© Carol Renaux

LAURA FERRERO: LA CONVERSACIÓN ETERNA DEL AMOR (Y EL DESAMOR)

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Que el amor no se explica, sino que se cuenta, es lo que parece querer decir Laura Ferrero (Barcelona, 1984) en cada página de El amor después del amor (Alfaguara, 2025), un libro que regresa, años después de su primera publicación, con nuevas capas de sentido, algunas historias caídas y las maravillosas ilustraciones de Marc Pallarès. Lo escribió con veintitantos, entre rupturas y preguntas. Ahora, con 41, se ha enfrentado a la reescritura atravesada por otras lecturas, otras historias y una nueva mirada.

Entre otras, hablamos de historias y anecdotarios como Cuídese mucho (Prenez soin de vous), obra realizada para el pabellón francés de la Bienal de Venecia en 2007 por la artista Sophie Calle. Inspirada en un correo electrónico que le fue enviado por su entonces pareja, en el cual él daba por terminada su relación amorosa y finalizaba con la frase que da título a su obra, Calle decidió invitar a mujeres de distintas profesiones a realizar un análisis de dicha comunicación, cada una desde el punto de vista de su disciplina. En total se reunieron las interpretaciones de 107 mujeres dedicadas al periodismo, corrección de estilo, actuación, canto, danza, filosofía o psicoanálisis, entre muchas otras áreas. El resultado: una disección minuciosa del dolor transformado en archivo colectivo, en gesto artístico y en testimonio del amor cuando deja de serlo. Hablamos de maternidad, de las películas que nos montamos, de si el amor es una decisión. Y, sobre todas las preguntas, sobrevuela esa reflexión de Susan Sontag: cómo amar puede ser, simplemente, sostener una conversación que no termina. 

Empiezas este libro con una cita de Louise Glück: «Buscamos el amor toda nuestra vida, incluso después de encontrarlo». Y yo me pregunto: ¿quién no quiere estar todo el rato hablando o leyendo sobre el amor o el desamor?

Yo creo que es la gran conversación. Quiero decir: no recuerdo ni una época de mi vida adulta en la que no haya ido teniendo relativamente estas conversaciones, ¿no? Y por eso me parecía tan interesante reeditar este libro. Cuando empecé este libro, estaba inmersa en ese momento, 25, 26, 27 años, en el que te llegan todas estas rupturas y no sabes muy bien qué hacer con ellas, necesitas darles sentido. Creo que ahora, con 41, estoy en otro punto… Mi idea del amor también ha ido evolucionando y por eso ha sido tan interesante volver a revisitar todas estas historias, porque la conversación sigue presente, como decías tú, pero de otra forma.

¿Y cómo ha cambiado esa conversación? ¿Cómo es la Laura de 2018 frente a la de 2025?

Obviamente, nuestros intereses evolucionan, pero también está esta mirada de género que antes no estaba. Muchas de estas historias las escribí en un punto en el que dábamos por sentadas ciertas historias, no se cuestionaban determinadas cosas. Por ejemplo, la historia de Marguerite Duras es una de las historias que más me impactó leer, porque yo hace diez años escribí esa historia asumiendo que era normal que una chica de quince se liara con un oficial chino de treinta. Ahora mismo, me saltarían todas las alarmas. ¿Por qué? Pues porque hemos hecho un trabajo previo de lectura, hemos leído como sociedad. También estamos leyendo el amor desde otro prisma y ya no nos parece normal. Nos preguntamos: ¿qué le pasa a una chica para que con quince años esté ahí? ¿Qué le pasa a la madre de esa chica que no lo ve o que lo permite, ¿no? Las preguntas son otras. Al reescribir estas historias, reescribes también a la persona que tú eres, pero también cómo ha ido cambiando la sociedad.

También tenemos que hacer un esfuerzo por no juzgar con los ojos de ahora lo que antes veíamos normal, porque si no, habría muchas obras que no podríamos volver a ver. Es verdad que a veces se te llevan los demonios cuando ves determinadas escenas, o cuando ves cómo aparecen las mujeres, lo que les decíamos o lo que nos decíamos como mujeres. Entonces es interesante hacer esa lectura, es como decir: esto era de otra manera. No podemos ir cancelando productos de hace 30 años, tampoco me parece justo.

Señalas también que el amor tiene la misma explicación que el final del amor, es decir: ninguna. Como esa frase que se le atribuye a Clint Eastwood: «Si quiere garantías, cómprese una tostadora».

No podemos esperar vivir el amor como si fuera un manual de instrucciones de Ikea: hay cosas que ocurren para las que no hay sentido. Tú ves una película y las cosas tienen sentido, hay una historia. Luego tú vives tus propias historias y los desamores y, desafortunadamente, no siempre tienen un sentido. Para eso está la creación: para intentar atravesar el sinsentido, dotarlo de palabras, de imágenes. No para encontrarle el sentido, pero sí para dártelo a ti mismo.

¿Tú crees que ser madre ha cambiado tu forma de vivir el amor?

