SEGUIR SIENDO UNA MISMA (CUANDO TODO CAMBIA)

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Me recuerdo frente al espejo en una de las primeras semanas tras el parto. Mientras trataba de encontrar respuestas, una Sara en construcción devolvía una pregunta tras otra. En este momento, vino a mi cabeza Mujer con niño, una litografía del pintor alemán Gerhard Richter en la que una madre acaricia a su hijo recién nacido. La imagen se ve borrosa; pareciera que en esa supuesta quietud del abrazo materno en realidad todo se estuviera moviendo, como si los límites se desdibujaran pese a los intentos de la cámara por capturar el instante. Así me sentía yo, comprendiendo que, en lugar de a un espejo, me asomaba a un lago. ¿Hay algo más líquido que nuestra identidad?

En esta sociedad donde se nos insta a tener las cosas muy claras desde el primer momento, esa sensación resulta incómoda. Estás a medio camino entre la que eras, la que se supone que tienes que ser y la que no te atreves a ser, aunque tu cuerpo te lo pida a gritos. Tienes claro que no es posible volver, pero cuando avanzas, lo haces a tientas.

En ese desconcierto, lo cotidiano se vuelve extraño. La ropa, por ejemplo. Nunca terminé de reconocerme en la ropa de embarazo ni en las camisetas de lactancia. Había algo en su diseño —demasiado correcto, demasiado funcional, entre lo pueril y lo beato— que no dejaba espacio para lo que me estaba pasando, como si llevara un “uniforme de madre” que no dejaba espacio para el huracán que se estaba gestando dentro. Traté de usar vestidos oversize y camisas escotadas en una especie de rebeldía ante la mujer prudente, sacrificada y responsable en la que se suponía que, a ojos del mundo, me debía convertir. Al igual que hay un discurso generalizado en torno a la maternidad —que parece hablar por todas, pero en el que no nos reconocemos ninguna—, hay una estética de lo materno que ya nos resulta aburrida y limitante.

Con el tiempo entendí que esa incomodidad no era superficial. Comencé a mirar alrededor con la misma curiosidad con que miraba a esa criatura que sostenía entre los brazos; observaba a esa nueva mujer a la que ya no le valían las decisiones de antes, los planes de antes, la ropa de antes. Notaba la urgencia por identificar lo que ahora sí me servía. Asumí que, cuanto más trataba de volver a encajar, menos me permitía ver todo lo nuevo que la vida tenía para ofrecerme. Ya no se trataba de intentar caer bien a todo el mundo, sino más bien abrazar las luces, las sombras, la ambivalencia y aceptar que somos todo eso: la buena amiga, la buena madre, pero también el caos, la duda y la contradicción. Ahora entiendo que gran parte de lo que yo consideraba mi identidad de antes de ser madre estaba construida para complacer los deseos y expectativas de los otros. Qué vértigo, pero qué placer, tener la posibilidad de darme ahora el permiso para responder solo ante mí misma. Quizá por eso, cuando empecé a salir de nuevo a la calle, me fijaba en esos detalles. En cómo ciertos objetos —los que te acompañan durante horas, los que ocupan espacio contigo— terminan formando parte de esa nueva identidad que todavía estás construyendo. 

Hace pocos días salí a pasear con una amiga y su bebé recién nacida. Nos vimos reflejadas en el escaparate de la librería de enfrente de casa; ella, empujando el carrito y yo, buscando nuevas lecturas. Ahí estaba de nuevo la imagen acuosa, pero esta vez el vértigo era diferente; venía acompañado de una gran ilusión ante esta nueva oportunidad para redescubrirnos sin prisas y permitirnos buscar sin la urgencia de encontrar quiénes éramos esas nuevas mujeres ahora.

Mi amiga llevaba días dándole vueltas a una decisión menor, casi ridícula si la miro desde fuera: cambiar el color de la capota del cochecito de su hija. Dudaba entre dos tonos nuevos del Bugaboo Fox 5 Renew. No era solo una cuestión estética —o no del todo—. Había algo en esa elección que tenía que ver con cómo quería habitar ese momento. El Cocoa Brown le atraía por su peso. Ese marrón profundo que, según las tendencias, habla de una cierta nostalgia en un mundo cada vez más digital, de lo que permanece, de lo que no es inmediato ni desechable. Tenía algo de refugio.

El Fern Green, en cambio, abría otra posibilidad. Más luminoso, más ligero, pero sin estridencias. Un verde que no parecía decorativo, sino vivo. Se sorprendió al darse cuenta de que estaba pensando en eso con tanta atención. No porque fuera importante en sí, sino porque, en medio de tantas decisiones que ya no dependían de sí misma, esa sí lo hacía. Elegir no el mejor, no el más práctico, sino el que encajaba con ella en ese momento.

Como escritora, tengo claro que la libertad creativa está muy ligada al nivel de permiso que nos damos para dejar de tratar de acertar a toda costa. Hay algo bastante adictivo en dejar de querer encajar y regalarte la opción de descubrir con curiosidad qué es lo que quieres ahora; eso muchas veces te lleva a lugares inesperados y bastante más estimulantes. La maternidad no es una transformación cerrada, sino un territorio en construcción. 

Hay algo en el postparto y los primeros años de crianza que recuerdan a la adolescencia: el cuerpo en plena ebullición, una fuerte necesidad de romper con lo de antes. Solo que esta vez podemos ser mucho más tiernas con nosotras mismas, acompañarnos en el proceso, apoyarnos las unas a las otras hasta darnos todos los permisos necesarios y encontrar los lugares, las personas y las cosas que nos permitan desplegar sin miedo el deseo, la creatividad y la potencia de esta revolución. 

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Nuestros imprescindibles

Fox 5 Renew en Fern Green

El Fern Green introduce una tonalidad más luminosa y elegante a la paleta de colores Bugaboo. Inspirado en la naturaleza, el verde continúa ganando influencia con tonos que destacan por su sofisticación y atractivo atemporal.

 

Fox 5 Renew en Cocoa Brown

El Cocoa Brown es uno de los colores claves del 2026/2027 según WGSN, evocando sentimientos de nostalgia en una era cada vez más digitalizada. Este tono intenso y sofisticado es sinónimo de lujo y longevidad, con el potencial de convertirse en una alternativa versátil al negro.

Organizador

El organizador Bugaboo mantiene todos tus imprescindibles de bebé a mano, cuenta con un diseño que repele el agua y múltiples bolsillos para un fácil acceso. También se transforma en un elegante bolso de mano cuando lo necesitas.

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VICTORIA GABALDÓN

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.
Sara Martín es escritora, divulgadora, creadora escénica, asesora de lactancia y acompaña a mujeres en sus procesos de gestación, parto y postparto. Reciente Accésit al Premio Carmen de Burgos de divulgación feminista de la UAM por un artículo de esta casa. Autora de los poemarios “La Nimiedad”, (Huerga y Fierro), “Por la escalera de Incendios” (Premio Nicolás del Hierro XXI) y "La Pelvis en Llamas" (Libros de la resistencia).

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