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VERSA MERY: CUANDO SE UNEN INFERTILIDAD Y CREACIÓN

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Xátiva, Valencia. Imagino a María Pérez Perales (Xátiva, 1987) sentada, escribiendo en su teclado sobre el tocador art nouveau de color cerezo. Es Licenciada en Bellas Artes y está especializada en Restauración de Arte Contemporáneo. A su lado se despliega el espejo de su abuela y confiesa que quizá su única rutina de escritura sea la de no renunciar a la luz natural. Acaba de publicar Maresía, bajo un cielo rosicler, su primera novela. Rosa claro y suave, semejante a la aurora: «Queralt conocía bien aquella sensación: el momento en que lo imposible y lo posible están en perfecto equilibrio y el peso de un pincel puede inclinar la balanza a uno u otro lado». Fiel a su conocimiento, aprendizaje y experiencia, tanto su autora como su protagonista, Queralt, atraviesan y son atravesadas por los acontecimientos de sus vidas. «Esta obra nos presenta una exploración introspectiva y poética a través de su protagonista compleja y apasionada por el arte», valora la escuela Selecta Escritura.

En redes, María es Versa Mery. «El origen de la palabra «Versa», proviene de la variante “vert” (vértebra, vertical, vértigo), que en presente se transforma en “vertere” (girar, volver) y en su frecuentativo “versare” (dar vueltas). Y esta es precisamente para mí, la definición del arte y de todo lo que constituye mi obra: una columna vertebral que sostiene y promueve de manera flexible y versátil cualquier proceso de cambio y movimiento en los modos de enfrentarnos a la vida», explica.

Fue en el 2021 cuando María recibió el diagnóstico de fallo ovárico prematuro y menopausia precoz; un punto de inflexión que requería determinación, comprensión y digestión. Ella decidió invitar a cogerse de la mano a su infertilidad y su creación uniéndose en una misma dirección. La arteterapia forma parte de su día a día en un continuo proceso de transformación. No solamente su propia experiencia vital habita en su cotidianidad, sino que guía a otros y otras artistas a través de la terapia sistémica. Recorremos un viaje visceral en el encuentro con una María honesta y valientemente apasionada.

 

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¿Por qué escribiste Maresía?

Esta novela ha sido un proceso terapéutico y una oportunidad muy bonita para volver a pensar en mí misma. En cómo sigue influyendo el concepto de belleza en mis rutinas a pesar de las circunstancias y del tiempo. La protagonista es una de las voces con las que pienso y me acompañan. He buscado la fluidez y cogerla de la mano para realizar este viaje juntas. Finalmente, ella es el personaje con final feliz que me ha devuelto la esperanza de que ciertos sueños continúen. Para mí era muy importante a la hora de articular el contenido el pensar nuevas formas de acceso a mis mundos más delicados. Traer los pilares fundamentales en los que baso mi concepción del arte, la feminidad y la espiritualidad. He tratado de que se fueran desplegando a lo largo de los capítulos, pero también de crear otras voces sugerentes que no son las más obvias para hablar de ello mediante la corporeidad del resto de personajes.

Hay muchos temas transversales como el deseo, el concepto de familia, los vínculos y la relación entre el arte y la vida. He procurado que la novela no resultara completista, sino centrarme más bien en los territorios en los que he habitado esos temas y los lugares en los que he tenido la suerte de experimentarlos. Me parecía la mejor manera de construir un relato emocional basado en la felicidad de ser artista y crear. De mostrar mis costuras y reivindicar el hacer artístico fuera de las lógicas del sistema del arte. Pensando en la idea de lo no dicho o lo sugerido detrás de los diálogos, he tratado de visibilizar de manera sensible aquello que subyace a la terminología que empleamos cuando hablamos de la mujer en el arte. Como figuraba en el lema de la Secesión: «A cada época, su arte, y al arte, su libertad», dependía de mí en este caso hacer perceptible mucho trabajo obviado y admirado desde que tengo memoria. Hoy puedo decir que, cuando hablo de escribir, lo percibo como un cruce entre ensayo, reflexiones y experiencia personal. Ahora narrar es una parte importante de mi vida que me envuelve y me reclama. El tiempo destinado a Maresía me sirvió para entusiasmarme en buscar nuevos hallazgos y epifanías en el arte de contar.

¿De dónde nacen los conceptos “fertilidad creativa”, “psiquismo simbólico” o “vacío creador”?

