© Julian Walton

SARAH WATLING Y LAS OUTSIDERS EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

Escrito por:

Hace muchos, muchos años, que no leo o veo películas sobre la Guerra Civil española. Es un tema que me abruma. Ya me han dolido bastante, como a todas, las historias familiares, ese abuelo por parte de padre que se escondía de día en el monte y se refugiaba de noche en la casa familiar, solo pudiendo mirar a sus hijos dormir, pero sin abrazarlos, para que nadie supiera que estaba vivo y fugitivo, cambiando de nombre —mi abuelo, supimos muchos años más tarde, no se llamaba como se llamaba—. Hay otras historias más amables, como la de esos preciosos pendientes, mis favoritos, que un matrimonio de joyeros valencianos regalaron a mi madre por su primera comunión, en agradecimiento al refugio que mi abuela y abuelo les dieron mientras huían de su tierra natal para refugiarse en Zaragoza.

Solo un libro, Mañana tal vez el futuro. Escritoras y outsiders en la Guerra Civil española (Taurus, 2024), me ha hecho volver a esta historia. Está escrito por Sarah Watling, escritora y licenciada por las universidades de Cambridge y Londres, y ofrece un planteamiento realmente innovador. En la década de 1930, mujeres y hombres de toda Gran Bretaña, Europa y América se dirigieron a España para participar en lo que consideraban una lucha histórica por la libertad frente al fascismo: la guerra civil española, un conflicto que galvanizó a decenas de miles de voluntarios de todo el mundo para unirse a la lucha. Para ellos, la elección parecía clara: o se estaba a favor del fascismo o se estaba en contra. Mañana tal vez el futuro sigue las andanzas de un puñado de extraordinarias figuras extranjeras, esencialmente mujeres, decididas a vivir con valor y convicción.

Solo la portada ya es toda una declaración de intenciones y habla con gran elocuencia: sobre un fondo con los colores de la bandera republicana, una mujer empuña un arma. Es una fotografía tomada por Gerda Taro, fotógrafa alemana, pionera del fotoperiodismo de guerra, muerta en combate en la Guerra Civil y creadora del seudónimo Robert Capa, bajo el cual publicó muchas de sus fotografías junto a su pareja, Endre Ernő Friedmann. Sobre la portada, cuenta Watling: «Me complace que esta imagen se haya utilizado no solo en la edición en España, sino también en las ediciones inglesa y holandesa. No suelen dejarme participar mucho en la concepción y creatividad de las portadas, pero esta vez lo he conseguido. Es una de las imágenes que yo misma sugerí. Para mí era muy importante que estuviese Gerda Taro en la portada, pero no solo eso: esa imagen captura algo que explica por qué este conflicto fue tan significativo para todas estas mujeres de las que hablo en el libro. Sobre todo, en un momento ciertamente revolucionario. Gerda Taro era una profesional de la fotografía, quería ser fotógrafa internacional y, de alguna manera, estamos identificando un tema que ella sabía que iba a ser de interés. La idea de que las mujeres participasen en las fuerzas armadas no era solo extraordinaria, sino revolucionaria. Pero estoy convencida de que, para ella, también significaba algo, porque era una mujer que trataba de abrirse camino en un mundo de hombres y, a través de su vida y sus acciones estaba, de alguna manera, tratando de demostrar hasta dónde podían llegar las mujeres».

Aunque el trabajo de Taro fuera magnífico, aunque se metiera en las trincheras con gran valentía y decisión, no tuvo más remedio que crear un seudónimo para que su trabajo fuera reconocido. Un seudónimo masculino. «Es una de las cosas que más me interesaron —apunta Sarah—. El tema de las dinámicas de poder y los prejuicios que afectan a la vida de las personas mientras existen, y cómo persisten después de su muerte. Ella estaba en clara desventaja: era una persona desplazada, su familia había perecido en el holocausto… Era muy fácil adoptar premisas sexistas sobre lo que fue su vida, premisas que podrían superponerse a la realidad de su existencia. Pasaron décadas antes de que se reconociese siquiera su trabajo».

