Dicen que una buena historia necesita un punto de inflexión, un momento que lo cambia todo y te obliga a tomar un nuevo camino. Si pienso en mi vida y en la creación de mowom, son tres los momentos que me definieron y me trajeron hasta aquí. Y es lo que te voy a contar.
Siempre me gustaron las matemáticas y la física, así que estudié ingeniería y terminé trabajando en una de las empresas líderes de la automoción en Alemania. Aunque el producto no me entusiasmaba, tenía un buen puesto, buenas perspectivas de carrera y un buen salario. Eso me permitió viajar, y fue en uno de esos viajes donde viví mi primer gran cambio. El impacto ambiental del turismo en Bali y la deforestación en Borneo me impactaron profundamente. Esa experiencia me reconectó con la naturaleza y me hizo cuestionar mi rol en una industria que, para mí, había perdido sentido: no podía seguir desarrollando coches para una pequeña élite. Decidí entonces comenzar un máster en gestión ambiental y sostenibilidad, buscando redirigir mi carrera hacia algo más alineado con mis valores.
En esa etapa, mientras compaginaba trabajo y estudios, me di cuenta de que si quería ser madre, no podía esperar mucho más. Me quedé embarazada, pero sufrí un aborto. Y ese fue mi segundo gran punto de inflexión. Dejé mi trabajo, no solo por razones profesionales, sino también para cuidar mi salud física y mental y me enfoqué en terminar mi tesis y replantear mi futuro. El mes en que entregué mi tesis doctoral, mi pareja y yo viajamos a Colombia para asistir a la boda de una buena amiga. Y fue allí cuando supe que estaba embarazada de nuevo. Después de pasar los dos primeros meses bastante agotada, fui a apuntarme a la oficina del paro para buscar trabajo. Cuando mencioné que estaba embarazada, me preguntaron: «¿Para qué estás buscando trabajo, entonces?». En ese momento, saltaron mis primeras alarmas: la maternidad seguía siendo vista como un obstáculo en el mundo laboral.
Mis últimos años en la automoción habían sido muy duros y estresantes, así que decidí aprovechar esta etapa para bajar el ritmo, cuidarme y dedicarme a aprender cosas para las que nunca había tenido tiempo. Entré en la maternidad con calma, plenamente consciente, y con el privilegio de haberme podido informar y disfrutar de esa etapa. El tercer y más importante punto de inflexión llegó cuando decidí reincorporarme al mercado laboral remunerado y me encontré con el «hueco» de dos años en mi currículum. Ese tiempo lo había dedicado al embarazo y al invaluable trabajo de ser madre. Sin embargo, me sugerían ocultarlo, disimularlo, hacer que «no pareciera un hueco». Pero, ¿por qué debía avergonzarme de algo tan importante? ¿Por qué ese tiempo no podía ser reconocido?

Para mí no era un hueco en mi vida profesional, sino una etapa de crecimiento, aprendizaje y transformación. Fue entonces cuando, en 2020, decidí no solo incluir mi puesto de madre en mi currículum, sino también crear mowom: una empresa ficticia con perfil en LinkedIn, como si hubiera sido el sitio donde yo había trabajado como madre. El nombre venía de Mother’s Work Matters. Soñaba con que otras mujeres, que también habían dedicado años a la crianza, pudieran incluirlo en su experiencia profesional sin vergüenza ni culpa. Durante los procesos de selección, mowom llamaba la atención, pero las oportunidades seguían siendo escasas. Es cierto que estábamos en plena pandemia y que, cambiando de sector, tenía formación pero no experiencia. Eso es lo que siempre me decían cuando preguntaba por qué no me habían dado el puesto. Sin embargo, en más de una entrevista, me preguntaron cómo me las arreglaría con mi hijo si el trabajo implicaba viajar. «¿Le hacen esa pregunta a los hombres?», respondí una vez, sintiendo el peso de la discriminación.
Tras pasar más de un año buscando empleo, me desmotivé. Fue una época dura y mowom quedó en pausa. Unos meses después, gracias al apoyo de mi marido y a haberme rodeado de círculos de mujeres increíbles, decidí darme a mí misma la oportunidad que otros no me daban: emprendí como consultora de sostenibilidad. Al poco tiempo, además, dos mujeres encontraron mowom en Linkedin. Me di cuenta de que no estaba sola, de que muchas otras mujeres compartían mi experiencia y mi rabia. Y entendí que mowom tenía el potencial de convertirse en un movimiento.
El impulso final se lo debo a una mujer extraordinaria, Begoña Martín Baeza —periodista y consultora de comunicación y marca personal—, que me acompañó en el proceso de construir mi marca personal y nunca dejó de preguntarme cuándo despegaría mowom. Gracias a ella, en 2023 decidí retomar el proyecto. A este impulso se ha sumado Pilar Soler, coach y consultora, y ya una amiga más. Hoy, mowom sigue siendo un proyecto pequeño, pero lleno de ambición. Está diseñado para todas las mujeres que, siendo madres, desean reivindicar el valor económico, social y emocional del trabajo de crianza. Y también para aquellas empresas que entienden las desigualdades que enfrentamos las mujeres debido a la maternidad y que están dispuestas a cambiar la narrativa. Este es solo el inicio de la historia de mowom. El siguiente capítulo dependerá, en gran parte, de la ayuda y el apoyo de personas que entiendan la importancia de visibilizar este trabajo.






