Ángeles en el ordenador

ÁNGELES & SALA DE MÁQUINAS. UN ESPACIO PARA CRECER LIBRES.

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Ángeles García es arquitecta, inquieta y residente en un espacio mágico en Gaztapiles llamado Sala de Máquinas, donde la magia de la creación convive con expresiones artísticas variadas y a pie de barrio.

Cuenta que salió de arquitectura sin saber que lo que más le interesaba de ese mundo era la capacidad de los lugares de generar encuentros y desencuentros. Tras su experiencia dirigiendo OOKO industriarquitectura junto a Saúl García, puso en marcha los motores en SALA DE MÁQUINAS con mucha ayuda y mucha energía. En este lugar se han juntado ideas, personas, conocimiento, comida, artistas… y lo que queda. Arte, talleres y charlas (CDI-contrabando de ideas) son parte de un mismo puzzle: transmitir.

FEMINISMO

La palabra feminismo me parece una palabra errónea cuando intentamos hablar de igualdad. A mí como mujer me genera rechazo. Y si fuera hombre, también me generaría rechazo. Si hablas de igualdad, deberías encontrar una palabra que hable de igualdad. Feminismo no es la palabra. Si quieres hablar de igualdad no hablas de hombres o mujeres, de ricos o pobres, de blancos o negros… de lo que hablas es de igualdad. Hay una palabra que me gusta mucho, que es la palabra respeto. Esto lo hablo mucho con mis hijos. Si sabes entender lo que es el respeto, es un término que incluye a todo el mundo. Estamos centrados en unos derechos concretos sin luchar por una igualdad, no engloban a todo el mundo.

EL PESO DE LA MATERNIDAD

Mis hijos tienen 10 y 12 años. Tuve a mis hijos a los treinta años. Después de terminar mi carrera de arquitecto, y con 5 años de trayectoria, no noté demasiado el cambio entre ser una profesional y ser una profesional y, además. madre. Ha habido gente que ha tenido una trayectoria laboral en la que ha podido avanzar quizá más porque ha tenido a sus hijos a los 40, con trayectorias más largas. Yo siempre he sido igual de borrica. Al mes de ser madre estaba en la oficina mandando e-mails porque necesitaba mi espacio. La maternidad me ha pesado más en la relación de pareja que en la laboral. Con Pedro, mi ex pareja y padre de mis dos hijos,  desde el momento en que supimos que íbamos a ser padres, hablamos de compartir la baja al 50%. Hay momentos en los que he sentido que he renunciado a más cosas que a otras. Las mujeres tenemos que hacer el esfuerzo de pensar que no debemos dar mil razones para irnos de cañas ante nuestras parejas o familias:, es un trabajo propio de cada una. Debemos tener razones de peso todo el rato para disponer de nuestro tiempo, nos sentimos obligadas a justificar las cosas y es un error.

