(c) Arnau Sidera

“LA COMPAÑERA”, LA MEMORIA DE AGUSTINA GUERRERO

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Cuando cayó en mis manos La compañera, el nuevo y precioso libro ilustrado de Agustina Guerrero (Chacabuco, 1982), me cautivó inmediatamente. Empecé a caminar por la calle con el libro en las manos, leyéndolo sin poder evitarlo. Pensé que quizá estaba siendo imprudente, porque la calle es un territorio minado en muchas ocasiones y la ocasión de pisar una mierda de perro la pintan a diario. Por fortuna, logré esquivarlas y ese precioso paseo de unos quince minutos, con La compañera en mis manos, se convirtió en un gran placer.

Al principio, la compañera que acompaña a La Volátil en la portada del libro causó cierta confusión en mí: es una silueta negra, enmarañada, sin rostro. Y, en ese momento, sin tener más pistas acerca del libro y queriendo evitar tener ideas preconcebidas, pensé que esa figura que acompañaba a La Volátil era su ansiedad, caminando a su lado. Nos cuenta Agustina: “no eres la primera que me lo dice. De hecho, este personaje ya aparece en El viaje, mi libro anterior. Y ahí la plasmé como si fueran mis propias heridas, a las que yo abrazo. En ese momento, es cierto que el personaje traía algunas connotaciones negativas. Pero en este caso, en La compañera, es mi otro yo: un personaje sabio que vino a incomodarme, a enseñarme, a ponerme delante todo lo que, quizá, no me animo a ver. Simboliza muchas cosas para mí”.

Ya sentada, continué con su lectura. Y fue uno de esos momentos de magia, en los que tienes el tiempo y las ganas de leerte un libro del tirón. Esta novela gráfica es el paseo íntimo que hace Agustina Guerrero por algunos de los recuerdos más significativos de su vida: su gestación, su familia, sus inicios en la ilustración —nada fáciles, hay que decir—o el síndrome de la impostora, entre muchos otros. Una selección de recuerdos, más o menos triviales, más o menos significativos, que forman, juntos, una historia de aprendizaje vital tan dura como preciosa, como lo son las cosas que empiezan, en algún momento, a cobrar sentido cuando se alinean.

La edición es preciosa y responde, también, a la manera concienzuda de trabajar la imagen de Agustina: “los detalles están sumamente pensados. Me vuelvo una maniática loca, lo pienso todo tanto que quiero que quede como me lo imagino”. Agustina, con sus libros, está creando diarios vivos, desde distintos puntos de vista. Está escribiendo y dibujando su memoria, como hacemos todas las personas que no queremos olvidar. Quizá la forma de hacerlo de La Volátil es una de las formas más bellas posible.

En el libro cuentas que, en tu primer día de vida, te pusieron un body color turquesa y el dibujo de una niña sujetando un lápiz. ¿En qué momento fuiste consciente de que esto iba en serio, de que ilustrarte a ti misma o lo que veías era algo que te define?

No me había detenido en el detalle del body hasta que empecé a recabar información sobre mi gestación. Mi mamá me mandó mucha información y, entre las fotos, estaba esa foto. Quiero decir que me di cuenta hace relativamente poco tiempo. Llegué a la ilustración de una manera algo accidentada y sigo sin creerme que ser ilustradora va en serio. Fue algo que no pensé. Empecé a colgar mis dibujos en redes porque me robaron mi trabajo en papel. Si una lo piensa, se prepara o puede ser más objetiva con lo que hace. Pero a mí me costó hacerme a la idea, simplemente surgió, de forma natural. Y aquí estoy.

 

la compañera
Páginas interiores de “La compañera”

 

Es bonito que de un inconveniente tan doloroso, como que te roben el trabajo hecho con tus manos, se convierta en algo tan bello. Es un caso de justicia poética.

Cuando digo que, a veces, una necesita un empujoncito: este puede ser hecho con amor o puede darse en relación a una situación jodida, como un robo.

¿Cómo elegiste los recuerdos que aparecen en La compañera?

Hice el camino inverso, en vez de empezar a recordar y a escribir, hice una lista de temáticas que quería tratar: la muerte, los abusos, el síndrome de la impostora, mi abuela… con esta lista, fui recordando más tarde.

Uno de los recuerdos que quizá nos duela más al verlo, leerlo y reconocernos en él es el tema del abuso sexual.

Creo que el 100% de las mujeres hemos pasado por una situación de abuso. A día de hoy, no hubiera reaccionado de la misma manera que cuando tenía 23 años. Creo que el movimiento que nos está rodeando, que las mujeres empecemos a tener voz, a manifestar lo que no queremos y a defender nuestros derechos nos está ayudando. Que exista abuso no puede ser considerado normal.

 

Páginas interiores de “La compañera”

 

¿Tu trabajo ha sufrido algún tipo de cambio significativo desde que eres madre?

Ha afectado de una manera muy positiva. Para mí, El viaje y La compañera son dos libros que caminan paralelos a mi vida, los anteriores son completamente diferentes. En gran parte, el hecho de ser madre me ha dado otra mirada hacia las cosas, otra sensibilidad. La maternidad me llevó a un camino de autoconocimiento súper potente que se ha reflejado en mi obra. Es una extensión de lo que soy y de la que no me puedo desprender.

¿Qué es, para ti, lo mejor y lo peor de tu maternidad?

El otro día, le decía a un amigo que no conozco otro tipo de amor más genuino, más honesto y más puro que el que le tengo a mi hijo. Es una nueva manera de amar, incondicional, es algo inexplicable. Lo peor de ser madre, quizá sea todos los momentos en los que me sentí abrumada, en los que sentí que no podía. No lo considero lo peor, tampoco: de todo lo malo, saqué un aprendizaje: perdonar, asumir mis errores, darme cuenta de que lo hacía lo mejor que sabía… y está bien.

Cuando pensamos en el término “volátil” pensamos en algo que no tiene los pies sobre la tierra, algo cambiante. ¿Crees que la maternidad, de alguna manera, te acerca los pies a la tierra?

El hecho de estar al cargo de una personita hace que aterrices, adquieres miedos nuevos… pero también es muy volátil. En mi maternidad, estoy llena de contradicciones. Es un aprendizaje constante y aquí estoy, dejándome llevar por lo que siento en el momento y siendo consciente de que, quizá en unos años, ya no piense lo mismo…

 

LA COMPAÑERA, AGUSTINA GUERRERO

«Esta eres tú, y aún no me conoces, pero ya estoy ahí, contigo». Así comienza este emocionante viaje a través de desiertos, océanos y cuevas en el que «la compañera» guiará a La Volátil a través de desiertos, océanos y cuevas para asomarse a distintos episodios de su vida que dejaron una huella importante a la hora de convertirse en quien es. Un recorrido por la memoria y los recuerdos sembrado de amor, humor y ternura, pero también de dolor, culpa y miedo, cuya última parada bien podría ser la felicidad.

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VICTORIA GABALDÓN

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.
Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

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