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ELIA MERVI, CRIAR Y CREAR

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Las ilustraciones de la artista Elia Mervi (Madrid, 1988) seguramente no te sean desconocidas: Preferiría ser amada, la antología ilustrada de la poeta americana Emily Dickinson le valió, en 2019, el Premio a Mejor Libro Editado, otorgado por el Ministerio de Cultura. Antes de eso, su trabajo su trabajo fue seleccionado para el Premio de Jóvenes Ilustradores en 2014, expuso en la Direcktorenhouse de Berlín y estuvo invitada como residente en el programa para artistas Redbubble en San Francisco.

Elia crea desde donde esté: nacida en Madrid, ha vivido en La Haya, Lisboa y Sintra. Ahora se expande desde Castres, una pintoresca localidad en el sur de Francia, conocida por albergar un museo dedicado a Goya —y donde se pueden encontrar obras de Maruja Mallo, Picasso, Ribera, Sorolla o Zuloaga, entre otros—.

Si el talento artístico de Elia es incuestionable, también es digna de admirar su faceta como activista a favor del reconocimiento de otras mujeres artistas. Elia desarrolla esta cualidad tan generosa a través de un proyecto propio llamado El Espectro Invisible de Medea, un proyecto activo que quiere ampliar el espectro de visión de la maternidad y la creación. Cómo lo conseguimos, cómo nos afecta, cómo nos inspira, cómo son los procesos de recuperación y de cura después del nacimiento o de la muerte de nuestros hijos, cómo el nacimiento o el aborto se filtran en nuestro arte y cómo utilizamos este para curarnos, cómo nos inspira… Como segundo objetivo está el deseo romper con viejos cánones de maternidad y arte. Conciliar a la Artista y a la Madre, quienes lejos de ser incompatibles pueden crear y criar juntas dentro de la misma mujer.

Nos sentimos especialmente orgullosas de formar, de alguna manera, parte de las hermosas conexiones que la sororidad nos ofrece. Porque nuestra conexión con Elia ha sido tan inesperada como gratificante: una seguidora de su proyecto y del nuestro, la poeta @whiteflorez, quizá una de las personas que —en la distancia y también en la cercanía que las redes sociales generan— mejor ha comprendido lo que buscamos tanto MaMagazine como El Espectro Invisible de Medea solo con observarnos e interactuar con ambos proyectos. Tanto es así, que tuvo a bien ponernos en contacto: así descubrimos que teníamos muchas más cosas en común de las que podríamos pensar en un primer momento.

Queremos presentarte a Elia Mervi, creadora. Elia creadora de vida, madre de dos niñas, de 7 y 2 años. Elia creadora de nuevas realidades y fantasías a través del trazo de su lápiz. Elia creadora de una comunidad tan necesaria como enriquecedora. Elia creadora generosa, con la que compartir, a partir de ahora, un camino que estamos ávidas de transitar: el de las madres que crían y crean, como ella. Las que siempre han existido pero a las que nunca nadie puso en primera fila.

La mitad de la historia que nos falta.

¿Qué es, para ti, lo mejor y lo peor de la maternidad?

La maternidad, en ambos casos, me pilló por sorpresa por lo que mínimo una vez al día me encuentro totalmente perdida, sin saber aún qué pensar de ella. Pero hasta donde puedo leer, lo mejor de la maternidad para mí es la difícil tarea de tener a una persona en tus manos, al menos por un tiempo. Me refiero a tener la posibilidad de enseñar desde cero, de mostrar la mejor cara del mundo a una persona creciente. Desde transmitirles valores que para ti son importantes, respeto, empatía, hasta enseñarles lo que te emociona ya sea música, arte, lugares, sensaciones… es maravilloso plantar en tus propios hijos porque quieren todo lo que les das, lo devoran y lo transforman de maneras maravillosas.

Lo peor podría decir que es la falta de tiempo, pero no es verdad: siempre vas a volver a tener tiempo o a robarlo de donde sea. Lo peor, creo que es el dolor que te ocasiona amar de una forma tan brutal e irremediable a tus hijxs. El sufrimiento de ver cómo el mundo les va a hacer daño y no vas a poder hacer nada.

¿Cuál es la huella de tus hijas en tu trabajo?

Aparentemente no dejan huella en el imaginario de mis ilustraciones, ya que es más terreno de la Mujer que hay en mí, es simbólico y personal. Pero sí dejan mucha huella en el proceso, son testigos y muchas veces participan en él de varias formas. A veces haciendo un rayajo en la ilustración final, lo que me hace repetir todo el proceso y darme cuenta de nuevos enfoques que se me habían escapado en la anterior versión ‘intervenida’. Muchas veces directamente le pido opinión a Olga, la mayor: «¿qué te parece este color?», «¿debería poner una mano ahí?»… me tomo totalmente en serio su opinión. Y hace poco experimenté algo nuevo: le pedí que dibujara una diosa selk’nam en la que estoy trabajando para un libro sobre esta tribu. La diosa debería ser terrorífica pero yo la estaba haciendo demasiado humana y predecible, así que le leí la descripción y ella dibujó a la diosa, lo que me ayudó a salir del estancamiento y seguir. Fue como aire fresco, como agua fría en la cara.

