(c) Pablo Coronado

SOCORRO GIMÉNEZ: «CASA ES UN ESPACIO ANÍMICO DONDE NO HAY DESOLACIÓN, SINO PERTENENCIA»

Bienestar Para leer

La primera vez que escuché hablar de Socorro Giménez (Mendoza, Argentina, 1973) fue en la presentación de la nueva temporada de Caballo de Troya con Jonás Trueba como editor invitado. Decía, entonces, que los libros que iba a publicar eran «historias que ensanchan el alma» y debo decir, después de leer un par de estos títulos, que la definición viene como anillo al dedo. La que ha compuesto Socorro Giménez se llama Casa se busca y es su primer libro publicado.

Socorro nació y creció al pie de la Cordillera de los Andes, se licenció en Filosofía en la Universidad Nacional de Cuyo y después se trasladó a Barcelona. Allí vivió seis años trabajando como camarera, lectora y correctora para diversas editoriales y en una productora de exposiciones de arte, mientras hacía un posgrado en Estética en la Universidad de Barcelona.

Casa se busca no es una historia al uso: es una historia hecha de retazos, de canciones de distintos estilos. De ratos en un día, de momentos en una vida. De poemas, epístolas, conversaciones y prosas. En Casa se busca hay un chino de la esquina, hay un alma activa, hay viajes en taxi, acciones erotizantes y mucho más. Todas las piezas tienen entidad por sí mismas, pero juntas forman un autorretrato emocional y visceral único.

Hablamos con Socorro para saber quién es, qué busca y qué ha encontrado tras la publicación Casa se busca:

¿Dónde está tu casa?

En este momento no tengo casa. No deja de ser gracioso que el libro se publicara precisamente cuando tuve que dejar el departamento que alquilaba en Buenos Aires (una vez más). Ahora estoy viviendo temporalmente en Mendoza, donde viven mis padres, con quienes vine a estar en estos días tan raros y difíciles. En Argentina estamos atravesando la segunda ola de la pandemia, que está siendo muy dura y, como en todo el mundo, lo que predomina es la incertidumbre. 

¿Casa es un lugar o algo más?

Las dos cosas. El título del libro, que surge del de uno de los poemas incluidos en él, tiene ese modo impersonal que suele utilizarse en los anuncios inmobiliarios en parte porque alude a ese tipo de búsquedas, es decir, la búsqueda de un lugar donde vivir. Pero para eso podría decirse también “Busco casa”, y creo que la expresión “Casa se busca” puede leerse además como la afirmación de que eso que llamamos “casa”, por ejemplo cuando decimos cosas como “me siento en casa”, es algo que se busca. En esta acepción, la casa es algo más que un lugar: es un espacio anímico, íntimo y quizá solitario, pero donde no hay desolación sino pertenencia, lazo con el mundo. Es un refugio de sentido, aunque ese sentido pueda ser (o sea siempre) inestable y precario.

¿Cuál es el germen de este libro? ¿Cómo fue el proceso de creación?

La verdad es que aquí no hubo un momento en el que yo me propusiera “escribir un libro”, así que es difícil decir cuál fue el germen. A lo largo de varios años de vivir en Buenos Aires fui escribiendo impresiones, pequeñas crónicas, poemas, y algunas otras piezas que no sabría bien cómo definir, como las “sesiones” psicoanalíticas o esas especies de instrucciones para performances que son las “acciones erotizantes”. En 2020 decidí reunir una selección, y las ordené de tal modo que me pareció que componían una cierta forma de narración, me pareció que resultaban en algo que tenía una integridad, y que por tanto quizá pudiera ser un libro.

¿Existe un objetivo o un por qué?

Bueno, es una pregunta grande, o más bien dos, de esas que los filósofos llevan siglos haciéndose e intentando responder. La del objetivo apunta a la finalidad, y la del por qué a la causa. Y no sé bien si me la haces en general, es decir, como pregunta existencial, o en relación a Casa se busca. Para cualquiera de los dos casos (y de las dos preguntas) me declaro incompetente para responder, como no sea con pequeños apuntes como los que aparecen diseminados en el libro. Justo esas dos preguntas, que son las preguntas acerca del comienzo y del final, son las que nos dejan a la intemperie. Y entonces lo que podría decir, apenas, es: no queda otra que buscar casa. 

¿Te gusta viajar en taxi? Este vehículo se convierte en un lugar del que arrancar historias…

Me gusta mucho viajar en taxi, y qué elocuente que uses el verbo “arrancar”. Así le decimos en Argentina a poner un auto en marcha. Hay algo por sí mismo narrativo en los transportes, en los vehículos. El cine lo sabe bien. Me gustan todos. Arman un tiempo suspendido que permite la fluctuación del pensamiento y al mismo tiempo la observación (al interior y por la ventanilla) de cosas que van pasando. Los taxis son un modo privilegiado de transporte porque es caro, pero muchas veces los tomo y les he dado un lugar importante en el libro (aunque también aparecen el autobús y el trolebús) porque me permitían incorporar diálogos. Los taxistas de Buenos Aires son muy conversadores y los hay de todo tipo. Al principio me defendía de ellos, intentaba blindarme, pero resultaba casi imposible y poco a poco descubrí que era mejor abrirse a esas conversaciones, escuchar, preguntar. Cuando no salís algo maltrecha, lo que, a decir verdad, ocurre mucho, te encontrás con sorpresas que te regalan casi el día entero. A veces suceden las dos cosas a la vez. Sus voces dan en buena medida el pulso de la ciudad, sus contrastes.

