Rosario Izquierdo (Huelva, 1964) es socióloga, escritora y coordinadora de talleres de escritura, tres facetas de su vida que se entrelazan y reflejan en su literatura. Autora de Diario de campo, Lejana y rosa y El hijo zurdo (convertida en serie), ha publicado recientemente una novela que, de nuevo, explora complejidades ocultas en la vida de las mujeres a través de una escritura sencilla, pero de gran profundidad y sensiblidad. Pasión Nails (Alianza, 2024) es su última novela y cuenta la historia de Pepa, una mujer que, en su cincuentena, enfrenta una crisis personal y social: está en medio de la menopausia, desempleada, y experimenta una gran sensación de invisibilidad. En uno de sus paseos por un barrio marginal del sur de España, Pepa descubre un pequeño salón de manicura llamado Pasión Nails. Este espacio aparentemente ordinario se convierte en un punto de encuentro entre diferentes mujeres que enfrentan sus propias luchas, el espacio ideal para que la autora aborde distintos temas como las luchas de clase, el género y las diferencias generacionales.
El título de tu novela, Pasión Nails, parece coser tanto el salón de manicura como las pasiones de sus personajes. ¿Qué significado quisiste dar a este título?
Bueno, a nuestro alrededor hay más de un salón de manicura que se llama así. Surgió de una manera sencilla, sin premeditación. Yo estaba escribiendo otra historia, y allí aparecieron este salón y estas mujeres. Después decidí hacer con eso una novela. Tenía que llamarse así. Me atrajo esa mezcla de inglés y castellano, me pareció tan sugerente que tuve claro el título nada más empezar a escribir la novela, algo que no siempre me sucede. Después, conforme iba escribiendo, empecé a sentir que esas dos palabras juntas, Pasión Nails, absorbían con naturalidad muchos de los motivos y asuntos de la narración, eso que dices de las pasiones, la propia mezcla entre personas gitanas y payas dentro del barrio y del salón de uñas, el encuentro de Pepa y Fani, que son mujeres de diferentes edades y clases sociales. Incluso los colores. Así que primero surge el título como una intuición, y luego se va cargando de significados.
En tu novela aparecen temas como la menopausia, el desempleo o la sensación de invisibilidad. ¿Por qué crees que es importante dar visibilidad a estas experiencias de las mujeres en la literatura actual?
Son experiencias compartidas por muchas mujeres, entre las que me incluyo, que no estamos presentes en el debate público ni bien representadas en lo cultural, como si no existiéramos o no tuviéramos nada importante que decir, cuando en realidad es todo lo contrario. La menopausia se nos presenta casi como una patología, sinónimo de enfermedad. Yo la veo como sinónimo de cosas más positivas: sabiduría, experiencia, madurez en el mejor sentido de la palabra. El acceso al empleo también se complica. Así que las mujeres, conforme vamos cumpliendo años, seguimos cuidando, educando, amando, trabajando… Seguimos luchando, pero parece que nos volvemos invisibles. Creo que algo está cambiando cuando los relatos literarios y audiovisuales empiezan a representarnos con todo nuestro potencial. Cuando la literatura desvela aquello que está oculto, está iluminando esas partes oscuras a las que nadie mira. Está planteando nuevas posibilidades de cambio. Hacer visible lo invisible de las mujeres es sembrar semillas para el cambio social. Por eso son necesarias las representaciones culturales de mujeres diversas.
La acción de Pasión Nails se ubica en un barrio marginal, algo que juega un papel muy importante en la construcción del ambiente de la novela. ¿Cuál fue tu inspiración a la hora de elegir el espacio y cómo influye en los personajes que habitan esta historia?
Me interesa mucho observar el espacio en las ciudades, qué significados tienen todas esas barreras arquitectónicas y urbanísticas que separan unas zonas de otras, dificultando el acceso, haciendo que nos mantengamos cada cual en nuestra zona, sin traspasar fronteras. Esas barreras arquitectónicas representan las barreras mentales que nos mantienen en espacios sociales herméticos. Por experiencia propia conozco también los mandatos que rigen sobre muchas mujeres de los barrios más desfavorecidos. Mandatos de no salir por parte de hombres de la familia, padres, hermanos, novios, que constriñen mucho sus posibilidades de acceso al empleo y su libertad. El salón llamado Pasión Nails es, sin embargo, un punto de luz dentro de ese aislamiento, y el hecho de que Pepa se haga clienta y comience una relación de confianza y apoyo mutuo con su manicurista, Fani, va a contribuir a derribar muchas barreras mentales. Lo paso muy bien imaginando estos encuentros entre mujeres.
¿Cómo ha influido tu carrera como socióloga en la construcción de tu novela?
Los asuntos que me preocupan en la vida se filtran de forma natural en mi literatura. Sucede desde mi primera novela, Diario de campo (2013). La experiencia de trabajar como socióloga en barrios desfavorecidos de Madrid, Huelva y Sevilla, amplió mi visión del mundo. Fue una experiencia tan transformadora que sigue estimulando mi imaginación y empapando las novelas que escribo.

A Pepa se le cae la casa encima estos días: ha pasado los cincuenta, le ronda una menopausia incómoda, la sensación de invisibilidad que da estar en paro y mandar CV sin respuesta, un marido al que llama el santo Job y una hija que cada día la necesita menos. Así que se echa a la calle, a pasear donde nadie la conozca, a darse pena a sí misma, a no pensar. Y en uno de estos itinerarios se topa con el rótulo fluorescente de un salón de manicura, el tipo de sitio al que una mujer como Pepa no ha entrado en su vida.






