© Sandra Rojo

LAURA AGUSTÍ: UNA CONVERSACIÓN BOTÁNICA

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Es jueves por la mañana en Madrid y no llueve. Que no llueva es la noticia después de semanas de lluvia ininterrumpidas. Llego a La Botica de las Letras para participar en un taller presencial —qué gusto da reunirse con personas y no con pantallas— con motivo de la presentación de Furor Botánico (Lumen, 2025), el nuevo libro ilustrado de Laura Agustí. Laura es turolense, licenciada en Bellas Artes por la Universidad Miguel Hernández de Altea y técnico superior en proyectos y dirección de obras de decoración por la Escuela Massana de Barcelona. Después de varios años dedicada a la pintura, su obra se centra casi en exclusiva en la ilustración. Ha expuesto de forma individual y colectiva, y ha comisariado una exposición con la participación de cincuenta artistas. En mayo de 2018 publicó su primer libro ilustrado, Gatos en la cabeza. Ha realizado cubiertas para varias editoriales y ha participado en libros colectivos para Penguin Random House, Savana Books, Valparaíso Ediciones o Errata Naturae. Tras Historia de un gato (Lumen, 2022), llega este Furor botánico para poner nombre a algo que sabía que me sucedía, pero que no sabía cómo se llamaba. Este libro ilustrado, un homenaje a la naturaleza y al vínculo que las plantas han establecido entre las mujeres de su familia a lo largo de generaciones, combina situaciones y recuerdos familiares con consejos para el cuidado de las plantas, ofreciendo una experiencia que se lee, se mira y se siente.

Me siento en una mesa y escucho hablar a Laura con Ángela Jiménez Santos, que guía la conversación. Mientras ellas hablan, se desata mi furor y comienzo a escribir. Como tantas veces, son los libros los que ponen nombre a lo que no sé, a lo que siento. Laura habla de furor no como furia, sino como explosión. Y yo pienso en Carlota, la hoya carnosa que está colonizando el salón de mi casa con sus hojas lustrosas y sus preciosas flores de cera. Pienso en ella, que procede de una pequeña aldea asturiana, y en que ahora se está propagando por las casas de varias de mis amistades. Pienso en S., que siempre que me ve me dice con alegría que la planta está enraizando contenta. Pienso en P., que está a punto de trasplantarla. También crece en el salón de A., cerca de la puerta de su terraza. En casa de J., el esqueje tiene mi nombre y está trepando por una guitarra que también tiene nombre de mujer.

Laura nos invita, a posteriori, a dibujar, pintar y recortar nuestras propias flores para hacer unas postales. Se me da fatal todo lo manual, pero me esmero. Durante el taller, las asistentes compartimos trucos para sanar plantas y recomendaciones de lectura. Más tarde, tengo la suerte de disponer de un ratito de conversación con Laura en privado. Antes de comenzar mi batería de preguntas, le cuento cómo me ha tocado el libro: ambas somos aragonesas, hemos estado cerca del monte y nuestras familias han sabido ver que las plantas son nuestras aliadas. Le cuento que he visto las plantas que me rodean dibujadas en sus páginas, que también en mi familia se elaboraban aceites esenciales con las aromáticas. Que pongo nombre a mis plantas y que me pongo triste si una de ellas se muere. Supongo que Laura también es consciente de que la conversación botánica no es solo una conversación sobre plantas: es, sin duda, una buena excusa para hablar, para escuchar, para compartir. Para conectar con la vida, en definitiva.

 

Una vez que ese furor se desata, no hay vuelta atrás. De repente, las plantas ya no son solo decoración, sino una parte esencial de tu vida cotidiana. Se convierten en algo que precisas entender y cuidar de manera casi compulsiva. Y apenas sin darte cuenta empiezas a buscar información, a leer sobre sus ciclos y sus necesidades. Cada nueva planta abre una puerta a más curiosidad, y esa curiosidad es insaciable.

 

¿En qué momento surgió en ti la necesidad de escribir e ilustrar tu propio furor botánico?

