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(c) Caleb Jones (Unsplash)

A PROPÓSITO DEL DÍA DEL PADRE

Bienestar Padres Salud emocional

El Día del Padre no sólo es un momento para celebrar este maravilloso desempeño, sino una oportunidad para reflexionar sobre las realidades de los padres en nuestras latitudes y en el mundo. El papel de los padres, como el de las madres, evoluciona con los cambios de la sociedad. Los años 60 y 70 fueron cruciales para revisar el papel de los padres dentro de los diferentes modelos de estructura familiar.

El origen del Día del Padre

Mientras que en países como España, Italia, Suiza y Bélgica la fecha del Día del Padre coincide con el día de San José, el 19 de marzo, en otros países se celebra el tercer domingo de junio. En Francia, en 1952, la fiesta se liberó de toda referencia a la religión católica. La idea era crear un día que celebrase a todos los padres, no sólo a los católicos. El día fue concebido por la empresa francesa de mecheros Flaminaire, creyendo que dichos mecheros serían el regalo perfecto para este día. Estábamos muy lejos de la lucha contra el tabaquismo. Pero los franceses no fueron los primeros en celebrar el Día del Padre en junio, ya que, como tantas fiestas implantadas en Europa con fines comerciales, el Día del Padre en su modalidad laica fue importado de Estados Unidos. En este caso fue Sonora Louis Smart Dodd quien instituyó este evento, no con fines comerciales, sino para dedicar un día especial en el calendario para los padres, al igual que para las madres, en agradecimiento a su querido padre William Smart, un valiente veterano de la Guerra Civil que cuidó de ella y de sus cinco hermanos tras la muerte de su madre en el parto de su último hijo. El primer Día del Padre se celebró el 19 de junio de 1910.

Paternar

Anécdotas sobre su celebración aparte, parece ser que ninguna sociedad puede abstenerse de celebrar a los padres o a los que ejercen la paternidad. Este es un punto importante, ya que nos enfrentamos a grandes cambios en la sociedad que nos hacen darnos cuenta de la importancia de celebrar a cualquier persona que sea padre. El neologismo puede parecer bizarro, pero si la palabra maternar empieza a calar en otras lenguas neolatinas como el español y el portugués —maternar significa cuidar y establecer un vínculo afectivo profundo, incluso aceptar que la vida de un individuo depende enteramente de la nuestra—, utilizar la palabra paternar puede permitirnos alejarnos conceptualmente del origen latino de pater, que significa “cabeza de familia, patrón, defensor y protector”. Tal vez este último término termine otorgándose porque tanto los padres como las madres tienen la función de proteger a sus hijas e hijos. Es en esta protección donde las dos expresiones son equivalentes.

El papel de los padres entre la historia y la sociedad

En un mundo en el que las funciones paternas de “sustentador” y “cuidador de los hijos” no siempre están claras, los padres de hoy se enfrentan a expectativas cambiantes. Según la profesora de historia de la Universidad de Michigan, Regina Morantz-Sánchez, esto no es nada nuevo. El papel del padre ha ido cambiando desde mucho antes de los tiempos modernos. Según Morantz-Sánchez, hoy en día el papel del padre se enfrenta a nuevas nociones de masculinidad. El “padre ideal” de hoy es más amable, está más orientado a los niños, y existe el reconocimiento de lo esencial que es la presencia del padre en una infancia sana. Según la profesora, se da una situación irónica: este ideal de padre modelo compite con el deseo de éxito en lo material. Evidentemente, el argumento no se aplica en todas partes y es interesante ver cómo los que se liberan de la dinámica neoliberal consiguen ejercer la paternidad de una manera más plena. De hecho, como reconoce el filósofo coreano Byung Chul Han en su obra Psicopolítica, en el régimen neoliberal de autoexplotación, la agresión se dirige hacia el yo. Una de estas agresiones es la falta de tiempo para lo que importa, como la relación padre-hijo. Fue la industrialización del siglo XIX la que cambió el papel del padre. La nueva estructura económica separó el hogar del lugar de trabajo, lo que dio lugar a un nuevo ideal paternal. Los hombres se convirtieron en el sostén de la familia y las mujeres se quedaron en casa. Volviendo a la actualidad, intentemos comprender, gracias a la psicología, qué pueden hacer los padres para ser faros de luz para sus hijos.

