© Uge Rubio

LA PASIÓN POR EL MUNDO DEL PERFUME DE CLARA BUEDO

Escrito por:

Clara Buedo es una destacada editora y experta en belleza, reconocida por su trayectoria en revistas de alta gama como Harper’s Bazaar y L’Officiel. Ha colaborado en diversas publicaciones como Forbes, S Moda, Vanity Fair y Status. Además, es creadora de contenido sobre belleza y fragancias, asesora de perfumes y consultora de belleza. Clara dirige la plataforma digital Beauty Matters, dedicada a explorar la belleza desde una perspectiva innovadora y cultural, con un enfoque en la cultura olfativa y tendencias únicas en el cuidado personal​, y es miembro del jurado de la Prensa de los Premios Academia del Perfume.

Experta en el mundo de la perfumería, especialmente en la perfumería niche y artesanal, ha publicado recientemente su libro Historia del perfume. Relatos olfativos del pasado (Catarata, 2024) explora la evolución de las fragancias a lo largo de la historia, desde sus orígenes religiosos en civilizaciones antiguas hasta las fragancias de alta costura y las composiciones modernas. A lo largo de sus 270 páginas, Buedo aborda cómo el perfume ha estado ligado al poder, la medicina, y la espiritualidad en diversas culturas, destacando ejemplos como los aceites sagrados egipcios y las composiciones árabes e indias. Además, el libro explora el impacto de las moléculas sintéticas en el siglo XIX y su papel en la democratización de las fragancias.

¿De dónde viene tu pasión por el mundo de los aromas y los perfumes? ¿Qué te llevó a escribir sobre este tema tan específico y fascinante?

Pues te diría que se fue forjando sigilosamente. Mi pasión desde chica siempre fue la moda, pero cuando empecé a crear contenido en plataformas digitales, allá por el año 2005, siempre terminaba cubriendo moda y belleza. Probar texturas y oler fragancias me terminó obsesionando hasta el punto de aparcar la moda para centrarme al 100% en belleza. Recuerdo en una ocasión, visitando una tiendita que acaba de abrir en Madrid, de esas especiales que tenían en su portfolio marcas muy poco conocidas, me fui directa a una marca con un packaging muy especial. La caja de cartón negra estaba decorada con motivos dorados, las fases de la luna y algunas frases oníricas que revoloteaban por el contorno del envase. Tenía algo tan hipnótico que me sentí atraída hacia ella como un imán, y cuando la olí, ya no hubo marcha atrás… Se trataba de Evening Edged in Gold de Ineke San Francisco, un oriental refinado muy elegante con osmanto y canela que me volvió literalmente loca. Nunca antes había olido nada igual. Me pareció tan diferente a todo lo que había olido hasta el momento que sentí que se abría ante mí un inmenso universo por explorar. Necesitaba contarlo y traducirlo en palabras. ¿Cómo definir una obsesión olfativa? En aquella época no se estilaba mucho lo que hoy llamamos perfumes nicho, esa alternativa más artesanal a las fragancias masivas y despersonalizadas a las que la industria nos tenía acostumbrados. Mi primera toma de contacto con el fascinante mundo de la perfumería artesanal fue un poco más tarde, en 2011, cuando me invitaron a cubrir Pitti Fragranze (Florencia), la feria anual de la perfumería artística y de autor, como directora de belleza de la revista Harper’s Bazaar. Y desde entonces hasta hoy.

¿Dónde has encontrado más inspiración: en los ingredientes, en las personas, en los significados… ?

En fragancias, siempre me he movido mucho por la intuición. Me he sentido atraída por ciertos perfumes sin razón aparente que después nunca me defraudaron. Pero, a la hora de escribir, sin duda es el concepto o storytelling que hay detrás lo que te ayuda a “poetizar” o hacer más apetecibles las descripciones. Los ingredientes o las notas olfativas también son importantes. Desde muy jovencita empecé a practicar con aceites esenciales puros movida por las virtudes de la aromaterapia. Eso me ayudó mucho a conocer cada ingrediente de forma independiente y toda la riqueza de sus matices olfativos, algo que ayuda mucho a la hora de intentar transmitir la experiencia aromática de una fragancia. Muchas veces he tenido que escribir a ciegas porque no he podido oler antes el perfume, saber su composición me ayuda mucho a situarlo olfativamente y esas facetas que puede transmitir, si es más intenso por su profusión de ingredientes resinosos o amaderados o más sutil por la predominancia de cítricos o hierbas aromáticas.

