Si paseas por las inmediaciones de Madrid Río, no muy lejos de la mítica sala de conciertos La Riviera, es posible que alguna vez te hayas asomado al escaparate de Espacio Arte y Río, un cubo transparente en una esquina de Madrid, escaparate de cuadros, fotografías y plantas. En él habrás podido ver a Ana Barrera impartiendo clases, tomando un té o dibujando. Ana es arteterapeuta y ha pintado desde niña. Tras estudiar Ingeniería Agrónoma, retomó su pasión por el dibujo, descubrió la acuarela y la adoptó como medio de expresión.
Durante su trabajo en un centro para madres solteras, en el que impartía clases de acuarela a madres y criaturas en riesgo de exclusión social, fue consciente del poder de los pinceles y los colores: descubrió que en los niños y las niñas operaba un cambio, y que no salían de las clases igual que había entrado. Fue entonces cuando se formó como arteterapeuta, con la intención de buscar nuevos recursos que poder aplicar en sus clases. Este deseo de mejor en su enseñanza también le dio ticket para un intenso y profundo viaje de autoconocimiento y crecimiento personal que aplicó a su condición de mujer no madre.

Fue su propia experiencia la que la animó a acompañar a mujeres que no podían ser madres a través de talleres individuales y colectivos. “Son muchas las circunstancias que nos llevan a no ser madres: «deseo ser madre y no puedo serlo biológicamente», «estoy transitando un proceso de duelo gestacional», «he descartado un proceso de adopción», «¿el ser madre es un deseo propio o me dejo llevar por mi educación y entorno?», «me genera un conflicto la conciliación, un elegir entre los deseos y proyectos laborales con la idea de gestar y atender a otro ser humano»…”, explica en su página web. Trabajando desde la emoción, Ana ofrece un espacio donde las mujeres no madres dan voz a sus vivencias, formando una red de apoyo y cuidados.
¿Cuál es tu experiencia con la inmaternidad?
Desde mi adolescencia sé que no voy a poder ser madre por anomalías en el desarrollo de mi útero. Este hecho ha ido pasando por etapas de diferente duración e intensidad, y me ha llevado a tomar decisiones con la inmaternidad como foco. La gestión emocional ha sido clave para integrar esta situación.
¿Por qué esta nueva palabra: inmaternidad?
Al comenzar a acompañar a mujeres con este enfoque y desde la arteterapia me encuentro con la ausencia de vocabulario que nos defina sin caer en la negación y la carencia. Somos mujeres no madres, mujeres sin hijos. Entonces me llega el prefijo “in”, que tiene un significado de negación (incapaz, infértil) pero que también significa hacia dentro, hacia el interior de cada una. La mujer inmadre es ingeniosa, intrépida, intuitiva, innata, integrada. Es una mujer que gesta otras formas de vida, proyectos, creaciones y relaciones.
¿Cómo se relaciona tu experiencia personal con tu trabajo artístico y de acompañamiento?
Siempre me ha gustado pintar. Cuando inicié mis estudios como Ingeniera Agrónoma dejé de pintar y, al cabo de los años, sentí que me faltaba algo, que mi vida no estaba completa. Descubrí la acuarela y desde entonces es mi forma de expresión y de sentir la vida más genuina y auténtica. En mi formación como arteterapeuta descubrí que el arte es una poderosa herramienta de manifestar las emociones y las necesidades vitales. Me sirve en mi proceso de crecimiento y autoconocimiento, y con la arteterapia he sanado las heridas que ha dejado en mí este proceso de no poder ser madre de un ser humano.
Como a mí me sirvió tanto, he querido compartirlo y ofrecer espacios para que otras mujeres puedan explorar sus situaciones desde la arteterapia. He fundado en Madrid el Espacio Arte y Río como lugar en el que todas las actividades giran en torno al arte.
¿Crees que sigue existiendo un tabú en estos temas? ¿Es posible que también exista con las personas cercanas a las mujeres que no son madres, que quizá no se atrevan a hacer preguntas?
El tabú se deshace cuando, simultáneamente, una persona es capaz de hablar del tema y otra persona es capaz de escuchar. Con todo lo que significa hablar y escuchar en una conversación consciente y verdadera. Creo que muchas preguntas sobre la maternidad son construcciones, son preguntas hechas con un trasfondo social y educativo del que venimos. En mi opinión, cada vez se habla más de infertilidad, pero existe una necesidad de visibilidad y de crear espacios para que las mujeres en estas situaciones se sientan comprendidas y atendidas.
¿Cuál es la mejor manera de acompañar la infertilidad?
Con presencia y empatía.
¿En qué consiste tu proyecto Inmadre?
Es un encuentro de mujeres unidas por la dificultad de no poder ser madres a pesar de desearlo. Ofrezco un acompañamiento desde la arteterapia, de manera individual y también en grupo. El arte aquí es un modo de expresión: no buscamos un resultado estético en el pintar, moldear, escribir, hacer collage, danzar… sino que la atención se centra en el proceso creativo, por lo que no hace falta tener conocimientos artísticos. La mirada es otra, es hacia el interior de cada una, para encontrar los recursos internos que permiten traspasar las situaciones complicadas que se generan en un proceso de infertilidad: frustración, soledad, falta de autoestima, vacío, desconocimiento, incomprensión, duelo… Es volver a crear con nuestras manos, teniendo presente nuestro cuerpo como guía que contiene la experiencia. Es explorar y encontrar un camino de transformación y empoderamiento.
Ofrezco talleres de arteterapia en el Espacio Arte y Río y también online. Haciéndolos coincidir con una fecha simbólica, un momento de cada estación del año. Por ejemplo, el próximo martes realizamos El Altar Inmadre. Y al menos una vez al año, coincidiendo con el Día de la Madre en España, organizo un retiro para la Mujer Inmadre. Junto a Raquel Martínez, profesora de yoga, ofrecemos un encuentro de varios días en la naturaleza, unido a la práctica de yoga, meditación, expresión corporal, alimentación consciente y, por supuesto, arteterapia.
¿Existen mujeres que acudan a tus talleres porque deciden no ser madres, por elección propia?
Sí acuden, pero el contexto es diferente. En algunas mujeres la elección propia de no ser madre también supone un duelo que es necesario transitar.

Puedes ver parte del proyecto Mirada de útero, de Ana Barrera, en Una habitación propia, el décimo volumen de nuestra revista en papel.