El tiempo, un excelente aliado pero no solo

Roberto Corradi, de Rete Operativa, entrevistado para este artículo, reitera cómo el papel del padre es fundamental en el desarrollo psicofísico de cada uno de nosotros. Es un concepto obvio porque no hace falta citar a grandes psicólogos para entender que la presencia positiva de un padre conduce, naturalmente, a una mayor calidad de vida. Es, sin duda, una fuente de serenidad. Sin embargo, debemos disipar el estereotipo de que el compromiso de un padre se mide por su capacidad de representar una copia de la maternidad. Al contrario: la paternidad tiene sus propias cualidades tanto en la educación como en el cuidado de las criaturas. Los padres no pueden ser reemplazados. Son fundamentales para desarrollar una personalidad madura. Corradi explica que “la paternidad activa se refleja en la confianza del niño en sí mismo y en los demás en los momentos en que se siente abrumado y en las situaciones nuevas. Además, la paternidad activa influye en la construcción de amistades y en la vida posterior de la pareja. El niño también se beneficia en su progreso educativo y en su rendimiento escolar”. Sobre cómo debe ser esta paternidad activa, Corradi dice: “por paternidad activa entendemos no delegar en otros aquellos aspectos relacionales que son responsabilidad de ambos miembros de la pareja. Esto significa no ser simplemente el padre que va a trabajar, llega a casa y luego está cansado; que se interesa menos por el día a día de su hijo y no participa en ella por falta de tiempo y/o de ganas. Significa interesarse por la vida cotidiana y contribuir. Por ejemplo, puede decidir tomarse un día libre para dedicárselo a sus hijos o trasladar sus compromisos para acompañarlos pero, sobre todo, debe estar presente desde el punto de vista relacional. En la relación, es necesario interesarse e interactuar con todos los miembros de la familia. El padre debe implicarse en los juegos, los deberes, las amistades, la salud de los hijos y tratar de desarrollar los intereses de los niños y no sólo los suyos. Al mismo tiempo, tiene que hacer sitio a las necesidades de su pareja actuando como pilar de apoyo. En resumen, la proactividad es la palabra clave para todo. Para una interpretación irónica: nada de fútbol sala cuando a los niños les toca hacer los deberes. Desgraciadamente, si esto no ocurre, hay muchos problemas psicológicos que surgen de una mala gestión de la paternidad tanto para las criaturas como para los propios padres. Corradi afirma: “cuanto más imprevisibles y conflictivas son las relaciones y cuanto más desprotegidas hacia los niños, más generan toda una serie de patologías. Todas las situaciones en las que fallan los aspectos relacionales generan malestar. Esto sucede, precisamente, porque faltan los fundamentos de las enseñanzas que debe impartir la familia. La familia es el laboratorio del mundo. Por tanto, las malas relaciones nos llevan a tener un modelo relacional pobre. Las situaciones de conflicto generan ansiedad y acumulación de micro-traumas. Provocan inseguridad y sensación de incapacidad. Corradi añade que las situaciones de indiferencia o de dar por sentado a los hijos pueden reducir sus estímulos para crecer, porque les falta el estímulo del “niño bueno”. “Por eso es fundamental saber bromear, estar presente y ceder tu propio espacio. Estas acciones crean un ambiente de resguardo, de sentirse protegido”. En resumen, permiten que las niñas y los niños crezcan a su propio ritmo y no al de sus padres. En un mundo a menudo dictado por el narcisismo, los padres deben saber que la llegada de un hijo conlleva cambios. Lo mejor que se puede hacer es dar un buen ejemplo. ¿Cómo? Corradi nos dice: “a través de una relación equilibrada entre los padres, independientemente de que estén juntos o separados”.

Que la ciencia hable por sí misma

La ciencia habla por sí misma. Aparte de la herencia genética, los padres entran en juego en el momento del nacimiento. Lupton y Bertlay (1997) descubrieron que los padres que participan activamente en el parto desarrollan, efectivamente, relaciones (aunque unidireccionales) con sus hijos. Estudios posteriores han sugerido que este hecho conduce a un mayor apego temprano al niño. Esto no quiere decir que los padres desempeñen un papel fundamental en el desarrollo del feto: tras su contribución genética inicial, están fuera de juego hasta el parto. Pero el embarazo y el parto son el momento en el que comienzan a asentarse las bases del “efecto padre” y su importancia no puede subestimarse.

Las estadísticas también hablan por sí solas. Un estudio realizado en 2006 en EE.UU. por los investigadores Bradford, Jeffrey, Rosenberg y Wilcox demuestra que la paternidad ejercida desde la implicación se relaciona con mejores resultados en casi todas las mediciones del bienestar infantil, desde el desarrollo cognitivo y el rendimiento escolar hasta el autoestima y el bienestar en sociedad. Los niños que crecen con padres implicados tienen un 39% más de probabilidades de sacar buenas notas en el colegio, un 45% menos de repetir curso, un 60% menos de ser suspendidos o expulsados, el doble de probabilidades de ir a la universidad y encontrar un trabajo estable después del instituto, un 75% menos de probabilidades de tener un parto en la adolescencia y un 80% menos de pasar por la cárcel.

