hombre detrás del padre
© Georgette Pavanati

DESCUBRIR AL HOMBRE DETRÁS DEL PADRE

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No sabía gran cosa sobre él. Aparte de que cuando somos jóvenes nos limitamos a constatar que nuestros padres existen, y no nos interesamos mucho por ellos, mi padre y yo habíamos vivido en casas diferentes durante más de veinte años, y en algunos períodos de duración variable no nos habíamos hablado o nos habíamos visto muy poco. Teníamos, como suele decirse, una relación difícil.

 

Llegué a la obra de Marta Barone (Torino, 1987) tras la pérdida de mis padres, que ha ocurrido recientemente y en un corto periodo de tiempo entre ambos. Uno de los sentimientos que me invade con cierta frecuencia es la tristeza ante la imposibilidad de saber más de ellos, por todas las cosas que nunca les podré preguntar y que, quizá, nunca podré descubrir. Se abre, para mí, un tiempo para la investigación, para la imaginación y para la melancolía. Este hecho me hizo pensar en que necesitamos cierta madurez para quitar a nuestros padres y madres el barniz que oculta que, además de nuestros progenitores, eran personas con sueños, incongruencias, fallas, secretos y mentiras, por qué no. ¿O es que nosotros no somos así también?

Quizá Marta pensó lo mismo cuando se lanzó a escribir esta historia: quiso arrebatar capas a esa figura paterna y, al tirar del hilo, en un magistral ejercicio de investigación periodística, descubrió que su padre había terminado en la cárcel por motivos que nunca le fueron claramente explicados a ella. Según él, acabó entre rejas por haber sido acusado injustamente de terrorista después de haber asistido, como médico, a un militante del Frente. Nació así Ciudad sumergida, primera novela de Marta (que también traduce y escribe libros infantiles) en la que ha ejercido una maestría admirable al narrar la historia del hombre que se ocultaba detrás de su padre, una historia que tiene poco de convencional. Tal maestría y destreza en una primera novela le han hecho ganar el premio Elio Vittorini y ser finalista de los premios Strega Cittá de Moncalieri y Severino Cesari.

En las páginas de Ciudad sumergida no solo se encuentran las trazas de una compleja relación familiar: es realmente admirable cómo Marta aprovecha esta circunstancia para, con la ciudad de Turín como escenario principal, hacernos partícipes del desolador clima político de la ciudad en los años 70, cuando L.B. (su padre) era joven. A base de documentos oficiales y testimonios directos, Marta consigue, con su escritura, sacar a la superficie no solo la memoria de su padre, sino también la ciudad inmersa, hundida.

Entrevistamos a Marta para saber cuándo comenzamos a interesarnos por las personas detrás de la etiqueta de «padres» o «madres» y el significado de todo este aprendizaje y proceso para ella. Gracias a su generosidad, además, te ofrecemos algunas imágenes de su archivo personal con sus propios comentarios, que hacen que difícilmente podamos ya desprendernos este relato que es, a la vez, tan individual como colectivo.

¿Por qué decidiste dar forma a esta historia? ¿Qué ha significado para ti?

Decidí escribirla cuando me di cuenta de que las cosas que estaba descubriendo sobre el pasado de mi padre me revelaban a una persona desconocida a la que quería investigar a través de la escritura y sobre la que quería hablar. En el libro digo que escribí por un «acto de interés por él». Por primera vez, en fin, a medida que descubría un hecho nuevo o tenía que enfrentarme a una laguna, me interesaba por él, por el chico, por L.B., en todas sus múltiples formas y en la forma única pero fragmentaria que lo resume. Eso es lo que significó para mí escribir esta historia, y de la manera que elegí hacerlo: por primera vez vi a mi padre, lo miré con verdadera atención. Por lo tanto, significó, en cierto modo, romper el silencio (que por desgracia nunca se llenará realmente) que existía entre nosotros.

En el libro escribes: “No sabía gran cosa sobre él. Aparte de que cuando somos jóvenes nos limitamos a constatar que nuestros padres existen, y no nos interesamos mucho por ellos…” ¿En qué momento comenzamos a interesarnos por la personalidad y la vida de nuestros padres? ¿En qué momento les quitamos esa etiqueta de padres y los reconocemos como personas?

No sé, supongo que depende de cada individuo, de las heridas que lleve encima, de su actitud hacia los demás. Hay personas que nunca lo hacen. Recuerdo una frase de Experiencia  de Martin Amis que decía que sólo consiguió hablar de verdad con su padre cuando cumplió los treinta años; antes había sido imposible por muchas razones. El envejecimiento de uno y la maduración del otro les había llevado, por fin, a comunicarse de verdad. Pero cada historia es única. A veces nos vemos obligados a hablar con los fantasmas, o decidimos darles la espalda.

