Lola Bordar guisar amar

LOLA. BORDAR, GUISAR, AMAR

La realidad Maternidad

Lola. Bordar, guisar, amar. Si crees en los ángeles, probablemente reconozcas a Lola Beneyto entre uno de ellos. Lola es de esa clase de personas que se ríe con los ojos, además de con la boca. Incansable, inagotable, con su sempiterno collar de perlas -herencia de su abuela-, se dedica a dar de comer con amor y buenos alimentos a quien se acerque a visitarla en su Lugarcito de Noviciado, en el barrio de Conde Duque de Madrid.

Ha sido niña, niña prodigio televisiva, jovencita díscola, experta en decoración, hija y madre de Nico (17), bordando todos sus papeles. Porque además, Lola borda.

¿Quién da más (amor)? ¿Quién?

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FEMINISMO SOY YO

Feminismo soy yo. Somos todas. Llevo escuchando hablar de feminismo desde que tengo uso de razón. Mi madre era la que trabajaba y mi padre estaba en casa haciendo la comida. Para mí es mi sangre, no es nada nuevo.

Es mi sangre y es la sangre de mi hijo. En mi casa no se habla de feminismo porque forma parte de la esencia de mi familia. Tengo un hermano que se fue a Costa Rica porque en mi casa eran demasiado feministas. Se fue a que le hicieran el zumo de naranja por la mañana. A encontrar una mujer a la antigua usanza.

Todo lo que está surgiendo alrededor del feminismo me crea ideas contrapuestas. Por un lado me parece ridículo que tengamos que estar haciendo esto. Mi hijo Nico por ejemplo se ofende con sus compañeras porque el feminismo es casi violento. Se quiere ir el 8 de marzo a la manifestación y sus compañeras no quieren que vayan hombres. La lucha tiene que ser de todos: no solo de las mujeres. No me siento representada porque creo que debe ser algo más terrenal, menos a gritos. Tiene que calar de abajo para arriba. Menos pezón y más gestionar hogares.

Es igualdad, es democracia… yo no me siento diferente a un hombre. No he pensado que tenga menos derechos, menos deberes. Me han educado así. Y nunca me he sentido tratada diferente. Posiblemente por mi venda, porque no considero que piensen que soy menos por ser mujer. Creo que su educación posiblemente no les deja ver. Pero no solo con las mujeres: también con los negros, con los judíos, con los gitanos, con Torremolinos…

VIVIR EN IGUALDAD SENTIMENTAL

He sido madre sola hasta los 10 años de Nico. Mi padre se fue cuando yo tenía 4 meses. Lo conocí con 18 años, nos frecuentamos durante un año y ya no lo he vuelto a ver. Y vivía a cuatro manzanas de mi casa. Eso se te queda dentro. Parte de mis problemas con los hombres es que yo vivo con el abandono perenne. No vivo en igualdad sentimental. Eso es mi lastre, una situación concreta.

Como he sufrido tanto la ausencia de un padre, tomé la decisión de separarme del padre de Nico. El padre de Nico no estaba educado para la separación. Para él fue un fracaso y no entendió lo que pasó. Creo que todos tenemos muchas oportunidades. Cuando apareció de nuevo, nunca le guardé rencor. Me costó mucho dejar de ser sola. Socialmente eres una madre soltera, ya estás etiquetada y con eso pululas por la vida. Cuando el padre me arrancó esa etiqueta que a mí me venía muy bien, me costó dejar de ser madre sola para ser Lola, para no tener una etiqueta. Para reubicar la situación. Me arruiné, fue como un bombazo.

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MI TRABAJO ANTES DE SER MADRE

Antes de ser madre trabajé de cocinera. Dejé de trabajar como cocinera porque era inviable a la vez que mi maternidad. El problema de ser madre sola, de cargar con todos los gastos y con la crianza, es que yo tenía que generar dos sueldos. Empecé a hacer cosas por las noches, por ejemplo, caterings para un rodaje. Hacía la compra tras salir de la tienda donde trabajaba, atendía a Nico y, cuando se iba a dormir, hacía comida para 40 personas. A las 7 de la mañana la recogían, se la llevaban y me iba a la tienda otra vez.

Me ha afectado ser madre soltera, más que madre. Me he dejado ayudar mucho menos de lo que debería haberme dejado ayudar. No sabes muy bien por dónde te pueden ayudar. Es expresar que no puedes con todo y uno de los grandes errores de las mujeres es que pensamos que podemos con todo. Y nadie puede con todo. Porque tu autoexigencia te genera ataques de ansiedad. Eres encantadora, tienes una sonrisa, no lloras, tiras hacia adelante. Eres autónoma: aunque te rompas un tobillo, vas a recoger a tu hijo en muletas. Es una locura cómo nos hemos cargado emocional y físicamente, qué poco nos queremos en el fondo.