Watling siempre había estado interesada en la Guerra Civil española. Cuando terminó su primer libro, tras el referéndum del Brexit, la victoria de Trump, se interesó en la década de 1930 porque encontró muchos paralelismos que la ayudaban a exponer la situación actual. «Se ha escrito tanto sobre la Guerra Civil española que no pensé en que hubiera nada nuevo que contar, hasta que encontré el panfleto que menciono en el libro, un panfleto en el que los escritores asumen una posición frente a esta guerra, además, a instancias de una mujer, Nancy Cunard que, de alguna manera, los obligó a comprometerse públicamente, a asumir una posición pública. Me impresionó tanto y me abrió tantos interrogantes sobre por qué preguntar por su postura a escritores que no eran españoles. Pero, sobre todo, me preguntaba quién era esa mujer. Cuanto más leía sobre ella, más fascinante me parecía. Ella fue la que me llevó a descubrir a todas las demás mujeres involucradas en la guerra, mujeres muy conocidas como Virginia Woolf. El conflicto no solo movilizó a escritores como Hemingway u Orwell: también a muchos otros escritores y escritoras».

La Guerra Civil española fue un conflicto que no se alargó particularmente en el tiempo, aunque sus consecuencias dramáticas se extiendan hasta nuestros días. «En el contexto de la década de los años 30, para quienes estaban realmente alerta de lo que estaba sucediendo y eran conscientes de las agresiones del régimen nazi al resto de Europa, sentían que sus gobiernos no estaban reaccionando con suficiente urgencia a la situación que se avecinaba en España —explica Sarah—. Desde la izquierda, muchos intelectuales no podían sobreponerse a la inacción e indiferencia de sus gobiernos, sobre todo, en Francia e Inglaterra. Estos intelectuales comenzaron a sentir la obligación de actuar como conciencia de sus propios gobiernos. Cuando Cunard escribió este panfleto, pidió que se tomasen posiciones, puesto que era ya imposible permanecer neutrales».

La periodista estadounidense Martha Gellhorn, como cuenta Watling en el libro, escribió: «Sabíamos, simplemente sabíamos, que España era el lugar en el que se podía detener el fascismo», una afirmación que parece actual en estos días. La situación política de España, en estos momentos, puede contribuir a detener la ola de fascismo que se adivina desde hace años. O, al menos, eso queremos pensar. «He crecido en el Reino Unido, donde la política, en el contexto de otros países, no parece de mucha confrontación. El referéndum del Brexit, por ejemplo, y el discurso público, nos resultó muy chocante. Siempre habíamos hablado de política de consenso. Iba con mi pareja en el tren a ver a mis padres cuando vimos una manifestación desde la ventana, donde los manifestantes portaban pancartas muy racistas. Me impresionó mucho. En ese momento sentí algo que no había sentido hasta ese momento. De repente, los extremismos se han normalizado. Me parece alarmante el terreno que ha ganado la extrema derecha. Hasta que los del Brexit ganaron el referéndum, nunca imaginé algo así. Por eso volví la vista hacia la década de los treinta, para entender cómo había respondido esa generación y qué habían aprendido de esas situaciones extremas».

Doblando la apuesta y siendo muy entusiastas, incluso nos gusta pensar que será el feminismo el muro de contención del fascismo. «Virginia Woolf diría eso —apunta Watling—. A ella le parecía una pérdida de tiempo luchar contra la tiranía en el extranjero, cuando la tiranía empieza en el hogar. Una cosa interesante que une a estas mujeres es que provenían de entornos conservadores, en el fondo, de cara a las mujeres y al feminismo».