De la investigación sobre la figura del trabajo de tu padre, ¿qué es lo que más ha llamado tu atención?

Seguramente, el crimen en Via Artisti, del que fue testigo impotente. Por muchas razones, ese acontecimiento y lo que descubrí que dejó en él reescribieron toda nuestra historia: empecé a entender muchas cosas de él que antes no había comprendido ni aceptado. Y la imagen del niño corriendo descalzo en la noche de Navidad en busca de ayuda en una ciudad desierta me ha perseguido durante años, todavía me persigue.

¿Y qué es lo que más recuerdas de tu padre, como padre?

Mi padre era alegre, ruidoso, poco atento e irritable. Derrochaba toda su innegable bondad con las personas a las que atendía como educador, en la comunidad primero y como psicólogo de adolescentes después, pero tenía serias dificultades para gestionar las relaciones con quienes le rodeaban. Era torpe, a menudo decía cosas equivocadas, huía, evitaba la responsabilidad. Me quería mucho pero no era capaz de ser padre. Al mismo tiempo, compartimos momentos de gran felicidad: el amor por la mitología griega cuando era niño y, sobre todo, el amor por el mar. Nadar juntos durante largas horas nos unía, el mar llenaba los vacíos, sustituía todas las palabras que no podíamos decirnos.

Antes de Ciudad Sumergida, escribiste cuentos para niños. ¿Qué es más fácil para ti, escribir para niños o para adultos?

Son lenguajes distintos, que tienen exigencias diferentes. Ciudad Sumergida  fue un libro especialmente difícil de escribir porque me costó varios años de investigación, pensar mucho en qué forma darle y trabajar mucho el lenguaje. Pero al mismo tiempo, en la ficción infantil, la construcción de una trama y unos personajes convincentes, con caracteres fuertes y una historia interesante, requiere un trabajo similar sobre el lenguaje y la forma. Y para ambos, sólo hay una manera de encontrar tu voz, y la adecuada para el tipo de libro que quieres escribir: leer mucho y, sobre todo, leer bien.

¿QUIERES SABER MÁS? MARTA BARONE NOS ABRE SU ÁLBUM PERSONAL

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LA INTERNACIONAL

Esta es una foto realmente maravillosa que un amigo suyo me envió después de leer el libro. Hacía más de treinta años que no se veían, pero todavía recordaba con cariño a L. B.

Es una fiesta con amigos en un chalet que él estaba pintando (eran los años en los que trabajaba como pintor, pintor de paredes) junto con otros trabajos extraños para sobrevivir. Podría ser 1972. Estoy bastante segura de que estaban cantando La Internacional.

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SU JUVENTUD

Esta es una foto de mi padre cuando tenía entre 18 y 20 años, en la década de los 60.

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ANTES DE SU DETENCIÓN

Esta es una foto de mi padre a los 36 años, en 1980 o 1981, justo antes de ser detenido. Me encanta.

MANIFESTACIÓN

Otra de mis favoritas: un fotograma del documental Sin pedir permiso que muestra la alegría y la no-violencia de aquella manifestación.

UN RECUERDO

Esta imagen representa fielmente el espíritu de los pocos momentos felices que me quedaban con mi padre. Debía tener unos doce o trece años y él estaba en sus cincuenta.

CIUDAD SUMERGIDA

El joven corre bajo la lluvia, descalzo, cubierto de una sangre que no es suya. Llamémoslo L.B. y acerquémonos a él a través de los acontecimientos que le condujeron a esa noche. Nos guía la voz de una joven fuerte, solitaria, apasionada por la literatura, y esta novela es el recuerdo y la crónica de cómo se enfrentó a la muerte de su padre, lo que quedó del vínculo con él, y al descubrimiento tardío del caso judicial que le llevó a prisión. ¿Quién era L.B., ese médico de la clase trabajadora que estaba del lado de los perdedores, que siempre intentaba salvar a alguien, que fue condenado por colaboración con banda armada? ¿Por qué nunca quiso hablar del pasado? Testimonios, archivos y carpetas, recuerdos y revelaciones componen el retrato de una persona complicada y contradictoria que vivió una época complicada y contradictoria. Turín es el telón de fondo de la lucha política diaria y de la violencia que destruyó el sueño de un mundo nuevo, dejando un legado de desilusión y ruina. Esta novela, la revelación literaria del año en Italia, es la historia de un hombre, de su entorno y sus afiliaciones, es su vida visitada con amor y pudor por una hija, Marta Barone, para quien el mundo se mide y construye a través de la palabra leída y escrita.

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