LA LEYENDA DE JEAN-BAPTISTE DEL AMO

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Érase una vez un libro ilustrado titulado Yukio, el niño de las olas, escrito por Jean-Baptiste del Amo (Toulousse, 1981) e ilustrado por Karine Desay. Érase un álbum bellísimo, poblado por la belleza y la nostalgia, primer libro dedicado al público infantil-juvenil de los editados por Cabaret Voltaire.

Érase esta historia que podría ser una leyenda de las que corren de boca en boca y tener cientos de años de antigüedad, pero que no lo es. Una historia que me senté a leer con mis hijos, de 5 y 10 años, uno a cada lado. De esa lectura común, surgieron tres lecturas distintas: a los cinco años, Yukio es una especie de héroe, un niño con superpoderes que se convierte en pez. A los diez años, es una promesa de un viaje a Japón para visitar esa costa tan bonita. Y también una historia triste y bella. A los 39, es el dolor de una madre que debe renunciar a su hijo, envuelto en la magia. Una Penélope eterna, pero de otra manera.

Érase, entonces, un cuento original de Del Amo. Está tan delicadamente narrada que pudiera pasar, perfectamente, por una leyenda popular escuchado por el propio Jean-Baptiste en uno de sus paseos al borde de un mar tropical. Pero no. El cuento es suyo. Yukio es su melancólica creación. Y ya es leyenda.

Charlamos con Jean-Baptiste para hablar de ese viaje a Japón, de los niños, de los animales, de cómo transcurre el tiempo en el campo y sobre cómo nació un escritor que no estaba previsto por él mismo. Del Amo ha crecido rápido en ese papel inesperado a fuerza de textos que versan sobre la familia, el cuerpo, el sexo, la identidad o el sufrimiento, avalado por los numerosos premios literarios que ha recibido, entre otros,  el François Mauriac de la Academia francesa, el Fénéon, el Laurent Bonelli y el Goncourt 2009 a la mejor primera novela, todos por Una educación libertina, así como la nominación en 2017 al Premio Goncourt por Reino Animal.

Ilustración de Yukio, el niño de las olas

¿Cuál fue el germen de Yukio?

Mi primera intención fue escribir una historia, no solo para los niños sino también para los adultos. Viajé a Japón durante algunos meses en 2015 y tuve la oportunidad de viajar al sur, a unas pequeñas islas de clima tropical. Me impresionó mucho la naturaleza, había una atmósfera muy específica que me encantó. Decidí escribir una historia. No me hubiera visto capaz de escribir una novela para adultos en ese momento: contar una historia para niños me resultaba más fácil e interesante, quería recrear una especie de universo mágico. Escribí esta historia dos años después de volver de Japón y me llevó mucho tiempo pensar en ello y encontrar la historia adecuada. Para mí es una historia triste, la historia de una madre que pierde a su hijo. No sé si los lectores más pequeños lo leen así, porque ellos también pueden ver la historia como la historia de un niño que intenta escapar y ser libre… lo puedes leer desde lo positivo o también como algo muy dramático.

¿Existe esta leyenda en realidad?

No, no existe. Hay muchísimas leyendas que escuché en Japón sobre espíritus, hay muchas historias sobre gente convirtiéndose en animales, en árboles… pero esta la creé yo, intentando contar algo que pudiera encajar con la cultura japonesa.

Eras trabajador social y, de repente, publicaste una novela y comenzaste a ganar premios. ¿Qué pasó? ¿Cómo empezó todo?

