© Carmen Kahlo

REYES GALLEGOS: FILMAR COMO FORMA DE CUIDAR

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Hay ciudades que avanzan dejando a algunas personas atrás. Y hay películas que se detienen justo ahí, donde el ruido baja y la vida —por fin— habla. Ellas en la ciudad es uno de esos relatos valiosos: un documental que recoge las voces de las mujeres que hicieron habitable la periferia sevillana cuando los planes urbanos las ignoraban y los desiertos de asfalto eran su paisaje cotidiano. A través de testimonios íntimos y firmes, estas vecinas nos cuentan cómo reclamaron agua corriente, transporte, escuelas, centros de salud y vida común: no solo para ellas, sino para toda la ciudad.

Dirigido por Reyes Gallegos, el documental traza un mapa íntimo de paseos, bancos, rutinas y afectos; un archivo vivo de cuerpos que resisten desde lo cotidiano. Gallegos lleva años trabajando desde un cine comprometido con lo social, la escucha y la memoria, con una mirada que huye del subrayado y se posa —con respeto— sobre aquello que suele quedar fuera de plano. Reyes no viene del cine, sino del urbanismo: sevillana, doctora en Arquitectura y profesora en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Sevilla, ha dedicado gran parte de su carrera a pensar y ejercer ciudades más sensibles a sus habitantes reales, desde proyectos como La ciudad viva, Plan Reaviva o Sevilla, ciudad de los 15 minutos. Ganadora del Premio Andalucía de Urbanismo (2016) y del Premio COAS (2021), Ellas en la ciudad es su ópera prima audiovisual, cocreada con el guionista y productor Rafael Cobos, y nacida de la investigación y el terreno mismo, donde la experiencia de cada mujer se vuelve historia común. Su trayectoria dialoga con una idea clara: filmar es una forma de cuidar.

La acogida del documental ha sido destacada: además de su paso por festivales como el de Málaga y Huelva, Ellas en la ciudad suena con fuerza para conseguir varias nominaciones —ojalá galardones— en los Premios Goya 2026. En un momento de ciudades cada vez más hostiles e inhumanas, la película nos recuerda algo incómodo y esencial: que envejecer no debería implicar desaparecer, y que mirar —mirar de verdad— sigue siendo un acto profundamente transformador.

Reyes y Juani

¿Cuántos hijos tienes y de qué edades?

Tengo dos. Mi hija tiene nueve años y mi hijo diez (ya mismo, once).

¿Qué es, para ti, lo mejor y lo peor de la maternidad?

Lo mejor para mí es el aterrizaje permanente: el contacto con lo más puro, con la vida, con el amor verdadero. Lo peor, el miedo al futuro, a las injusticias y a las enfermedades.

¿Cómo era tu trabajo antes de ser madre? ¿Y después? ¿Sufrió cambios significativos?

Antes era trabajadora a tiempo completo, casi siempre para otros (en estudios de arquitectura, administraciones, etc.), y me costaba mucho más decir que no, aunque no me convencieran los proyectos. La maternidad me llevó a tener que trabajar en proyectos propios, y eso me ha ido acercando a trabajar en lo que me gusta y en lo que creo, y a seleccionar batallas.

Ellas en la ciudad es un gesto de atención hacia las mujeres mayores que siguen habitando el espacio urbano cuando ya no encajan en el relato del progreso, cuando la ciudad parece haber olvidado que también es suya. ¿Qué te estaban diciendo ellas que la ciudad no estaba escuchando?

Ellas hablaban desde un sitio muy distinto al que lo hacen los académicos, políticos o gestores con los que he trabajado muy de cerca en muchos proyectos. Y justo eso es lo que me pareció más valioso: la autenticidad del discurso. Por desgracia, en ciertos ámbitos, el urbanismo está muy alejado de las necesidades reales de las personas. También hablaban de lo que significa ser una persona cuidadora en una ciudad hostil. Y de cómo salvar de esta hostilidad a los suyos primero, y luego a ellas mismas.

¿Desde dónde miras tú: desde la cineasta, la vecina, la hija, la mujer que también envejece en una ciudad que corre?

Supongo que todas esas miradas las tengo mezcladas. Actualmente, la mirada de madre en una ciudad cada vez más banalizada y la mirada de docente de futuras arquitectas y arquitectos que tienen problemas con el acceso a la vivienda (pero siguen estudiando a los mismos referentes de hace 50 años) tienen mucho peso.

 

En Parque Alcosa

 

La ciudad cambia, se gentrifica, se disfraza de novedad. ¿Qué se pierde cuando las mujeres mayores dejan de ser visibles en el espacio público?

Perdemos sabiduría y memoria: sentimiento de pertenencia al lugar donde vives (topofilia), relación con el territorio, con los oficios tradicionales, con la economía local, lugares de convivencia, vida en las calles, seguridad, tejido, tiempo, salud, incluso la relación con nuestra alimentación… Se pierden cuestiones muy importantes relacionadas con lo cotidiano. Parecía que con la pandemia habíamos tomado conciencia, pero el capitalismo es más fuerte.

En la película hay paseos, bancos, calles, rituales cotidianos. ¿Crees que caminar puede ser una forma de resistencia?

Ya lo dice Rebecca Solnit en su libro Wanderlust: Una historia del caminar (Capitán Swing, 2015), uno de mis libros favoritos y que recomiendo muchas veces. Ella dice que «el caminar es un acto de resistencia frente al urbanismo sin escala humana». Caminar, además de sustituir al coche, es la mejor herramienta para cualquier diagnóstico urbano. Se perciben escalas, olores, ruidos, barreras o inseguridades que de otra manera no percibirías.

