Tú quizá no lo sabes, pero lo que quieres, en el fondo, es ser una Juana. Por una vez, tomo la actitud de los “machitos” que creen que saben mejor que tú lo que tú misma quieres y te digo: es esto. Es ser una Juana. Tú lo que quieres es ser una Juana. Y sobreponerte a todas las adversidades y ser valorada y reconocida por quien tú misma eres, sin importar que seas “la hija de”, “la esposa de” o “la madre de”. Quieres decidir por ti misma quién quieres ser. Y lograrlo. Y que cuatrocientos años después se siga diciendo tu nombre, que sirva de ejemplo. Da igual que no tengas ese deseo de trascendencia, esa ansia de pasar a la posteridad, porque seguro que un deseo de vivir tu vida a tu manera sí.

Es el ejemplo de Juana Millán, la primera mujer que utilizó su nombre propio para firmar como responsable de la impresión de un libro en España. En pleno siglo XVI, cuando las pocas mujeres que llevaban negocios aparecían como “las hijas de”, “las viudas de” o “las herederas de”, ella escribió su nombre y apellido, desmarcándose de la tutela que ejercían los hombres en la vida y la economía de las mujeres. Viuda en tres ocasiones, Juana Millán fue una mujer emprendedora capaz de llevar adelante dos negocios —una imprenta y una librería— sin tener la habilidad de escribir. ¿Alguien más en la sala que mantenga bien a raya al síndrome de la impostora?  

De eso es de lo que se encarga la Escuela de Emprendedoras Juana Millán. De impulsar una economía con nombre propio. De acompañar, impulsar y formar a las mujeres para que sus talentos brillen y puedan vivir de ello.  Y lo hacen gratis, en este mundo en el que parece que lo que no se paga no tiene valor, porque defienden la educación como servicio público y gratuito. Porque creen en la necesidad de no sobrecargar la inversión inicial que ya de por sí tiene un negocio.

Pero vivimos en este mundo, en el que las cosas se pagan con dinero y el compromiso cuesta dinero (o tiempo, que es dinero), así que han lanzado una campaña para hacerse Amiga de la Escuela, y no depender tanto de la financiación pública. «No queremos que las mujeres paguen por la formación. Pero después, si tu proyecto está consolidado, si en algo a ti te ha ayudado la Escuela, que sepas que hay una manera de que puedas contribuir a que otras mujeres se beneficien también», explica Sandra Salsón, una de las coordinadoras de la Escuela. «Es una donación a una asociación, una suscripción a una causa en la que crees. Porque al final los proyectos en los que creo, quiero que permanezcan».

 

Servicio público comunitario 

Lo que quieren es que cualquier persona que concuerde con los valores de la escuela, o las antiguas alumnas a las que ya les vaya bien y tengan un emprendimiento consolidado, puedan ayudar a futuras Juanas. 

«Es un modelo de servicio público comunitario o cooperativo que es más común en otros países, pero que también tiene ejemplos en España, como la gestión del agua en algunos territorios de Andalucía», apunta Salsón. La idea es diversificar las fuentes de financiación para no depender tanto de las subvenciones de los gobiernos de turno, «porque todo lo que tiene que ver con las mujeres se convierte en territorio de disputa, se cuestiona, aunque también contamos con financiación del fondo social europeo, que son menos volubles porque es una apuesta estratégica, y que llegan a través de un organismo intermediario que es privado, el CEPES». Así, las amigas de la Escuela pueden ser Juanitas, Juanas, Super Juanas o Juanas Máximas, dependiendo de la contribución que puedan aportar, y ya sean personas físicas o jurídicas. Para particulares, esa horquilla oscila entre los 30 y los 120 euros anuales y para empresas, entre los 50 y los 1000 euros al año.  Se puede pagar mensualmente, incluso: cualquier persona puede ayudar a que florezcan los proyectos de la economía social y solidaria por menos de lo que cuesta un desayuno en el bar de la esquina: desde 2,50 euros al mes. 