No, porque yo creo que el tema del amor romántico, el amor de pareja, lo distingo mucho de lo que es el amor a los hijos o el amor a la familia. Creo que son distintos tipos de amores. Yo, siendo madre, lo más importante que he aprendido es la incondicionalidad, que es el topicazo máximo cuando hablas de maternidad, pero yo nunca había vivido un amor donde sea todo entrega desinteresada y, además, alegría. Es decir: una alegría constante de que eso sea así, sin recelo. En una pareja entran más factores. Yo creo que el amor a los hijos es una cosa completamente revolucionaria y disruptiva en la vida.

Apuntaste también esta reflexión de Susan Sontag: «atravesar el mundo con palabras, es una de las formas más genuinas que toma el amor».

Yo todo el rato pienso en el amor como relato. No sé si es porque escribimos y leemos, pero creo que al final el amor es una construcción. El amor no es tanto lo que ocurre, sino cómo te cuentas lo que ocurre. Al final, todos deseamos contarnos una historia y por eso siempre estamos tratando de buscar sentido, pero muchas veces también hay que asumir que el sinsentido forma parte de la vida y que vivimos esto sin explicaciones. A mí, al menos, una de las cosas que más me enamora de alguien es su capacidad de ver el mundo y de ponerle palabras. Muchas veces, amar a alguien es mantener una conversación ininterrumpida con esa persona a lo largo de la vida.

¿Cuál es nuestra idea del amor? ¿A qué hemos llamado amor y qué no lo era? Pienso en la historia detrás de Layla, la canción de Eric Clapton dedicada a Pattie Boyd, de la que hablas en tu libro.

Pues hay historias que a veces sería mejor que se quedaran en una hipótesis, sin que se cierren del todo, ¿no? Porque luego llegan y en la realidad son mucho más decepcionantes de lo que eran en nuestras cabezas. Como ocurrió con Eric Clapton: fue un marido muy negligente con Pattie Boyd; él mismo lo cuenta en su autobiografía. Entonces, pienso: ¿no sería mejor que toda esa relación hubiera terminado en Layla, en una canción, y que cada uno hubiera seguido su vida? Pero eso ya es una opinión de escritora.

«Son los abandonados los que narran las historias de amor», escribes en el epílogo.

Son los abandonados los que cuentan la historia de amor. Al final, cuando tú dejas a alguien, tú sabes por qué estás dejando a alguien. Pero si a ti te dejan o si la ruptura te pilla completamente por sorpresa, es como que tienes que darle un sentido a eso porque no lo entiendes. Yo creo que todas las historias que aparecen en el libro surgen de esa desazón del “no entiendo”. La creación sirve, no sé si para entender, sino para aproximarte un poco a lo que ocurrió. Quizá nunca obtengas una respuesta —creo que el arte no sirve para eso—, pero es posible que simplemente sirva para colocarlo en algún lugar donde puedas ver.

¿Y las películas que nos montamos? Me refiero a cuando escribes sobre la trilogía de los “amaneceres” de Richard Linklater.

Vas en un tren rumbo a Viena, te encuentras a una chica y esa chica define toda tu vida. Pasas una noche con ella. Ahí la primera pregunta es: ¿te puedes enamorar en una noche? ¿Puede durar eso 30 años? Yo creo que no. Pero ese es el impulso creador que le lleva a él a hacer esa trilogía maravillosa. Todas querríamos, en abstracto, vivir una historia de esas, pero luego, en la realidad, estas historias tienen unas complicaciones espectaculares. El amor también es responsabilidad. Es tomar ciertas decisiones.

Entonces, es genial si te encuentras a la mujer de tu vida en Viena y pasas esa noche. Pero después tienes que ver qué haces con eso.

Pues… ¡Una película! Termino preguntándote: ¿tienes alguna historia predilecta?

Me gusta mucho la de Sophie Calle o la de Nora Ephron. De alguna manera a ti te ocurre algo, como a Calle: te deja tu amante por un email con un «cuídese» tú no lo entiendes. En la vida real a nosotras nos pasa veinte mil veces y nos comemos ese WhatsApp que no entendemos. Pero Calle lo coge y lo envía a ciento siete mujeres como para que lo interpreten. Y pienso que eso es lo que deberíamos poder hacer: tener esa red, esa comunidad y poder preguntar, ¿qué significa eso? Esto nadie lo entiende, pero en ese camino en el que tú tratas de entender, ya estás acercándote a lo que necesitas.

laura ferrero

El desamor causa sufrimiento, desubicación, incluso ira. Y esto nos ocurre a todos, pero hay una serie de personas, todas ellas artistas (escritores, pintores, escultores, actores, músicos) que encontraron en el dolor que provoca una ruptura la mecha que encendió su creatividad. En esta edición revisada y ampliada de El amor después del amor, la literatura de Laura Ferrero conversa con las ilustraciones de Marc Pallarès en el retrato de esos personajes privilegiados que supieron convertir la tristeza en genio creador. Desde Sylvia Plath y Ted Hughes, Camille Claudel y Auguste Rodin, o Idea Vilariño y Juan Carlos Onetti, hasta Taylor Swift y Jake Gyllenhaal, Madonna y Jean-Michel Basquiat, o Amy Winehouse y Blake Fielder-Civil, en todas las historias reales de este libro el arte aparece como elemento clave a la hora de superar la disolución del amor y poder seguir adelante.

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VICTORIA GABALDÓN

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.
Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

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