Alrededor de la Casa Árabe de Madrid se respira paz y un silencio intenso que ni las obras de Atocha enturbian. Dentro del edificio, que se me antoja vacío, aunque no es así, me espera la escritora Salma El Moumni (Tánger, 1999), acompañada de una intérprete, para poder charlar sobre su primera novela, Adiós, Tánger (Sexto Piso, 2025), una historia que ha sido reconocida con el Premio de Novela de los Estudiantes de France Culture en 2024, que destaca en ella la profundidad y relevancia de su narrativa.
A veces, la distancia que separa dos orillas es más simbólica que geográfica. En Adiós, Tánger, El Moumni ofrece una primera novela que no solo interpela a Marruecos, sino a todos los lugares donde el cuerpo de las mujeres ha sido terreno de disputa. A través de la voz de Alia, una joven obligada a exiliarse tras la difusión no consentida de fotos íntimas, El Moumni explora la violencia de la mirada masculina, el deseo, la vergüenza, el exilio y la memoria.
La novela, aclamada en Francia y recientemente traducida al español, desborda cualquier lectura reductora: no es solo una denuncia, sino un grito. No es solo un adiós, sino una conversación abierta con la infancia, con la lengua, con el hogar perdido. Salma también salió de su Tánger natal para estudiar en Lyon, y ahora reside en París. Esta no es una historia autobiográfica, aunque los espacios habitados coincidan. Y no es una obra íntima, aunque lo que leamos son los pensamientos de su protagonista. O si es íntima, lo es de esa manera en que lo íntimo se convierte en un relato colectivo. No sé si es por el empleo de la segunda persona del singular en la voz de la narradora o porque a este lado del estrecho las mujeres también hemos sentido miedo al caminar solas por las noches, pero es facilísimo, casi orgánico, empatizar con lo que Alia siente. Conversamos con su autora sobre lo que significa huir, reapropiarse de la voz y escribir desde una herida que muchas compartimos, aunque no siempre sepamos cómo nombrarla.
Originariamente, publicaste Adiós, Tánger en francés en 2023, y fue muy bien recibida en Francia. ¿Cómo te sientes ahora que se publica en español?
Estoy encantada de que se publique en español, sobre todo por la proximidad entre España y mi país. He crecido en Tánger, teniendo a España enfrente, casi la podía ver. Así que es muy emocionante para mí.
¿Qué significado tiene para ti el título Adiós, Tánger? Porque no parece un adiós, sino más bien un diálogo con la ciudad.
Quizá también es un adiós a una cierta memoria de Tánger. Es el Tánger de mi infancia. Hay recuerdos de Alia, de los lugares que pertenecen a la memoria, la nostalgia y que revelan el presente.
La historia de Alia refleja temas como el exilio, la violencia y el acoso digital. ¿Qué te impulsó a escribir sobre estos temas?
Quería, sobre todo, escribir la historia de una mujer joven que confundió el silencio con la libertad, que piensa que, justamente siendo invisible, la más silenciosa, la más discreta, será más libre. Por el contrario, quise darle todo el espacio posible para que se exprese y hable de todos estos temas que normalmente le avergonzaban.
Uno de los temas centrales de tu novela es el poder destructivo de la mirada masculina. ¿Dirías que este libro es una denuncia, una catarsis o las dos cosas a la vez?
Es una denuncia sin aspecto político; más bien es un grito de ira, una especie de violencia invertida. Por eso quise usar el “tú”, segunda persona del singular, como voz narradora, porque implica a todo el mundo.
¿Qué prejuicios crees que seguimos teniendo frente a Marruecos? Geográficamente, está muy cerca, pero todavía no conocemos bien cuáles son los resortes sociales o cuál es el papel de la mujer en la sociedad marroquí?
Gracias por esta pregunta. A menudo, es un libro que se presta a los estereotipos que existen en Marruecos y que se aplican al momento presente. Lo que deseo es justo lo contrario: las cosas son más complejas, el mundo no es negro o blanco, la violencia hacia las mujeres no existe solo en Marruecos. En realidad, Alia también es víctima de violencia cuando llega a Francia, un país que se vanagloria de ser ideal para las mujeres.
¿Cómo fue la recepción del libro en tu Marruecos natal? ¿Esperabas una reacción diferente en Francia y en Marruecos?