Cómo afrontar los conflictos: entre el afecto y el diálogo

Volviendo a la entrevista con Corradi, aproveché para preguntarle cómo se puede saber si uno está preparado para desempeñar el papel de padre con éxito. La respuesta es clara: “Se trata de competencias, sobre todo afectivas, que son transversales a toda la sociedad. En primer lugar, hay que darse cuenta de que no basta con ver a los niños como algo “bonito”. El hecho de ser padre implica cambios y compromisos y, si no los asumes, puedes crear situaciones poco satisfactorias para tus criaturas”. En definitiva, hay que saber ceder y tener claras las prioridades. En su blog, el pedagogo italiano Mario Polito aborda un aspecto que preocupa tanto a las madres como a los padres. Polito sostiene que está bien ser cariñoso con los hijos, pero eso no significa evitar el conflicto en aras de la paz y la tranquilidad. De hecho, en muchos casos, los padres suelen pasar la pelota a los profesores. Por eso son valiosos los consejos de Mario Polito en la entrevista realizada por Paolo Pugni. Polito ofrece tres reglas de oro para acompañar a los niños durante sus primeros años en el colegio. Pueden resumirse como sigue:

– Estimular a los niños para que descubran sus propios talentos y los cultiven de la manera más rutinaria y hábil posible.

-Supervisar continuamente sus esfuerzos en aras de una buena educación y lograr inteligencia, buen corazón y buen carácter. Es importante no escatimar en la formación. Desarrollar las propias habilidades de las criaturas es un deber para lograr un mundo mejor.

-Dialogar todo lo posible. Cuidar la comunicación, que suponga un intercambio útil para pasar el testigo a las nuevas generaciones.

Son reglas sencillas que a menudo se olvidan en la rutina del día a día.

Volviendo al Día del Padre, si tienes prisa por comprar un regalo: ¡no te preocupes! Quizá el mejor regalo sean siempre las palabras. Ya sea en forma de pluma o digital, las palabras son las que tocan el corazón. Una carta nunca es mala idea. Y si quieres probar a escribir una poesía, mejor aún. Tal vez la expresión mexicana “padre” asimilada a “fantástico” sea un bonito cumplido, porque viendo a los padres en acción sólo puedo decir que parece un papel fantástico. Papá, papi, padre…  llamémoslo como queramos, pero celebrémoslo: ¡Felicidades a todos los padres!

 

 

Palma Grano
Es politóloga licenciada por la Universidad de Lausanne (Suiza).  Cursó en Madrid un Master en Cooperación internacional pero, años más tarde, una experiencia laboral le hizo comprender que la cooperación internacional pasa también por el trasformar la educación en un espacio de cuidado donde hay que romper dinámicas de poder y acompañar los alumnos a encontrar su voz. A través  de formaciones docente, enseñanza de idiomas y el periodismo trata  temas y competencias de ciudadania glocal, tema de sus estudios doctorales en el Programa de Educación y Sociedad de la Universidad de Barcelona. Se define una educadora glocal 360º. Encuéntrala en @teachinglocal

ALGUNAS PELIS PARA VER CON TU PADRE

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CAPTAIN FANTASTIC

Ben (Viggo Mortensen) es un hombre que ha pasado diez años viviendo en los remotos bosques situados en el noroeste de los Estados Unidos criando a sus seis hijos, varios de ellos junto a su mujer. Aislados totalmente de la vida moderna, de las comodidades de las ciudades y de la sociedad de consumo, Ben es un padre devoto que ha inculcado en sus hijos una peculiar forma de pensar y vivir la vida. Sin embargo, una trágica noticia hace que la peculiar familia deba dejar temporalmente su modo de vida en la naturaleza y volver a la civilización.

Matt Ross, 2016.

PADRE E HIJO

Un militar retirado vive con su hijo en el último piso de una casa antigua. Cuando estudiaba en la escuela de vuelo conoció a la mujer de su vida y se casó con ella. Aunque enviudó muy pronto, ese primer y único amor sigue siendo su felicidad secreta, que se mantiene viva a traves del hijo, cuyo aspecto físico le recuerda continuamente a su amada.

Aleksandr Sokúrov, 2003.

BIG FISH

William Bloom (Billy Crudup) no tiene muy buena relación con su padre (Albert Finney), pero tras enterarse de que padece una enfermedad terminal, regresa a su hogar para estar a su lado en sus últimos momentos. Una vez más, William se verá obligado a escucharlo mientras cuenta las interminables historias de su juventud. Pero, en esta ocasión, tratará de averiguar cosas que le permitan conocer mejor a su padre, aunque para ello tendrá que separar claramente realidad y fantasía, elementos que aparecen siempre mezclados en los relatos de su progenitor.

Tim Burton, 2003.

EL REGRESO

La vida de dos hermanos sufre un brusco cambio cuando de repente aparece su padre, al que sólo recordaban por una vieja fotografía. ¿Es realmente su padre? ¿Por qué ha vuelto después de tanto tiempo? Los chicos encontrarán la respuesta a sus preguntas en una remota y solitaria isla, después de un emocionante viaje con su padre por los bellos parajes de Siberia.
Ópera prima del realizador ruso Zvyagintsev, ganó el León de Oro en Venecia, donde fue calificada por la crítica como “un film sobre el amor, la pérdida de los afectos y el ingreso en la edad adulta, de irresistible fuerza emocional”.

Andrey Zvyagintsev, 2003.

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