vaya siglo nos espera
Pedro Cifuentes

¡VAYA SIGLO NOS ESPERA!

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Celebrar el Día de la Tierra, como con otros tantos días que se “celebran”, es algo frustrante: aun con pequeños y grandes gestos, seguimos habitando un planeta en condiciones deplorables y con horizontes poco halagüeños. Sinceramente, si me paro a pensar en grande, me entran taquicardias, picores y malos humores. Porque los humanos de a pie, los que reciclamos en casa, intentamos consumir menos envases, nos interesamos por la gestión de la biodiversidad y, a nuestra pequeña escala, intentamos cuidar nuestro entorno, nos topamos de bruces con la inacción o la acción perjudicial de las grandes políticas, empresas y grupos de poder en cuyas manos están las llaves para emitir menos gases tóxicos, no permitir que el agua siga siendo un negocio y no un derecho fundamental y otras tantas injusticias que nos hemos acostumbrado a ver en las noticias y, cuyo lamento, nos dura un segundo: el segundo que hay entre esa noticia y la siguiente.

Por fortuna, hay personas como Pedro Cifuentes, profesor de Secundaria y apasionado del cómic, que tienen muy claro que un adolescente o niño convencido y concienciado es una de las armas más poderosas para el futuro. Lo sabe y lo hace a través del lenguaje de la ilustración. De hecho su labor como introductor y divulgador del uso del cómic con finalidad didáctica ha sido reconocida con múltiples premios a lo largo de su carrera. Pedro acaba de publicar ¡Vaya siglo nos espera!, un cómic didáctico en el que nos propone un viaje en el que acompañaremos a una profesora, sus alumnos y unos personajes muy especiales por diferentes partes del mundo. Junto a ellos aprenderemos cómo podemos erradicar la pobreza y las injusticias, qué podemos hacer con la contaminación y el cambio climático o cuál es la mejor forma de acabar con las guerras; en definitiva, cuáles son las herramientas más eficaces para curar y salvar así a nuestro planeta, según los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU.

Charlamos con Pedro buscando esperanzas. Él las tiene y, además, sabe transmitirlas.

¿Crees que hay esperanza y que se podrá trabajar con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU? Como se pregunta la paloma: ¿tanto cuesta trabajar con ellos como horizonte?

No podría dedicarme a la docencia si no creyese que hay esperanza. De hecho, sería imposible para mÍ entrar en el aula si no creyera de verdad que todos esos jóvenes que tengo delante van a esforzarse, van a tener dificultades, se van a equivocar mil veces, pero sabrán reaccionar y harán las cosas mucho mejor que nosotros. Trabajar en el aula a lo largo de los años te ofrece una perspectiva temporal distinta, menos cortoplacista y más centrada en objetivos a largo plazo. Creo que, a pesar de todo el ruido que genera esta sobreinformación que nos rodea, como sociedad estamos haciendo las cosas bien. Mis alumnos suelen demostrarlo todos los días.

Respecto a las palabras de esa paloma existencialista y cínica que me he marcado, pienso que nuestro principal error ha sido sustituir la palabra “educar” por la palabra “concienciar”, lo cual se traduce muchas veces en la repetición constante de un discurso machacón en el que no nos detenemos para reflexionar, explicar, acompañar… y dejar que sean los chavales quienes elijan su propio camino.

¿Cuál es la aportación de tus alumnos a tus cómics? ¿Te inspiran?

Todos los cómics que he publicado hasta el momento comparten el mismo grupete de estudiantes, tanto los referidos a Historia del arte que está publicando Desperta Ferro como los de esta nueva colección. Se trata de una serie de chavales que, directamente o no, toman retazos de alumnos que he conocido en el aula. Me gusta pensar en ellos como chavales vivos, que hablan como hablan nuestros hijos, que tienen gustos de nuestros hijos y que te miran como un adulto patético que intenta acercarse a ellos de forma un poco vergonzante si empiezas a utilizar expresiones coloquiales con ellos, o moverte por las procelosas aguas del tik tok. En mis cómics son ellos los protagonistas, los que descubren y experimentan. Los profesores (tanto el de sociales en los libros de arte como Esperanza, la profe de ciencias aquí) son guías que acompañan en el camino, al igual que algunas figuras que aparecen en las páginas, como Wittgenstein, Hanna Arendt, etc.