¿Cómo era tu trabajo antes de convertirte en madre? ¿Sufrió cambios? ¿Cómo es ahora?

La verdad es que esto lo he pensado mucho a raíz de El Espectro, de hecho es una de las preguntas que tengo planeadas para dentro de unos meses. Creo que mi trabajo no sufrió un cambio radical al convertirme en madre, pero sí creo que, poco a poco, a raíz de dedicar gran parte de mi tiempo a criar, mi arte se ha vuelto más íntimo y celoso. Es el lugar donde siempre soy yo como mujer y artista, donde no entran mis hijas. No es algo que haga conscientemente, mi trabajo ha ido cambiando hacia lo más profundo de mí, como huyendo del claro-oscuro de la maternidad hacia un lugar oculto dentro de mí misma, como aferrándose a las profundidades para ‘trabajar’ desde ahí.

Pero quizás la maternidad también influya sin yo saberlo en esas ‘profundidades’, como la muerte de alguien que amas. Son vivencias y procesos tan brutales que es inevitable que muevan tus cimientos de una forma que jamás sabrás.

¿Qué es El espectro invisible de Medea? ¿Cómo surgió?

El Espectro nació por pura necesidad. En mi segundo embarazo estaba tan perdida que empecé a buscar desesperadamente referentes en artistas que también son madres de varios hijxs. La primera en la que me sostuve fue Patti Smith. Poco a poco fui encontrando y conectando con más artistas-madres.

Después, empecé a intercambiar sueños de maternidad-creación y cansancios-miedos con la ilustradora Paloma Corral. Cada vez que compartía alguna foto o story en la que salía trabajando con mis hijas, recibía mensajes de diferentes colegas diciéndome: «¿Cómo lo consigues?», «Igual que yo», «Me recuerdas a mí», «Mi hija también hace eso cuando pinto», «Yo también estoy despierta»,  «Yo no lo consigo»… Pero el punto de inflexión fue a raíz de un ejercicio de escritura propuesto en el podcast La Ilusionista, en el que trabajé en un texto sobre el momento en el que me reencontré  como mujer-artista después de ser madre. Durante el proceso de reflexión  y escritura me di cuenta de la necesidad que tenía de contar mi experiencia como artista-madre, de alzar la voz. Pensé rápido en todas mis colegas artistas, que estaban como yo.

Así nació El Espectro Invisible de Medea, un espacio-archivo abierto para que todas podamos contar nuestra experiencia, reflexionar, descubrir, estudiarnos, conocernos, curarnos y encontrar la inspiración, las fuerzas y la comprensión leyendo y viendo a las demás artistas-madres.

En El Espectro se habla de cómo las mujeres artistas criamos y creamos, cómo influye la maternidad en nuestro arte y viceversa, cómo nos reencontramos como artistas después del nacimiento o la muerte de un hijx, cómo manejamos la frustración, cómo usamos nuestro arte para no perder nuestra identidad, cómo reconciliamos a la Artista y a la Madre dentro de la mujer que somos…

¿Cómo pueden participar las mujeres?

La participación se basa en contestar a una pregunta. Cada mes, El Espectro lanza una pregunta sobre la maternidad y la creación, y las artistas que quieran podrán participar de forma totalmente libre contando su historia y compartiendo su arte (con ilustraciones, fotografías, texto, proyectos, vídeos, audios…). La participación es libre y sin compromiso, las preguntas quedan abiertas con lo que en abril puedes contestar a la pregunta de enero. Lo importante es llegar a ese punto de parar y reflexionar por necesidad y, si te lanzas, de compartir tu historia para ampliar el espectro de visión de la maternidad y la creación.

El Espectro lleva casi tres meses en marcha y todas las colaboraciones han sido como un faro, todas han iluminado nuevas ideas, ideas con las que todas nos sentimos identificadas en algún punto y que nos pueden inspirar y ayudar en nuestro propio proceso. Por supuesto el mérito es de todas, todas hacemos El Espectro.

¿Cuáles son las fortalezas y debilidades de las mujeres que son madres y quieren dedicarse a disciplinas artísticas?

A esta pregunta puede contestar mejor Rachel Cusk en A Life’s work:

«En la maternidad, me sentí a mí misma a la vez más virtuosa y más atroz; y también más implicada en el horror del mundo, y en su virtud; mucho más de lo que hubiera pensado que fuera posible estarlo desde el anonimato en el que vivía cuando no tenía hijos».