Tenía muchas ganas de hacer un libro de plantas, y no concibo hablar de plantas sin hablar de mi abuela, porque para mí mi abuela era la persona más apasionada de las plantas que conozco. Cuando el libro comenzó a tomar forma, me di cuenta de que este libro no es solo de mi abuela, sino de todas las mujeres de mi familia: a mi abuela, su furor botánico le venía de mi bisabuela y ella lo contagió a mi madre, a mi tía, a mi hermana… Todas las mujeres de la familia compartimos esta pasión.

¿Cuál es ese primer momento que recuerdas asociado a las plantas?

Tengo un recuerdo que involucraba a toda la familia y del que hablo en el libro: el movimiento de plantas que hacíamos dos veces al año, coincidiendo con el cambio de estación y la llegada del frío o el calor. Fui a vivir con mis abuelos, al pueblo, con 7 años, y recuerdo haber hecho eso siempre. Subíamos o bajábamos las plantas haciendo una cadena humana, desde la terraza soleada del piso de arriba hasta las bodegas en la planta baja. Había que hacerlo porque era lo que más le gustaba a mi abuela y había que cuidarlo.

 

 

Has pasado de vivir en una gran ciudad como Barcelona a un pueblo pequeñito como Nevà. ¿Cómo se vive este furor entre lo urbano y lo rural?

Ahora que vivo en el campo soy mucho más consciente del paso de las estaciones: salgo a pasear cada día, rodeada de naturaleza, y observo todo. Percibes todo de una manera mucho más intensa y eso me encanta, pero eso también lo ligo a que me ha dado mucha más ansiedad el tema del cambio climático.

Me he criado en un pueblo de 800 habitantes. Después, estudié en Alicante y he vivido 20 años en Barcelona. De repente, he elegido vivir en un pueblo de 20 personas, y me encanta. He estado un tiempo muy concentrada en este libro, pero ahora estamos conociendo a nuestros vecinos y me encantan. El pueblo está dividido en dos partes: una parte son de casas de gente que viene a veranear y la parte donde estamos nosotros es la parte de las casas habitadas todo el año. Somos ocho familias, cuatro de ellas son parejas jóvenes. Existe esa tendencia de la gente que quiere abandonar las ciudades.

Es genial esa vuelta a habitar lo rural, pero también hace pensar en si la gente joven toma esa decisión de manera soberana o si están encontrando soluciones a su expulsión de las ciudades.

Nosotros hemos vivido esto muy de cerca. Hemos visto cómo nuestra finca ha pasado de ser una finca en la que había renta antigua, y en la que, a medida que han ido muriendo sus moradores, se han reformado y se han transformado en pisos turísticos. Yo viví en ese piso 10 años, muchos de ellos aguantando obras. Y siempre me preguntaba cuándo iba a llegar mi turno. Realmente, te expulsan.

Sin embargo, mi caso es distinto porque yo puedo trabajar fuera de la ciudad, en mi propia casa, y pude tomar la decisión de irme fuera.

Tu pareja y tú trabajáis juntos. ¿Cómo lleváis esa otra parte que es la soledad, o la reducción de la vida social?

Lo llevamos muy bien. Sí es verdad que a mí me dio mucho miedo irme y dejar a mis amigas. Convivir con mi pareja no me asustaba: ya estuvimos haciéndolo en la etapa del confinamiento y salió muy bien. Tuvimos mucha suerte, la verdad.

 

 

 

¿Cómo es tu día a día en tu trabajo?

Como soy autónoma y freelance, debo tener un horario muy estricto para no estar trabajando hasta las mil y, aún así, lo estoy. También es cierto que me encanta mi trabajo. En el caso de este libro, primero escribí el texto y más tarde definí qué tipo de dibujos iba a incluir. Llega un momento, cuando el libro se publica, en que deja de ser tuyo para ser de quien lo lea; entonces llega el tiempo de viajar, de la promoción, de las entrevistas y las presentaciones. Ahora, lo que estoy deseando es llegar a mi casa y ver que mis plantas están bien. Yo llevo trabajando sin parar desde que empecé con la ilustración. Claro: coges todos los trabajos que te proponen porque no te quieres quedar fuera, porque no quieres salir de la rueda de la actualidad y, al final, lo que sucede es que te quedas exhausta.

¿Qué plantas son las que más feliz te hacen?

