(c) Florence Montmare

THEODOR KALLIFATIDES, HIJO

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Victoria Gabaldón
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¿Cuántos libros y cuántos discos compraste por la portada? Yo, muchos. Y no siempre el contenido ha estado a la altura de la creatividad que lo envolvía. No es el caso de Madres e hijos, un precioso diario de viaje, de vida, firmado por Theodor Kallifatides.

Theodor nació en Mololai (Grecia) en 1938 y emigró a Suecia en 1964. Fue allí donde consolidó su carrera como escritor y, a día de hoy, cuenta en su haber con más de 40 obras literarias de varios estilos —ficción, poesía y ensayo—. En Estocolmo formó su familia y allí sigue viviendo. Pero hace ya algunos años, cuando contaba con 68, visitó a su madre —que seguía viviendo en Atenas— durante una semana, conscientes ambos de que quizá ese fuera uno de sus últimos encuentros. Cuenta Theodor en su libro que su padre le entregó un texto en el que narraba la historia de su familia. Theodor comenzó a traducirlo al sueco pensando en un futuro en el que sus nietos podrían leerlo, mientras esperaba el avión que le llevaría a reunirse con su madre en Atenas. A partir de ahí, el libro se estructura en siete capítulos, que corresponden a los siete días que Theodor compartió con Antonia, su madre, dando resultado a un precioso homenaje cargado de amor, nostalgia, hechos históricos y recuerdos. El autor lo escribió con la compañía de las Sinfonías de Hamburgo, compuestas por Carl Philipp Emanuel Bach —hijo de J. S. Bach— y reconoce que este libro hubiera sido distinto si no hubiera sido por la música que acompañó su escritura. No diremos nada más: Madres e hijos es uno de esos libros a los que hay que llegar lo menos contaminado posible, sin resúmenes, solo con el corazón. Como cuando compras un disco por la portada.

Hemos querido saber más sobre la relación de Theodor con su familia, con su país de origen y con su amor por la escritura y te ofrecemos estas preciosas letras, llegadas desde el frío norte de Europa para darnos calor de hogar. Un hogar que no es el nuestro, pero que alguien compartió con nosotros con generosidad y belleza. El hogar de Theodor Kallifatides no es un lugar. No es solo un lugar.

¿»Madre» significa «hogar»? ¿Qué significa «padre»?

Sí, «hogar» es «madre». Lo delicioso de la vida, el calor y la suavidad, el amor y la devoción sin límites es la madre. El padre es la obligación de ser un ser humano descendiente.

¿Cómo es escribir en dos idiomas diferentes? ¿Qué ocurrió con su sueco para abandonarlo y comenzar a escribir en griego?

Si todo va bien los dos idiomas se ayudan el uno al otro, se enriquecen mutuamente. Mi principio básico es que no hay texto que no pueda ser mejor. En esa búsqueda me ayuda tener dos lenguas distintas con las que poder trabajar. Pero, por supuesto, cuando escribo en sueco soy más bien sueco y más bien griego cuando escribo en griego. Este libro no es exactamente el mismo en los dos idiomas.

¿Qué recuerdos llevaba con usted antes de viajar a Atenas esa semana? ¿Ganó nuevos recuerdos? ¿Perdió otros, quizás, cuando se dio cuenta de que las cosas no eran como usted las recordaba?

Oh, tenía toda clase de recuerdos de mi infancia en el pueblo y más tarde de los años que pasé en Atenas. Recordaba personas y lugares, éxitos y decepciones. Tenía 25 años cuando dejé Grecia, así que tenía una vida que recordar y cuando descubrí que algunos de mis recuerdos no eran verdaderos me constó aceptarlo.

Por otro lado, el tiempo ha pasado y las cosas son diferentes. Vi una ciudad nueva, nueva pobreza y nueva riqueza. Lo esencial es que nunca puedes volver a lo que dejaste años atrás, es una nueva emigración dentro de ti.

¿A qué edad sintió por primera vez la necesidad de escribir?

Tenía 5 años cuando, en 1943, fui testigo de la ejecución de un campesino a manos de los alemanes. Era obligatorio estar ahí. Mi padre estaba en prisión. Mis dos hermanos mayores estaban escondidos. Así que mi madre me agarró de la mano y fuimos juntos al lugar de la ejecución. El hombre que iba a ser ejecutado no quería que le vendaran los ojos. Nos miró fijamente y, cuando cayó, encontré su mirada. Esa misma tarde no salí a jugar, sino que me quedé en casa y escribí algo. Sabía leer y escribir. Mi padre era maestro y mis hermanos mayores me enseñaron a leer y escribir cuando no me utilizaban como pelota. No sé por qué reaccioné así, pero sentí que escribir era lo único que podía hacer. Y entonces seguí adelante. Cada vez que la vida era demasiado, me sentaba a escribir. He vivido mi vida escribiendo.

¿Qué echa de menos de su Grecia natal?

Principalmente, mi juventud. Mi Grecia no está ahí y yo no soy el joven que era. Mi madre solía decir que éramos pobres pero que teníamos nuestra dignidad intacta. Ahora, la nueva pobreza no tiene piedad y la nueva riqueza es vulgar. Grecia todavía está en mi corazón y el idioma griego es mi latido.

«El futuro era la mayor preocupación de mi padre. Mi madre prefería volver al pasado». ¿Qué prefiere usted?

Definitivamente, el pasado. Es lo que me hace escribir. Pero, al mismo tiempo, siempre he estado involucrado en política. Lo considero una obligación. El pasado es mi problema, el futuro es nuestro problema. Quiero vivir como uno entre muchos. Quiero trabajar por la libertad y la justicia para todos los seres humanos. Y también quiero escribir sobre los preciosos ojos de mi madre.

¿Cómo es su familia hoy?

Tenemos una vida normal. Mi mujer y yo llevamos viviendo justos desde 1969. Tenemos dos hijos muy agradables y tres nietos incluso más agradables que sus padres, Dios los bendiga.

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theodor kallifatides

MADRES E HIJOS, THEODOR KALLIFATIDES

A los sesenta y ocho años, Theodor Kallifatides, exiliado en Suecia desde hace más de cuatro décadas, visita a su madre de noventa y dos, que sigue residiendo en Atenas. Ambos saben que puede ser uno de sus últimos encuentros. Durante la semana que pasan juntos, recuerdan lo que ha sido lo más importante en sus vidas con una presencia decisiva del padre, de quien Theodor está leyendo el recuento escrito que este le ha dejado de lo que ha sido su difícil existencia, desde sus orígenes como exiliado griego en Turquía, pasando por sus meses en una prisión de los nazis y su pasión por el oficio de maestro. Se desvelan así los orígenes de una familia que atraviesa el siglo xx. Pero el libro es sobre todo un maravilloso homenaje al amor de una madre, a la que Kallifatides sabe encarnar en estas páginas de forma inolvidable, a la vez que logra transmitir una verdad universal sobre la importancia de esa figura en nuestras vidas.

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