PAOLA ROIG ESCRIBE EL DESPUERPERIO

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Tras dos libros de divulgación sobre maternidad y salud mental, Paola Roig —autora, divulgadora, psicóloga y cocreadora de Pell a pell y del pódcast La vida secreta de las madres— da un giro hacia la ficción con El café frío, la cerveza caliente (Bruguera, 2025), una novela que nace del deseo de no explicar, sino de mostrar. A través de Mariona, su protagonista, Roig nos invita a habitar el espacio incierto del “despuerperio”: ese momento en que la intensidad inicial de la maternidad afloja, los niños se van de la cama compartida y emergen las preguntas difíciles. Mariona es una madre millennial con la vida aparentemente ideal (dos hijos, piso, perro, trabajo estable), pero se siente agotada, perdida y profundamente insatisfecha. La historia que propone Paola explora su proceso de darse cuenta de que la vida que siempre había querido no es lo que esperaba. Con su voz clara, empática y honesta, Paola explora las fisuras del vínculo, la culpa, el deseo, el goce y la necesidad de no perderse de vista como mujer. Esta conversación es un intento más, necesario, de mirar hacia adentro y decir: ahora, ¿qué?

 

¿Cómo ha sido pasar, tras dos libros de divulgación, a la ficción?

Ha sido un cambio bonito. Es verdad que, desde el ensayo, se pueden transmitir muchas cosas, pero de lo que me he dado cuenta, y era esta la intuición que tenía al decidir escribir una novela, es que hay un nivel de profundidad al que no puedes llegar con un ensayo porque escribes desde la teoría, y desde la teoría puedes llegar hasta un punto concreto. Pero si escribes novela puedes llegar a un nivel más profundo porque hablas de lo vivencial, de lo experiencial. Quería hablar sobre salir de la maternidad, pero no explicar la teoría: quería mostrar el despuerperio. De ahí nace esta historia.

Tu novela recorre un año en la vida de Mariona, una madre millennial, y su familia. Un año de crisis vital.

Parte del despuerperio que atraviesa la madre, y que también atraviesa toda la familia, es poder volver a mirar a tu pareja y decir: «Y ahora, ¿qué?». Es ese momento en que los niños se van de la cama compartida se abre un vacío ahí, como que a veces ya te estaba bien que estuviese tu hijo ocupando ese vacío, y se abren preguntas y dudas, que es lo que le pasa a Mariona, y a veces esas dudas pueden ser muy dolorosas.

¿Cuántos cafés fríos y cervezas calientes te has tomado?

Yo ya, directamente, pido el café con leche fría —risas—. Hay algo de «si no puedes con el enemigo, únete a él». Con el café frío y la cerveza caliente quería transmitir la sensación de la vida interrumpida de las madres, porque vivimos entre interrupciones: me pido una cerveza, pero no me la acabo; me pido un café, pero me dura toda la mañana entre sorbitos. Este es el ritmo que llevamos.

Aun siendo esta historia una ficción, para quienes te seguimos en redes, se aprecia con claridad tu voz. ¿Cómo aplicas tu labor de divulgación a tu escritura? 

La verdad es que no pensé cómo quiero escribir, simplemente, que es algo también bastante que va conmigo, me puse a escribir e, indudablemente, yo siempre he escrito en redes de manera muy genuina. Tampoco me he parado a pensar en el estilo: es como me sale. Entonces, pues aquí también es como me sale. Me apetece aclarar que yo no soy Mariona, que es algo que me preguntan mucho. Pero claro que hay algo de mí en ella, es imposible que no sea así. Hay de mí, hay de mis amigas, hay de las mujeres a las que acompaño… Hay algo de todas las mujeres a mi alrededor.

¿Qué es ser una madre millennial?

No me refiero a estos años en concreto, sino a las mujeres que estamos maternando ahora. Y digo millennial porque creo que tenemos una serie de cosas compartidas, aunque hayan nacido 10 años antes que yo. Las influencias culturales y sociales que hemos tenido vienen a ser parecidas. Me gusta bastante sentirme millennial: en ocasiones se ha visto como algo negativo, pero yo estoy bastante orgullosa de la generación a la que pertenecemos. Las madres millennial somos, y no quiero faltar el respeto a generaciones anteriores, las primeras que estamos maternando en la era de la información. Y creo que esto es lo que nos caracteriza: hemos observado la manera de criar de nuestros padres, pero cuando nos convertimos en madres, tenemos al alcance todos los libros que quieras sobre maternidad, todas las cuentas de Instagram… todo. Y esto nos abre un campo muy interesante que es un privilegio y, a la vez, algo hostil. Una cosa que caracteriza a la generación millennial es la exigencia en todo, especialmente en las madres millennials, que es de lo que estamos hablando. Esta exigencia se ve supernutrida por toda esta información; eso es lo que nos caracteriza, estas ganas de cambiar las cosas, que creo que es muy millennial, y ver que no se puede cambiar todo en una generación. Vivimos continuamente entre la ilusión y el dolor.