A mí me hacen felices las plantas que funcionan, las que viven, las que me acompañan durante años. Por ejemplo, el potos, una planta muy sencilla y que me encanta, que no es delicada, ¡me apasiona! Cuando una planta delicada como la Pilea funciona y se hace fuerte, es un orgullo. Tengo muchas plantas que me gustan. Por ejemplo, tengo una Flor de Pascua desde hace dos años y está preciosa.

En mi casa hay una galería en la entrada, un espacio que es magia, donde crecen muy bien las plantas. El resto de la casa es más oscura. Las casas, en la antigüedad, se construían con grandes muros y ventanas pequeñas para que no entrase el frío. Pero en ese espacio es donde sucede la magia.

¿Qué plantas te gusta encontrar en tus paseos por el bosque? 

Una de mis favoritas es el Nomeolvides, con esas flors tan diminutas, color azul. He comprado unas tijeritas y, cuando empiezan a salir, las recolecto, hago mis ramos y las tengo al lado del ordenador. También me gustan mucho los lirios y las aromáticas. Tenemos idea de hacer un huerto de aromáticas y volver a plantar los rosales que mi abuela tuvo hace años, que cubrían toda la fachada. No sé por qué los cortó, y nosotros queremos rescatarlos.

¿Y qué plantas sigues utilizando en tu día a día, como hacían tus ancestras?

Sigo utilizando la cebolla cortada por la mitad para aliviar la congestión, y soy muy fan de tomar tomillo. Pongo hinojo a las legumbres parar no tener gases…

Hablas en Furor Botánico de la primera botánica española conocida: Blanca Catalán de Ocón y Gayolá.

¡Sí! Ella era de Calatayud y pasó parte de su infancia en un pueblo de la sierra de Albarracín, en Teruel. Pensé en incluir a la primera mujer botánica, la francesa Jeanne Baret, que se tuvo que disfrazar de hombre para poder ir en un barco y hacerse pasar por el ayudante de su pareja, que era el botánico. Entonces, me pregunté quién podría ser la primera mujer botánica de España, y cuando vi que era de Aragón, me hizo muchísima ilusión.

 

Blanca fue la primera en dar nombre a la Saxifraga blanca, una especie en la que nadie se había fijado hasta entonces y que aunque parece frágil, tiene un significado simbólico poderoso: «la que rompe las piedras»

 

¿Qué consejo darías a quien quiera iniciarse en el cuidado de las plantas?

Lo primero: elegir bien la planta. En el libro he incluido algunos dibujos de plantas de fácil cuidado, y otras de cuidados exquisitos. Lo mejor es que comiences por esas plantas sencillas de cuidar.

¿Qué feedback estás recibiendo en estos primeros encuentros con lectoras y lectores que estás teniendo?

Pues estoy recibiendo un feedback superbonito, a la gente le está gustando mucho. Es un libro que te lleva a estar un ratito en paz, que transmite transmite. También transmite belleza, y creo que lo que más me gustaría es que ese furor botánico se pudiera contagiar un poco.

 

laura agustí

 

Cansada de la estresante vida de la ciudad, Laura decide trasladarse con su pareja a una casa en Nevà, un pequeño pueblo de los Pirineos. La idea es pasar tres meses de prueba antes de atreverse a dar el gran salto y, tal vez, mudarse de forma definitiva.

Pronto se reencontrará con todo un ecosistema muy familiar y que casi había olvidado: el de su infancia en la fría tierra de Teruel rodeada del lenguaje de las flores, los árboles y las plantas, así como el de toda una estirpe de mujeres comprometidas con el amor y el conocimiento de la naturaleza que le inocularon el «furor botánico». Su bisabuela Pilar, que curaba los desánimos con azafrán y la planta de San Juan; su abuela Carmen, con la que Laura recogía la aceituna; su madre, que sigue mandándole alcoholes para friegas, y su hermana Marina, que calma las rabietas de su hija con aceites esenciales.

Entre recuerdos entretejidos con espléndidas ilustraciones, paseos por los senderos de los bosques para recoger setas, proyectos para su nueva casa y consejos para ajardinar nuestras vidas, Laura nos descubre la exuberante bondad del universo de las plantas.

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VICTORIA GABALDÓN

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.
Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

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