PEDIR AYUDA

Yo me rompí un día por dentro. El padre de Nico me propuso la custodia compartida. Yo soy partidaria. Pero en mi caso concreto, cuando llevas 10 años cargando tu sola con un niño, piensas que bien, pero quería hacerlo a lo largo de dos años, gradualmente. También le pedí que fuésemos a un psicólogo infantil (escogido por él) y consultar mi propuesta. El psicólogo pensó que estaba OK. Pero me arruiné, me cortaban la luz cada tres meses. Mi padre (el marido de mi madre, el que ha ejercido toda la vida) había ido a recoger a Nico al colegio, con 38.5 de fiebre y sin luz, volvimos a casa de mi madre.

Al día siguiente, mi madre me llevó a hacer la compra y me preguntó por qué no le había pedido lo que necesitaba. Le dije que no quería estar pidiéndole todo el día: no tenía para la compra, no tenía para yogures.
Recuerdo estar en el coche con ella, romper a llorar con una nube negra que sale de tu boca, una sensación visceral. Mi madre se quería morir al darse cuenta de lo que yo estaba pasando. Paramos el coche, lloramos las dos y mi madre me dijo que debía comenzar a construir para no perderme. Ahí aprendí a pedir algo de ayuda.

CLASES DE FRACASO

Nadie te da clases de maternidad. Nadie te da clases de fracaso. Cuando te separas, el fracaso en nuestra sociedad es mucho más femenino que masculino. Todas las mañanas tienes que demostrar el triple porque vivimos en una sociedad muy de puertas hacia afuera. Ser madre soltera, joven, en esta sociedad y con ganas de disfrutar igual que un hombre, de tomarte una cerveza, igual que un hombre, salir a dar una vuelta… Si tengo un mes de vacaciones, quizá quiero 15 para mí sola. No quiero irme todo el rato con mi hijo porque no puedo más. Necesito parar. Dejar de tener responsabilidades un ratito.

MI HIJO ME SALVÓ LA VIDA

Nico tiene 16 años. Antes de ser madre, aborté 3 veces. Aborté porque no sabía lo que estaba haciendo con mi vida. Me quedé embarazada con 17 años porque a mí nadie me explicó lo que era el sexo ni lo que era quererme.

¿Sabía que quería ser madre? No. Creo que en el fondo sí debía haber un ruido… Tomaba la píldora pero vomitaba por ansiedad y me quedé embarazada por cuarta vez. No fue por inconsciencia. Miré al padre de mi hijo y le dije: “mira, puedes hacer lo que quieras, compañero del metal, pero yo no puedo abortar una cuarta vez. No tengo la cabeza para ello. Llevo viviendo sola desde los 19 años y me siento capacitada para tirar con este niño. Si quieres apuntarte al carro, me parece fenomenal y, si no, ya vemos la manera.”

A mí, mi hijo me salvó la vida. Yo estaría debajo de un puente, literalmente. Hizo que fuese consciente de mí. Yo era una suicida sentimental, que te puede llevar a un suicidio físico porque no respetas tu cuerpo. Abortar 3 veces es no respetar tu cuerpo. No por el hecho de abortar, sino porque estás pasando por el quirófano gratuitamente, pudiendo no hacerlo. Pudiendo decirle a un tío “ponte un condón”. No sabes cómo decirle a un tío que se ponga un condón porque lo que tienes es miedo de que se vaya. Pero eres tú la que se queda embarazada y te vas a un hospital a que te hagan un legrado. Eso es tener un problemón.

Nico me unió al mundo, me puso en la tierra. Mi hijo va a estar rodeada de chicas que han abortado o que van a abortar y creo que es mejor normalizarlo en casa.

LO QUE ME ENSEÑÓ MI MADRE

De niña a adolescente pegué un cambiazo bestial. Mi madre me decía que aprendiese a estar sola. Que estar sola está muy bien. Aprender a estar en tu casa, sola, y estar bien. Mi madre me habla de mujer a mujer, no habla mucho pero ha demostrado tanto con su ejemplo…

En la crianza, me enseñó que a los niños hay que tenerlos joven e inconsciente. Tu hijo es tu acompañante en la vida, no es tu vida. Porque un día se van. Y tú tienes que seguir funcionando, y tienes derecho a ser persona además de madre. Eso siempre lo ha hecho. Yo he visto muy poco a mi madre porque ha trabajado como una burra. Del mismo modo que mi hermano la ha echado mucho de menos y ha exigido como hombre que su madre estuviera en casa, a mí me dejaba con la portera, con amigos…

Me ha enseñado a ser segunda, a no llamar la atención. A no colgarte el sambenito de ser el centro de atención todo el rato, sino a ser eficaz, eficiente, bueno en lo tuyo, no exponerte. De hecho ha sufrido mucho porque yo he trabajado en la tele.

