Hermana, yo sí te creo, pero se me olvidó decírtelo. Perdón. Se me pasó salir a la calle en manada a darte la mano siendo tú la víctima perfecta.

Mujeres, tenemos deudas. Cada una hace lo que puede cada día. Lo sé. No es por añadirnos más cruces, pero hay una chica que quizá todavía nos espera. La agredieron en un baño y cumplió el manual de lo que se espera de ella. Nada más ser atacada, lloró y avisó a los responsables de la discoteca, que corroboraron su temblor. No se le ocurrió ser vista sonriendo. Denunció al agresor por los cauces oficiales. No osó publicarlo en el muro de Fallarás, menuda desvergüenza. Mantuvo siempre la misma versión, a diferencia del acusado, que la cambió cinco veces. Ella fue anónima y no concedió entrevistas, como otras. Además, renunció a la compensación económica. Como si hubiera una cantidad de euros que pudiera reparar un alma rota. Pero ella rechazó cobrar nada. Una santa.

Sin embargo, perdió. Dos semanas después del 8M se publicó la sentencia y todas nos quedamos quietas. Creo que las cámaras del reservado la grabaron bailando con el que dijo que después se la clavó hasta la tráquea a la fuerza. Qué insensata, reinando bachata en sus caderas. Es que la chica le acompañó al servicio sin que le pusiera una pistola en la cabeza. No, tampoco la ató a la cama como gritaban en televisión sobre las víctimas de nuestro famoso señor truhán. Igual hay alguien que todavía no ha visto Querer, la serie de Alauda Ruiz de Azúa. Parece ser que se nos olvida que nos pueden violar en nuestro propio lecho. ¿Será eso lo que no queremos mirar? ¿Cuántas veces no pudimos parar por miedo? Silencio.

Tenemos deudas. Porque hay otras de las que abusan y encima se portan mal. Porque salen hablando, al parecer, desubicadas, y difunden por redes el poder lumínico de la numerología. A esas también las dejamos solas. Es que lo que dice no concuerda. Se comenta. Es que ella quería ligar con él y luego lo de las entrevistas. Dicen que el abogado no sabe cómo detenerla. ¡Acabáramos! A ver si ahora, para que te crean cuando te agreden, tienes que caer bien. Un momento, por favor: para ser violadas no tenemos que estar cuerdas. Los momentos de mi vida en los que me he encontrado con los mayores depredadores sexuales han sido cuando yo no me estaba pudiendo querer. Desde el patio del colegio hasta el contrato oficial, pasando por el infierno. El no estar bien debería ser un atenuante. Como sucede con los delitos, la embriaguez o la leyenda popular sobre el levante de Cádiz.

—¿Pero usted se fijó en ese hombre? Preguntaría el juez.

—Sí, sí. Me pareció atractivo y me sentí bien cuando me eligió a mí para irse con él.

—¿Pero no vio usted que era un narcisista y un probable agresor sin ningún rasgo de empatía?

—Es que estaba en muy mal momento, ¿sabe? Me sentía sola porque mis amigas se han tenido que ir fuera para poder trabajar, el sistema me hace verme no válida al estar un poco gorda y con el problema habitacional, por la especulación con la vivienda, había tenido que volver a vivir a casa de mis padres. Me sentía como una mierda y quería soñar con sentirme un poco querida y, sobre todo, pasármelo bien.

—Claro, claro. Dos puntos más de atenuante en su defensa. Usted estaba como para que una amiga le diera un abrazo y se tomaran un agua de jamaica. No como para irse a casa de este abusador que la engatusó hasta que la tuvo dentro y después la trató como un trapo y con violencia, terminando dentro sin condón cuando juró habérselo puesto. A la cárcel, caballero, revísese los niveles de pornografía y patriarcado. Y usted, señorita: terapia subvencionada por el estado para aprender a quererse mejor en este mundo, que no se lo estamos poniendo nada fácil.

Hermana, yo sí te creo, terminaría el juez.

No ha sido así.

Querida chica de Barcelona, quizá sigas esperando que nos plantemos todas en la calle San Bernardo de Madrid a aullar juntas como hicimos ante aquella primera llamada con la barbarie de San Fermín. Te imagino abrazada a tu madre pensando que para qué ha servido todo esto. Te doy las gracias por hacerlo. Por intentarlo. Que sepas que cada vez que cruzo por el paso de cebra del Ministerio de Justicia pienso en ti y en la deuda que te tenemos. No sé si te llegarán estas palabras, pero te pido perdón por nuestro silencio y te grito que te creo. Estamos a punto del aniversario de tu condena. Igual aún estamos a tiempo. Si me llega a tocar a mí un agresor conocido públicamente no sé si lo habría sabido sostener. Igual yo sería de las que no caería bien.

Igual estamos todas a tiempo de que nos crean a la vez.

Escrito por:

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.

Relacionados

VICTORIA GABALDÓN

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.
Autora de las obras de teatro "Madres" y "Escúchame, compréndelo", entre otras. Firme defensora de la raíz, los latidos, los tejados, las lentejuelas, las paredes de colores, Pedro Almodóvar, hacer red y cuidarnos las unas a las otras.

Revista en papel