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(c) Pascal Ito

LAURENT PETITMANGIN: «QUISE SABER SI LOS HIJOS PODÍAN DECEPCIONAR»

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Esta es la historia de un padre y sus dos hijos adolescentes. Transcurre en la Lorena francesa y se inicia con la pérdida por enfermedad de la mujer del padre y madre de los hijos. El padre es un trabajador de izquierdas tirando, como puede, de un carro que circula por el camino empedrado de la pérdida y el duelo, de la crianza en soledad y la tirantez de la relación con los hijos adolescentes. El hijo mayor, de repente, comienza a frecuentar nuevas amistades relacionadas con la extrema derecha. A raíz de esta completa situación, la acción transcurre rápidamente. En este libro pasan muchas cosas. También se piensan muchas cosas. Y, cuando termina, las preguntas no están resueltas. No cierras las páginas de Lo que falta de noche y pasas a otra cosa, no. No es eso lo que pasa con este libro. Laurent Petitmangin (Metz, 1965) no solo nos ofrece una lectura, sino una reflexión constante y, en cierto modo, algo perturbadora. Y hasta aquí podemos leer.

Y es que antes de ser escritor, Laurent Petitmangin era (y sigue siendo) directivo de Air France. Directivos que escriben puede haber muchos, claro. Pero que consigan el favor de la crítica cosechando varios premios literarios en Francia con su novela debut, no hay tantos. Hemos querido saber cómo Petitmangin concibió e hizo realidad el sueño de ser escritor y hemos tenido la oportunidad de preguntarte en una amena charla ocurrida hace pocos días.

Una de las cosas que sabemos de usted, nada más empezar, es que es un directivo de Air France. De repente, ha escrito este libro. Quería saber cómo ha sido su primera experiencia literaria, cuándo decidió ser escritor y qué ha pasado antes hasta llegar aquí.

Un compañero de trabajo de Air France, un día, decidió dejar de viajar en coche al trabajo y tomar el tren. Me dijo: «la ventaja del tren es que puedo escribir, estoy escribiendo una novela». Me enseñó el cuaderno en el que escribía. Unos meses después, me regaló su novela autopublicada. Leí su libro y pensé que escribir era posible. Me dio la sensación de que yo también podía hacerlo. A partir de ahí, comencé a escribir.

¿Qué satisfacciones, además de los premios literarios, le ha traído esta primera novela? 

Para mí, publicar una novela era un reto, en primer lugar.  Voy a cumplir 56 años, no tengo tantos años por delante para poder escribir y hay una historia detrás sobre ganar algo de tiempo: quería escribir y tenía que ir rápido. Publicar este libro me ha dado algo de alivio. En mi familia siguen sin considerarme un escritor: para ellos, sigo siendo un directivo de Air France. No han integrado todavía esta faceta mía. Yo también he tenido dificultades para integrarlo. A medida que uno ve el libro en las librerías, empieza a leer opiniones en la prensa y hacer entrevistas, se da cuenta de que va haciendo caminito como escritor. Como proceso es interesante ver qué sucede, la gente comienza a mirarte de otro modo durante este proceso. Esto me ha divertido, incluso. Tengo que decir que todavía no está toda la batalla ganada: aún no he conseguido convencer a mi familia de que yo soy un «verdadero escritor».

¿Cómo eligió la historia que nos cuenta en Lo que falta de noche?

Quería tratar el tema de la decepción: la decepción que sienten los padres respecto a sus hijos. Quería saber si era posible, si podía ocurrir eso y, si ocurría, qué forma podía adoptar. Ese fue el germen del libro: saber si un padre podía sentirse decepcionado, si los hijos podían decepcionar. 

Hay un personaje en la novela que es la región de Lorena, el territorio en el que se desarrolla la acción. ¿Cuáles son las características de este territorio? ¿Qué tiene de peculiar?

Lorena es la región en la que viví mis primeros 20 años, la conozco bien y me gusta. Me gusta volver a ella de vez en cuando. Es una región interesante porque esconde muchas contradicciones. Desde el punto de vista económico ha funcionado bien pero también ha tenido sus altibajos: es una región que se ha reinventado varias veces, es una región cíclica —no es la única en Francia—. También es un territorio acogedor, que recibe muy bien. Hay muchos trabajadores extranjeros, sobre todo italianos, polacos y, recientemente, han llegado muchos desde el Magreb. La integración ha sido exitosa, aun siendo poco sencilla.  Hay que decir, también, que hay una parte de extrema derecha y que es una región que está encerrándose en sí misma. Es un territorio que se hace eco de sus contradicciones.

La polarización política parece ser la tendencia de moda. Usted la ha trasladado al día a día de una familia en un momento de extrema fragilidad. ¿Cree que es posible templar ánimos y conceder algún tipo de cesión para evitar la crispación en ambos contextos?

Creo que es cierto lo que comentas, pero el padre está formado en la vieja escuela, de una forma muy tradicional, tiene esquemas de pensamiento muy consolidados que son casi imposibles de mover: toda su vida ha sido construida a partir de cosas muy dictadas, muy encuadradas y establecidas. El padre no conoce las concesiones en ese sentido. Su funcionamiento le impide comprender qué quiere decir «concesión», no tiene esa plasticidad mental por así decirlo, para poder aceptar lo que le ocurre. El hecho de que su hijo pueda tener ideas de extrema derecha es inaceptable. El padre no logra comprender, ni siquiera tratar de comprender qué ha pasado, que realmente su hijo no es que solo piense desde la extrema derecha sino que existen otros matices.

Podríamos imaginar que con más diálogo, las cosas no hubieran llegado al punto que alcanzan en la novela. Pero el padre no tiene esa perspectiva, no es capaz de adoptar ese ángulo. No creo que haya recetas para estas situaciones. Quizá sí haya una cosa que también me interesaba tratar en el libro: mostrar que, a veces, las cosas nunca son irremediables del todo.

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laurent petitmangin

LO QUE FALTA DE NOCHE, LAURENT PETITMANGIN

El hombre que narra esta historia perdió a su mujer y ha criado a sus dos hijos lo mejor que ha podido. Son dos chavales buenos y educados que quieren a su padre tanto como él a ellos, aunque no lo expresen a menudo. Comparten la afición por el futbol, los recuerdos sobre su madre y el orgullo humilde de clase trabajadora. Hasta que de repente el mayor habla cada vez menos, se aleja de su padre y empieza a codearse con jóvenes de extrema derecha.

Con la sensibilidad frágil y profundamente humana de quién no tiene herramientas para expresar cómo se siente, asistimos al relato de un amor imperfecto entre un hijo y un padre que no sabe cómo evitar que su chico se llene de odio. ¿Por qué alguien con la vida por estrenar puede contener tanta furia? ¿El amor de un padre puede perdonarlo todo?

Esta historia inolvidable se hace las preguntas adecuadas, las que más duelen y las que escapan a una respuesta fácil. Seleccionada como el mejor libro del año por los estudiantes franceses, resuena con fuerza en un mundo estupefacto ante el auge del odio y la incomprensión.

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