UNA CASA PARA SER LIBRES

Mis hijos están en la concepción de nuestra casa desde el principio. Dejé de ejercer como arquitecto para dedicarme a gestionar este espacio hace un par de años. Más allá de buscar un espacio en el que yo pudiera sentirme más libre, lo que deseaba era que mis hijos se sintiesen libres también. Antes de encontrar este espacio, vivíamos en un piso con vecinos debajo. Era la casa en la que me había criado. Empecé a estar cansada de decir a mis hijos siempre que no: no hagas esto, no tires la peonza, no corras, no juegues, no botes la pelota… Todo empezaba por un NO hagas las cosas. Cuando yo era pequeña, los niños vivíamos en la calle: llegábamos a casa, cogíamos la merienda y salíamos pitando por la puerta. Mi madre decía que subieramos en hora y media y, como todos llevábamos reloj, jugábamos en la calle y a la hora subíamos a casa. Saltábamos a la comba, a la goma, a la peonza con tus amigos, con los niños que encontrábamos en la calle… La calle ha dejado de ser ese lugar seguro para los niños. De alguna manera antes desarrollábamos esta vitalidad infantil en la calle. Pensé que ya no quería vivir así, y empecé a buscar un piso bajo en el que no molestar a los vecinos. Quería vivir en un sitio en el que el suelo fuera cerámico, que pudieran pintar y después fuera fácil limpiarlo, donde pudieran tirar la peonza en un suelo que no se fuera a rayar. Aquí, mis hijos pueden entrar patinando o en bici diretamente a su cuarto desde la calle. Y por eso no son un desastre: se hacen más responsables porque pueden llegar patinando a su cuarto y tienen cuidado con las cosas. Mis hijos fueron la piedra angular que a mí me hizo pensar que debíamos vivir en otro lugar. Hay algo maravilloso en los niños: ellos naturalizan todo. Para ellos no hay esquemas preestablecidos. Deberíamos aprender de ellos. Mis hijos, siempre que están, participan en las actividades que ofrecemos en Sala de Máquinas: están acostumbrados a que haya un montón de gente montando exposiciones, se apuntan a los talleres en los fines de semana, ayudan a poner las tazas para el café… Participan y son conscientes de las personas que pasan por aquí y de lo que aquí sucede. Estuvimos un año y tres meses de nómadas. Vendí mi casa para comprar esto. Pensaba que iba a tardar pocos meses en poder mudarme pero siempre la realidad es otra… y tardamos más de un año. Nos íbamos una semana a casa de padres, familiares, primos, amigos… fue muy divertido pero agotador. De esta experiencia nómada, mis hijos aprendieron a formar un equipo conmigo. Cada uno tenía que llevar las cosas que tenía que llevar y yo llevaba las cosas que no pudieran llevar ellos. Todos aprendimos un montón. Sobre todo, aprendimos a tener lo necesario y deshacernos de lo superfluo. A movernos ligeros.

SER MADRE ANTES DE SER MADRE

Sabía que quería ser madre… pero mi concepto de la maternidad era ficticio. Vengo de una familia de seis hermanos de diferente padres y madres. Seguimos haciendo muchos planes juntos, lo pasamos genial. Dicen que el ser humano tiende a repetir patrones. Yo quería tener 5 hijos. Tenía clarísimo que quería tener una familia tan guay como la mía. Quería tener mucha gente alrededor, quizá por eso también haya surgido Sala de Máquinas. Quería repetir ese modelo y pensaba que la única manera de hacerlo era crear una gran familia.

UNA HECATOMBE VITAL

La primera vez que me quedé embarazada perdí a mi hijo. Más allá de perderlo, mi pareja y yo rompimos: fue una hecatombe vital. Cuando lo dejamos, dejé de tener la vida que había planeado con anterioridad. Cuando esto desaparece, de repente empiezas a ver que hay otros caminos. Superada esta vorágine de sentimientos, pensé que no tener hijos era otra forma de vida, en la que tu tiempo era para ti y que no estaba mal. Me pareció un camino totalmente viable, pensaba que era una realidad súper atractiva. Pienso que tenía más ganas de estar rodeada de gente, de formar una comunidad que en mi caso había sido mi familia, que necesidad de ser madre. No quita que ser madre me haya llevado a mundos maravillosos. Luego volví con Pedro, tuvimos dos hijos maravillosos y, aunque separados de nuevo, nos llevamos fenomenal.

