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NANCY GIL: “EL PUERPERIO ES UN EXILIO”

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Una de las partes más emocionantes de este proyecto, junto con vuestras respuestas a las preguntas mensuales, son las entrevistas que hacemos a maravillosas mujeres creadoras. Esta me emociona especialmente. Conocí a Nancy Gil (La Matanza, Buenos Aires, 1984) en la red, me la presentaron, si se puede decir así. Quedé maravillada con su poesía, a la que recurro en muchos momentos de duda y de cansancio. Nancy es psicóloga con perspectiva de género, pero también es poeta y madre. La maternidad la ha atravesado de tal forma que ha parido por segunda vez, esta vez en forma de libro. Su poemario, Crecida (editorial Pánico el Pánico), se publicó el pasado mes de noviembre.

¿Qué significa para ti la poesía?

Para mí la poesía es un modo de mirar y habitar el mundo. Creo en la poesía, pero no en los poetas. Mi hija hace poesía cuando intenta comprender el mundo y lo pone en palabras; mis amigas cuando hablan de amor, se desilusionan o piensan en voz alta; mi madre cuando me enseña a tejer. Sólo hay que estar atentos, saber atraparla.

¿De qué forma la relacionas con la maternidad?

Siempre digo que escribo para respirar, casi como una descarga motriz. Ahí encuentro mi cuarto propio en sentido metafórico. La poesía, en mis primeros años de maternaje, fue un refugio, un lugar seguro donde ser para mí y asimilar lo que estaba viviendo.

Digo en en un poema:

escribo para aferrarme un tronco firme

en medio de la experiencia que se escapa

quiero demorar el instante

con un poema

mientras lo demás avanza

hasta desaparecer

como si el lenguaje pudiera amarrar

o contener

lo que desborda

 

La razón por la que fui tras la poesía es porque va en contra del sentido. Por esa libertad exploratoria de no saber qué ni desde dónde se escribe. La poesía te desplaza siempre un paso más allá. Aclara pensamientos, revela como una fotografía algo que estaba ahí y no sabías que existía.

¿Crees que por ser madres tenemos un filtro diferente a la hora de crear y expresar?

Seas artista o no, criar requiere de improvisación constante. En ese punto, la llegada de un hijo/a puede potenciar la creatividad. Además, puede volverte más permeable, más abierta tanto a la belleza como a las atrocidades de este mundo. Pienso que si bien la crianza no es un obstáculo para la creación, depende de cuánta ayuda o plata tengas en los bolsillos. Quiero decir: es muy difícil crear en un contexto de explotación doméstica, precariedad o violencia.

En mi experiencia personal, después del nacimiento de mi hija, quedé consumida por la entrega y el amor salvaje. Yo misma me había convertido en un bebé. Solo podía llorar o apenas balbucear. Me pregunté si alguna vez iba a poder pensar en otra cosa. Es imposible tomar distancia de la realidad cuando vivís en constante estado de alerta. Luego supe que si quería escribir, tendría que ser sobre esto.

Háblanos de Crecida, el poemario que acabas de publicar, ¿cómo nace y cómo crece?

Crecida fue la construcción  y elaboración personal de una nueva identidad. Porque como digo en un verso “el puerperio es un exilio”. Desde el embarazo y durante los primeros años de mi hija escribí en las madrugadas, cuando todos dormían en la casa. Entonces recuperaba mi voz, mis brazos, mis pensamientos: partes que, durante el día, se fragmentan para otros. También en la ducha, mientras lavaba los platos o en las notas del celular.

Creo que algo de esa fragmentación se transmite en el poemario. Hay un lenguaje trastocado, plagado de preguntas. Es una escritura en los márgenes, en los huecos. Al comienzo eran escritos en diarios, un intento de asir en palabras esa experiencia intransferible. Bordeaba un agujero, un hueco imposible de nombrar con palabras exactas. Una escritura que se parece bastante a caminar a tientas en la oscuridad. Porque ¿quién puede prepararnos para eso que te deja abierta, desnuda a la intemperie?