Creo que esta es la principal fortaleza de ser una artista-madre: la apertura de visión que te da la maternidad, ese dejar el anonimato atrás. Percibir el mundo a través de la nueva mirada como mujer-madre te hace encontrar nuevas perspectivas, a veces terribles como dice Cusk, pero otras maravillosas, que no significan ponerse a pintar bebés rosas, significa que tus cimientos van a cambiar porque tienes a una persona en tus manos, y ya no ves el mundo solo a través de tus ojos, si no de los suyos, como los bebés que son y como las personas adultas que serán, lo que te hace tener una perspectiva amplia en la que pueden encontrar elementos para crear que nunca hubieras encontrado de otra forma.

La debilidad claramente es el papel que tiene en la sociedad tanto la Madre como la Artista. Ser mujer ya significa otra cosa a lo que significaba serlo cuando mi abuela tenía mi edad, pero aún hay mucho lastre patriarcal en lo de ser madre, la maternidad sigue secuestrada y explotada en beneficio de un sistema machista. Y del arte ni hablo, la mitad de la población lo considera inútil y lo eliminaría de las aulas. La otra mitad lee libros de arte y visita museos en los que el 80% de los artistas son hombres.

¿Existe la conciliación para las madres creadoras?

Existe en otros sistemas, sistemas en los que se valora y respeta el papel de la madre y en los que la maternidad es algo social y público, no algo privado y escondido detrás de la cortina. Sistemas que se responsabilizan del bienestar de las madres y de la crianza de los niñxs que nacen, empezando por respetar los tiempos de puerperio de las madres, por ejemplo haciendo obligatoria la asistencia de una ayudante en la casa mínimo la primera semana después del nacimiento del bebé, siguiendo por dejar en manos de la madre la decisión de cuánto tiempo amamantar a sus bebés o cuándo volver a trabajar sin temer por su puesto o su carrera artística. También invertir en una educación pública de calidad, guarderías y colegios en las que la madre se sienta tranquila en dejar a sus hijos porque es como si los cuidara ella misma. Sistemas en los que criar en una labor de todxs. También el valor y la inversión en el arte y la cultura que se haga en ese sistema, becas, ayudas para creadoras y emprendedoras, visibilidad del colectivo del arte, espacios gratuitos para trabajar, y bueno, un montón de etcéteras.

También obviamente la conciliación existe si no tienes que tener trabajos que pagan el alquiler o aceptar cinco proyectos a la vez, o sea, si tienes dinero. Sólo empezando con estas condiciones como base se puede llegar a la verdadera conciliación de ser madre y ser artista, y en realidad cualquier otro tipo de oficio o trabajo que tenga la madre.

Cualquier otra forma no se puede llamar conciliar el trabajo de artista con la maternidad: hablamos de supervivencia y lucha constante entre la Madre y la Artista. Una guerra interna de la mujer por elegir qué hacer con las pocas horas que al final le quedan para crear. No lo digo como queja, lo digo orgullosa de mis colegas porque es la forma en la que trabajamos y en la que conseguimos publicar, ilustrar, actuar y escribir. Detrás del trabajo creativo de una artista-madre hay un doble trabajo, hay mil interrupciones, hay mil otras cosas que ha hecho antes de ponerse a pintar, tareas invisibles pero importantísimas con las que normalmente lidian sólo las mujeres. A veces incluso a las tareas como madre y como artista se une la carga de la culpa, ya sea por ser afortunada por trabajar en algo que amas, ya sea porque no ganas mucho dinero o ya sea por el constante machaque para convencerte de que el arte no sirve de nada, ergo tu profesión es inútil… Insisto en que no es una queja, es un orgullo que a pesar de cualquier bache sigamos en pie y creando, pero no es conciliación.

¿Qué objetivos persigues con esta iniciativa? 

A veces me parece que el objetivo es muy simple: crear un espacio para artistas-madres donde compartir experiencias, apoyarnos, inspirarnos, intercambiar información, expresarnos y con todo ello por bandera abrir el espectro de visión de la maternidad, que sinceramente nos lo pintan muy limitado. Pero a medida que avanza el proyecto me doy cuenta de que es mucho más complejo que simplemente abrir un pequeño espacio online: es una tremenda y abrumadora caja de Pandora llena de todo tipo de experiencias y necesidades que desean salir con mucha fuerza.

Los mensajes que han llegado agradeciendo el proyecto y las historias que se han compartido hasta ahora los siento como un objetivo en sí. Personalmente he aprendido muchísimo en dos meses y me he apoyado otro tanto en El Espectro y en lo que ha ido surgiendo de él. He conocido a artistas maravillosas, mujeres como yo, en la misma honda de crear y criar. He sentido la conexión entre todas las historias que se han compartido. He leído mensajes de apoyo entre unas y otras. He reconocido las mismas palabras en varios textos y he visto el daño que nos hace estar separadas y lo que nos hace falta hablar. He comprobado que en todos los casos el arte nos ha acompañado y curado en nuestro proceso de transformación o de duelo, lejos de renunciar a él hemos insistido y hemos encontrado nuevas formas de ser artistas-madres. El objetivo es que El Espectro invisible de Medea sostenga y proteja todas esas ideas y experiencias y las archive ya que son una parte muy importante del arte, la creación y de la maternidad.

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