 

Humanizar el mundo de los negocios

«Nuestro propósito es que todas podamos sentirnos cómodas e incluidas dentro del entorno empresarial. Entre otras cosas, apostamos por un lenguaje no agresivo y un modelo de liderazgo que prioriza la colaboración sobre la competitividad, cultivamos la escucha sin juicio, así como el respeto por los ritmos y espacios de cada una. Al entrar en contacto con esta forma distinta de relacionarse y expresarse, muchas alumnas la integran de manera natural y la expanden en el liderazgo de sus propios proyectos, reproduciéndola mientras habitan y transforman, a su manera, el espacio económico», subrayan las cofundadoras de la Escuela. 

Actualmente, la Escuela tiene una comunidad de más de 2200 alumnas que se encuentran en diferentes momentos, desde las que tienen una idea inicial que aún no han llevado a cabo, hasta las que cuentan con una trayectoria emprendedora de años. Ofrecen acompañamientos largos para dar forma a los proyectos y cursos más específicos y puntuales para profundizar en temas concretos, como aprender a poner precios, a crear una imagen de marca, a vender sin sufrir, a hablar a cámara, a montar una escuela online o usar la IA en tu negocio.  

«Hay asesoras especializadas y cada una te apoya en lo suyo. Para mí es un lujo poder preguntar sobre diferentes temas y que siempre haya alguien que controle mucho de lo que habla y me pueda ayudar», afirma una de las alumnas de la escuela. Es una sensación compartida: «La posibilidad de aprender de grandes profesionales es admirable y, además, su implicación va más allá de una simple charla: puedes seguir en contacto con ellas y encontrar nuevas formas de colaboración», señala otra de las Juanas. Son los testimonios que han recogido de sus alumnas, que destacan la escucha de sus necesidades, la personalización y el carácter práctico y aplicable de los conocimientos, ya que la escuela aporta un banco de recursos para apoyar su camino emprendedor, con plantillas, guías y manuales estructurados: «Los cursos están conectados con la realidad. Son herramientas útiles y prácticas para nuestro día a día, se puede aplicar lo que se aprende desde el primer momento, las formadoras hacen muy buen trabajo». 

  No solo ofrecen asesoramiento y formación online, también presencial: una vez al año de manera itinerante por todo el país y en la Escuela de Otoño en Madrid. También organizan unos galardones anuales que premian negocios que ponen la vida en el centro y apuestan por lo colectivo, unos premios que simbolizan la fuerza de un emprendimiento diverso, feminista y transformador que se construye desde lo cotidiano y que generan un impacto real en sus comunidades. 

 

Sola es más difícil

Uno de los aspectos que más destacan las alumnas es la calidez y el respeto a los ritmos de cada una. La Escuela se ve como un espacio seguro, una habitación compartida. «Gracias a este acompañamiento, me he lanzado a hacer cosas que sola no me habría atrevido». «No es un curso más: es un espacio que te impulsa a confiar en ti, a poner en marcha tu proyecto con visión estratégica y con alma». «Vi que mis compañeras compartían sus miedos y sus debilidades; y que no pasaba nada; puedo ir desnuda sin preocuparme de que la fotografía se vuelva en mi contra». «Aquí me siento acompañada, no evaluada. Me siento en mi casa, lo que me aporta una enorme paz y tranquilidad». «Calidad y calidez. Cuidados continuos basados en el respeto a los ritmos, procesos y decisiones de cada una». «Y se siente calor humano en este periplo, a veces, por lugares inhóspitos que supone el emprender». «No solo aprendí conceptos útiles, sino que me sentí escuchada, respaldada y conectada con una red que entiende las dificultades reales de emprender siendo mujer».

Después de leer estos testimonios, no me digas que no quieres ser una Juana, que no te gustaría tener a tu lado a una Juana. Puedes ver cómo colaborar o cómo formarte con ellas en escueladeemprendedoras.es/hazteamiga. Hay una Juana en ti. Una mujer que no se achanta, una mujer empoderada, una mujer que le tiende la mano a otra mujer.

 

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VICTORIA GABALDÓN

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.
Cree que cuando nos comunicamos bien, vivimos mejor: somos más libres y felices, y por eso dejó su trabajo de periodista y fundó Genuina, una escuela de expresión para enseñar a hablar en público y en privado. Ha publicado el libro "Un murmullo en Nueva York" y, como narradora oral, ha contado historias en escenarios de varios países, aunque ahora su público favorito son sus hijos Jaime y Maia.

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