LOLA EN LA TELE

Mi madre se separó cuando nosotros éramos muy chiquitines y tenía un ambiente social muy divertido: la Movida, los artistas… era una mujer guapísima, culta. Nos utilizaban a mi hermano y a mi de modelos. Toda la vida he estado delante de las cámaras.

Con 15 años estaba en Jácara, fui a un casting a acompañar a un chico que me gustaba y me eligieron a mí (Ponte las Pilas, con Dani Martín y Arancha de Benito). Debo ser buena comunicadora. Eso me creó muchos problemas con mi hermano. Porque pasé de ser la hermana de Yago a ser él el hermano de Lola. De los 15 a los 18 años. Pura adolescencia. Eso que mi madre me dijo: «tienes media de 8.5. Como bajes un ápice tu media, te vas de Televisión Española». Trabajaba, estudiaba, salía, hacía… Acabé la Selectividad con una media de 8.3.

Estudié Historia del Arte porque quería ser artista, pero como me cuesta ser el centro de atención, pensé estudiar a los artistas iba a ser parecido.

A los 6 meses de trabajar en la tele, me fui a trabajar a un museo: el guardarropa del Museo Thyssen. No acabé la carrera porque no me gustó el ambiente. No tenía vocación, no he tenido vocaciones. Yo soy tabernera. Me gusta mucho la cocina.

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EL GERMEN DEL LUGARCITO

Mi madre hace poco, en una conversación, me dio la vuelta a la vida como un calcetín. Fue en septiembre, vuelta del verano, balance de cierre en la tienda, dineros… Me dijo: “Lola, tengo 64 años, me voy a jubilar ya, no quiero más meses de septiembre como este en los días de mi vida y creo que ya has hecho lo que tenías que hacer por todos nosotros. Tú tienes 43 años, estás sana, estás feliz, da gusto estar contigo… ahora haz lo que quieres hacer. Sé torera de verdad. Deja esto. Monta tu casa de comidas. Es lo que te gusta. No conozco a nadie que cocine para 200 personas gratuitamente un fin de semana entero y vuelva el lunes a la tienda con una sonrisa de oreja a oreja después de haberse pegado la paliza de su vida y sin haber ganado un euro. Y si ganabas algo, comprabas una botella de mezcal para tomarla con Ajo. Disfruta de esto, saca esa energía. Busca socios, hazlo”.

TENER UNA VOCACIÓN

Me da la sensación de que la vida nos está dando una segunda oportunidad a las madres jóvenes (considerando que ser madre joven ahora es tener hijos antes de los treinta). Nos estamos dando la oportunidad de personas que somos. Porque la maternidad no nos ha impedido, hemos dejado de hacer una serie de cosas, pero nos ha enseñado a ser como somos ahora. Nos hemos quitado el trabajo gordo antes y ahora te puedes permitir el lujo, con una madurez sana, porque estás fuerte, porque has hecho mucho menos el cafre y ahora es cuando nos toca. Y ahora puedo mirarme a mí. Y tener una vocación.

ME CAE MUY BIEN MI HIJO

La adolescencia de Nico no me da miedo. Mi hijo es francamente fácil para convivir. Dialogamos mucho. Yo no tengo manada, somos dos. Hablamos mucho porque no hay otra persona con la que hablar. Yo no me dedico a nadie más en mi casa: o me dedico a mi hijo o estoy sola. Está muy involucrado en mi vida. Me dijo: “mamá, estoy leyendo a Freud y estoy un poco asustado porque no sé cómo matarte. Porque me caes muy bien. Y tus amigos también”.
No censuro. No le digo que no se drogue. Le compro Drogadictos y le cuento lo que pasa. Toca el bajo, la guitarra, hace magia, graba cortos con sus amigos, planta árboles con su tío Beltrán para repoblar, va a las manifestaciones feministas… Tiene una sensibilidad especial. ¿Que hará el cafre? Pues lo hará. Pero no me da miedo. Ya está armado con 16 años, Simplemente es un chaval mayor. A veces se calla. Yo le digo: “¿Qué? ¿Ya estamos introspectivos? ¿Cómo se llama?”.

Nico forma parte de la nueva generación de hombres. Es una maravilla. Es responsable pero no es repelente, es coqueto… Gana su dinero con sus actuaciones de magia, usa ese dinero para arreglar su guitarra. Somos un equipo. Me cae muy bien mi hijo. Me gusta mucho cuando se va a casa de su padre, también.

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