Ilustración de Anaïs Yebra

¿A QUÉ TE DEDICAS?

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¿A qué te dedicas?

No sé si a ti también te pasa, pero se está convirtiendo en mi pregunta temida cada vez que conozco a alguien o me piden que haga una introducción de mí misma. Ni mencionar los CV o biografías artísticas.

¿A qué te dedicas o qué eres?

Empiezo a balbucear, a reír torciendo la boca, a gesticular raro y a decir un montón de tonterías. Activo mi mecanismo de defensa y empieza el circo. Hablo del trabajo que estoy desempeñando, pero claro, no es mi pasión. Entonces hablo del trabajo que me gusta hacer, pero que no es en realidad del que tengo título. Al mismo tiempo, soy madre. Eso es: soy madre a tiempo completo. 

¿A qué me dedico?

¿Cómo explico en una conversación de 2 minutos que soy actriz, pero que no lo soy? Durante los quince años que puse mi esfuerzo en ello, trabajé de yogurtera, de persona sonriente en IFEMA, en el mundo textil, de recepcionista, como babysitter, dogsitter… todo porque, para seguir diciendo que era actriz y trabajar de vez en cuando como actriz, tenía que trabajar en otras cosas que nada tenían que ver, pero que van de la mano de casi cualquier profesión artística. Hay demasiados chistes de camareros y actores. El resumen es que, un día, la balanza se desequilibró lo suficiente para que ya no me siguiera compensando y yo misma me parecía un chiste. Fue como dejar una relación tóxica. Aún sigue doliendo.
Mientras tanto, en un ramalazo de luz, decidí hacerme auxiliar de veterinaria porque lo vi muy claro. Soy auxiliar de veterinaria. ¿Te dedicas tú a ello? Yo, tampoco. Mientras hacía el curso reforzaba entre mis compañeros que yo era actriz. El bucle infinito.

Me mudé a Portugal el 28 de febrero de 2020 con mi marido y nuestros dos perros. Dos semanas después, comenzó la pandemia. Empecé a dibujar y hoy en día, tres años y muchos meses después, sigo dibujando y gano dinero con ello, pero no estoy formada. Entonces, ¿soy ilustradora? Yo, que tanto me quejé del sonado intrusismo en la que era mi profesión y ahora, mírame.  Al mismo tiempo, trabajaba mi jornada de 8 horas en una multinacional de IT. Se me ocurren muchas combinaciones con las letras “IT”. Deja volar la imaginación y verás.

Y después llegó el trabajo adquirido de 24 horas a combinar con todos los demás. El 31 de enero de 2021 nació mi querida hija Robin. No me juzgues por denominarlo “trabajo” —bueno, o júzgame, lo que desees—. Ella no es un trabajo, pero mantenerla limpia a ella y a su entorno, darle de comer, lavar su ropa, llevarla y traerla sí lo es. No voy a caer en la queja de que es casi imposible conciliar el trabajo de empresa, el trabajo que me apasiona y tratar de ser la mejor madre para mi hija. No porque no sea cierto, sino porque no me queda tiempo para ello. ¡Y paseo a mis perros! ¡Y mi marido y yo mantenemos encendida la llama del amor!

¿A qué me dedico?

Sigo sin poder responder a ello en una conversación de calle, pero sí sé a lo que me gustaría dedicarme. La próxima vez sería estupendo que alguien me dijera: “No sé a qué te dedicas, pero a qué te gustaría dedicarte o si ya lo haces, cuéntame”. Esa respuesta la tengo muy clara: me gustaría mirar lo infinita que es mi hija, verla crecer sin prisas, abrazar bailando más largo a mi compañero, jugar hasta cansarme con mis peludos, dibujar y dibujar, impartir un curso de expresión corporal con pintura, colaborar en muchas más causas solidarias, dejar a mis ojos descansar de tantas pantallas, formarme en periodismo e ilustración; formarme más, en general, escribir una columna en un periódico o revista como Carrie Bradshaw, pero no de sexo, sino de maternidad o sentires de la vida; amasar pan, viajar y comer viajando, publicar un libro ilustrado infantil, montar una protectora de animales, sorprender a mis amigas con una visita sorpresa, oler a mis padres desde muy cerca, vender mis ilustraciones en mercadillos, recoger y secar flores, asistir a workshops, montar un club del libro en el que llevaría chocolates, encender la chimenea, sentarme tranquila y recordar a mis abuelos para que no se me olviden…

¿A qué me dedico? ¿Qué es lo que soy?

Me dedico a reinventarme todos los días y a intentar ser mi mejor versión. Si algún día lees esto, Robin, pájara mía, me enseñas que lo importante no es a qué me dedique, sino que de pasitos para dedicarme a lo que yo quiero. Eso es lo segundo más valioso, porque la enseñanza más grande que me has regalado es que tú me ves y sabes quién soy sin preguntas, sin respuestas, sin etiquetas. Ser madre de mi hija me enseña a conocerme desde los lugares más inhóspitos de mi piel, aclara mi lista de prioridades, refuerza mi lengua y mi boca, me serena, me hace leona cuando lo necesito y río cuando la lluvia llueve sola como escribe Benedetti en sus poemas.

Mi dedicación y mi ser está dentro de mí. No es una profesión ni un título: es mi mochila de la vida.

P.D: Hace dos semanas salvé a mi perro de morir atragantado gracias a mis conocimientos como auxiliar de veterinaria. ¡Tócate las narices! Para este momento me dediqué a aquello.

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VICTORIA GABALDÓN

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

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