Tu libro explora la evolución de las fragancias a lo largo de la historia. ¿Cuáles han sido los descubrimientos más sorprendentes que has encontrado en tu investigación?

¡Muchos! Desde ingredientes animales que desconocía, como la Onycha, el opérculo de un molusco incluido en el incienso sagrado cuya receta dio Jehová a Moisés, que también formó parte del nerikoh (una receta incensal el polvo amasada con la que se formaban pequeñas bolitas) de la antigua China (luego se perfeccionó en Japón), que disfrutaban los cortesanos reales de la época; y de las composiciones perfumadas en India, tanto en la etapa ayurvédica, más centrada en las virtudes terapéuticas de los ingredientes aromáticos (se decía que la onycha calmaba estados de excitación nerviosa, como la histeria), como en la era mogol, donde el attar fue el emperador de los perfumes, que recogió el nombre de Choya Nakh, una destilación única de estos opérculos marinos tostados en un gran recipiente de barro llamado “choya” que, posteriormente, se destilaba en puro sándalo, lo que daba como resultado un aceite rico de matices penetrantes, ahumados, oceánicos, musgosos, con facetas minerales y ambarinas.

También he entendido el importante valor terapéutico que tenía el perfume en la antigüedad. Prácticamente todos los ingredientes aromáticos utilizados tenían propiedades medicinales, desde los ingredientes animales como el almizcle o el ámbar gris (especialmente utilizados por sus virtudes afrodisíacas) a las especias o ciertas maderas aromáticas como el agar, venerada desde la China imperial hasta Arabia. Posiblemente de esta manera surgió el “perfume oral” o bebible. Los antiguos se dieron cuenta de que, ingiriendo determinadas sustancias, al cabo del tiempo serían emanadas por los poros de la piel, como si se cubriera el cuerpo con un manto fragante. En la antigua China, elaboraban unas píldoras desodorantes con diferentes especies (raíz de angélica, regaliz, melón de invierno…) machacadas y tamizadas hasta obtener un polvo fino que se debía ingerir varias veces al día, si se seguía la receta al pie de la letra, “Después de cinco días, la boca estará fragante; al cabo de diez días, el cuerpo estará perfumado; después de veinte días, la carne estará fragante; después de treinta días, los huesos estarán fragantes. Después de cincuenta días, se podrá sentir el perfume desde lejos; después de sesenta días, el perfume se percibirá a través de la ropa”. Del mismo modo en India, según el Sarangadhara Samhita –el epítome de los textos védicos medievales–, “Si se bebe con frecuencia un elixir con ingredientes aromáticos, por ejemplo, sándalo, cardamomo y vetiver, el cuerpo terminaría asumiendo la fragancia de la sustancia consumida, exhalando su aroma por cada poro de la piel”. Dicen que ese fue el secreto amatorio mejor guardado de Cleopatra que consiguió que su orina oliese a violetas por ingerir Pistacia terebinthus y bayas de enebro. Al parecer, cuando el cuerpo asimila y disecciona estas sustancias, las convierte en iononas, la molécula que da aroma al iris o la violeta. Según la aromaterapia, los aceites esenciales de terebinto y bayas de enebro son drenantes y desodorizantes de los emuntorios, por tanto se puede aceptar la veracidad de estos argumentos.

Pero también me llamó mucho la atención cómo las fórmulas perfumadas se convertían en “secretas” y se atesoraban en el seno de la familia, siendo transmitidas de generación en generación. Es lo que dio inmenso valor a las fórmulas incensales de la China imperial, las mezclas personales con las que las damas del Japón ancestral perfumaban las mangas de sus kimonos, pero también fue una costumbre árabe y emiratí que, además, estaba en manos de la matriarca de la casa. Mukhammariyyah fue una práctica tan compleja como su propio nombre que consistía en “fermentar” las composiciones perfumadas enterrándolas bajo tierra para que envejecieran durante unos 40 días. Eran compuestos muy especiales que se reservaban para ocasiones alegres, como bodas y otras celebraciones. La solían realizar las mujeres de la casa, las que realmente tenían la maestría de elaborar fragancias cuyas recetas se iban pasando entre generaciones. Así surgió la emiratí Tola, creada en 2010 por el perfumista Dhaher Bin Dhaher, que se inició en el arte del perfume gracias a su madre.

El perfume ha sido un símbolo de lujo y también una herramienta cotidiana a lo largo de la historia. ¿Cómo ha evolucionado su significado a lo largo del tiempo? ¿Qué papel juega en la actualidad?

