Ares González
(c) Carlos Ruiz

ARES GONZÁLEZ, EDUCAR SIN GPS

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La crianza, como tantas otras cosas en la vida, es muy estresante. Muy. No solo por el tiempo, esfuerzo y ganas que le tienes que poner, sin garantías de éxito en ningún momento. También resulta muy estresante porque, en estos tiempos de hiperconexión e hiperestimulación informativa y visual, recibes tantos, tantísimos impactos que no sabes a qué obedecer. Este estrés con el que comparo la crianza, incluso el día a día, es el mismo que surge cuando llegas a un restaurante, te sientas, te dan la carta y contiene tantas referencias que hacer una elección te supone un gasto de energía mental tremendo. “Si pido esto, no pido lo otro…”, “me apetece carne, también pescado…”, “¡ay, no! debería haber pedido esto otro”, “mira qué pinta tiene ese plato de la mesa de al lado… ¡me equivoqué!”

Seguro que tú también, ante el mandato de ser la mejor madre posible, has leído libros sobre crianza, has asistido, quizás, a cursos, has preguntado a tus colegas cómo lo hacen ellas para que sus hijos no se la líen en la cola del supermercado, cuál es la receta para que amen los libros y qué narices toman para no acabar dando “ese” grito…

Como bien dice Sara Martín en su artículo ¿De qué somos esclavas?, “ni siquiera tenemos ya la libertad de perdernos gracias a Google Maps”. Pues bien: hoy la invitación es a perderse. A poner el corazón por delante. A aprender a disfrutar de la crianza sin mandatos, sin instrucciones, con errores incluso. Y lo hacemos a través de la experiencia y palabras de Ares González, padre de familia numerosa, maestro y formador de educación y crianza. Especializado en acompañamiento respetuoso a la infancia, innovación pedagógica, familia y crecimiento personal, acaba de publicar Educar sin GPS, un libro en el que propone una vuelta al instinto desde una perspectiva positiva y orgánica.

Charlamos con él para saber más de su experiencia como padre (Ares tiene tres hijos: Gael, de 7 años; Enzo, de 4 años y Mae, de 1 año) y cómo esta experiencia se retroalimenta a través de su trabajo con niños: “En clase convivo cada día con 25 niños y niñas, no los considero mis hijos, pero forman parte de mi vida”.

¿Qué es, para ti, lo mejor y lo peor de la paternidad?

Lo mejor, sin duda, es redescubrir la vida a través de sus ojos y maravillarme de cada paso que dan. Lo peor son los días grises donde crees que no llegas, cuando no has planificado bien y sale todo al revés, cuando me veo mirando en la pantalla del móvil cosas absurdas en vez de estar disfrutando de mis hijos o cuando discuto con mi pareja por algún tema familiar. En mi casa también somos humanos e imperfectos.

¿Cuál es la huella de tus hijos en tu trabajo?

Me han enseñado a ser más flexible, respetuoso y empático con las múltiples formas que hay de vivir la vida. Cada familia es un mundo y, como maestro de educación infantil, mi lugar es entenderlo para poder ayudar desde ahí.

Además, me han regalado que lo más importante es disfrutar de esta etapa de la vida. A veces, es compleja y agotadora pero también está llena de alegría y color.

¿Por qué la crianza y los cuidados se infravaloran en nuestra sociedad?

Se han invisibilizado durante generaciones y generaciones. El esfuerzo que conlleva gestionar una casa y una familia ha recaído siempre sobre madres y abuelas. Ese trabajo no tiene remuneración económica a pesar de las horas, la organización y el peso mental que conlleva. Estamos viviendo un cambio de paradigma con el objetivo de alcanzar la corresponsabilidad entre ambas personas de la pareja. Es hora de darle el lugar que le corresponde a los cuidados, la crianza y la familia, aunque queda mucho por hacer y hay que seguir remando.

¿Cuáles son los principales problemas a los que nos enfrentamos madres y padres en este momento de cambios de paradigma sobre los modelos tradicionales de crianza?

Tenemos un gran reto, que hacer equipo en pareja sea real. Ya seas hombre o mujer, requiere que desaprendas cómo te educaron para crear una nueva realidad. Además, las obligaciones sociales y laborales no ayudan porque estamos viviendo unas condiciones muy difíciles para la crianza. Trabajan ambas personas y apenas se llega a todo…

En tu libro hablas de tres tipos de apego ¿Qué es el apego?