Tanto el concepto de “fertilidad creativa” como el de “psiquismo simbólico” o “vacío creador” parten de la necesidad de romper con la relación entre la infertilidad, el sin sentido o la sensación de vacío con la cadencia o el fallo. A mí me gusta recurrir a la etimología de «fallo» de «fallar», del latín «afflāre» (soplar hacia algo), de la cual nos llega también «hallar», porque nos devuelve la responsabilidad de tomar una decisión entendiendo que estamos capacitados para hacerlo. Sería algo así como “fallar” a nuestro favor.

Por tanto, “fertilidad creativa”, “psiquismo simbólico” o “vacío creador” son el resultado o el “fallo” a favor de nuestra capacidad transformadora. El psiquismo creador que yo aplico en terapia se basa en la idea de que el artista o la artista, en la contradicción entre deseo y realidad, puede encontrar un camino de ida y vuelta misterioso. Un camino terciario. Porque todo el tiempo están transmitiendo algo diferente, alternativas para lo que viene dado como un estado de las cosas en las sociedades que recibimos. Y que esta capacidad es aplicable a toda alma humana.

Como dice el filósofo junguiano James Hillman, la verdadera cualidad del corazón no es la emoción, sino la vista —porque son las imágenes del corazón las que mueven nuestras emociones—. “Fertilidad creativa”, “psiquismo simbólico” o “vacío creador” son para mí un tránsito hacia la belleza que decide por nosotros, hacia la belleza que nos describe, hacia las imágenes inevitables, de difícil acceso, y que, una vez contactadas, si las aceptamos, pueden provocar una sacudida espiritual y un cambio en nuestros convencionalismos.

La creatividad no es un totum ni algo que se cierra sobre sí mismo, sino una ligadura de intereses variables. Algo que aspira a alcanzar una dimensión espiritual que se pierde en el espacio. En un vacío infinito de posibilidades. Y cuando funciona bien, no hace ruido. No se hace notar. Porque la naturaleza cuando cumple su función se difumina y se asimila en el entorno, se vuelve fértil en el silencio, y lo impregna de simbolismo.

¿En qué consiste una Terapia Sistémica?

Cada sesión trata de dar un sentido a través del conflicto, pudiendo expresar y poner voz a aquello que guarda cada persona en su fuero interno. Si queremos descubrir nuestro propósito, debemos preguntarnos qué necesitamos hacer con nuestras mentes y emociones. Con el enfoque sistémico vemos cómo el arte y la filosofía pueden ayudarnos a compensar nuestras necesidades psicológicas. No podemos tener lo que no creemos merecer, no podemos alcanzar lo que no aceptamos como una posibilidad en nuestra mente. No podemos crear algo genuino y trascendente sin una consciencia clara.
La terapia sistémica entiende los problemas desde un marco contextual de construcción de la personalidad fundamentado en cuatro modos de conjugar el ser: lo que desea ser, lo que debe de ser, lo que es, lo que puede ser, y en cómo expresarlo en la realidad. El enfoque sistémico es un riesgo de desorganización de lealtades invisibles que permite bajar las defensas que nos protegen y acceder a nuevas comprensiones, despojarnos de los condicionamientos mentales y abrir la percepción a lo que viene de las profundidades de nuestra psique. Es hundir las raíces en la tradición sapiencial para que el impacto pueda ser profundo, perdurable y benéfico.

¿Cómo es la experiencia de tu infertilidad con la creación?

Siempre me he considerado una persona mutable en cuanto a que hay una parte de mí que desea una cosa y otra parte que quiere otra. Una que se compromete y otra que tiene que sacar adelante la promesa. La que empeña un deseo no es la misma que luego tiene que satisfacerlo. Y es que no puedo ir por una sola línea de vida con una dirección marcada ni con una unidad de propósito definida. Tengo intereses divergentes y en el caso de la infertilidad no iba a ser distinto.

Me muestro muy poco proclive a satisfacer la demanda que parte de tener que aceptar el “no crear” vida como algo extendido a toda mi persona. Simplemente porque no satisface otra parte de mí que alberga otros intereses: el “crear” obra. Es decir, hay varios elementos que luchan en mi fuero interno por prevalecer, y es una lucha perpetua. Y en esa lucha continua, lo que emite una parte de mí condicionada por la ética externa que aplica baremos morales preconcebidos lo tiene que pagar mi otra yo. Y, normalmente, cuando llego a ese punto, muy legítimamente, esa parte vocacional y artística, fértil y con otros intereses, aboga por empezar algo diferente, algo nuevo y dejar la cuenta pendiente de lo anterior. Algo que creo que no tiene tanto que ver con la persistencia o la capacidad para desarrollar un trabajo creativo, sino más bien con el ámbito de la responsabilidad asociada al hecho de ser mujer.

