© Carlos Duque

MELBA ESCOBAR Y LA SOMBRA DE UNA MADRE HECHA LIBRO

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Melba Escobar (Cali, 1976) es escritora y periodista, licenciada en Literatura por la Universidad de los Andes, y una de las voces más incisivas a la hora de cruzar memoria familiar, violencia cotidiana y experiencia femenina en América Latina. Ha publicado, entre otros títulos, La casa de la belleza y Duermevela, y colabora habitualmente en la prensa cultural colombiana. En Las huérfanas (Temas de hoy, 2026), su libro más reciente, reconstruye la figura monumental y contradictoria de su madre, Myriam de Nogales, fallecida hace seis años, y las constelaciones femeninas de su familia para pensar la herencia, los vínculos madre-hija y los distintos modos de quedarse sin tierra firme. Publicado por primera vez en Latinoamérica en 2024, Las huérfanas se presenta como una novela en clave autobiográfica que desmantela el mito de la madre perfecta y convierte la genealogía familiar en un campo de batalla entre el amor, el daño y la enfermedad mental.

 

Es realmente impactante empezar a leer un libro que comienza así: «Mamá se arrojó por la ventana de un cuarto piso, once años antes de tenerme». Hay un punto en el que colapsas y tienes que volver a leer la frase, porque hay muy pocas probabilidades de que una persona sobreviva a una caída desde un cuarto piso, ¿no?

Sí, eso sí. A mí también me pareció un principio muy impactante.

Y seguía leyendo: «Mamá se salvó y, de repente, cuatro hermanas». Cuatro hermanas, todas hijas de un personaje realmente poliédrico, contradictorio, multifacético, con tantas capas. Una diva total que, además, es tu madre. ¿Cómo lidiaste con esto en tu escritura?

Sentí que había que escribir un libro sobre ella porque justamente parece mentira. Ella parecía mentira. De hecho, hay una parte del libro donde digo que ella era una actriz, una diva, y nosotras éramos su audiencia. Yo creo que la maternidad pasa por despojarse de una y volcarse en el otro. Para mi mamá eso era imposible de hacer. Eso me llevó a hacerme muchas preguntas sobre hasta dónde una renuncia a la mujer que es en el momento en que se vuelve madre. En el caso de mi madre, creo que hubo algo muy violento en cuanto a su personalidad, al abandonarse completamente en un rol que no le resultaba fácil.

Una, además, pasa a ser muchas veces “la mamá de”, y ya se pierde. ¿Cómo no perderse? ¿Cómo no perderse, pero tampoco volverse una mala madre? ¿Qué es una mala madre? Yo creo que hay muchas preguntas que atraviesan el libro.

¿Cómo habéis vivido, no solo tú sino también tus hermanas, a la sombra de esa figura tan poderosa?

Esta es, también, una historia de transformación. Para mí es la historia esta señora que fue mi mamá, Myriam de Nogales, con tanto abolengo y tanto delirio de grandeza por momentos, pero también tanta chispa, gracia, inteligencia… cómo en sus últimos años fue consiguiendo hacer las paces consigo misma y murió en su salsa. Murió feliz, siendo una diva, disfrutando de su muerte y de su convalecencia, pidiendo heladitos, pidiendo música, conversando. A mí me parece muy hermoso, porque fue una mujer muy atormentada y al final fue una gran compañía y una gran compañera de vida. Ella se emancipó en vida y creo que eso es un ejemplo para todas, porque una, a veces, tiende a creer que después de los 60 se acabó la historia, y en el caso de ella fue completamente al revés. Después de los 60, incluso de los 70, comenzó a darle un sentido distinto a su vida y a librarse de tanto trauma, de tantas cucarachas en la cabeza. Eso le dio sentido a su vida, pero también a la mía como escritora.

Tu madre te dijo: «Tanto sufrimiento, hija, ojalá al menos esto te sirva para escribir una novela». ¿Dirías que esta novela fue un encargo por su parte?

Sí: yo diría que fue un encargo. Ella me hace muchísima falta. Así como fue una mujer muy dura, fue una gran compañía. Yo digo que era una mamá que no era apta para menores de edad, porque después, ya de adultas, la relación con ella se volvió fabulosa. Era tan dura y tan sarcástica y tan ácida… pero una persona adulta puede convivir con eso, incluso nutrirse de eso; un niño, no. Entonces todas recordamos dos versiones de mamá distintas. Ella fue muy dura conmigo, pero a la vez una lectora cuidadosa y rigurosa de todo lo que yo hacía. Nadie me ha leído con más atención. Eso se extraña mucho. Desde el comienzo se tomó en serio mi trabajo.

Como lectora, la figura de tu madre es realmente atractiva, bien definida como diva. Pero luego, la defines con cosas muy concretas, que la bajan a tierra: «A mamá le gustaban las plantas, las semillas y los hijos». ¿Qué hay sobre esos pequeños gestos?

Todos los gestos que hacía, las horas y horas que pasaba en la cocina, por ejemplo, eran para expresar afecto. Tenía esta cosa de hacer por los demás, aunque no expresara verbalmente mayor cosa.

Las huérfanas cuenta, también, la historia de amor entre tu padre y tu madre, que no solo es una historia muy pasional, muy potente y de mucho sufrimiento por parte de ella: también entra en juego el conflicto de clase.

