NO HAY MATRONAS

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Estamos ante una crisis nacional de suma importancia que debería ocupar desde hace meses las portadas de todos los periódicos, las cabeceras de los telediarios, ser fuente de debate, asunto de tod@s, prioridad en los juzgados y en la agenda política actual: No hay matronas. Los hospitales y centros sanitarios están en alerta por esta situación. ¿Cómo es posible, no solo que esto suceda sino que no trascienda ni tenga repercusión informativa ni política? Sin duda, casos como este nos alertan de que aún queda mucho en la lucha para que los cuidados se coloquen en el centro y demuestra que la situación de la mujer y su salud en este país continúa ocupando un segundo o tercer plano, lejos de ser un tema principal.

Sin matronas nos quedamos sin partos seguros, sanos y placenteros. Ellas se encargan, ni más ni menos, de estar ahí a la hora de traer a nuestras criaturas al mundo, asegurándose de que todo va bien, apoyándonos y asesorándonos en nuestras lactancias, siendo sostén en nuestros embarazos y postpartos. Una sociedad que no cuida lo materno, su dimensión fisiológica y emocional, que no es consciente de la relevancia que esto tiene a nivel político, económico y cultural está podrida desde su estructura misma. Pero es obvio que las prioridades son otras. Nuestro deber como mujeres, profesionales y madres es ayudar a arrojar algo de luz a este suceso, mostrar nuestro rechazo e indignación e informar de lo ocurrido con la mayor veracidad, es decir, escuchando a las protagonistas. Reunimos a las matronas Laia Casadelvall, Nazareth Olivera Belart, Elena Rivilla y Rosa María Sánchez de Om Matronas, Ana Belén Lara de Matrona Namaste, Paloma Alonso, Raquel Ortega Pineda, a las responsables de la Asociación de Matronas de Madrid (AMM) y a la ginecóloga y obstetra Vanesa Ruiz para construir, entre todas, un relato esclarecedor, un alegato, una denuncia, un grito necesario ante esta situación que a tanto nos afecta.

Comencemos con los datos: Tal y como señala la Asociación de Matronas de Madrid (AMM), en España “la evolución del número de matronas a lo largo de los años ha ido disminuyendo. En los países de la OCDE la media era del 69,8 por 100.000 mujeres en el 2009 y en esa misma fecha en España estaba en menos de la mitad, situándose en el 31,6 por 100.000 mujeres. Los años posteriores la situación ha ido empeorando de forma progresiva y en el año 2014 era ya de sólo 24,2 por 100.000 mujeres. En 2017, de 22,9 matronas cada 100.000. Respecto al número de matronas por cada 1000 habitantes, la media de la OCDE se sitúa en 0,34 mientras que en España la ratio de 0,13 matronas por cada 1000 habitantes sitúa a nuestro país en el territorio con la cifra más baja de matronas por densidad de población de todos los países estudiados”. Existen algunas provincias, como Almería, donde solo hay 4 matronas, negando la oportunidad a su población de recibir la asistencia adecuada en materia de salud sexual y reproductiva. Si a esto le sumamos, tal  y como nos cuentan Rosa y Elena de Om Matronas que, debido a la pandemia, en el año 2020 fue necesario suspender temporalmente la formación de residentes de matronas, la promoción que habría podido terminar este junio e incorporarse a trabajar en realidad no terminará hasta septiembre, por lo que nos encontramos sin matronas para cubrir el verano, no solo en Atención Primaria sino en los paritorios de nuestros hospitales. Pero lo peor está por llegar, porque en el periodo comprendido entre 1987 y 1994 no hubo formación de matronas hasta que se estableció el actual modelo de residencia que cumplía los requisitos formativos de Europa. Esto significa que poco a poco vamos a ver cómo se jubilan las matronas formadas antes del 87 sin que se haya garantizado el reemplazo de matronas suficiente para cubrir esos puestos. Raquel Ortega reivindica que “es vital conseguir una buena cobertura en caso de ausencia por vacaciones, permisos etc., ya que en un porcentaje muy alto de ocasiones no nos suplen, lo que implica una sobrecarga en la agenda de antes y después, con la consiguiente demora y repercusión en la calidad prestada a la mujer y familia  y en nuestra propia salud”. Y entendemos la tristeza e impotencia de Nazareth Olivera al asegurar que “esta situación se conocía, no ha sido algo inesperado. Sin embargo, en ningún momento se organizó un plan de contingencia para salvar el verano. No ha habido pronunciamientos oficiales. Ni por parte de Sanidad, ni Secretarías de Salud”.  En lo que respecta a la Atención Primaria, Paloma Alonso comenta que “es una pena que, estando bien formadas para realizar otras actividades como talleres de educación para la salud de las mujeres en la etapa de climaterio o charlas de sexualidad en institutos, en muchos casos resulte imposible poder abarcar estas tareas, ya que las agendas están más que completas y con mucha demora —en mi caso, de más de 6 semanas—, así que quedamos relegadas, únicamente, a cribado citológico y atención a la gestante”.