El perfume ha tenido diversas funciones a lo largo de la Historia, comenzando por el culto u ofrenda a lo sagrado, fundamentalmente a base de mezclas incensales con resinas, el origen mismo del perfume (per-fumum, a través del humo); hasta recetas medicinales o elixires afrodisíacos. Es lo que predicaba el “Trivarga” ayurvédico, el triple objetivo del perfume: culto, poder y cama. Según fueron evolucionando las civilizaciones, el perfume, dado lo costoso de su manufactura, se convirtió en un símbolo de lujo y estatus. De poder. Solo los faraones del antiguo Egipto, o los reyes y emperadores de las culturas clásicas, tenían el privilegio de atesorar las composiciones perfumadas. El siglo XIX supuso un punto de inflexión en la perfumería debido a dos factores: el auge de la burguesía, esa clase media con poder adquisitivo que empezó a poblar las incipientes urbes y el advenimiento de la química moderna que abarató la producción de fragancias, haciendo posible que todo el mundo tuviese acceso a ellas. El siglo XX supuso un pulso entre masificación, mercantilidad y artesanía, y la fragancia se convirtió en una herramienta muy lucrativa del marketing. Creo que estamos en un punto muy interesante, donde marcas más pequeñas y artesanales están construyendo el perfil del nuevo consumidor. La demanda actual lo que busca es diferenciarse, construir olfativamente su individualidad, es la razón por la que marcas llamadas de forma genérica “nicho” están despuntando hasta desvirtuar el nicho en sí mismo obligando a las más artesanales a situarse bajo el paraguas de ultra nicho, el nicho del nicho. Hemos visto el enorme interés de las nuevas generaciones por el perfume, hasta el punto de generarse perfiles en redes sociales como los “nuevos gurús del olor” que muestran sus preferencias amateurs en canales como YouTube o TikTok. Eso está generando un frenético movimiento en torno al perfume, donde todo el mundo parece querer participar, obligando a los grandes emporios a gestar colecciones o creaciones menos masivas y más exclusivas para acaparar también esta cuota de mercado. Sin embargo, el perfume en la actualidad también está recuperando ese papel terapéutico donde la neurociencia está teniendo un labor fundamental, gestando perfumes funcionales capaces de transmutar las emociones o bajar el nivel de cortisol para controlar el estrés. La inteligencia artificial está acotando los “match”, es decir, sintetizar en unas pocas referencias los perfumes que nos son más afines, lo que redondea el concepto de personalización e individualidad.

¿Has encontrado alguna civilización o época histórica que haya tenido una relación particular o que te haya sorprendido más en relación con el mundo del perfume?

Sin duda India y Arabia. Ambas concebían el perfume como una parte más del deleite vital. No solo para rendir culto a lo sagrado y servir como remedio terapéutico –que también–, sino para reforzar el hedonismo, desde ofrecer perfume como un gesto de hospitalidad a los invitados, a “adornar” cada momento de la vida con elementos perfumados, como las coronas o los collares florales, muy habituales en India, una demostración muy sensorial de perfume visual.

¿Qué diferencia a un gran perfume de un perfume común? ¿Qué elementos hacen que una fragancia destaque?

Es una pregunta interesante. Digamos que las composiciones más masivas están compuestas de notas sintéticas, son más asequibles y más accesibles para todos los públicos, pero su evolución no tiene magia. Es decir, un buen perfume (y ¡ojo!, no quiero decir que muchos perfumes mainstream sean malos) suele formularse con una combinación de ingredientes naturales (son más imprevisibles en su desarrollo, evolución y secado, ofreciendo un abanico aromático mucho más diverso, más amplio), con moléculas de síntesis de última generación. Es sorprendente lo que se está evolucionando en este sentido. Hoy en día muchas moléculas de síntesis no solo son más sostenibles y ecológicas, sino que nos ofrecen facetas olfativas únicas, inéditas. Más el arte del nariz en la composición, hacen que muchos perfumes sean experiencias olfativas que van mucho más allá de simplemente oler bien. Para que una fragancia destaque debe tener un buen sillage (la estela que deja a su paso), lo suficientemente presente como para ser percibida pero lo necesariamente sutil como para no abrumar. Conseguir eso es un verdadero “arte”. Hoy en día en el ámbito artístico o de autor se cuestiona mucho la longevidad o durabilidad del jugo. Es decir, si barajamos opciones que andan entre los 150-300 eur, por tanto, queremos que duren, que duren mucho. Sin embargo, muchas de las nuevas creaciones que he podido experimentar en la última edición de Pitti Fragranze, la feria anual de la perfumería artística o de autor, eran casi efímeras, sutiles, livianas, evanescentes… Y eso también es un punto a valorar, un arte efímero capaz de deleitarte tan solo unos pocos minutos… Muchas marcas lo están solucionando con concentraciones más elevadas de materia aromática para intentar así prolongar su longevidad, eso sí, a un precio más alto.

