La noche no significa lo mismo para Daniela que para Ana. Mientras Daniela está trabajando en su huerta de lechuga de Guanajuato, México, Ana duerme en la casita de piedra que alquiló hace un par de años en Brihuega, España, cuando por fin reunió el valor suficiente para dejar atrás Madrid. Los campos de lavanda del pueblo en el que ahora vive son el reclamo turístico por excelencia de la zona, y su lavanda está considerada de las mejores del mundo. Más tarde, mientras las manos de Ana —que antes pensaba que solo servían para teclear frente a una pantalla— cuidan amorosas de los esquejes de la lavanda en el vivero, Daniela acuna a su bebé para que vuelva a dormirse. Son las 4:47 de la madrugada en México, las 12:47 del mediodía en España. Daniela calienta un biberón con la luz de la cocina apagada, a Ana le apetece un segundo café.

Ellas no lo saben, pero de algún modo están presentes en la casa de María a la hora del baño. Desde que tuvo a las mellizas, la caída del sol se ha convertido en su momento favorito del día, sin lugar a dudas. Es el tiempo de bajar revoluciones y conectar con los cuidados lentos. Todos los sentidos de las pequeñas se agudizan en el agua, como si aún pudieran recordar que no hace mucho fueron peces en el vientre de su madre, flotando sin horarios, sin hambre ni pupas en las rodillas. María acompaña fascinada la transformación de sus dos terremotos en dos niñas suaves, curiosas, tranquilas. Ya no lloran cuando les moja el pelo porque saben que les espera un masaje de cabeza delicioso que huele a los campos de lavanda en los que trabaja Ana (María cierra los ojos, respira y todo se tiñe de morado), un masaje que les prepara para un sueño profundo y reparador gracias a las propiedades relajantes de la lechuga que cultiva Daniela.

María agita el tapón sonajero dosificador del champú y las niñas se ríen enseñando alegres sus primeros dientes de leche. Después lo hacen flotar por la bañera convirtiéndolo en un barco, luego en un avión, más tarde en la nariz de un payaso. Todo es posible en la imaginación de una niña pequeña. A mí me gusta imaginarme a Daniela, a Ana y a María merendando juntas en la casa de María. Veo a las mellizas compartiendo sus juguetes con el pequeño de Daniela, escucho a Ana hablar con ligereza de su decisión perfecta de no ser mamá, del placer de vivir sola en el pueblo. Me gustaría mucho presentarlas y decirles: gracias, mujeres poderosas, porque sin saberlo, juntas hacéis magia.

LÍNEA DE LAVANDA & LECHUGA
Esta línea, formada por gel-champú 2en1 y loción corporal, está formulada a base de extracto natural de lavanda y lechuga y es perfecta para la rutina de baño antes de acostar al bebé, ya que contribuye a un sueño reparador.
La fórmula suave e hipoalergénica del gel-champú 2en1 limpia delicadamente el cabello del bebé, lo deja suave, con un aroma relajante que acompaña a las propiedades calmantes e hidratantes de la lechuga. Además, es fácil de enjuagar, no irrita los ojos y es apto para uso diario. Cuenta con un tapón sonajero dosificador que se abre fácilmente sin necesidad de desenroscarlo, y que emite un sonido divertido, convirtiendo el baño en un momento agradable y entretenido para el bebé. La loción corporal complementa el cuidado del bebé después del baño, suavizando y mimando su piel de manera natural, a la vez que deja un aroma encantador con notas aromáticas de naranja, eucalipto, rosa y almizcle.
Los gel-champú 2en1 de la línea de Manzanilla y Lavanda & Lechuga de Ricitos de Oro han sido galardonados con el Premio Victoria de la Belleza Baby Top Innovación 2024 —con una nota de 8,29 sobre 10—, el único sello de calidad en España del sector de la belleza basado exclusivamente en las valoraciones de los consumidores.






