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DIME CÓMO TE RELACIONAS Y TE DIRÉ SI ERES FELIZ

Salud emocional Salud mental
Marta Giménez-Dasí
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En los dos últimos cursos mis alumnas me han descubierto dos de los estudios más impresionantes sobre desarrollo humano que he conocido. Son el estudio Dunedin y el estudio Harvard sobre desarrollo adulto. El estudio Dunedin se inició a principios de la década de los 70 y lleva casi 50 años siguiendo a 1037 personas desde que nacieron. El estudio Harvard sobre desarrollo adulto empezó en 1938 y durante más de 75 años ha acompañado la vida de 724 hombres entre los 19 y los 90 años*. Ambos han hecho seguimientos exhaustivos de los participantes a través de todo tipo de medidas. Entrevistas, cuestionarios, escáneres cerebrales, informes médicos, visitas domiciliarias, conversaciones con familiares… la lista de medidas es casi interminable.

Este tipo de estudios son rarísimos porque necesitan un ejército de personal que trabaje en ellos, mucha financiación sostenida a lo largo del tiempo y directores de investigación tenaces con una gran capacidad de coordinación. Es difícil que las tres condiciones puedan darse. Sin embargo, cuando se logra, los resultados son valiosísimos. 

De la cantidad de resultados que estos dos trabajos aportan me voy a centrar en dos que me parecen centrales. Ninguno de ellos es muy sorprendente. Cualquier persona interesada en cuestiones de desarrollo humano o psicología seguramente habrá ya oído o leído algo parecido. Lo importante es que la solidez que aportan estos dos trabajos convierte los dos resultados, desde mi punto de vista, en dos pilares básicos de la salud mental y la satisfacción vital. Mi objetivo al escribirlos es contribuir a que dejen de ser una idea intuitiva o aproximada, algo que solo parece que influye en la vida de la gente y pasen a ser un conocimiento firme, sólido, cierto, que se grabe en la mente de cada persona.

El estudio Dunedin ha encontrado que el factor evaluado en la infancia que mejor predice el ajuste y la satisfacción a lo largo de la vida es la capacidad de autorregulación. No es la inteligencia, ni la clase social a la que pertenezca el niño. Es la capacidad que mostramos ya a los 3 o 4 años para controlar, regular y gestionar nuestra conducta, nuestras emociones y nuestros pensamientos. A mayor autorregulación, mayor ajuste, mayor satisfacción, mayor nivel de felicidad. Esta capacidad está enormemente influenciada por el entorno en el que crecemos y se forma en los primeros años de vida. La manera en la que aprendamos a regularnos en los primeros años será fundamental para el resto de nuestra vida. Esto no significa que después no podamos hacer nada. La autorregulación siempre se puede mejorar. Sin embargo, la mejor manera de prevenir posibles problemas es ayudar a los niños pequeños a potenciar su autorregulación.

La conclusión del estudio Harvard es muy clara: la clave de la satisfacción vital en la edad adulta, de la salud mental y del envejecimiento saludable está en las relaciones sociales. Las relaciones sociales son buenas para el ser humano y la soledad disminuye la calidad de vida y la salud. Más allá de este principio básico, estos investigadores han constatado que lo que convierte a las relaciones cercanas en factores positivos para las personas no es su número sino su calidad. Es la seguridad de la relación lo que impacta de forma positiva, la sensación de que la otra persona está y estará. En este sentido, las relaciones inseguras o conflictivas son perjudiciales para la salud. Los matrimonios conflictivos, las amistades conflictivas, las familias conflictivas empeoran la salud y nos hacen infelices. El factor que mejor predijo en este estudio la salud a los 80 años no fue la condición física de las personas. Fue la seguridad en las relaciones personales.

Estos dos resultados coinciden con el objetivo del trabajo que llevamos a cabo en nuestro equipo de investigación. Queremos mejorar la autorregulación y las competencias emocionales y sociales de los niños desde los 2 años, cuando sabemos que se están construyendo, para poner los cimientos de la satisfacción, la felicidad y la salud. ¿Cómo? Enseñando estrategias para no explotar, para entender el punto de vista del otro, para ser amable, para pensar antes de actuar, para controlar los pensamientos y no sentirnos desbordados por la mente y para buscar apoyo cuando lo necesitamos. Todo esto nos autorregula y repercute en nuestro bienestar. También enseñamos a los niños que para lograr relaciones seguras hay que comprometerse y dedicar tiempo y esfuerzo a los demás. Aunque las relaciones con los demás son complejas y cambiantes merece la pena invertir en ellas. 

A medida que pasa el tiempo veo más claras dos cosas: una, que deberíamos aplicar con adultos los programas de intervención que hemos diseñado para los niños. Los principios son los mismos, las estrategias valen para todos. Otra, que el rencor es uno de los principales impedimentos hacia la felicidad. Los resultados de Dunedin y Harvard me lo confirman. Gracias, Irene y Gala, por haberme descubierto estos trabajos tan impresionantes.

 

*El estudio Harvard, en su inicio, en los años 30, contaba solo con hombres. Al cabo de mucho tiempo, incluyeron a las mujeres. Las vidas que merecía la pena estudiar eran las de los hombres… Hoy han incorporado ya a mujeres y niños, las mujeres, hijos y nietos de los hombres con los que empezaron el estudio.

MARTA GIMÉNEZ-DASÍ

Es madre de dos niños y profesora de Psicología del Desarrollo en la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid. La maternidad y la universidad conjugan su principal interés vital: entender y promover el desarrollo sano en los primeros años de vida. Desde 2009 dirige un equipo de investigación centrado en el estudio del desarrollo emocional infantil. Como resultado de sus trabajos ha publicado los programas Pensando las emociones con atención plena y varios libros sobre desarrollo infantil en la editorial Pirámide, el último de ellos, Desde el principio.

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