Si pudieras elegir un perfume o nota olfativa que te represente, ¿cuál sería? ¿Por qué?

No puedo encorsetarme. Soy una amante del buen olor (y muy promiscua en cuanto a marcas), lo necesito siempre presente en mi vida. No solo colecciono un sinfín de perfumes, muchos de ellos no los llevaría en mi piel, simplemente los vaporizo en el ambiente y me deleito con su olor, sino que también me hago mis propias mezclas aromaterapéuticas con tinturas y aceites esenciales puros, me ayudan a concentrarme cuando escribo. Pero podría decir que la familia oriental (hoy ambarada o ambarina) sin duda es la que más me atrae y representa, así como el sándalo, el olíbano o cualquier tipo de resina (me apasionan todas, tienen esos matices atávicos que te conectan con la antigüedad) el ylang-ylang, el jazmín o las especias como canela, haba tonka o vainilla. Cada vez descubro nuevos aromas, mis últimas adquisiciones con la Ocotea (Ocotea Quixos), también llamada “falsa canela” por su aroma similar, utilizada históricamente en rituales tradicionales amazónicos para limpiar el cuerpo y el espíritu; o el piri-piri, una raíz también oriunda del Amazonas, que los indígenas utilizaban en elixires afrodisíacos y marcas como Perfumera Curandera también incluye en sus perfumes botánicos. En honor a la verdad, siempre me han atraído estos aromas por su cualidad “caliente”, una acepción muy ayurvédica, que te arropan y calman, pero también que tuviesen alguna cualidad espiritual (Piscis).

Conociendo la historia del perfume, ¿qué auguras para su futuro? ¿Crees que la innovación o la sostenibilidad marcarán la diferencia?

Ambos son sin duda dos de los factores más importantes de la nueva perfumería. Por supuesto la sostenibilidad y gestos ecológicos que no lleven a la extinción ingredientes aromáticos tan importantes como el sándalo Mysore (India) o la madera de Agar (el codiciado oud), de hecho, ambos en la actualidad son cultivos protegidos y controlados gubernamentalmente. Siempre ha habido esa polémica entre qué es mejor o más sostenible” si los ingredientes naturales o sintéticos. Hoy, gracias a la investigación y la innovación tecnológica, se están consiguiendo moléculas aromáticas realmente interesantes que, incluso, van más allá del abanico olfativo de muchos ingredientes naturales nos pueden ofrecer. Se están explorando otros ingredientes, como los de la huerta: coliflor, espárragos o cebolla, para añadir nuevos elementos a la paleta del perfumista. Con el arsenal de nuevos perfumes y marcas que se estrenan cada día, parece imposible que algo nos pueda sorprender, pero sí, la innovación y exploración en nuevos procedimientos e ingredientes están obrando la magia. La perfumería es un ente vivo en constante evolución que siempre nos sorprenderá con creaciones insólitas, pero recuerda: la piel es el ingrediente secreto de cualquier fórmula perfumada, algo que siempre hará única a cualquier creación.

 

clara buedo

 

Desde el rey Salomón a Luis XV, perfumarse ha sido esencial, consustancial al ser humano, bien como símbolo de poder y estatus, bien como medicina o afrodisiaco, más allá de sus connotaciones religiosas. Es complejo datar su origen, pero sí se puede deducir su función principal: el culto. El buen olor siempre ha sido lo opuesto al hedor propio de la muerte y la enfermedad. La combustión del incienso o sahumerio, perfume primitivo por excelencia, embajador de la fe, ubicuo y transcultural, demarcaba el espacio sagrado generando una atmósfera emotiva que invitaba a elevarse más allá de la conciencia para comunicarse con lo divino. Desde el sintoísmo al budismo, del hinduismo al islam, esa inmanencia espiritual siempre fue definida por la fragancia. Esta obra pretende surcar la historia analizando diferentes culturas para desenmarañar sus raíces perfumadas, desde los óleos sagrados egipcios y las hedónicas composiciones árabes e indias hasta las primeras moléculas de síntesis del XIX que impulsaron la democratización del perfume, para eclosionar en el XX, cuando la moda se alió a la fragancia “de autor” para sellar su compromiso imperecedero.

Escrito por:

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.

Relacionados

VICTORIA GABALDÓN

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.
Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

Revista en papel

Noticias más leídas