© Álvaro Minguito

Hay algo que me incomoda cada vez más al usar las redes sociales. No es solo lo evidente —los insultos, la violencia explícita—, sino que siento que habitamos espacios que no nos pertenecen. Escribimos, compartimos, nos exponemos e incluso nos rompemos en espacios diseñados sin nosotras; lugares en los que el algoritmo premia el conflicto, amplifica la brutalidad y convierte el dolor en espectáculo. La periodista, escritora y activista Cristina Fallarás (Zaragoza, 1968) lo dice sin rodeos: «Las redes e internet se han convertido en un espacio de violencia, de agresión y de peligro para nuestras hijas, para nuestros hijos y para nosotras mismas». Y cuesta rebatirlo porque la experiencia —la propia y la de tantas— encaja demasiado bien con esa descripción.

Al mismo tiempo, tampoco se trata de caer en una enmienda a la totalidad. «Las redes o internet no son ni buenas ni malas, son como las queramos construir», continúa. El problema es que hasta ahora esa construcción no ha sido precisamente colectiva. «Las han construido hombres riquísimos y las han dotado de algoritmos para el odio, el enfrentamiento y la violencia». Y eso, aunque a veces intentemos ignorarlo, condiciona todo lo demás.

Sin embargo, dentro de ese marco han sucedido cosas importantes. «Nosotras, las mujeres, por ejemplo, conseguimos usarlas para hacer el #Metoo o el #Cuéntalo y para relatarnos ahí», afirma Fallarás. Incluso en un terreno que no estaba pensado para sostenernos, hemos encontrado la manera de reconocernos, de compartir experiencias y de dejar de pensar que lo que nos pasaba era algo aislado. Pero abrirse un hueco no es lo mismo que tener un lugar, y ahí es donde entra La Nuestra, plataforma de la que Fallarás, rodeada de un grupo de mujeres de ámbitos muy diversos, es precursora. Y lo hace sin plantearse como sustituta de nada —«no es vete de Instagram y vente a La Nuestra»—, sino como un espacio propio al que acudir cuando lo que necesitamos no cabe en los demás.

La Nuestra es, en primer lugar, un archivo vivo que recoge testimonios de miles de mujeres sobre violencias machistas e invita a seguir ampliándolo. Un archivo que no se queda en la acumulación, sino que organiza, categoriza y permite encontrar a otras mujeres que hayan pasado por algo parecido, para no empezar siempre desde cero. Además, introduce algo que echo en falta en casi todos los espacios donde hablamos: qué sucede después. La Nuestra incorpora asesoramiento legal, apoyo terapéutico y acceso a recursos. No se limita a contener lo contado, sino que intenta acompañar lo que viene después.

Hay algo ahí que conecta de forma muy directa con lo que intentamos hacer en MaMagazine. No tanto en el discurso —que también— como en la práctica: abrir espacio a experiencias que no siempre encuentran lugar, a relatos que no encajan del todo en lo que se espera, leer y publicar textos que no buscan cerrar nada, sino entender mejor. La Nuestra trabaja en esa misma dirección, pero a otra escala y con otra herramienta, convirtiéndose en un lugar donde hablar entre nosotras sin la interrupción constante de quien no está dispuesto a escuchar lo que no le conviene oír.

Hay una diferencia clara entre usar un espacio y construirlo. Usar implica, a veces, adaptarse a costa de una misma. Construir obliga a decidir desde el principio qué queremos que ocurra ahí dentro. «No vale que haya una persona muy rica, que normalmente es un hombre, que construya esta red. Deberíamos levantarla entre todas», dice Fallarás. Ahí está la clave. Apoyar La Nuestra no es solo respaldar una idea que suena bien: es implicarse en la creación de una infraestructura que puede cambiar, de forma bastante concreta, cómo nos encontramos, cómo compartimos lo que nos pasa y qué hacemos con ello después. «Lo vamos a necesitar en el futuro, lo vamos a necesitar nosotras y, sobre todo, lo van a necesitar nuestras hijas». Dicho así, no suena a consigna, sino a precaución: debemos prever lo que se nos echa encima y decidir, esta vez, no llegar tarde.

Colabora aquí en la segunda fase del crowdfunding de La Nuestra.

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VICTORIA GABALDÓN

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.
Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

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