Tuvo muchos trabajos en los que era infeliz. Pero cuando se pone a pintar, siente que se quita un peso de encima, como si pudiera volver a tomar aire después de un tiempo aguantando la respiración. La pasión de Amaya Álvarez es dibujar cuerpos reales de mujer. «Porque nuestro cuerpo no tiene por qué seguir los cánones de belleza de otros, no tiene que cambiar ni sufrir para encajar o gustar». Por eso ha lanzado el proyecto Mujer: Real y Diferente, un conjunto de ilustraciones que muestran a la mujer mediante una mirada distinta. Una mujer cuyo cuerpo es real y, por ello, único y diferente, con el que quiere llegar al mayor número posible de mujeres en una exposición itinerante para que sientan «que no están solas, para que sepan que su cuerpo no tiene nada de malo, que es perfecto tal y como es y que vamos a luchar, juntas, para que nadie se crea con derecho a juzgarlo».

A partir de fotografías que le envían, pinta mujeres sin rostro y el cuerpo habla: solo con la postura ya se sabe lo que están pensando o sintiendo, sin necesidad de que aparezca una sonrisa o unas lágrimas. Este proyecto de emprendimiento nace «de la necesidad de ayudar y compartir lo vivido para que otras mujeres no sufran lo que he sufrido yo, que otras niñas no tengan que pasar por ese camino de complejos, miedos, trastornos alimenticios, insultos y desprecios para darme cuenta de que no estoy mal, no estoy mal hecha, que tengo derecho a estar donde quiera estar, a ponerme lo que me quiera poner y a mostrar lo que quiera mostrar». El germen fue su tercer embarazo, su primera hija. «Lo que tú aguantas, no permites que se lo hagan a tu hija. No quiero que mi hija crezca con complejos, coartada, que le digan cómo se tiene que vestir, cómo tiene que ser su cuerpo. No quiero que crea que no está bien, que crea que tiene que ser bonita».
También batalla contra los complejos y los cánones de belleza impuestos Cristina Suárez, artista especializada en retrato y estilismo vintage que, mediante la fotografía, la peluquería, el maquillaje, la iluminación y el vestuario, ayuda a mujeres normales y corrientes a verse «como las estrellas de cine que llevan dentro». Pero el resultado no son solo fotos bonitas: «Lo que ocurre cuando le das a alguien la oportunidad de percibirse de una forma positiva es sorprendente y muy alejado de la frivolidad». Se sirve de la estética del glamour vintage «porque creo que es un tipo de belleza que favorece a todas las personas, aporta fuerza y carácter. Pero la belleza de las fotos viene de un lugar de empoderamiento; estaba ya dentro de la mujer, yo no me la invento».

Muchas veces llegan a ella mujeres en momentos de inflexión, que necesitan reconfigurar o asentar una identidad nueva. «Creo firmemente que la forma de mirar a alguien puede ser transformadora y que el proceso es terapéutico». Sus sesiones de fotos son un proceso que dura tres días, y todas empiezan igual: «En cuanto entran por la puerta, me dicen: «Esto me hace mucha ilusión, pero yo no soy fotogénica; estas fotos me las tenía que haber hecho hace equis años y me sobran equis número de kilos». Por este orden. Todas. Y sobre todo me lo dicen mujeres de belleza normativa. Por eso mi pasión es ayudar a las mujeres a vivir con dignidad, con alegría, con plenitud, no estar constantemente peleándonos con lo que somos, con lo que nos dicen que tenemos que ser, porque terrible lo de los complejos, es agotador; nos pasamos la vida odiando el vehículo que nos comunica con la realidad, que nos permite experimentarla». También sueña con un mundo «en el que los cuerpos dejen de ser territorio de disputas y vergüenzas, en el que todo el mundo pueda llevarse bien con su propio cuerpo y su ser».
Victoria Tomás es psicóloga y sexóloga de Desmontando a la Pili, una cooperativa de salud sexual que trabaja «por un mundo más justo, equilibrado y placentero». Para ella, vivir de su pasión «significa que no me cuesta ir a trabajar; aunque tenga malos horarios, no me supone un problema. Me siento bien con mi trabajo porque tengo claro que es una profesión necesaria, que sirve para la transformación social y que genera bienestar. Sueño con una sociedad en la que el placer tenga reservado un buen sitio y cada quien pueda llevar las riendas de su propia vida».

Está orgullosa de ser sexóloga y sabe que requiere valentía, porque todavía hay muchos tabúes, miedos, prejuicios y silencios en torno a la sexualidad y la construcción de la identidad. «La gente tiene que entender que la educación sexual no es adoctrinar ni hablar de prácticas sexuales, sino educación libre de estereotipos de género; es expresión corporal, es tener una relación más sana con tu propio cuerpo. El sexo también es apego, es autoestima. Y hay que empezar cuanto antes porque cuando tú no lo haces, dejas que otro lo haga: la televisión, la publicidad, las redes, etcétera».

Por eso mismo, a Vanesa Gallego, emprendedora y educadora sexual, le apasiona la educación sexual en la infancia, «porque es su derecho tener una información lo más amplia posible, poder plantearse preguntas y encontrar respuestas, ya que las preguntas aparecen desde muy temprano. Tienen derecho a estar bien en su cuerpo, a cuidarlo, a conocerlo, a entender por qué pasan cosas y también a normalizar el placer y el acceso al placer, porque se corta desde la mirada adulta. El placer no solo genital; hay muchos placeres de la infancia que se cortan porque ponemos el sesgo y la mirada adultocéntrica en lo que está bien y mal». Por eso está montando un emprendimiento que ayude a cubrir este vacío que detectó al ser madre: «igual que hay que acompañar todo el proceso de alimentación y sueño en los bebés también hay que ocuparse de la educación sexual en la infancia, porque son personas hoy en día y también tienen derechos, no solo por los adultos que serán».
Recuperar el tiempo para hackear la economía
Las cuatro mujeres entrevistadas para este reportaje han sido formadas en la Escuela Juana Millán, escuela pionera que ayuda a hacer realidad los sueños de mujeres que quieren cambiar el mundo para que puedan vivir de su pasión. Lo hacen con formaciones, asesorías, acompañamientos y recursos siempre gratuitos y también con unos premios que ya van por su quinta edición y que llevan este año por lema “Recuperar el tiempo para hackear la economía”.






