© Carol Renaux

UN MOMENTO DE TERNURA CON IRENE CUEVAS

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El día en Madrid comienza, nublado y frío, en la presentación de un festival de literatura en Madrid donde no se da la palabra a ningún autor y sí a demasiados políticos. Aplacamos la rabia mientras esperamos a Irene Cuevas (Madrid, 1991) para hablar de su primera novela, Un momento de ternura y de piedad (Reservoir Books, 2024). Con ella se despeja el cielo y vuelve el sol, y del cuello vuelto pasamos a la camiseta de manga corta, de la decepción a la curiosidad y la alegría. Ahora sí: vamos a hablar de literatura con una autora. Vamos a hablar de matar a la madre y, a la vez, de salvarla. Eso sí: siempre con ternura. Con ternura se puede hacer casi cualquier cosa en la vida: hasta acabar con ella.

Irene estudió Derecho y un máster en Estudios Literarios en la Universidad Complutense de Madrid y más adelante cursó el Máster de Narrativa de la Escuela de Escritores. Algunos de sus relatos han sido publicados en los libros colectivos Bajo treinta. Antología de nueva narrativa española (Salto de Página, 2013) y Segunda parábola de los talentos (Gens, 2011). Actualmente es profesora de escritura creativa, relato y poesía. Cuenta su bio que, algunas noches de luna llena, «se nombra hija apócrifa de Lucia Berlin y pincha música para corazones tiernos y desamparados. Es una yonki del amor y de la nostalgia».

Un momento de ternura y de piedad es su primera novela y también esa clase de libros que te compras por la portada. Un vaso de leche bien coloreado de cacao, un paquete de galletas María al lado. Un rosa magnético —el que utilizamos para resaltar las preguntas de esta entrevista— en la contra y en el título. Un título del que es difícil escapar y que esconde, tras de sí, grandes dosis de humor negro, poesía y dulzura en una historia insólita: la de una asesina que, por encargo, mata a ancianas, contratada por los hijos de estas o por otros familiares más interesados en herencias que en cuidados. Todo cambia, sin embargo, cuando se enamora de una de sus potenciales víctimas.

¿Qué tiene que ver el título de tu novela con Beyoncé?

El título está sacado de una clase de Fernando Castro Flórez sobre escritores y artistas en la que nos estaba poniendo una imagen de la Piedad. Yo estaba muy interesada en las imágenes de la Piedad porque veía que era una metáfora recurrente en todos mis textos, sobre todo, esa persona que sostiene a otra persona que va a caer. Como estaba pendiente de esas imágenes, de repente, cuando puso esta imagen de Beyoncé, dijo: «aquí tenéis un momento de ternura y de piedad», y yo vi ahí un título. Primero lo cogí para un libro de cuentos, porque pensé que siempre escribía momentos de ternura y de piedad. Cuando surgió la novela, decidí emplear el título en ella. Me gusta mucho cómo juega, también, con Mi año de descanso y relajación de Otessa Moshfegh. Me gustan mucho esta clase de títulos largos.

 

Beyoncé en el videoclip de “Mine”

 

Esta historia es, también, un homenaje a varias escritoras consideradas “malditas” a través de los personajes femeninos: Patricia Highsmith, Lucia Berlin, Sylvia Plath…

Escritoras conflictivas, infelices, malas madres, abandonadoras… Así es. Hice un texto para la edición de mi libro que se vende en FNAC que se llama Matar a las madres y ahí cuento cómo yo también elijo a estas escritoras, por qué las elijo y por qué las voy matando. Hay como una especie de segunda lectura sumergida: es una novela y, por debajo, un juego literario. Me di cuenta de que me molestaba la biografía de todas las escritoras que había elegido homenajear, entraba en conflicto con ellas.

Estaba muy enamorada del personaje de Lucia Berlin y de ella como escritora. Leía las entrevistas que dieron sus hijos, en las que contaban que la adoraban, pero que era una mala madre y que tendrían que haber intervenido los servicios sociales. Es algo que ella también reconoció. Yo quise, también, explorar ese conflicto.

Muchos autores han hablado de la madre, del duelo que provoca su pérdida. Pienso en Barthes, por ejemplo. Sin embargo, no hay tantas autoras que, hasta ahora, hayan sido visibles abordando la relación entre madre e hija. Y es ahí donde existe gran riqueza y posibilidades, derivadas de la propia naturaleza conflictiva de la relación. 

Desde Apegos feroces de Vivian Gornick, es algo que se pone sobre la mesa. Se hace necesario empezar a hablar de los mommy issues, después de tanto hablar de los daddy issues. Para mí, la madre es el origen de todo, el centro de la mitología familiar que creamos cuando somos pequeñitas y, también, el origen de todos los dramas y los conflictos. Justo ayer me preguntaron si jugaba con textos como Las abandonadoras de Begoña Gómez Urzaiz o Las hijas horribles de Blanca Lacasa, que son ensayos. Este libro es una ficción que puede poner en marcha estos mecanismos que ya se han trabajo en esos libros.

Es una gran paradoja que la protagonista de tu historia asesine por encargo a otras mujeres para mantener con vida a su madre, que no quiere vivir. Asesina para pagar un centro en el que su madre esté vigilada, en el que impidan que ella se suicide. ¿Cómo comienzas a dar forma a esta historia?