Luego fue tomando forma de libro durante la pandemia, donde dispuse de más tiempo para ordenar lo escrito y trabajar los poemas de manera más minuciosa. Allí siguió creciendo, porque surgían nuevos poemas en el contexto de aislamiento. Así se transformó en un libro de 31 poemas que pueden leerse en un sentido cronológico, que va desde el embarazo, en 2015, hasta principios del año 2021.

¿Cómo crees que influye o va a influir en tu hija, como persona creciente,  el verte trabajar, recitar y tener tu libro en sus manos?

He sentido el peso de la culpa sobre mi espalda, he visto como la casa se viene abajo cuando me voy hacia adentro en el proceso creativo y me he preguntado muchas veces cómo conciliar, cómo hacer sin volverme loca, o de qué manera esto puede afectar a mi hija. Espero no me recrimine el tiempo que le he robado, que me vea como una persona que intentó hacer belleza del caos, que me vea desear otras cosas, que la empuje a jugársela por lo que quiere sin condicionarse por complacer a los demás. Ese es mi deseo, pero lo que se transmite es un misterio. No creo que se pueda tener control sobre ello.

En tu poesía hablas de la maternidad de una forma cruda, bella, a veces dolorosa, dejando una especie de calma y aprendizaje en las madres que te leemos ¿cómo te sientes después de haber escrito algo así?

Tengo la sensación de que aún faltan testimonios más honestos. Me gustan los relatos crudos, las madres “extremas” relatadas por Ariana Harwicz, Elena Ferrante, Paula Bomer o Natalia Ginzburg, entre otras. Porque, al fin y al cabo, nadie sabe qué fantasean o qué hacen las madres dentro de sus casas. Muchas escritoras como Sharon Olds han abierto camino para habilitarnos a decir con voz propia. Al leerlas me dije algo así como “ah, se puede escribir sobre esto”.

Me sorprende ver con cómo a partir de mi poesía, extraída de una experiencia personal, se puede configurar algo de lo universal. Me pregunté muchas veces, ¿a quién le puede interesar?. Sin embargo, me siento hermanada al recibir mensajes de lectoras que, en general, comentan sentirse “acompañadas” y “aliviadas”, que pueden encontrar refugio en esos versos, como lo fueron para mí. Con la publicación del libro me siento desnuda pero también menos sola. El poemario ha logrado ser parte de algo mucho más grande que tiene que ver con lo colectivo puesto en situación. Eso me sorprende y me llena de satisfacción.

Considero que cuanto más honestas somos con nosotras mismas, habilitamos más verdades a nuestro alrededor. Nos merecemos eso; movilizar discursos normativizados en relación al “deber ser” de las cosas. Algo que empuja desde la esfera privada e insiste en salir a la superficie.

¿Qué es, para ti, lo mejor y lo peor de la maternidad?

Lo peor y lo mejor son la misma cosa; dejar de ser el centro de tu vida. El ser responsable del cuidado de otro ser conlleva una demanda que puede ser insoportable pero que también puede ser un rescate, un empuje hacia la vida. Hay que ponerse de pie y seguir, no queda otra. La maternidad puede ser un lugar de resistencia. Y ese fue mi caso.

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CRECIDA, NANCY GIL

“Crecida tiene la potencia silenciosa e implacable de un iceberg. Sus poesías avanzan con un lenguaje certero para contarnos lo que muchas veces intuimos pero no siempre aceptamos: maternar es una experiencia demoledora, no queda nada en pie, todo debe ser reinventado. Quienes gestamos y criamos hijes entendemos que, por debajo de la superficie, lo que no se muestra insiste en ser contado. En la voz de Nancy encontramos un gesto valiente, una intención de verdad, una forma de decirnos amorosamente a todas”.

Reseña de Julieta Santos.

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