Hay días en los que una palabra se te instala en el pecho como un animalito testarudo. Esta vez fue “ahora”. Sin más adorno, sin épica, sin esa falsa promesa de que, si lo gestionamos bien, podremos controlarlo todo. Qué risa. El ahora no se controla: te atraviesa.
Este número empezó con un plan sencillo: viajar a Barcelona, caminar con Agustina Guerrero por la ciudad que dibuja en HOY, hablar con ella de esa urgencia de mirar lo que tenemos a los lados y no a las pantallas cuando caminamos por la calle. Pero también empezó con un duelo: la pérdida de la ilustradora Amaia Arrazola. Con ella y con la poeta Carmen Berasategui presentamos nuestra revista por primera vez en Barcelona. Bajo mi brazo, El nuevo Baby Boom. Bajo el de Amaia, El meteorito. Dos aproximaciones artísticas, personales e íntimamente políticas a lo que te explota en el cuerpo cuando nace un bebé. Desde que supimos del fallecimiento de Amaia, la palabra “ahora” se volvió otra cosa: un pequeño temblor, una verdad incómoda, un recordatorio de que la vida no firma garantías.
Mientras escribo, pienso en ese gesto tan doméstico de pasar la mano por un espejo empañado. Una línea limpia entre tanto vapor. Supongo que hacer una revista también es eso: despejar una zona para poder mirar, aunque lo que veas sea frágil, bello, contradictorio o directamente doloroso. Vivimos tiempos que nos empujan hacia lo contrario: hacia la distracción permanente, hacia la ansiedad de prever el futuro, de vacunarnos contra lo imprevisible. Como si el futuro fuese un premio asegurado y no lo que es: un territorio que nos dibujan más oscuro que brillante. Criamos en medio de guerras, crisis ambientales, retrocesos de derechos. Y aun así, aquí estamos: celebrando con dibujos, palabras y fotografías que la vida insiste, mancha y hace ruido.
Este número es una invitación rotunda a volver al presente. A estar aquí. Con quienes queremos. Con nuestras preguntas. Con lo que nos duele y lo que nos sostiene. Con ese segundo en que respiramos antes de responder. Con esa carcajada que no estaba en el guion. Con las manos llenas de lo que importa, aunque no sea perfecto. A Agustina, gracias por recordarnos que hoy puede ser un gran día. A Amaia, gracias por enseñarnos —con todo lo que dejó— que la belleza no pide permiso para quedarse.
Y a vosotras, que leéis, que acompañáis, que seguís apostando por mirar de frente, incluso cuando cuesta: ojalá este número os haga parar un momento. Ojalá provoque vuestras ganas de escribir, de levantar la vista, de llamar a alguien, de no dejar lo importante «para cuando haya tiempo». Ese mito.
Porque solo existe esto. Este instante. Este latido. Este ahora.
Victoria
Consigue aquí Ahora, el último número de MaMagazine en papel.