Todo esto hace que una profesión tan puramente vocacional como esta, se convierta en tedio y fuente de insatisfacción para las profesionales.  Nazareth asegura que “a las matronas se les ofrecen muchos contratos basura. En hospitales de gestión privada por ejemplo, el Estado ahorra y la empresa privada gana. Mientras se encarece la vida, siguen pagando muy por debajo del salario normal de matrona, aun dando servicio a la sanidad publica”. Raquel subraya que, a nivel profesional, “esta falta de recursos implica una reducción de la motivación por seguir con ciertas actividades que durante años he desarrollado, como ser la responsable de lactancia en mi centro, impartir sesiones al equipo dentro del plan formativo, formar parte del equipo de trabajo de obstetricia y ginecología primaria-especializada, colaborar en la docencia de residentes de matrona y también de residentes médic@s de ginecología y obstetricia u organizar jornadas para profesionales de paternidad corresponsable, entre otras actividades”. Así mismo, Paloma  asegura sentirse ofendida y degradada desde que se materializó la bajada salarial: “Nos hemos tenido que apretar el cinturón y me planteo que, si las cosas no se solucionan, es posible que tenga que pedir, con todo el dolor de mi corazón, el reingreso a mi plaza de enfermera ya que ganaría más de enfermera rasa que de enfermera especializada gracias al Plan de Mejora”.

Nos gustaría aclarar llegado a este punto, que el hecho de que se trate de una profesión vocacional en muchos casos, no es justificación ninguna para el maltrato y la explotación laboral. La vocación en los cuidados, especialmente cuando viene de lo femenino, se ha ligado al servicio caritativo y gratuito, a la falta de remuneración y reconocimiento. Ser matrona es una profesión como cualquier otra, no un acto de caridad. Este aspecto subraya una vez más el carácter machista de esta situación.

Las consecuencias de la bajada salarial y la falta de medidas frente a la falta de puestos y recursos supone, como dice Ana Belén Lara, “llegar a situaciones en que se nos repliega solo a los paritorios, dejando desprovistos otros servicios como la Atención Primaria, fundamental en la prevención y el desarrollo de un embarazo saludable y el cuidado de las mujeres, de manera que otras profesiones ven ese vacío y aprovechan la situación para ocupar un lugar que pertenece a las matronas, con el consiguiente perjuicio que eso ocasiona a las propias mujeres, pues no reciben el cuidado especializado que caracteriza a nuestra profesión. Somos las expertas en la salud sexual y reproductiva de la mujer durante toda su ciclo vital y nos vemos relegadas de todo ese maravilloso campo de actuación”. Así, Om Matronas insisten en que “las matronas estamos perfecta y específicamente capacitadas para acompañar la fisiología femenina. Conocemos la normalidad y evidencia detrás de cada proceso y nos dejamos la piel en cada guardia para que la mujer se sienta cuidada, escuchada y su vivencia esté llena de confianza y seguridad. Las enfermeras generalistas no están especializadas y bajo ningún concepto pueden sustituirnos y asumir nuestras competencias profesionales”. 

