ALOMA RODRÍGUEZ: “ESCRIBA LO QUE ESCRIBA, LOS QUE LO LEEN TIENDEN A PENSAR QUE ES MI VIDA”

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Me hace especial ilusión coincidir con la escritora zaragozana Aloma Rodríguez en cualquier situación: ya sea en la puerta del colegio, escuchando sus recomendaciones matinales literarias en el Hoy empieza todo 2 de Radio 3, moderando debates o leyendo sus artículos y sus libros. Y es que me hubiera gustado ser más consciente de la presencia de Aloma —leve e intermitente, pero presencia— en mi vida porque nos hemos encontrado varias veces en el mismo eje espacio-tiempo y, con esta memoria mía que es, a veces, fotográfica y otras veces un colador de agujeros grandes, no recuerdo bien algunos de esos momentos que se remontan a nuestra adolescencia. Antes de cambiar de milenio, en nuestra Zaragoza natal, descubrí una grieta de la realidad llamada cine, que había enraizado en Zaragoza regada por el profesor Luis Alegre. A la casa de Luis acudían directores, actores, actrices y lo más granado del cine español. Si llamabas a su casa, un día te abría la puerta Jorge Sanz y al otro, Eduardo Noriega. Esto, para una niña de 16, era una película propia. Al calor de la hospitalidad de Luis conocí al escritor Dani Gascón, siempre al lado de Jonás Trueba en sus visitas a Zaragoza. Compartimos alguna cena y salida por Zaragoza de las que me gustaría recordar más de lo que recuerdo —ay, si las hubiera escrito en su momento en el diario que nunca sostuve—. Y me gustaría, sobre todo, porque en alguno de esos encuentros estaba también Aloma.

Aunque la memoria falle, recuerdo bien la siguiente vez en la que fui consciente de su presencia: fue en Madrid, en la puerta del colegio San Cristóbal, en Chamberí. Coincidía con su figura menuda prácticamente todas las mañanas y recuerdo observarla por varios motivos: por la profundidad de su mirada, en primer lugar; en segundo, porque alrededor de su cuerpo orbitaban tres criaturas: una delante, otra detrás y la mayor, de su mano. Recuerdo charlar con ella y descubrir que ambas éramos de Zaragoza… pero en ese momento, ninguna de las dos cayó en un pasado que nos relacionase. Llegó la pandemia y la vuelta al cole hizo patente que Aloma y sus criaturas ya no estaban allí. Habían vuelto a Zaragoza. Recuerdo, también, escuchar las recomendaciones literarias de Aloma, sin saber que era la misma Aloma de mi adolescencia, sin saber que era la misma Aloma de la puerta del cole, en la radio. Y recuerdo pensar que, en muchas ocasiones, coincidíamos en las lecturas que teníamos entre manos. Durante el tiempo en el que desarrollé el proyecto de financiación colectiva que ha permitido que MaMagazine se edite en papel —ya estamos cerrando el Volumen III, que nacerá en septiembre—, la editora Andrea Toribio me recomendó contactar con ella. Y yo, que soy bien mandada, lo hice. Y me encantó su respuesta: “Yo creo que nos conocemos del cole de nuestros hijos”. Pum. En ese momento, todo mi puzzle mental se armó, todas las piezas encajaron y pude alinear el rostro de Aloma con su voz y el rastro de su presencia en mi vida. Ese momento me trajo, también, la lectura de su última propuesta literaria propia, Siempre quiero ser lo que no soy (Milenio, 2021).

Aloma tiene dos hijas de 8 y 3 años, y un hijo de 5. También tiene cuatro novelas más, París tres, Jóvenes y guapos, Solo si te mueves y Los idiotas prefieren la montaña. Firma habitual en Letras Libres, recomienda libros junto a Marta Echeverría en Radio 3 y es traductora del francés.  Tiene una voz propia, una voz que se distingue y que penetra. Aloma no tiene miedo. Aloma habla y escribe sin importarle mucho caer en gracia. Aloma no es complaciente cuando habla de literatura pero es de esa clase de plumas críticas que basan sus opiniones en la mezcla perfecta entre la experiencia propia y las lecturas llevadas a cuestas. Me gusta escuchar y leer a Aloma porque su inteligencia y su perspicacia son retadoras; con esa clase suya, con ese criterio tan propio y tan universal, a la vez, es capaz de conmoverte a la vez que te saca de tu zona de confort. Me reconfortó mucho leer  Siempre quiero ser lo que no soy, un conjunto de relatos que tienen entidad propia por separado y que hilan la experiencia de una vida todos juntos. Me reconfortó y meció porque, en él, Aloma habla de sucesos triviales, de esos que se te quedan marcados para siempre: las primeras amistades, las primeras decepciones, los primeros silencios, los primeros vacíos. Tener un pueblo, vivir en una gran ciudad. Ir y venir, mental y físicamente, de ambos. Transitar la vida sin estar muy segura de si es la vida que se quiere transitar, mirándola con un poco de distancia, sin saber si es la propia vida la que te expulsa o si es una misma la que no quiere poner toda la carne en ese asador. Para mí fue muy fácil hacer mío este libro, por Zaragoza y por Aloma, por el pueblo y por Madrid, pero creo que sería difícil encontrar a quien sus historias puedan resultar ajenas: hacer de lo cotidiano un hito es hacer de la conexión un arte.