El apego es un lazo invisible que nos une a las personas que queremos. Este vínculo de seguridad que une a cada niño y a cada niña con sus figuras de referencia se establece poco a poco en función de las interacciones que se comparten. Hablo de la forma de cómo respondes a las necesidades de tu hijo, el cariño y el amor que compartís, el tiempo que pasas con él, tu disponibilidad diaria, cómo le permites ser autónomo, los límites que pones con amor y firmeza…

¿Cómo podemos estar más presentes, si en nuestras vidas mantenemos horarios de trabajo irracionales que, ahora, con la introducción del teletrabajo hacen que pasemos más tiempo delante de la pantalla de los ordenadores que prestando atención a nuestros hijos?

No es fácil, sin duda, y más con las exigencias actuales. Es más importante estar 15 minutos de calidad que 30 minutos a medias donde ni trabajas ni cuidas, lo hemos intentado todas las familias durante la pandemia y sabemos que no funciona. Cada cual tiene unas responsabilidades laborales y sociales que tendrá que valorar para poder establecer tiempos donde pueda estar de verdad.

En el libro te regalo la brújula para educar, así sabrás qué es lo necesitan tus hijos y tu familia. A través de algunos ejercicios podrás revisar tu estructura de crianza (hábitos, rutinas, organización…) y así, ganar tiempos en familia y para ti. Es un reto actual porque lo que sabemos es que tu hijo o tu hija necesita tiempo de calidad y no solo eso, continuidad en el tiempo. Por otra parte, tú necesitas estar bien para poder cuidar.

¿Y qué hacemos con esos momentos de desesperación que, tarde o temprano, nos invaden a todas las madres y padres? ¿Qué no debemos perder nunca de vista en esos momentos?

Lo primero, saber que existen y que nos pasan a todos los padres y madres. Después, debemos preguntarnos qué ha ido mal y cómo lo podríamos mejorar para la siguiente vez. Suelo utilizar la metáfora de la ola. Si tu hijo o hija está subiendo en su ola emocional (se enfada o ves que aumenta su rabia), es importante que tú no dejes subir la tuya. Si eres tú quien está subiendo, lo mejor es retirarse unos minutos y volver a la situación después. Todos los padres y madres vivimos momentos que nos desesperan o nos llevan a nuestros límites.

Otro recurso una vez que hemos podido retirarnos un poco es ponernos las gafas de niño para ver la vida a su altura, a través de sus ojos. Entonces descubrimos que muchas de las situaciones se producen por su forma de vivir explorando, jugando y disfrutando de cada momento.

¿Cuál es la línea que separa castigos de límites? ¿Qué debemos tener claro respecto a esto?

Si lo simplificamos, podemos decir que los límites tienen una función (nos permiten convivir con seguridad) y un sentido (sirven para aprender para el futuro). Sin embargo, el castigo pierde de vista el aprender de lo que está pasando y, sobre todo, el respeto a los niños y niñas.

Ahora bien, más importante que los límites y los castigos es el marco de acción en el que viven tus hijos. Es decir, cuáles son las pocas normas y claras que tienes en casa, cómo habéis preparado el espacio para la edad de tus hijos, qué lugar ocupas tú como padre o madre, qué mirada tenéis hacia la autonomía o los límites y por último, qué hábitos y rutinas organizan vuestra vida. Te invito a reflexionar sobre ello, porque cuando todo esto está claro, hay que poner muy pocos límites y el castigo se queda donde debería estar (en el pasado).

EDUCAR SIN GPS, ARES GONZÁLEZ

Este no es un libro más sobre cómo criar a tus hijos. Esto no es una lista de lecciones que tienes que estudiar para ser mejor padre o madre. La primera pauta de este libro es muy sencilla: disfruta de la crianza. No eres perfecto: eres lo que tu hijo necesita. Educar sin GPS apuesta por una visión global de las relaciones familiares, de la educación, de la infancia y del crecimiento con sentido común. Cuando tenemos, a vista de pájaro, el mapa completo, no necesitamos una voz en la oreja que nos diga a cada segundo «gira a la derecha» o «toma la tercera salida». Tira el GPS por la ventana y disfruta del camino, porque la crianza es un viaje apasionante.

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VICTORIA GABALDÓN

“Mi experiencia se remonta a los años 80, cuando mis padres adivinaron que las letras y yo teníamos buena química y me apuntaron a un curso de mecanografía. Más tarde, estudié Periodismo y seguí escribiendo. Trabajé en una discográfica y seguí escribiendo. Trabajé en una agencia de marketing y seguí escribiendo. Trabajé en varias revistas y grupos editoriales, en eventos y publicidad, y seguí escribiendo. Bajo pseudónimo, pero seguí escribiendo. Soy madre de dos criaturas, Darío y Julieta. Y sigo escribiendo. En un año y medio online, al frente de MaMagazine, he escrito más de 400 artículos, he hecho más de 200 entrevistas y sigo sumando. En esta aventura no estoy sola: me acompañan poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad”.

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

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