Parte de un cuento que escribí hace ocho años, en el que ya aparecía esa asesina que mataba ancianas para salvar a la madre, aunque en ese cuento todavía no se sabía qué le pasaba a la madre, pero había que salvarla. A la hora de convertir ese cuento en novela, comencé a buscar qué le podía suceder a esta madre. Para mí, las novelas y los cuentos surgen de un conflicto de deseos entre dos personajes: el deseo de la madre es dejar la vida y el deseo de la hija es que se quede con ella. Por eso elegí a una madre con una enfermedad mental y no física, porque debía tener control sobre ella misma y su deseo. Sobre todo, quería jugar con un personaje que tuviera la capacidad de cometer un acto, y con otro personaje que se enfrentase a ese acto. A la asesina, que no quiere que su madre muera, sí le parece bien matar a otras madres: lo hace por dinero. Moralmente, no es un personaje tan reprobable, porque mata ancianas. Y yo me pregunto qué opinarían los lectores o lectoras si matase a niños.

La protagonista mata ancianas por encargo, siempre, de hijos varones o familiares que van a heredar. De personas a las que les molesta o sobra su ancianidad. 

Quienes encargan el asesinato son personas que no quieren ejercer su función de cuidadores con madres que, quizá, no fueron cuidadoras en su momento. Ahí hay otra paradoja. Empatizas con la protagonista porque es tierna, porque ofrece a sus víctimas su último acto de ternura en el mundo. Hace caso a estas ancianas a las que en su familia no atienden: ella les ofrece cariño. Aun así, sigue siendo cruel en la ternura.

El conflicto del deseo, la pasión destructiva, atraviesan toda la novela. Hasta que la protagonista no se siente con fuerzas para cumplir uno de sus encargos. 

La protagonista se enamora de la madre que nunca ha tenido. Sobre todo, no puede matar a esa madre que ella hubiera deseado tener. No entiende por qué alguien puede pedir eso. Es ahí donde la madre y la amante se mezclan.

Bajar a la madre del pedestal podría ser, también, un objetivo literario, una reformulación del canon. Hasta nos haría un favor este cambio de relato… quizá aliviaría la presión sobre las madres. 

He escrito esta novela sin saber muy bien a dónde me llevaba, pero una cosa que tenía claro que quería explorar es qué es ser una mala madre. No tengo claro que las madres de mi novela lo sean: Si eres una madre egoísta, ¿eres mala? Si has mirado por ti o no has ejercido la función de cuidadora, ¿eres mala? ¿Por qué solo la madre tiene que ser la cuidadora? Este libro ofrece muchas preguntas abiertas. Yo, personalmente, no tengo clara mi posición.

Todos los personajes de tu novela están en duelo. ¿Es esta una novela de duelo?

Al principio no era consciente de que estaba escribiendo un libro de duelo, pero es que es así. Yo estaba inmersa en un duelo amoroso, destrozada, en una crisis personal muy bestia. Como yo estaba en duelo, creo que puse a estos personajes a sobrevivir a sus propios duelos. Escribía sobre el amor cuando yo no creía en él: aunque hay mucho amor, también es cruel y está cerca de la muerte.

En los agradecimientos de Un momento de ternura y de piedad, cuentas que escribiste esta historia en los dos peores años de tu vida. ¿Has encontrado reparación en la escritura, te ha ayudado a sobrellevar tu dolor?

No me ayudó nada: lo he pasado fatal escribiendo este libro. Fueron 760 días escribiendo y llorando. Todos los días. Yo era la madre de este libro, no solo la asesina. Cuando hay cosas que la cabeza no entiende, el cuerpo las empieza a somatizar. Acabé en urgencias diez veces, me hicieron mil pruebas, estuve tomando Tramadol tres meses por un dolor somático.

En el personaje de Lucia encuentro una especie de salvación de mí misma, de comprensión en los destrozos del amor y sus cicatrices. Me di cuenta de que Lucia Berlin fue una mujer que tuvo muchas vidas y las sobrevivió. Quise hablar con ella, aun muerta, y por eso creé una ficción —y ese personaje de Lucia— para inventarme un diálogo con ella. Necesitaba que una superviviente pudiera aclararme algo.

Sobrevivir al duelo también puede ser muy duro.

Cuando era pequeña, mi madre estuvo muy mal. Esta novela parte, también, de ese miedo que tengo, desde que era pequeña, a perder a mi madre. A día de hoy, el día que pierda a mi madre, no sé si voy a querer sobrevivir. Quería crear un personaje que me enseñase a dejar ir, a sobrevivir. En un momento de mi vida futura, sé que voy a necesitar volver a este libro.

 

irene cuevas

 

La asesina más tierna de la historia bebe leche con chocolate y toma galletas. Lo hace para no atragantarse con la madre que le ha tocado tener, una diva suicida en potencia. Después de muchas idas y venidas a hospitales, la ha ingresado en una clínica psiquiátrica que paga con su peculiar trabajo: matar a abuelas, siempre por encargo de sus hijos varones. Pero todo cambia cuando se enamora de una de ellas.

En un equilibrio perfecto y original que mezcla el humor negro, la dulzura, el suspense y el drama, Un momento de ternura y de piedad es droga sin cortar para los corazones delicados.

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VICTORIA GABALDÓN

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.
Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

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