Una de las cosas que marcan la diferencia entre el libro de Watling y el resto de propuestas ensayísticas sobre estos temas es que ella no deja a un lado la faceta más personal de sus protagonistas: amantes, hijas, maridos, familias… sus situaciones domésticas están muy presentes, dotando al libro de un halo de humanidad y cercanía muy atractivo. «Los autores y autoras, al viajar a España, querían recuperar las historias de estos individuos para saber cómo afectaba la guerra a la vida de los hombres, mujeres y niños. Querían dignificar las historias personales que se veían afectadas por el conflicto. Los periodos más negativos de la historia son los que deshumanizan a las personas que los sufren. Era cuestión de recuperar las historias individuales. Muchas de las personas extranjeras que venían a España a mostrar su solidaridad venían a un lugar que no conocían demasiado bien. En muchos casos no entendían la política española ni el origen de esta guerra. De alguna manera, traían consigo sus propias intenciones, su propia historia o manera de ver las cosas. Eso ayudó a generar este pico extraordinario de solidaridad que, al mismo tiempo, complicó su posición: hay que entender de dónde venían para entender la función que tuvieron y cómo esta afectó al conflicto en sí», explica la autora. «A medida que iba entendiendo mejor a estas mujeres, lo que verdaderamente me interesaba era la forma en que tuvieron que trabajar para ganarse un cierto nivel de libertad que, para las mujeres en esa época, era muy poco común. La comunista inglesa Nan Green, en ese periodo, era la única que tenía hijos. Vivía en Londres, en circunstancias difíciles. Era la que, en teoría, tenía más cargas y menos libertad. Tenía unas convicciones políticas tan fuertes que, de alguna manera, la liberaron. Fue capaz de dejar atrás a sus hijos y venir como voluntaria a España porque estaba profundamente convencida de que era lo que tenía que hacer. Mucha gente no entendió que, justo, lo que estaba haciendo lo hacía para proteger a sus hijos».

Antes del estallido de la guerra en España, las mujeres españolas vivieron un periodo de intensa actividad y promoción pública: surgieron primeras sufragistas, fundadoras de clubes femeninos, corresponsales de guerra, diputadas, dramaturgas o escritoras. Mujeres como María de Maeztu, Carmen de Burgos, Sofía Casanova o Belén de Sárraga fueron algunas de ellas. El estallido de la guerra devolvió a la invisibilidad a estas mujeres y a sus obras, encerrándolas en los hogares y apartándolas, de nuevo, de la vida pública. «Si piensas en cómo escribe Josephine Herbst sobre España, te das cuenta de que ella se aferró a proteger la memoria de este tipo de resistencia contra Franco. Estaba convencida de que conocer la historia de la resistencia es una manera de empoderamiento en el momento actual. El progreso de las mujeres no es lineal, ni acumulativo: es importante entender los retrocesos que han sufrido nuestras antecesoras y cómo pudieron superarlos para que nosotras, ahora, podamos seguir adelante» aclara Watling. «Una cosa que me encantó sobre escribir, porque todos esos documentos sobre los que trabajé están muy restringidos en Reino Unido, es que también pude trabajar con archivos personales, como cartas o poemas. Cuando se producen estos momentos revolucionarios, la revolución no solo sucede a nivel político o económico: también a nivel personal».

 

sarah watling

En la década de 1930, mujeres y hombres de Gran Bretaña, Europa y Estados Unidos se dirigieron a España para formar parte de lo que consideraban una lucha histórica por la libertad frente al fascismo: la guerra civil española, un conflicto que galvanizó a decenas de miles de voluntarios de todo el mundo. Mañana tal vez el futuro sigue a un puñado de extraordinarias figuras, la mayoría de ellas mujeres, decididas a vivir con valor y convicción.

Para entender cómo supieron que había llegado el momento de actuar, Sarah Watling bucea en diarios, cartas y manifiestos perdidos, y descubre un tesoro de obras de mujeres que a menudo quedaron en la sombra. Watling entrelaza los viajes de la joven periodista estadounidense Martha Gellhorn y la experimentada radical Josephine Herbst; las escritoras y compañeras británicas Sylvia Townsend Warner y Valentine Ackland; la rebelde aristocrática Jessica Mitford y la poeta inconformista Nancy Cunard, trazando un mapa de sus experiencias y relatos de la guerra civil española tanto en la literatura como en la vida. Analiza la cautelosa posición de Virginia Woolf, que fracasó en su intento de mantener a su familia al margen del conflicto, y rastrea las historias de la enfermera afroamericana Salaria Kea, la fotógrafa judía Gerda Taro y muchas otras, ahondando en la decisión de cada una de enfrentarse a la historia en aquella contienda.

Escrito por:

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Relacionados

VICTORIA GABALDÓN

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.
Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

Revista en papel