¿Genera frustración el exceso de información?

Sí, claro: los millennials nos hemos permitido, y es lo que le pasa a Mariona en el libro, hacernos preguntas que igual las generaciones anteriores no pudieron hacerse. Nos hacemos preguntas y las queremos resolver con un reel de un minuto y medio. Sorpresa: no se puede. Esas preguntas las tienes que resolver tú y es un privilegio podértelas hacer, porque vas a poder vivir, ya no solo la maternidad, sino tu vida, con muchísima más consciencia. La respuesta no está en un reel. Un reel te puede dar pistas, y ahí está la gracia, en reconocer que algo te interesa y dedicar tiempo a pensarlo. El reto es que podamos ver que la respuesta no está fuera, sino hacia dentro. Otro reto de las madres millennial es aprender a querer a la madre que somos, que es tremendamente difícil, me parece.

¿Qué papel juega la culpa en la crianza y cómo podemos aprender a desactivarla?

He pensado un montón sobre la culpa desde que me convertí en madre. Siempre he dicho que, cuando parí a mi hijo, parí a la culpa y al miedo. Creo que la culpa es necesaria y lo veo ahora educando, criando a mis hijos: cuando mi hijo se siente culpable, es cuando él puede reparar. Esta es la dinámica de la culpa funcional. Pero las madres nos quedamos estancadas en el bucle de la culpa y aquí está el problema: si yo me siento culpable y aprovecho esta culpa para lo que sirve, que es para plantear y tomar una acción, guay. Pero si solo me quedo enganchada en lo que he hecho mal, aquí viene el problema. Lo que nos falta es tomar acción y dialogar con esta culpa, no quedarnos enganchadas en ella. La culpa no es el problema: es quedarse enganchada ahí. La clave está en ver que, si me he equivocado, puedo repararlo, puedo cambiar algo para que esto se repita menos, puedo hacer alguna otra cosa.

¿Cómo se refleja en tu escritura tu labor de acompañamiento? ¿Cuáles son los aprendizajes que te han dado esas mujeres a las que acompañas?

Lo que se refleja en la novela es el aprender a escucharse más, a permitirse más y a querer a la madre que eres, que es el proceso que hace Mariona durante la novela. Acompaño a mujeres que llegan con una autoexigencia tremenda, con esta sensación de no llegar. No quiero obviar que estamos maternando en un sistema muy hostil: no llegamos a pagar el alquiler, tenemos que trabajar no sé cuántas horas; todo esto está ahí y no lo vas a cambiar en terapia, pero la terapia te puede ayudar a no ponértelo aún más difícil.

Otra cosa que se refleja muy bien es cómo conjugar el deseo de ser madre con la necesidad de no perderte tú, ya no te digo como mujer, sino como persona. Me gusta el concepto “salirse de madre”: durante un tiempo, tu personalidad es ser madre. Lo he visto en mí misma, cómo me definía antes y cómo me defino ahora. Hay que poder entrar ahí y pienso que es chulísimo tener el privilegio de entrar ahí y ser madre durante un tiempo, pero también hay que poder salir. Nos está costando mucho, como generación, poder salir y conectar con las demás cosas que también somos.

¿Qué consejos darías a estas madres saturadas por la crianza?

Muchas madres vienen a la consulta con una sensación de ahogo, de presión. No sé si hay ningún consejo universal, pero yo invitaría a dudar, a hacerse preguntas sobre lo que hacemos en el día a día y, sobre todo, a conectar con lo que nos hizo decidir ser madres. ¿Qué era eso? ¿Dónde está el disfrute? ¿Dónde está el goce?

 

paola roig

 

Mariona tiene todo lo que siempre había querido: dos hijos, un piso en un barrio tranquilo, un perro y un trabajo estable. Pero debajo de esa fachada hay una mujer agotada, perdida y profundamente insatisfecha. Echa de menos a su marido, se echa de menos a sí misma, echa de menos la vida de antes, la cerveza fría y el café caliente. ¿Cuántas madres se pueden sentir identificadas con Mariona? Tantas como lo hacen con las reflexiones diarias sobre maternidad que comparte Paola Roig en su Instagram @PaoRoig.

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VICTORIA GABALDÓN

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.
Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

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