Es la primera vez que había oído hablar de ti, a raíz de la llegada de tu libro a España. Grosso modo, ¿quién es Socorro Giménez y cómo ha llegado hasta este precioso libro amarillo?

El camino hasta este precioso libro amarillo canarito cantor se lo debo a tantos que sería imposible contarlo. Por empezar por alguna parte, a esos taxistas. Y ese ejemplo ramificaría hacia atrás y adelante hasta el paisaje de la infancia, la familia, los amores, los amigos, los libros, los maestros, un montón de plantas… Es imposible decirlo en términos biográficos. Pero hablamos de un libro, y yo escribo desde niña. Ahora tuve la buena fortuna de que buenos amigos lectores me indicaran un puerto posible para esto que yo traía, y de que a Caballo de Troya, y más concretamente al oído de Jonás Trueba, le interesara. 

Este libro, si no me equivoco, se publica primero en España. ¿Qué significa para ti o cómo te sientes con esta peculiaridad?

Me siento muy dichosa, porque fui muy feliz durante los seis años que viví en Barcelona y la vida que tuve allí no es solo un recuerdo para mí. Conservo lazos profundos con España, fundamentalmente a través de mis amigos, y creo que hay algo de cierta mirada extrañada que todavía tengo sobre Buenos Aires que curiosamente me mantiene muy cerca de ellos. Aunque sea argentina, nunca termino de ser porteña. Además, me siento muy honrada de que el libro salga de la mano de Jonás y en este sello, que tiene características muy especiales desde que lo fundó Constantino Bértolo. Por supuesto, me gustaría mucho que se editara y se pudiera leer también en Argentina. 

En tu libro conviven varios géneros literarios. ¿Tienes preferencia por alguno de ellos sobre los otros? ¿Cómo conviven entre ellos en tus momentos de creación?

En los momentos de escritura no conviven. Cuando escribo un poema no pienso en ninguna otra cosa, y lo mismo sucede si anoto una entrada en un diario o si escribo algo que se parece a una crónica, es decir, si trato de contar algo que presencié. Median días, meses, entre unos y otros. Después ha resultado (oh sorpresa) que vuelvo y vuelvo sobre las mismas cosas. Es un misterio para mí por qué a veces esa “pobre antena”, como decía Charly García, ese receptor, elabora y traduce de distintas maneras lo que capta. Y en este libro, aunque los géneros o las formas varíen, la unidad se dio a partir de la perspectiva de un mismo yo poético. 

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socorro giménez

CASA SE BUSCA, SOCORRO GIMÉNEZ

«A veces me agarra una voluntad destructiva de objetos. La llamo así porque llamarla torpeza es humillante e inexacto y prefiero llamarla voluntad aunque no la comprenda, aunque este impulso no sea asimilable a la intención ni a la consciencia. Es algo más que una torpeza. Vuelco agua y me resbalo en el suelo mojado, tiro el vino sobre la computadora y el parlante, rompo los libros cuando quiero mostrarlos, mancho con aceite la camisa nueva y le echo mal la sal, como si no importara. Quiero arreglar la canilla que gotea y armo una inundación. Golpeo la ventana que no cierra hasta descoyuntarla. Me impacientan las cosas que asumo que debieran ser transparentes, funcionales, y sin embargo fallan. Es una especie de impaciencia platónica, una furia ante el cuerpo, la consideración de la materia como una resistencia, un obstáculo. Como si no supiera ya que es la materia el instrumento vibratorio, es la materia lo que permite que haya música. Como si todavía creyera en una música celeste».

3 thoughts on “SOCORRO GIMÉNEZ: «CASA ES UN ESPACIO ANÍMICO DONDE NO HAY DESOLACIÓN, SINO PERTENENCIA»

  1. Muy buena la entrevista. Socorro es clara, concisa y con sus interesantes respuestas crea una expectativa, un deseo irrefrenable de leer sus historias…Su pluma ágil y fresca es la cara visible de la profundidad de sus conceptos. Me muero por leerlo!! Felicitaciones Socorro!!

    1. Me gusto mucho Socorro .
      Sus respuestas son salidas de un interior profundo y meditado. No hay fisuras y si muchas “puertas abiertas” q nos dejan pensando.
      Me gustaría mucho leerlo.
      FELICITACIONES. Es un gran logro para tu hija y para Uds.

  2. Socorro, mi inolvidable amiga siempre fue una persona maravillosa, clara, alegre , sencible y de lazos permanentes …muero x leer su libro

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