Vanesa Ruiz, como ginecóloga que entiende el valor primordial de las matronas, alerta: “es probable que todo esto derive en el cese o reducción de ciertas prestaciones como las consultas de seguimiento de embarazo y lactancia así como el aumento del intervencionismo en los partos, perdiendo recursos que se estaban ganando como  la imposibilidad de usar bañeras de parto —en las que se requiere una única matrona acompañando a esa mujer—. Incluso en el peor de los casos, es posible que determinados hospitales tengan que derivar a gestantes de parto a otros centros porque no tengan personal que los pueda atender”.

Cuando preguntamos acerca de las principales reivindicaciones y las medidas necesarias para que la situación mejore, Laia Casadelvall lo tiene claro: “Necesitamos una carrera propia, que salgan más matronas y mejor preparadas para ejercer todas nuestras competencias profesionales además de colegio propio que defienda nuestras condiciones laborales, nuestra autonomía y nuestros derechos. Urge  aumentar la ratio de matronas para poder ofrecer una matrona para cada mujer en el parto y así conseguir continuidad de cuidados y poder garantizar diferentes opciones de parto y nacimiento —unidades lideradas por matronas, casas de parto, centros de nacimiento, parto en casa público— que ahora no son posibles por este déficit”. Así, la AMM considera de vital importancia mejorar la visibilización de la función de la matrona a la sociedad a través de herramientas como la regulación de la oferta de empleo público mediante el uso de la bolsa de matronas de una forma clara y transparente o la equiparación del reconocimiento económico de los profesionales en las diferentes comunidades autónomas. En resumen, “las matronas queremos llevar a cabo todas las competencias que nos son propias y que actualmente o no se realizan o son llevadas a cabo por profesionales no cualificados”, pide la Asociación.

Paloma insiste: “Somos una profesión muy minoritaria, sin fuerza en las mesas sectoriales. No tenemos un sindicato con suficiente representación, por lo que muchas matronas nos terminamos afiliando a SATSE, sindicato de enfermería que nos defiende pero bien poco, porque al final la mayoría de sus afiliados son enfermeras”.  Ana no entiende como el estado no se da cuenta de que “invertir en matronas es  invertir en la salud de las mujeres y sus procesos. Ellas saben que es necesario encontrar un equilibrio a la excesiva medicalización a los que han sido sometidos los partos en los últimos años. Sencillamente, creo que podemos contribuir a hacer el mundo un poco mejor”.  Insiste en que uno de los factores que han acentuado la crisis es el hecho de que es una profesión eminentemente femenina y como tal se ha visto silenciada durante años y desmerecida por un modelo paternalista y medicocentrista. En esta línea, Rosa y Elena apuntan que esto no deja de poner de manifiesto la violencia de género que subyace en un país desarrollado como el nuestro, donde no interesa nada promocionar y poner en valor la única profesión que se dedica a cuidar específicamente de la salud sexual y reproductiva de la Mujer. En los países en los que las matronas son reconocidas como profesional de gran autonomía y se permite el desarrollo de sus múltiples competencias, se invierte en su formación y en su proyección profesional; hay diferencias abismales en cuanto a educación sexual, autoconocimiento del ciclo femenino, atención del parto en casa dentro del sistema nacional de salud, seguimiento puerperal en domicilio e inexistencia de violencia obstétrica.

Y no se nos ocurren palabras más adecuadas para cerrar que esa frase de Nazareth para el artículo recientemente publicado en el blog de la plataforma El Parto es Nuestro: “la autonomía de las matronas va fuertemente ligada a la autonomía de las mujeres” y la reflexión de Laia denunciando que “en España, las mujeres no somos prioridad: De hecho, nuestra libertad y derechos dan miedo al sistema. No interesa invertir en matronas, no interesa invertir en las madres. Y esto es un error grave, porque de la salud de las madres depende la salud del futuro de la humanidad”.

