Éramos pocas las personas que asistimos a la rueda de prensa que ofreció Vivian Gornick a los medios el pasado lunes 2 de junio por la mañana, antes de su encuentro con el público por la tarde. Ambas citas tuvieron lugar en el Espacio Fundación Telefónica. Éramos pocas y privilegiadas, pues pudimos no solo preguntar a la célebre escritora todas nuestras dudas, sino que además lo hicimos en un ambiente íntimo y sin prisas. Gornick ha visitado Madrid con motivo de la celebración de la Feria del Libro en Madrid, que este año dedica su edición a la vibrante ciudad de Nueva York. Su visita coincide con la publicación en España de su libro Por qué algunos hombres odian a las mujeres (Sexto Piso, 2025), un compendio de escritos de hace cincuenta años que, por desgracia, sigue de plena actualidad. En esta obra, Gornick profundiza en cómo la percepción de la mujer como un objeto sexual, y la frustración masculina ante la imposibilidad de satisfacer esa necesidad, llevó a un revelador antagonismo en las relaciones entre hombres y mujeres, sentando las bases para el surgimiento de una conciencia feminista.
Ante una figura como Vivian Gornick, una se pone nerviosa. Teme preguntar, por si la pregunta no resulta interesante. Gornick, de hecho, no es una entrevistada fácil ni complaciente, aunque sí generosa. Personalmente, no dejé de preguntarme qué sería conveniente preguntar a quien ya ha dejado todas sus opiniones por escrito, con gran claridad y lucidez. ¿Qué sentido tiene preguntar sobre lo ya leído? Iba con una pregunta preparada, pero la taché. Redacté otra, y la volví a tachar. Finalmente, decidí trasladar la oportunidad a mi terreno para arrancarle un potente speech sobre feminismo y maternidad. Gornick compartió sus profundas reflexiones sobre la revolución feminista de los años 70 y su evolución hasta la actualidad. Aunque reconoce la carga que a veces conlleva la palabra “revolución”, Gornick insiste en que, desde una perspectiva cultural, la transformación para las mujeres ha sido radical e innegable.
De la domesticidad al empoderamiento: Una revolución personal
Gornick enfatizó el drástico contraste entre su juventud y el presente, destacando el progreso alcanzado: «Cuando crecí, las mujeres se casaban, tenían bebés y se quedaban en casa. Si iban a trabajar, era solo como secretarias, maestras o vendedoras… Hoy en día, cada niña que nace puede esperar que sea posible tener una vida laboral muy plena, además de una vida doméstica». Para ella, esta expansión de posibilidades para las mujeres en casi todas las esferas de la vida es la verdadera revolución. Sin embargo, la escritora matiza que el cambio social es un proceso inherentemente lento. «Siempre hay un momento visionario en la política y luego un cambio social muy, muy lento», explicó. Esta lentitud es, en parte, la razón de la frustración de movimientos más recientes, como el Me Too, cuyas integrantes se encontraron luchando contra problemas que pensaban superados.
Más allá de los avances legales, la batalla continúa
Gornick se muestra imperturbable ante las reacciones negativas al feminismo, que han existido desde sus inicios. «Esa reacción siempre está ahí», afirmó, recordando cómo periódicamente se ha declarado el fin del feminismo, incluso décadas atrás. Para ella, este tipo de retrocesos, como la anulación de Roe v. Wade en Estados Unidos, no representan un regreso real: «En el año siguiente a la anulación de Roe v. Wade, se realizaron el doble de abortos en Estados Unidos de los que se habían realizado antes. Y así es como funciona. Eso es lo que nos dijo que las mujeres no iban a ser amedrentadas, sin importar lo que dijera la ley. Ahora estamos viviendo un período terrible, en lo que respecta a los liberales y los radicales, de gran regresión política en Estados Unidos. Pero sigo creyendo en la democracia de base y creo que todo lo que se está haciendo ahora en un régimen viciosamente autoritario será combatido y la esperanza es, por supuesto, con éxito».
Compartir experiencias y relatos: La esencia del cambio social
Un pilar fundamental del feminismo, según Gornick, ha sido y sigue siendo el acto de compartir experiencias. Resaltó la importancia de la toma de conciencia (consciousness-raising), una práctica inventada por el movimiento feminista: «El objetivo de la toma de conciencia era compartir tu experiencia personal con miras a su significado político. Uno sin el otro es inútil. Una sin el otro es cotilleo. Cuando te cuentas lo que pasa en tu vida para hacer una interpretación política de ello, entonces es útil. Y eso es esencialmente lo que debería estar pasando en los movimientos por los derechos de las mujeres».
Maternidad: De “palabra sucia” a realidad compleja
Abordando un tema históricamente espinoso dentro del feminismo, Gornick reflexionó sobre la maternidad. Recordó que, en los inicios del movimiento, la maternidad era considerada una “palabra sucia”, ya que se la veía como una imposición que limitaba a las mujeres. Sin embargo, con el tiempo, la perspectiva ha evolucionado: «La maternidad no es un credo ni una pancarta (…) es algo natural y convertirlo en algo reverencial o romántico tiene un mensaje oscuro que es: quédate en casa y ocupa tu lugar. (…) A la maternidad se le debe dar lo que necesita para prosperar. Es la carga extra de las mujeres». El feminismo sostiene Gornick, busca la igualdad en la conciencia cultural y bajo la ley, y cualquier cuestión, incluida la maternidad, debe abordarse desde esa perspectiva.
Primero, el trabajo y después, el amor
Vivian Gornick compartió una poderosa reflexión personal cuando se le preguntó qué estaba escribiendo: «Freud nos dijo que la vida es trabajo y amor, ¿verdad? Para las mujeres siempre ha sido amor, quizás trabajo. Bueno, el feminismo le dio la vuelta a eso, lo puso en su orden correcto: definitivamente, lo anuncio sin equívocos, la vida es trabajo y luego amor. Ciertamente, lo es para mí; el trabajo es la esencia. El trabajo con propósito es la esencia de toda vida».

Antes de convertirse en una de las grandes cronistas de lo íntimo, Vivian Gornick escribía con la claridad furiosa de quien ha elegido vivir al servicio de una causa. Los textos reunidos en Por qué algunos hombres odian a las mujeres revelan a una pensadora radical, lúcida y vibrante, en plena efervescencia del feminismo en los años setenta.
En este libro, Gornick utiliza desde las conversaciones aparentemente triviales en una peluquería del Midtown hasta las disputas ideológicas dentro del movimiento para capturar el pulso de una transformación histórica. Además, analiza cómo se construye el poder masculino y se transmite la sumisión femenina, reflexiona sobre las diferencias entre las olas feministas y denuncia la misoginia soterrada —y no tan soterrada— en autores consagrados como Norman Mailer, Saul Bellow o Philip Roth. Pero sobre todas las cosas, defiende el valor político del testimonio personal en los grupos de autoconciencia, donde lo privado se vuelve revolución.
Este libro no es solo la crónica de una época: es una cartografía de la resistencia, una llamada a no bajar la guardia, una guía de combate. En tiempos en los que el feminismo vuelve a ser desafiado por viejos y nuevos reaccionarismos, estas páginas nos recuerdan que ninguna conquista es irreversible y que la autonomía de las mujeres sigue siendo, para muchos, una amenaza intolerable.