Tenía una necesidad sincera de unificar mi propósito de vida y de llevarlo en una única dirección: maternidad y creación. Una circunstancia, y un filtro, que me ocasionó desazón, sufrimiento y falta de sentido después del diagnóstico, pero que me invitó a recibir, y llenar ese vacío, de estímulos creativos que me permitieron mantener en un cierto equilibrio. Supe que mi vida no abonaba el hecho de tener una sola vía de abordaje fértil; que no era una línea recta sino un enjambre de direcciones. En mi forma de vivir, en la infertilidad y la creación hay muchas cosas que tienen que convivir al unísono en un momento dado y en una línea creativa común, puesto que ambas forman parte del desarrollo de mis talentos: mi capacidad para intervenir en otras vidas y marcar la diferencia a través del desbloqueo de las capacidades creativas de otras personas y profundizar en el campo del conocimiento del alma humana.

¿Es fácil o difícil iniciar una conversación sobre la infertilidad?

Es muy complicado. Nadie está preparado para vivir una crisis y hablar de ello. La terapia cuando es verdadera siempre es terapia de frontera porque es desafiante para una misma y para las personas con quien te compartes. Te obliga de algún modo a poner el límite 20 centímetros más allá de donde te encontrabas. Es una prueba a muchos niveles. Y esto me ocurre cada vez que sale a colación esta palabra. Quizá por eso, una de las cosas que decidí extinguir de mi vida a raíz del diagnóstico fue el prefijo «auto-». Cualquier palabra encabezada por él me resultaba dañina. Cuando me hablaban de autoconciencia, autoestima, autogestión sentía que todo revertía hacia mí y restaba valor al mundo de afuera. En cambio, al hablar de conciencia, estima o gestión todo lo demás, el otro, era igual de importante. Resultaba integrador.

Además, cuando entendí que el sufrimiento adquiría otra dimensión si estaba ligado a la voluntad de servicio, que, en mi caso, actúa a través de la creatividad, descubrí que esa podía ser la base de mi proceso creativo. En ese punto, había un progreso y un compromiso en el que, si lograba canalizar esa sensación de sufrimiento, sin juicio, me resultaba más sencillo hablar de ello. Porque el juzgar, empezando por una misma, nos prohíbe ver las cosas en su máxima expresión.

¿Cuándo y dónde se presenta Maresía?

La idea es hacer una presentación coloquio en Valencia ciudad, acompañada de profesionales de distintas disciplinas: arte, escritura, filosofía, psicología… para poder debatir en profundidad acerca de los temas clave que se abordan en la novela. Además, tenemos pensado realizar un tour por distintas ciudades de España, completando las presentaciones con un workshop de arte sobre el vacío creador.

El 8 de febrero habrá una presentación a las 18h. en un live en Instagram en coloquio con María López Fontanals, cultural manager, en mi perfil.

 

 

La sequía se recrudece en la ciudad de Valencia. Tampoco Queralt, artista y dueña de una pequeña galería de arte en el barrio de El Cabanyal, es capaz de crear nada desde hace un tiempo. Recibe una llamada del Instituto de Fertilidad, donde le comunican que, dentro de su cuerpo, se extiende otra forma de sequía: una menopausia precoz que le imposibilita tener hijos. Para colmo, la despiden de su trabajo por las mañanas en la agencia de publicidad y se ve con problemas para poder mantener abierta la galería, pues el banco le ha informado de que quiere expropiarla.

En medio de esta crisis, aparece Lilia, una misteriosa mujer que, en nombre de un todavía más misterioso cliente, le ofrece disponer de su espacio para una exposición sin dar más datos. Están dispuestos a pagar una suma desorbitada y le encargan además la restauración de una hermosa talla de la Virgen María del s. XVIII, en estado de esperanza. Sin entender nada, Queralt acepta, no tiene opción y desea con fuerza restaurar la escultura. Se embarca así en una aventura que la llevará a Suiza a restaurar la Virgen, de cuya autoría solo se sabe que fue femenina, hija de Luján, algo inaudito para la época.

Pero, sobre todo, realizará un viaje interior en el que, además de reflexionar sobre el sentido de la creación y el papel de la mujer artista; se cuestionará su propio rol en el mundo, su relación con el arte y también con el amor. El día de la inauguración de la exposición, lo que allí sucede es una impactante performance para denunciar de forma artística la venta de un barrio y de su esencia. Una acción subversiva y de crítica intertextual que permite a Queralt crear una nueva esfera narrativa para su vida.

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VICTORIA GABALDÓN

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

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