MIS PADRES

Mi madre era profesora de lengua y literatura. Le encantaba leer y hablaba de una manera muy certera. Con un lenguaje muy sencillo, parecía que no estaba diciendo nada y estaba diciendo un montón de cosas. Me llegan sus frases en todas partes. Podría recordar mil, pero me quedo con esta: Ángeles, no te engañes, el futuro no existe, solo existe el presente. Cuando teníamos una cena familiar, decía: “abre el mejor vino por si nos da una muerte súbita, que hayamos tomado el mejor”. Nos contaba que, en el colegio donde daba clases, unos padres se presentaron para reclamar un examen de lengua que su hijo había suspendido. Querían mandarlo de campamentos, pero coincidía en fechas con el examen de recuperación. Pretendían que cambiase la fecha de la recuperación para que su hijo pudiera ir de campamentos. En ese momento, mi madre les contestó que la vida es una continua elección. Esta frase me acompaña siempre. Mi padre es infinitamente más torpe a nivel sentimental que mi madre. Mi madre era la que gestionaba todo lo emocional. En el momento en que Pedro y yo lo dejamos, tras mi aborto, mi padre se vio obligado a invitarme a comer para animarme (con la ayuda de mi hermana, que lo acompañó) y marcó para mi un antes y un después. Me dijo: “Mira, Ángeles, en esta vida hay una línea que separa lo que ya has vivido de lo que vas a vivir. Solo puedes mirar hacia adelante y pensar en lo que vas a disfrutar. Y cuando te des la vuelta y mires hacia atrás solo puedes recordar las cosas con cariño, porque no las puedes cambiar”. Las cosas que a veces te duelen solo puedes mirarlas con cariño. Tienes que ordenar tus sentimientos, dar la vuelta, mirar hacia adelante e intentar cambiar.

LO MEJOR DE LA MATERNIDAD

Ser madre te da la oportunidad de conocer a alguien desde cero. Te permite ser más tú de lo que puedes ser con nadie. Con la gente que conoces partes de los prejuicios de ambos, la situación, el contexto… pero con un hijo partes de cero. Cuando partes de cero no necesitas contar milongas, puedes hacer el payaso, hacer lo que te dé la gana y que esté bien. Puedes ser tú y punto, sin sentirte juzgado. Otra cosas maravillosa de la maternidad es tener la oportunidad de revivir tu infancia. Cuando éramos niños no nos acordamos de nuestra vitalidad, nuestra espontaneidad… Cuando veo a mis hijos pienso que todos hemos pasado por esas etapas, cada uno con su personalidad. También es el momento en el que te das cuenta de lo que tus padres han hecho por ti. Es una forma de agradecer cómo tus padres han sido contigo y de revivir tu infancia.

LO PEOR DE SER MADRE

Lo peor de ser madre es que te entra un miedo que no habías tenido nunca. Un miedo que no existía antes. Un miedo nuevo, que te angustia porque no es algo que te pueda pasar a ti, te angustia porque no te pasa a ti, sino a tus hijos. Tienes que vivir sin miedo para poder disfrutar de la vida. Esa sensación es algo que tienes que trabajar mucho en tu cabeza. Un miedo desconocido, que no mola. Ahora que mis hijos van creciendo me doy cuenta de que ellos tienen que avanzar. Cada vez tengo menos miedo porque ellos van haciéndose fuertes. Crecen en su capacidad de resolución. Ellos tienen que enfrentarse a las cosas por sí mismos.

UN CONSEJO EN 5 PALABRAS

La vida hay que vivirla. Fabricamos en nuestra cabeza lo que parece que es nuestra vida pero eso es ficción. La vida hay que vivirla.

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VICTORIA GABALDÓN

“Mi experiencia se remonta a los años 80, cuando mis padres adivinaron que las letras y yo teníamos buena química y me apuntaron a un curso de mecanografía. Más tarde, estudié Periodismo y seguí escribiendo. Trabajé en una discográfica y seguí escribiendo. Trabajé en una agencia de marketing y seguí escribiendo. Trabajé en varias revistas y grupos editoriales, en eventos y publicidad, y seguí escribiendo. Bajo pseudónimo, pero seguí escribiendo. Soy madre de dos criaturas, Darío y Julieta. Y sigo escribiendo. En un año y medio online, al frente de MaMagazine, he escrito más de 400 artículos, he hecho más de 200 entrevistas y sigo sumando. En esta aventura no estoy sola: me acompañan poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad”.

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

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