¿Qué tipo de violencia —silenciosa, educada, estructural— ejerce hoy la ciudad sobre las mujeres que ya no “producen” ni “consumen” como se espera?

Las personas mayores con problemas de dependencia y movilidad sufren edadismo por parte de la sociedad y también de las ciudades. Pero la ciudad no solo ejerce violencia por falta de accesibilidad y hacia las personas que ya no “producen” ni “consumen”. Hay una violencia implícita en la ciudad hacia las mujeres y en todas sus edades. Para las mujeres, desde jóvenes, tienen miedo al andar solas por ciertos espacios urbanos a los que los hombres de la misma edad no temen.

Hay otro tipo de violencia y es que, cuanto más al margen se encuentre un área urbana, son las mujeres que allí viven las que más sufren ese aislamiento. Como confirman los estudios de salud con perspectiva de género sobre salud mental, violencia de género, embarazos precoces o problemas de alimentación, si eres mujer y si además te encuentras en una situación periférica, la ciudad es doblemente violenta.

 

En Parque Alcosa

 

El feminismo ha hablado mucho de juventud, de maternidad, de deseo. ¿Estamos preparadas para hablar del envejecimiento sin edulcorarlo, esconderlo o convertirlo en una excusa para vender más?

Hablar de envejecimiento para mí es hablar de memoria viva. Yo veo cada arruga y cada cicatriz como las huellas en el territorio. Una plaza que se homogeneiza con una capa lisa de hormigón, borrando toda la historia que hay debajo, pierde interés para mí como lugar. Actualmente, el feminismo tiene mucho que aprender de nuestro pasado reciente y de esta generación que, ante tantos obstáculos como la dictadura, se unió en un fin común, aunque piense de forma diferente en cuestiones específicas.

¿Qué te han enseñado estas mujeres sobre el cuerpo: el cansancio, la memoria, la dignidad, la rabia?

Me han enseñado que transitar los problemas desde el victimismo o la lamentación no lleva a ningún lugar. Ellas, por más obstáculos que tuvieran, lo hicieron de una manera constructiva, y nunca solas, sino desde lo colectivo. Esto para mí es la enseñanza más importante. Y por supuesto, la inteligencia, ironía y sentido del humor que le ponen a todo por duro que sea.

¿Qué papel juega la escucha en tu forma de filmar? ¿Cómo se gana la confianza de quien ha sido históricamente ignorada?

Creo que todo fue muy natural. Realmente, una cosa me llevaba a la otra de manera orgánica. De la investigación, a la foto y de la foto, al video. Yo empecé a conocerlas a través de unas preguntas para la investigación como doctora en urbanismo; manteníamos charlas y yo apuntaba en una libreta. Al ir conociendo la historia, íbamos ganando confianza, y ante mi asombro, no les chocaba que les preguntara si podía sacar el móvil. Luego fue la exposición de fotos; después iba con una cámara de video. En paralelo, había empezado a entrar en sus casas. Ellas fueron conociendo el proceso a la vez que yo: le contaba cuando solicitaba una ayuda para la financiación, cuando salía una noticia en prensa…

¿Hubo algo que decidiste no filmar o mostrar porque pertenecía solo a ellas?

Decidí no filmar figuras masculinas porque lo que quería contar es la historia que no se ha contado antes en el cine, es decir: ese trabajo de las mujeres y de las madres que no fue reconocido, como el que hicieron las APA (Asociaciones de Padres de Alumnos), en las que solo las madres se organizaban para conseguir colegios, mobiliario, vallas y maestros, mientras los padres estaban en las fábricas; o en las propias asociaciones que conseguían farmacias, autobuses o centros de salud, en las que el presidente era un hombre, pero las firmas, las marchas al ayuntamiento y los piquetes en las administraciones lo hacían ellas (muchas a escondidas) mientras, de nuevo, ellos estaban en las fábricas.

Por otra parte, quise filmar a mujeres que no se dejaron por cuestiones de violencia de género. Y a algunas migrantes que, por problemas de regularización de papeles, tampoco se dejaron.

Después de hacer esta película, ¿ha cambiado tu manera de habitar la ciudad?

Sí: poco a poco me voy obligando a algunas cosas. Saludo siempre a mis vecinos y vecinas aunque tenga prisa (me paro incluso aunque llegue tarde). Me planteo antes de salir en qué medio de desplazamiento voy a ir a un sitio. Si puedo, camino, y si no, elijo un desplazamiento activo o transporte público (dejo el coche como última opción). A la hora de comprar, intento hacerlo siempre en comercios pequeños y cercanos. Y he empezado a organizar una “velá” en mi barrio.

¿Qué te gustaría que quedara en el cuerpo de quien vea Ellas en la ciudad?

Pues me gustaría que ocurrieran muchas cosas, aunque me conformo con alguna de ellas:
Una imagen diferente de lo que fue la transición española para muchas mujeres (la mayoría).
Reconciliación con su madre, su tía o abuela.
Una revisión sobre la lucha vecinal en los barrios tan masculinizada.
Inquietud por conocer los barrios de su ciudad y sus historias.
Una imagen menos estereotipada de las andaluzas y periferias.
Preguntas sobre cómo se relaciona con el lugar donde vive actualmente y sobre cómo se relaciona con sus vecinos.
Ganas de organizarse o buscar aliadas para conseguir alguna cosa concreta de su día a día, por pequeña que sea.
Conciencia sobre la importancia de mantener los derechos que consiguieron ellas.
Conciencia sobre las consecuencias que trae para las mujeres una sociedad machista.

 

 

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VICTORIA GABALDÓN

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.
Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

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