Así es. Ella era la española y él, colombiano de provincia, un chico de pueblo, de padre maestro de escuela. Ella, con mucho abolengo, de Castilla, con títulos nobiliarios. Y claro, eso es un choque. Ella decía que eran “La dama y el vagabundo”. Era tremenda, ¿no? Nunca lo dejó en paz: lo mal que se vestía, el mal gusto que tenía… siempre le estaba echando cosas.

Me parece curioso cómo incluso los prejuicios que tenemos de un país a otro, en este caso, se vivían en la relación de ellos dos, en la dificultad de entender al otro. Pero a la vez era una relación supremamente apasionada que nunca dejó de serlo. Ya tenían más de 60 años y él llegaba un día con flores y la invitaba a cenar, y después ella le daba un portazo porque se había ido con otra mujer. Eran como adolescentes para siempre, muy agotador para nosotras, que solo pensábamos en conseguir un marido bien aburrido.

Tu madre se vuelve colombiana por amor y tú, ahora, vuelves a su país de origen: España.

Primero llegamos a Barcelona. Mi madre nació en Madrid, pero creció en Barcelona, y mi familia en España está allí. Era curiosa la sensación de verla mucho: de verla en otras mujeres, en gestos, en formas de hablar, en expresiones. A veces la siento mucho más cercana acá. No la veo tanto en Colombia; la veo acá en la calle.

Además, aquí es más frecuente ver mujeres mayores por ahí andando, haciendo vida social en los bares. Allá no: allá es como que no sales después de hacer todo, estás encerrada en la casa. Yo la veo a ella en muchas cosas también: era una mujer elegante, empoderada, orgullosa; aun a los 85 seguía siéndolo. Nunca fue una viejecita y no quería serlo. Negaba rotundamente serlo y me parece válido. En Colombia eso es más inusual: allá se tiende más a la abuelita tierna, regordeta, que está siempre en la cocina haciendo pasteles. Ella siempre se salía de esa norma, pero en muchos sentidos acá hay cosas de ella que me quedan más fáciles de entender.

En esta historia hay cierta duplicidad de personajes: hay dos Melbas, dos Myriam de Nogales. Quería preguntarte por ese paralelismo, por cómo desciende la herencia entre las mujeres de la familia.

Una siempre se pregunta qué hay en un nombre, ¿no? Una piensa en las constelaciones, en el karma, en cómo en la familia siempre existen repeticiones de rasgos en común, personalidades, formas de ser. En este caso, mi madre, Myriam de Nogales, y mi prima, Myriam de Nogales, se parecían. Hablo de eso: ojos grandes, delgadas, narizonas, pelo crespo, rojizo… en fin. Al final, una intentó suicidarse, que fue mi madre, y la otra se suicidó, que fue mi prima. Es inevitable que te preguntes cómo pudo pasar. Y es aún más confuso o sorprendente cuando piensas que mi tío Álvaro le puso así a mi prima después del intento de suicidio de mi madre: ella nació y dijo: «Quiero que se llame como su tía».

Sí hay unos juegos, no diría casualidades, sino conexiones que van por la vida de la sangre, que una nunca acaba de explicarse. Quise explorarlo simplemente mostrándolo. Mi tía Melba es un gran personaje también de la novela. Creo que tengo cosas de ella, pero fue una mujer que nunca quiso salir de su casa y, a la vez, construyó un mundo infinito dentro. Era una mística y, a la vez, una rebelde a su manera: no quiso vivir ninguna de las vidas que, en teoría, le tocaba vivir. La adoramos todos siempre porque su casa fue un territorio para el juego y la fantasía, y eso nunca se acabó hasta que se murió.

Tu madre decide contarte su intento de suicidio coincidiendo con el momento en el que tuviste tu primera menstruación. ¿Cómo fue eso?

¡Fue una locura! Hubo un momento, ya muy avanzado el libro, en que me acordé de esa escena y de su potencia. Yo le conté que me había llegado la menstruación y ella me invitó a tomar un té. Me trató muy distinto: ya había otra manera de tratarme porque ya me podía reproducir, yo qué sé. Y, de pronto, me dijo que ya tenía edad para saber que había tenido un intento de suicidio por una posible depresión posparto. Yo no entendía cómo conectó mi primer periodo con que yo estaba lista para esta noticia. De alguna forma, es muy difícil no pensar que está ligando la muerte con la maternidad. Creo que ahí hay algo que existe, que es un hecho: una se repite en otra persona, garantiza la supervivencia de la especie por encima de la vida propia, pero a la vez, reafirma que te vas a morir. Por eso, sientes que la otra persona va a continuar el camino que tú vas a dejar.

 

melba escobar

 

Melba, la menor de cuatro hermanas, vuelve sobre la historia de su familia para intentar comprender la figura que marcó sus vidas: su madre, Myriam de Nogales. A partir de la muerte de una prima que compartía el mismo nombre que ella, Melba se ve arrastrada a revisar algunas escenas de infancia, gestos cotidianos, desplazamientos entre Colombia y España y los vínculos que unieron y separaron a las mujeres de su familia.

Las huérfanas es la tentativa de narrar lo que no suele decirse: el amor y el daño dentro de la familia; la fidelidad y la distancia frente a una madre inolvidable; la transmisión silenciosa del miedo, la fuerza y la fragilidad.

 

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VICTORIA GABALDÓN

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.
Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

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