¿Qué es lo que más nos cuesta creer? ¿Por qué nos hemos acostumbrado a vivir y a digerir las noticias sobre todo lo que falla en el planeta (pérdida de biodiversidad, pobreza, guerras…)?

Yo creo que la quimérica idea de que la sociedad de la información iba a ser una panacea es falsa. Hoy en día mis alumnos forman parte de la generación con mayor y más instantáneo acceso a los datos. Pueden llevarse consigo la información a todas partes, pueden consultar cualquier indicador en cualquier sitio, pueden memorizar los titulares con la misma rapidez del rayo, y sin embargo, las cosas no funcionan del todo bien. La facilidad de acceso a la información no equivale a una buena gestión de la misma. Mis alumnos picotean entre memes y titulares, pero no saben escarbar en la noticia, entender el sentido último de las cosas. Y ahí es donde está el problema que he pretendido subsanar en el libro. No se trata de “salvar el planeta” porque tengamos que hacerlo, porque esté de moda o porque nos lo diga nuestro profesor. Se trata de salvarlo porque si no obramos así sufriremos unas consecuencias funestas que, además, son bien palpables en muchas partes del mundo que ya existen pero que desaparecen cuando nos molestan en la pantalla y pasamos a otra app.

Hablas de la educación como base para construir un mundo mejor. En nuestro país, sin embargo, parece que vamos hacia atrás en este sentido, como si, desde arriba, no importase demasiado la educación. ¿Cómo podemos nosotros, desde la base, luchar por una educación más consciente y preocupada por mejorar nuestro planeta?

En educación es importante tender puentes, establecer comunicaciones proactivas. Frente a una administración anquilosada, que actúa como un pantagruélico dinosaurio, tanto docentes como familias estamos preocupados por el futuro de nuestros hijos. No quiero decir con esto que la administración actúe mal, pero por desgracia las soluciones a las problemáticas complejas que nos afectan directamente no van a venir por ese lado. Creo que esto es cosa de todos. Uno es docente desde que entra hasta que sale de su centro de trabajo. Y ahí, cuando llega a casa, se convierte en padre. Y sigue educando, por muy cansado que esté, por muy complicado que haya sido el día. Pienso que a los adultos nos cuesta muchas veces asumir responsabilidades, admitir culpas y obrar en consecuencia. No podemos sacar nada de provecho si intentamos educar a nuestros hijos en estos aspectos sin dar ejemplo, sin demostrar que estamos todos en un mismo barco.

¿Cuáles son las 5 P’s en las que trabajar?

Las cinco P son los cinco bloques de actuación en los que se dividen los 17 ODS. En inglés: planet, people, prosperity, partnership and peace. En este primer libro de la colección nos limitamos a presentarlas de forma genérica, ofreciendo una hoja de ruta para que pueda ser utilizada por los lectores. En los siguientes volúmenes profundizaremos la temática, de tal forma que te puedo adelantar (tal como figura en las últimas páginas del libro) que el próximo vendrá referido a las problemáticas que afectan a nuestro planeta: el medio ambiente, el agua y la atmósfera limpia, la vida oceánica y el consumo responsable.

¡VAYA SIGLO NOS ESPERA!, PEDRO CIFUENTES

En este maravilloso cómic didáctico, Pedro Cifuentes nos propone un viaje en el que acompañaremos a una profesora llamada Esperanza, sus alumnos y unos personajes muy especiales por diferentes partes del mundo. Junto a ellos aprenderemos cuáles son las herramientas más eficaces para curar y salvar así a nuestro planeta, según los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU.

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VICTORIA GABALDÓN

“Mi experiencia se remonta a los años 80, cuando mis padres adivinaron que las letras y yo teníamos buena química y me apuntaron a un curso de mecanografía. Más tarde, estudié Periodismo y seguí escribiendo. Trabajé en una discográfica y seguí escribiendo. Trabajé en una agencia de marketing y seguí escribiendo. Trabajé en varias revistas y grupos editoriales, en eventos y publicidad, y seguí escribiendo. Bajo pseudónimo, pero seguí escribiendo. Soy madre de dos criaturas, Darío y Julieta. Y sigo escribiendo. En un año y medio online, al frente de MaMagazine, he escrito más de 400 artículos, he hecho más de 200 entrevistas y sigo sumando. En esta aventura no estoy sola: me acompañan poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad”.

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

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