Se llama Carmen Bruna Alcaide (Madrid, 32 años), aunque su nombre artístico desde 2016 es Brunelda. Lo suyo con el arte empezó con tan solo tres años, no solo a través de la pintura, sino también con clases de piano y violín, preparándose para la carrera de ballet de la Royal Academy of Dance. «Para mí, el arte es un modo esencial de expresarme, una necesidad propia», dice.
Estudió Arquitectura de Interiores en la ESNE (actual UDIT) de Madrid y ha vivido en países como Japón y China, donde no solo continuó su formación, sino que también conoció a su marido. Tras casarse en Madrid, en 2017, se mudaron a París, donde viven actualmente. Desde 2020, se ha dedicado por completo a sus cuadros y ha expuesto sus obras en espacios tan importantes como las Galerías Lafayette y el BHV de París. Desde hace un año, además, ofrece talleres de arte para que los niños de dos a cuatro años descubran el arte. Pero cuenta que su mayor sueño siempre fue convertirse en madre. En 2021 nació su primer hijo, Francesco, y en 2023 Bosco, su segundo hijo, tras un embarazo complejo. En 2024 esperaban a su hija Lucía, pero murió en el cuarto mes de embarazo, tras un diagnóstico difícil y un proceso largo y doloroso que les marcó profundamente. Y fue precisamente esta pérdida la que dio la vuelta al proyecto que tenía entre manos, ‘Viaje a la maternidad’, que empezó en 2023, embarazada de su segundo hijo: originalmente, se centraba en el crecimiento y la celebración de la maternidad, pero ahora incluye el dolor, la fragilidad y el duelo. Cuenta con 11 obras, que incluyen lienzos de gran formato, retratos, collages y algunas piezas realizadas en arcilla, representadas en formas simbólicas como platos con retratos femeninos. «El arte se ha convertido en mi refugio y, a la vez, en una forma muy especial de conectar con mi hija», asegura Brunelda.
Comenzaste este proyecto ‘Viaje a la maternidad’ estando embarazada de tu segundo hijo.
Sí, este proyecto nació de la necesidad de capturar la profunda transformación que estaba experimentando: estaba embarazada y tenía ya un hijo de ocho meses, que pintaba junto a mí. Sentía que quería plasmar todas las facetas de la maternidad: una maternidad real y no idealizada, que abarca todas las emociones que a veces se pasan por alto. Quería mostrar cómo, a pesar de los momentos difíciles, el hecho de ser madre es profundamente maravilloso.
¿Maternidad y creación van de la mano? ¿Puede ser la maternidad un resorte que potencia la creatividad?
Para mí, absolutamente. La maternidad despierta una sensibilidad especial hacia lo que te rodea y hacia ti misma. Sentía que necesitaba crear, algo especial, diferente a lo anterior, para expresar este vínculo profundo, y el proceso de hacerlo me ha dado un nuevo significado como artista. La maternidad te cambia y, en cierto modo, te obliga a ver el mundo desde una perspectiva nueva y más profunda; eso es algo que he intentado capturar en mis obras.

¿Cómo es el proceso creativo de un proyecto así?
El proceso está guiado por las emociones que cada fase de la maternidad va despertando en mí. Utilizo técnicas mixtas de acrílico, collage, pastel y arcilla, que me permiten plasmar los sentimientos con fuerza, delicadeza y fragilidad. Siempre empiezo con una idea o emoción en mente, pero dejo que los materiales me guíen. Curiosamente, este proceso comenzó cuando mi primer hijo, Francesco, tenía apenas ocho meses y se ponía a pintar junto a mí mientras trabajaba en otras obras. De esos momentos de pintura compartida surgieron las primeras piezas, las cuales guardé y luego usé en los collages de esta colección, como metáfora de cómo nos vamos transformando con el tiempo.
Esa misma transformación se nota en mi evolución como madre: no siempre somos el mismo modelo de madre, cambiamos y nos reinventamos. Me transformé con la llegada de mi segundo hijo, Bosco, y este verano me convertí en una madre diferente con la partida de mi pequeña Lucía. Cada obra es un espacio en blanco que lleno con mis vivencias, y el proceso es casi como un diálogo entre mi yo de antes y la persona en la que me estoy convirtiendo.
De hecho, la pérdida de vuestra bebé en el cuarto mes de embarazo cambió la visión inicial del proyecto.
