido también un sacrificio. He trabajado muy duro. Y a pesar de todo eso, he seguido: hay un empeño, una constancia. Eso ya genera una suerte. La suerte la generas tú. La persona que está ahí tirada pidiendo dinero, no tiene suerte. Tendrá suerte si se levanta un día del suelo, se va a un albergue, se ducha, se acicala y sale a buscar curro. A lo mejor lo encuentra: esa es su suerte, pero la habrá generado él. La suerte existe, sí, pero va a acompañada del esfuerzo, del sacrificio, del empeño, de la perseverancia y de hacerlo todo desde la calma. Y para ello hay que tener actitud, seguridad en uno mismo.

En tu obra te expones mucho. Te abres y nos ofreces una vulnerabilidad admirable. ¿Qué corazas sientes que te has tenido que quitar para llegar hasta aquí?

Sobre todo la vergüenza. Y la sensación de que si cuento esto, me pueda sentir más débil ante la sociedad. Piensas, ostras, estoy contando esto, van a pensar que soy así o asá, van a pensar que no he cambiado… todo esto te frena bastante. Pero tienes que agarrarte a esa seguridad con la que tú vives, a esos principios, a esa forma de creer en la sociedad. Y pisar. Y si pisas, pisa fuerte; no vale pisar a medias. Yo piso fuerte. Por eso he empezado y he terminado, a pesar de pensar que no me pagan bien, o de sentirme en cierto modo utilizado, yo he seguido porque me comprometo con lo que hago. Y mi compromiso lo decido yo, no la cantidad de dinero que se me da. Eso es lo que me hace ser quien soy. Que pida dinero no quiere decir que no esté comprometido, quiere decir que lo que se me paga, considero yo que no está bien. A veces pides que te paguen más y dicen, buah, este ya se cree… No, no te confundas, no vayas a ese pensamiento tan rápido, sé más humilde, porque yo con mi humildad te he dado mi proyecto.

En este momento de tu vida, ¿sientes más ira o agradecimiento?

Te diría que siento más ira, pero no me dejo, así que el agradecimiento siempre está ahí.

¿Qué sientes hacia tu madre?

Mi madre se separó de mi padre y se fue cuando yo era muy pequeño, tenía 3 años, así que no ha estado en mi vida. Me hubiera encantado que hubiera estado. Hay recuerdos muy negativos en torno a mi familia materna: he sufrido el rechazo por parte de mi abuela materna por ser pobre. Me había quedado con mi padre, vestía ropa rota, iba descalzo, y ellos eran una familia un poco adinerada: varios tíos míos vivían en Europa y mandaban dinero, así que vivían en un barrio un poco pijo de Marruecos. Pero hacia mi madre yo no siento nada malo. Me gustaría ayudarla, pero no puedo. No le guardo rencor. La vida es como es. Fueron sus circunstancias, y uno no puede agarrarse a las circunstancias ya con casi 40 años. Yo he entendido las cosas y cuando uno lo hace, vive mejor, respira mejor. Ella tiene mi móvil, me llama, la llamo; poco, porque al final no tenemos tampoco una relación, no tengo vivencias. Ella tiene sus hijos, no los conozco, pero de ahí al rencor, no, no, no. Me alegro de que esté viva, vive en Bélgica, en un país donde no va a pasar hambre, y yo estoy bien, tengo mi vida, mis cosas. La relación que tengo ahora mismo con ella es buena y conmigo mismo hacia ella, me siento bien. Como a todo el mundo, hay cosas que me gustaría que hubieran sido de otra manera, pero no puede ser una excusa para no tener aprecio a alguien tan importante como es tu madre. Una madre es una madre. Yo, orgulloso de que ella sea mi madre. Cuando te dan la vida no firmas un contrato de que te van a dar todo el resto de tu vida. Hay familias que te lo dan todo, otras que no y otras que desaparecen. Yo doy gracias por haberme traído a la vida y lo demás ya me toca a mí, ya me lo gano yo: ya trabajaré yo, me iré a Europa debajo de un camión, no tengas miedo por mí. Y mira, ahora me ven en la tele —risas—. Yo les quité una carga. Era un hijo en una familia que tenía que comer, que vestirse… yo desaparecía. A mí ni me tenían que dar de comer, ni ropa ni nada, ya me lo ganaba yo todo. Con 6 años ya era dueño de mi vida. Salía, pedía el dinero por ahí y me iba a los recreativos, me compraba una peonza, comía. Al día siguiente, hacía lo mismo. Siempre he sido así. Yo no quiero que me den nada. Tengo mi trabajo y si no, salgo y lo busco. Veo las oportunidades y las aprovecho. Siempre me he buscado la vida.

¿Ves la sociedad con esperanza?

Estoy obligado a verla con esperanza. Si no me tiro por un puente —risas—. Hay que verla con esperanza, a pesar de que otros hacen lo posible por desesperarnos, uno tiene que verla con esperanza, porque los que desesperan al final duran poco; uno se cansa. El odio desgasta mucho, pero la esperanza no desgasta porque trae felicidad, cosas buenas. Hay gente que prefiere envidiar a ser enviado.

¿Crees en la humanidad?

Para creer en la humanidad tienes que creer en ti. Yo creo en mí y claro que creo en la humanidad, pero mi pregunta es: ¿Tú crees que la humanidad cree en mí? ¿La humanidad cree en alguien como yo, que viene de la nada, que ha pasado por todo lo que ha pasado y que está intentado compartir su experiencia para que los demás puedan volver a esa realidad que nos une a todos en vez de estar disociados? Esa es la pregunta: ¿Está dispuesta la gente a entender?

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.

Relacionados

VICTORIA GABALDÓN

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

Revista en papel