Desde MaMagazine queremos agradecer el trabajo de las matronas, su dedicación, pasión y ganas de mejorar. Creemos que es vital entender estos sucesos como señales de alarma para despertar del sueño y darnos cuenta de que esta sociedad en la que vivimos necesita revisarse, comprender que los parámetros sobre los que establece sus prioridades están profundamente equivocados. Ojalá este debate coja fuerza y ninguna ya nos conformemos; en la salud  y el placer de nuestros cuerpos y los de nuestr@s hij@s está la base. Sin el respeto y el cuidado de lo materno nos encontramos ante un país a la deriva, sumido en la ignorancia y la mediocridad.

Han intervenido:

Laia Casadelvall, @laiacasadelvall_matrona, matrona, asesora de lactancia, docente, divulgadora, activista y madre.

Nazareth Olivera Belart, @comadronaenlaola, matrona en paritorio desde 2017, IBCLC, divulgadora y madre de tres. 

Elena Rivilla y Rosa María Sánchez, @om.matronas, equipo formado por Elena y Rosa, matronas, asesoras de lactancia e instructoras de yoga, prestando un servicio integral de acompañamiento a la mujer, tanto a nivel hospitalario como en un centro privado de atención integral a la mujer.

Ana Belén Lara, @matronanamaste, matrona en atención hospitalaria desde 2017, compatibiliza su labor en paritorio como matrona autónoma y profesora de yoga prenatal.

Vanesa Ruiz, @ginehealthy, especialista en ginecología y obstetricia y divulgadora.

Asociación de Matronas de Madrid (AMM), @asociaciondematronasmadrid, encargada de representar y defender los intereses de las matronas asociadas y velar por el prestigio profesional.

Paloma Alonso, matrona de un centro de salud de Atención Primaria de la Comunidad de Madrid y madre de dos hijos.

Raquel Ortega Pineda, trabajó como matrona en paritorio de 2000 a 2007. Actualmente es matrona de Atención Primaria en un Centro de Salud de Torrejón de Ardoz, Madrid.

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Un comentario

  1. No puede estar mejor explicado. Gracias compañeras!!!! Soy matrona; trabajé como enfermera de cuidados intensivos 11 años , tras opositar y hacer especialidad ( 2 años) trabajé 18 años en paritorio y actualmente llevo 3 años en Atención Primaria.
    La ilusión por mi trabajo de cada día no me la quitan, pero sí, me encuentro cada día más cansada por el maltrato recibido en nuestra profesión y eso me apena.

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VICTORIA GABALDÓN

“Mi experiencia se remonta a los años 80, cuando mis padres adivinaron que las letras y yo teníamos buena química y me apuntaron a un curso de mecanografía. Más tarde, estudié Periodismo y seguí escribiendo. Trabajé en una discográfica y seguí escribiendo. Trabajé en una agencia de marketing y seguí escribiendo. Trabajé en varias revistas y grupos editoriales, en eventos y publicidad, y seguí escribiendo. Bajo pseudónimo, pero seguí escribiendo. Soy madre de dos criaturas, Darío y Julieta. Y sigo escribiendo. En un año y medio online, al frente de MaMagazine, he escrito más de 400 artículos, he hecho más de 200 entrevistas y sigo sumando. En esta aventura no estoy sola: me acompañan poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad”.

Escritora, actriz y madre. Forma parte del grupo de arte sonoro OVERture junto al músico y compositor José Pablo Polo. Ha sido recientemente galardonada con el XXI Premio Nicolás del Hierro de Poesía y sus poemas aparecen en diversas publicaciones con frecuencia. Esperamos su primer poemario en 2021.

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