Coge distancia del suelo Marcela Serrano (Santiago de Chile, 1951) para mirar a la tierra y escribir A vuelo de pájaro (Alfaguara, 2024), una obra de no ficción en la que la escritora comparte observaciones y reflexiones personales recopiladas entre 2020 y 2022. A través de anotaciones diarias, Serrano aborda lo cotidiano de su vida y su relación con la naturaleza, los movimientos feministas o los cambios sociales en los que nos hemos visto inmersas en los últimos años. Estructurado en tres cuadernos —de las delicias, del asombro y del sol—, la autora despliega su habitual fuerza narrativa, caracterizada por un ritmo ágil, una observación despierta y toques de humor. Como adelanta en el prólogo: «Escribo, ese es mi oficio, porque invento, porque robo de por aquí y por allá y de adentro y de afuera. Y de repente me aburrí. Quise salir de la novela, pero no pude salir de la página ni de las palabras». Fue entonces cuando decidió alumbrar estos cuadernos libres, «tan libres y arbitrarios en sus modos como metódicos en su escritura».
Para las amantes de la forma de contar historias de Serrano, este A vuelo de pájaro es una delicia voyeur, un situarse detrás de su espalda y observar la escritura y la vida desde un lugar privilegiado y con las mejores vistas.
Hoy, los dos cipreses de mi madre casi tocan el cielo, crecen y crecen, se estrechan entre sí y se estiran, altos y potentes. A su lado, los otros dos, con humildad inusitada en un ciprés, siempre altanero y espléndido, se desarrollan lentos, con menos sustancia que la de sus compañeros, acomplejados, más bajos, con menos ramas y menos color, los hermanos menores con su inevitable timidez.
Qué duda cabe: la llamada de la tierra es mi madre.
Ha ejercitado la observación al servicio de la escritura durante tres años, en un tiempo que abarca el confinamiento por la pandemia de la COVID. ¿Qué balance hace a posteriori de este trabajo?
Un balance positivo. Fueron tres años de una disciplina determinada, de una obligación a observar —lo que debiera hacer siempre quien escribe— y de una cierta belleza. Yo no sabía que vendría la pandemia cuando empecé este proyecto, se me cruzó. Y pienso que me salvó de alguna forma. Bueno, la escritura siempre salva.
¿Desde dónde miró usted, física y metafóricamente, para escribir este libro?
Físicamente, desde el campo, casi siempre en el campo. Metafóricamente, desde el aire, mirando el acontecer desde cierta distancia, como los pájaros. A veces me detenía en algún cerro de nuestra cordillera.
La culpa atraviesa el relato completo: ¿se deja alguna vez de sentir culpa?
Nunca, especialmente si eres mujer y has tenido una formación católica. Te da culpa no ser la madre perfecta, te da culpa trabajar y ganar dinero, te da culpa cualquier privilegio (especialmente si eres de izquierda). Ya he decidido convivir con esa culpa y amigarme un poco con ella. Ojalá la Iglesia Católica, en su actual decadencia, influya menos en la formación de futuras mujeres.
En varios de sus libros, las relaciones familiares y la maternidad son centrales. ¿Cómo ha cambiado su visión sobre estos temas con el paso del tiempo?
Cuando era joven y alocada, pensaba que la familia era solo una decoración. Con el tiempo, especialmente al tener hijos, he comprendido que es una red fundamental donde el afecto se juega en su máxima magnitud. Creo, además, que de alguna forma u otra, es un tema que permea la ficción desde siempre. A veces sueño con el pasado, con esas casas grandes donde había espacio para todos, y aunque eso ya no exista, somos latinos y eso nos salva bastante de cierto tipo de soledad.
Usted es una autora clave en la literatura feminista latinoamericana. ¿Cómo siente que ha evolucionado la lucha de las mujeres en estos años?
Creo que hemos avanzado muchísimo. (Nosotras estamos siempre atentas a lo que sucede en España, es una pauta importante). Las mujeres hoy son otras que 30 o 40 años atrás. La conciencia de género se ha expandido y hay una cantidad de cosas que ya no se aceptan de la cultura machista. Hoy, por primera vez, la voz de la mujer tiene poder. Hablo de Occidente. Como bien decía Kenzaburō Ōe, Premio Nobel japonés, lo más importante de este siglo ha sido y será la emancipación femenina.
¿Cómo logra el equilibrio entre lo íntimo y lo social en su escritura?
Se dan solos, como en la vida misma. Al escribir una no se escinde, escribe desde lo que se es.
¿Qué mensaje daría a las mujeres que buscan el equilibrio entre su vida personal y su trabajo creativo o su escritura?
Que continúen en esa huella. Se va a estar siempre tironeada, especialmente frente a la maternidad. Pero se han ganado muchos espacios, hay que seguir peleando por más, hay que recordar que nadie nos regala nada, todos nuestros avances han sido luchas dadas por nosotras mismas. Los hombres jóvenes, al menos los que acceden a más cultura, han absorbido nuestra sed de igualdad y hoy participan de la vida doméstica, lo que es una gran ganancia, y en la crianza. Para los hijos de estos hombres, que las mujeres se ausenten del hogar y trabajen es la norma y también que sus padres cocinen y cambien pañales. En resumen, soy optimista al respecto.

El diario ir y volver de los pájaros, las relaciones entre sus perros y los distintos animales del campo en que vive, los colores de las estaciones, las conversaciones con sus hermanas en pleno encierro, las penas y risas de la vida a los 70 años, los cambios sociales de un país y un mundo enardecidos, los horrores que traen los noticieros, la dedicación amorosa a un primer nieto, las lecturas de clásicos como Ovidio y de contemporáneas como Toni Morrison que la deslumbran y estimulan.
Marcela Serrano se dio a la tarea, durante tres años consecutivos, de consignar algún detalle de cada día de su vida. Entre 2020 y 2022 dejó de lado la invención de historias y personajes para observar su propia vida y lo que ocurría en su entorno inmediato. Asignándole a cada uno de esos años y cuadernos un foco —delicias cotidianas para el primer año, asombros para el segundo y nada menos que la presencia del sol para el tercero—, Serrano construye un libro inaudito, renovando las formas de su escritura y exponiendo no solo las derivas de una mujer que en la madurez se piensa y se analiza a sí misma con arrojo y valentía, sino también tejiendo poderosos relatos con todo aquello que observa y la conmueve.