Sí, la pérdida fue devastadora y transformó completamente mi visión inicial sobre esta colección. Originalmente, este proyecto se centraba en el crecimiento y la celebración, y planeaba anunciar mi nuevo embarazo en la inauguración de la exposición que iba a hacer en septiembre. Sin embargo, tras recibir el diagnóstico en agosto y enfrentar la pérdida, abandoné el proyecto. No quería pensar en la maternidad y evitaba incluso mirar los cuadros que había comenzado. Días después, sentí que debía retomar el proyecto, no solo por mí, sino también en honor a mi hija y a todas las madres que han pasado por experiencias similares. Quería expresar el duelo, el dolor y la fragilidad que forman parte del viaje a la maternidad. La maternidad no se limita a la alegría y la celebración; también incluye tristeza, vacío y la esperanza de encontrar un camino para seguir adelante. Ahora creo que ‘Un viaje a la maternidad’ sí abarca todas las formas de maternidad.

Hace unas semanas expusiste la colección en el Hospital Louis-Mourier de París, coincidiendo con el día del duelo perinatal. ¿Has tenido la oportunidad de conectar con otras madres que han pasado por experiencias similares?
Sí, fue una experiencia profundamente conmovedora y transformadora. Además de la exposición, tuve la oportunidad de participar en un seminario en el que me invitaron a compartir mi experiencia y proceso creativo. Durante el evento, pude conectar y conversar con otras madres que han atravesado pérdidas similares, creando un espacio único en el que pudimos compartir y expresar lo que tantas veces se vive en silencio.
Fue increíblemente poderoso ver cómo el arte puede unirnos y abrir caminos para expresar sentimientos que a veces resultan difíciles de poner en palabras. Escuchar sus historias y ver cómo mis cuadros resonaban con sus propias vivencias fue muy emotivo. Sentí que, de algún modo, nos estábamos consolando mutuamente a través del arte, y fue un recordatorio de que, aunque este duelo puede ser solitario, no tenemos que llevarlo en silencio. Nos brindamos apoyo, y ese consuelo compartido es uno de los aspectos más hermosos que me ha traído esta colección.
¿Cuál dirías que es el mayor reto a nivel social al que os enfrentáis las familias que atravesáis un duelo perinatal?
Diría que el mayor reto es la incomprensión y la falta de visibilidad. A menudo, quienes no han pasado por esta experiencia no entienden el impacto profundo que puede tener ni saben qué decir o hacer. El duelo perinatal es una pérdida única y, sin embargo, la sociedad suele carecer de un lenguaje y de herramientas para acompañarlo, lo que genera en las familias una sensación de soledad e incomprensión.
Al no hablar abiertamente de estas experiencias, muchas personas desconocen que otros a su alrededor también han vivido pérdidas similares y que podrían ayudarles en el proceso. Esto aísla aún más a las familias que atraviesan el duelo. Hace falta una mayor empatía y conciencia para que este duelo encuentre un espacio en el que expresarse y para que todos podamos sentirnos apoyados por nuestros seres queridos.
Cada vez más mujeres lo estáis contando, lo estáis haciendo visible…
Creo que el acceso a espacios donde compartir experiencias y la empatía generada en redes sociales ha sido clave. Al ver que otras personas hablan de su duelo, muchas mujeres encuentran la valentía de contar sus propias historias. Es un gran paso hacia una sociedad que valida y reconoce todas las formas de duelo.
¿Puede el arte ayudar a hacer visible un duelo silenciado?
Sin duda. El arte es un lenguaje que habla desde el alma, y cuando las palabras no alcanzan, el arte puede expresar el dolor y la esperanza. A través de esta colección, intento dar voz a esa tristeza y sanación que a menudo se ocultan. Creo que es importante que el duelo perinatal encuentre un lugar visible y respetado en nuestra sociedad, y el arte tiene el poder de abrir esas conversaciones.
¿Cómo te está ayudando a ti?
El arte se ha convertido en mi refugio y, a la vez, en una forma muy especial de conectar con mi hija. Cuando pinto, la siento más cerca, casi como si a través de cada trazo y color pudiera sostenerla, estar con ella. El arte me da una manera de expresar lo que llevo dentro, permitiéndome liberar emociones que a veces no encuentro cómo poner en palabras. Mis cuadros se han vuelto un espacio seguro donde puedo procesar la tristeza, el amor y la esperanza, y poco a poco ese proceso me ayuda a sanar. Pintar es un recordatorio de que ella vive en cada pincelada y, de alguna manera, eso me reconforta.