En Francia es mucho más accesible, simplemente, por el precio y porque está escrito en francés. En Marruecos, es un poco más confidencial. Creo que hay también una recepción más orientada hacia lo que se construye. Próximamente, va a haber una traducción en árabe que acercará esta historia a muchos más lectores.
La protagonista de Adiós, Tánger, Alia experimenta una ruptura con su país de origen. ¿Crees que el exilio es una herida permanente o una oportunidad de reinventarse?
Huir físicamente es una manera de reinventarse, pero el exilio tiene muchas más consecuencias y es una herida que guardamos dentro de nosotros. Entramos en la nostalgia, tenemos dificultades para construirnos en otro país donde se nos da una categoría precisa y también se da la dificultad de vivir en el extranjero.
¿Qué autoras o autores influyen en tu manera de escribir?
En Francia, por ejemplo, Camille Laurens, que ha escrito mucho sobre la noción del deseo en una mujer. Cómo se percibe ese deseo desde la mirada masculina ha sido muy revelador para mí. También, en cierto modo, Annie Ernaux, de una forma general, porque ha escrito de manera extraordinaria acerca de la cuestión femenina. No sé si ella ha escrito de manera nostálgica, pero yo lo percibo así, esa acumulación de un pasado que se intenta preservar a pesar de todo.
Se está dando un momento muy interesante en la literatura marroquí en francés. Están surgiendo voces muy potentes en estos últimos años. ¿Te reconoces como parte de ese movimiento?
Espero que sí. Lo que me gusta mucho en esa reivindicación es utilizar la lengua francesa, exprimirla para expresar otras cosas. Hay una categoría que se llama “francofonía” que para mí es una ignominia, porque está el idioma francés, pero no tendría que estar limitada por las fronteras de Francia, como si las otras literaturas fueran de zonas secundarias, ya sean en Quebec, en Bélgica, en Suiza, en el norte de África o en el África subsahariana. Se utiliza una lengua que significa algo que, efectivamente, se nutre de nuestras particularidades culturales, pero no por eso es menos importante. Y creo que es una riqueza esa variedad del idioma.
Cuando leemos sobre mujeres de otros países, a menudo pensamos que están muy lejos de nosotras. Sin embargo, yo me he sentido Alia en algunos momentos de la lectura de este libro. Hay algo sobre el deseo que considero universal.
Es lo que he descubierto al tener conversaciones con lectoras en Francia: la situación de Alia es una cuestión universal. Limitarla a Marruecos sería reduccionista. Desgraciadamente, lo que le sucede a Alia es algo que todas las mujeres sufren en todo el mundo.
¿Qué reflexión deseas provocar entre tus lectores?
Me gustaría que los lectores se pongan en la piel de Alia. Por eso he utilizado el pronombre “tú”, para implicar al lector directamente, sea hombre o mujer. Quiero que los hombres sientan lo que significa ese mundo lleno de amenazas y miedos; es un mundo desconocido para ellos. La vergüenza que siente Alia, también, es una vergüenza que hemos sentido todas las mujeres.

En las calles de Tánger, Alia se siente observada. Su presencia suscita turbación, aunque ella no comprende por qué: la desnudan con la mirada, la siguen, la insultan. Entonces, en la ilusoria intimidad de su cuarto, tratando de comprender qué ven los hombres, comienza a hacerse fotos. Posa, se acuesta, arquea la espalda y, poco a poco, esas sesiones fotográficas se convierten en un ritual.
Alia empieza a pasar tiempo con Quentin, un francés de su instituto. Junto a él, descubre un mundo de privilegios, de liviandad, pero también una libertad que se revela muy frágil. Cuando sus fotos se publican en internet, Alia se ve obligada a huir de su país para evitar ser acusada de ofensa a la moral. Sin saber si algún día podrá regresar a Tánger, se instala en Lyon, donde por fin se siente a salvo. Hasta que su pasado la acaba encontrando.
Adiós, Tánger, primera novela de Salma El Moumni, retrata el poder destructor de la mirada de los hombres. Con un estilo afilado y directo, la joven novelista indaga en la imposibilidad de volver a casa y en el dolor del desarraigo, en la desgarradora experiencia de sentir el hurto de la identidad y el saqueo del cuerpo. Un aclamadísimo debut literario.