¿Cómo era tu trabajo antes de ser madre? ¿Y después? ¿Sufrió cambios significativos?

Antes de tener hijos tenía trabajos precarios, inestables y estacionarios. Firmé el finiquito de una librería un viernes y al día siguiente el test de embarazo dio positivo. Cuando mi hija mayor tenía 7 meses me ofrecieron trabajo en una redacción, un periódico semanal, un proyecto que duró desgraciadamente muy poco. La verdad es que me pregunto todo el rato cómo lo hacen los demás. Antes de tener hijos vivíamos con el sueldo de mi pareja y mis ingresos eran o puntuales o ridículos; la llegada de los niños me obligó a tener que conseguir más ingresos y, milagrosamente, lo logré. He aprendido a ser súper eficaz, gestiono mejor el tiempo y estructuro mejor los textos, creo, porque a veces los llevo como muy pensados.

¿Qué es, para ti, lo mejor y lo peor de la maternidad?

Lo peor es que es muy demandante y absorbente; lo mejor son los niños, sin duda, y quizá comerte los triángulos de nocilla que no quieren tus hijos. Es un trabajo que no se acaba nunca, según veo en mi propia madre o incluso en la suya y puede ser bastante ingrato a veces. Se pasa de la felicidad máxima a la máxima desesperación en cuestión de segundos (eso no sé si es bueno o malo, pero es). A veces pienso que tener hijos me ha alejado de algunos amigos, ha habido cosas que no he podido hacer, pero tampoco sé qué habría pasado si no los hubiera tenido. A mí me gustan mucho los niños, esa mirada perpleja al mundo me parece un filón. 

¿Cuál es la huella de tus hijos en tu trabajo?

Pues tiene que ver con esa mirada perpleja, no sé si es perpleja o nueva, tiene algo de primera mirada, y me aprovecho mucho de eso, de esa manera de mirarlo todo con curiosidad y de intentar comprender las cosas, que es algo que a los niños les preocupa mucho: el conocimiento sobre el mundo es innato. Como lo que escribo tiene que ver con lo que me pasa o lo que le pasa a la gente que me rodea, muchas cosas tienen que ver con ellos: cosas que nos han pasado juntos o que me llegan a través de ellos; así que me cobro todo lo que puedo el estrés, la absorción, etc. También me han obligado a entrenar mucho más la imaginación y a jugar con el lenguaje, con el ritmo y las repeticiones, no es que luego use eso directamente en mi escritura, pero sí es como una especie de entrenamiento continuo.

“De casta le viene al galgo” te viene como anillo al dedo. ¿En qué momento te reconociste como escritora? ¿Cuál ha sido tu relación con las letras, en general?

Me costó bastante, la primera vez que lo dije fue en clase de italiano: había publicado dos libros y tenía que presentarme y no sabía qué decir. El otro día escuchaba a Milena Busquets decir que para ella, que había crecido entre libros y escritores, las librerías eran un poco un lugar demasiado familiar. Por razones diferentes y desde otra clase social, los libros y la literatura han estado siempre ahí para mí. No hay una historia épica de acercamiento a los libros. A veces esa cercanía te quita la ansiedad del que no lo tiene tan accesible, como quien viven en Madrid y no va al Prado nunca; a ratos lo que sucede es que abruma mucho y paraliza. La mayor parte del tiempo lo vivo como lo que es: una absoluta suerte.

¿Cuál es el germen de Siempre quiero ser lo que no soy? ¿Cómo fue su composición, el proceso de escritura?

Nació de querer reunir algunos cuentos escritos a lo largo de los años que estaban un poco desperdigados, me apetecía que estuvieran juntos y me parecía que juntos construían algo diferente. Pero el volumen era corto, así que tuve que escribir algunos nuevos. Al final, casi la mitad del material era inédito. Hice un trabajo de reescritura de algunos cuentos, El hueco, sobre todo. Había cuentos –los del principio– escritos hace casi diez años y, aunque ya no me identifico mucho con esa escritora, me parecía que había algo bonito en que un libro que ha acabado siendo sobre el paso del tiempo tuviera esa huella del tiempo también en la escritura. Mi idea era hablar de la amistad, no he tenido desengaños amorosos, pero sí de amistad y son bastante dolorosos también, y de cómo cambian las relaciones con el paso del tiempo. En este libro la pareja está menos presente que en otros, aparecen los hijos en escena. El cuento El congreso pensé que era impublicable cuando lo escribí, pero al reunir todo el material que tenía escrito no quise prescindir de él. Lo digo porque en realidad fue un trabajo más de patchwork con el material que ya tenía. El cuento Día libre es el único que escribí sabiendo que tenía un libro. La manera en que se hacen los libros tiene algo de azaroso para mí, y en cierto modo, escapa a nuestro control: pensaba que había escrito un libro sobre la tensión entre el mundo de fuera y el mundo familiar y en realidad es un libro sobre el paso del tiempo, y solo me di cuenta cuando ya estaba publicado. 