Es una historia un poco loca. Yo crecí en el sur de Francia, no tenía demasiados libros alrededor y nunca pensé en ser escritor. No era, para mí, ni siquiera un trabajo del que pudiera vivir. Decidí estudiar y convertirme en Trabajador Social. Disfruté mucho este trabajo, fue mi elección: quería sentirme útil, intentar ayudar a la gente. Pero yo escribía, creo que empecé a escribir con 10 u 11 años. Comencé escribiendo historias cortas, con dibujos… después de eso, relatos. Pero creo que escribí mi primera novela -muy mala- con unos 13 años. Recuerdo volver del colegio y, antes de cenar, usar el antiguo ordenador familiar y ponerme a escribir. Creo que tenía 16 o 17 páginas. Para mí fue algo grande. Me daba la impresión de escapar de mi realidad, de que podía crear personajes, universos… fue muy excitante. Pero nunca pensé en ser escritor, ni me lo planteaba. Acabé mis estudios, comencé a trabajar y escribí un primer relato que envié a un premio de jóvenes escritores, fui seleccionado y gané mi primer premio. Pensé que quizá podría ser interesante tomarme un año sabático para escribir una novela real, dedicar todo mi tiempo a eso. Así escribí Una educación libertina. Mi vida cambió en ese momento porque fue algo diferente: no estaba preparado para ello y decidí dejar mi trabajo y escribir. Me sentí libre: sin jefes, sin horarios… Pero el tiempo pasó y también me di cuenta de que puede ser algo peligroso, porque es un trabajo muy solitario, puedes perder algún tipo de conexión con lo que te rodea y debes ser cuidadoso, estar centrado para no perderte.

Y ahora estás viviendo en el campo…

Viví en París durante casi 10 años y dejé de vivir allí hace dos años. Ahora vivo a más de 200 kilómetros, en el campo. Disfruto mucho de esta vida, especialmente en esta época COVID: es muy agradable poder salir sin llevar mascarilla todo el día, hay mucho espacio y distancia… Yo crecí en el campo, así que para mí fue una especie de vuelta a algo que ya conocía, incluso aunque sea otro territorio, la relación con la naturaleza, con los animales, es muy importante para mí.

No soy exactamente un granjero: vivo en una casa antigua y he rescatado algunos animales, creo que ahora vivo con alrededor de 30 animales: es una gran familia la mía. Para mí siempre ha sido muy importante intentar tener esta relación con los animales y con la naturaleza, vivir con el mismo sentimiento que tenía cuando era un niño. Creo que hay algo que puedo encontrar todavía en esta relación con los animales y la naturaleza que quizá perdemos cuando crecemos, nos volvemos más serios. En la naturaleza puedes ser tú mismo y eso es muy agradable.

Ilustración de Yukio, el niño de las olas

Leí una carta al hijo que nunca tendrás y me pareció una reflexión muy interesante. Todavía sigue habiendo gente que te mira rarísimo cuando dices «yo no quiero ser padre» o «yo no quiero ser madre»… ¿por qué?

Me encantan los niños, por eso no quiero tenerlos. Creo, además, que es menos difícil para los hombres que para las mujeres tomar esta decisión y decirla en alto. Se mira peor a las mujeres que a los hombres ante la misma afirmación.

Es raro, porque siento que necesito escribir sobre la niñez, sobre cómo es ser un niño —el principal personaje de mi siguiente novela es un niño— probablemente no esté cómodo con la idea de no ser padre nunca y por supuesto sé que, probablemente, me esté perdiendo algo muy importante en mi vida, pero es una elección. Respeto totalmente el deseo de los demás de tener hijos y los admiro porque yo estaría muy estresado, no podría vivir con el miedo a que les pasase algo a mis hijos. Es muy difícil, quizá más en este momento en el que todos tenemos la prueba, con el coronavirus, de que las cosas pueden cambiar de un día para otro de manera muy rápida. Sabíamos que el cambio climático era una realidad, pero era algo irreal pensar en lo que está pasando ahora. Hablo con amigos míos que son padres y ellos también me cuentan que es muy difícil y quizá, si lo hubiera sabido antes, hubiera hecho elecciones distintas.

¿Encuentras un entorno más favorable para escribir en la naturaleza?

Creo que el ritmo es distinto, la percepción del tiempo es distinta. Puedo escribir en una ciudad, pero no tengo la misma relación con el tiempo, con el trabajo, con la capacidad de concentración, que encuentro en el campo… Creo que es mucho mejor escribir desde aquí.

EL CUENTO DE YUKIO

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YUKIO, EL NIÑO DE LAS OLAS

En el sur de Japón hay una pequeña isla salvaje a la que llega un escritor que ha perdido la inspiración. En sus paseos por la playa, ve siempre a una mujer que día y noche mira fijamente al mar. Se llama Mayumi. Su hijo, Yukio, era tan pequeño que al nacer cabía en la palma de la mano…

Inspirado en las leyendas tradicionales japonesas, Yukio, el niño de las olas es un cuento poético de una belleza conmovedora.

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