Es muy fácil, al menos para mí, reconocerse en varios de los lugares de este libro. ¿Crees que es algo ligado a los territorios en los que se sitúan las acciones o puede ser algo universal?

Es mi don y mi maldición: escriba lo que escriba, los que lo leen tienden a pensar que es mi vida. Hice la prueba de escribir un cuento sobre extraterrestres y un par de amigos pensaron que era algo que me había sucedido. Influye que en los cuentos salgan lugares reconocibles y que las protagonistas sean mujeres o chicas a veces en circunstancias similares a las mías. Igual debería escribir un cuento desde el punto de vista de un caballo en Alaska o algo así, ja ja ja. En cualquier caso, lo siento más como don que como maldición.

Desde que empecé a leer el libro, me llamó mucho la atención y me encantó la dedicatoria: a tu hermana y a la madre de día de tus hijos. ¿Qué opinión te merecen el nulo valor y reconocimiento que otorgamos a los cuidados?

Se consideran trabajos de tercera: están mal pagados y las condiciones suelen ser malas. Se los considera no productivos, en parte porque eran tareas que asumían las mujeres y no estaban retribuidos. Ahora mismo, por mis circunstancias vitales, me fijo más en el asunto de los niños, pero me pregunto por el cuidado de dependientes y ancianos, y me preocupa porque no veo que haya habido una reflexión, ni siquiera después de la covid y ver lo que ha pasado en las residencias, es un problema sin resolver en toda Europa, diría. Lo de la conciliación es un chiste, me molesta un poco cuando a veces la gente que no tiene hijos se queja, pero es que no es por los hijos, es por familiar al cargo y todos tenemos padres que en un momento dado pueden necesitar cuidados. 

Has criado a tus hijos en Madrid y ahora lo haces en Zaragoza. ¿Se cría mejor en una ciudad más pequeña? ¿Cuáles son las principales diferencias entre criar en una u otra ciudad?

En Madrid lo tenía todo muy organizado y concentrado, además el padre tenía jornada reducida y nos organizábamos bastante bien, teniendo en cuenta que Madrid es un ciudad durísima. Es más fácil si las distancias son más cortas. La gran diferencia que hemos notado por el cambio de ciudad es la red familiar: en Madrid vive mi hermano mayor, tiene dos hijos, y en Zaragoza está toda nuestra familia. ¡Este mes hemos salido un par de noches!

Tus recomendaciones literarias, en la radio o en otros medios, me encantan. ¿Qué es lo último que has leído y recomiendas leer y a qué estás deseando hincarle el diente?

¡Muchas gracias! Me lo pasé muy bien con los cuentos de Ottessa Moshfegh, Nostalgia de otro mundo; Dos vidas, de Emanuele Trevi me emocionó; ahora, como la mitad de los lectores de España, estoy con Agua y jabón, de Marta D. Riezu. Aún no me he organizado las lecturas del verano, tengo alguna cosa guardada de esta temporada que no me ha dado tiempo a leer, y de lo que viene para septiembre me hace ilusión la nueva novela de Joy Williams, la recuperación de la biografía de Teresa de Jesús de Sender y la novela de Elif Batuman, en la que creo que la maternidad es uno de los temas, creo que es la pregunta que se hace la protagonista si ser madre o no para consagrarse a su carrera. Hablando con la escritora Laura Fernández me decía: “Nosotras lo hemos elegido todo porque se puede tener todo teniendo un poco menos de todo”. 

 

Una chica no quiere pasar el verano en el pueblo, otra entierra a su perro, una madre primeriza entabla conversación en una tienda de barrio, una periodista acude a un congreso con su bebé, dos amigas se encuentran y separan a lo largo de los años. Perturbadores, melancólicos y humorísticos a la vez, los relatos de Siempre quiero ser lo que no soy retratan la extrañeza inesperada y emocionante de la vida cotidiana. En palabras del escritor Ignacio Martínez de Pisón: “Un libro mayor sobre las cosas menores de la vida. Humor, melancolía, atención al detalle, agilidad narrativa… Relatos que se leen como una novela. Una reflexión agridulce sobre el final de la juventud”.

 

 

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VICTORIA GABALDÓN

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.
Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

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