DONATELLA DI PIETRANTONIO: “LA FRAGILIDAD ES LA VIDA EN SÍ MISMA”

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Donatella Di Pietrantonio es una de las voces más potentes y conmovedoras de la narrativa italiana contemporánea. Nacida en 1962 en Arsita, un pequeño pueblo de montaña en los Abruzos, ha sabido transformar su tierra natal en un escenario literario lleno de emociones crudas y relaciones familiares complejas. Aunque es odontopediatra de profesión, su verdadera pasión ha sido siempre la escritura. Debutó en 2011 con Mi madre es un río (Duomo ediciones, 2023), una novela que explora el vínculo entre una madre con Alzheimer y su hija. Este libro fue galardonado con el Premio Tropea. En 2017, alcanzó el reconocimiento internacional con La Retornada (Duomo ediciones, 2018), la historia de una adolescente devuelta a su familia biológica tras años con padres adoptivos. Este libro ganó el Premio Campiello y fue traducido a más de 30 idiomas. En 2023, publicó La edad frágil, una novela que aborda temas como la violencia de género y la fragilidad emocional durante la pandemia. Este libro le valió el Premio Strega y el Premio Strega Giovani en 2024. Di Pietrantonio escribe desde el temblor: el de la infancia arrebatada, el del amor que no cuida, el del territorio que nos forma y nos fractura. En La edad frágil (Duomo Ediciones, 2025), su último libro, aborda temas como las siempre complejas relaciones entre madres e hijas, la violencia de género y la fragilidad emocional durante la pandemia.

El título es casi un diagnóstico emocional: ¿Cuál es esa “edad frágil” para usted? ¿Es una o son varias?

Como expresó el psicoanalista Vittorio Lingiardi cuando habló de la motivación para hacer la novela, realmente la fragilidad no es una etapa de la vida, sino que es la vida en sí misma. La fragilidad en este sentido es un atributo humano y nuestra única tarea es la de reconocer la nuestra. Cada etapa de la vida nos expone a tropiezos, caídas, dolor y la única respuesta que podemos dar frente a estos retos es la conciencia misma de nuestra fragilidad.

La acción principal transcurre en un entorno pandémico, algo poco frecuente hasta ahora, un tiempo de encierro y desvelo. ¿Qué le llevó a situar la trama en ese momento?

Quería establecer una coincidencia entre el cierre y el aislamiento de Amanda, el personaje más joven; su voluntad de encerrarse en su habitación, exponerse al mundo con su silencio y encerrarse en sus pensamientos que son indescifrables incluso para su madre, con aquel aislamiento más colectivo y mucho más amplio que nos abarcaba a todos en ese momento pandémico en nuestro planeta. Quería establecer una conexión entre otras dos dimensiones: el encierro individual y el colectivo.

Existe un trauma colectivo, un doble feminicidio, basado en un hecho real que sucedió en 1997. ¿Qué pasó y por qué ese silencio colectivo?

El hecho que tuvo lugar en 1997 en la región de Abruzzo, mi región, fue un doble feminicidio en el que mataron a dos turistas jóvenes mientras caminaban por la montaña de Morrone, y una tercera que sobrevivió, fingiéndose muerta. El porqué de ese silencio voluntario, yo creo que fue que, tras la conmoción inicial, no volvimos a hablar de ese hecho tan tremendo, sobre todo porque esa sangre que se derramó en nuestra montaña llegó también a destruir nuestra imagen y nuestro propio relato sobre nuestra tierra, que es un territorio pequeño, bonito, verde, con aire puro y comida exquisita, pero, sobre todo, porque es un territorio que siempre hemos considerado seguro. No volvimos a hablar de este evento porque ese derramamiento de sangre nos llevó a la conclusión de que nuestro territorio no era un lugar seguro o de que no hay lugares seguros, por lo menos para las mujeres. Al no querer volver a abordar este hecho trágico, lo que hicimos fue tratar de reapropiarnos de esa idea y ese relato de nuestras montañas como lugar seguro.

¿Qué papel juega el silencio en sus novelas? ¿Es protección o es encubrimiento?

En mis libros abordo muchos tipos de silencio. Probablemente, el peor de los silencios es el silencio de la negación. En el caso de esta novela en particular, es el silencio que encubre justamente este doble feminicidio. También existen los silencios que pretenden no elaborar, no pensar y no dar sentido a los eventos. Pero también hay silencios poéticos y los silencios de las personas mayores que no cuentan con el lenguaje que les permita expresar sus sentimientos y emociones y que, por lo tanto, no pueden nombrar. Mi reto en esta novela era dar palabras a esos silencios de esa generación de personas mayores que, a pesar de tener emociones, no tienen herramientas para traducirlas a palabras.

En sus novelas hay una cadena emocional que se repite entre generaciones de mujeres, y también, concretamente en esta, hablas de la diferencia generacional entre abuelo, madre e hija. ¿Es posible romper esa cadena sin romper también los vínculos?

A menudo, cuando pasamos de una generación a otra, se da este fenómeno de repetición de actitudes, errores e incluso de repetición de la violencia. Hasta que llega alguien y rompe con esta cadena y este proceso de repetición. En mis libros es una realidad que presento con mucha frecuencia. Por ejemplo, en mi libro Las hermanas de Borgo Sud (Duomo ediciones, 2021), esto se da en la relación entre Adriana y su hijo. A menudo es necesario que llegue alguien que se haga con la responsabilidad de romper con este ciclo infinito de repetición. Naturalmente, a veces esta ruptura puede resultar traumática y romper vínculos, pero en algunos casos más afortunados, el vínculo permanece reestructurándose y reelaborándose desde un punto de partida diferente.

¿Cómo influye la geografía en su escritura? También se habla de especulación. En estos tiempos, en los que el acceso a la vivienda ya no es un derecho y los territorios están diseñados no para los vecinos, sino para el turismo en masas, ¿cómo vive la situación en su país, Italia?

Creo que es tremendamente difícil encontrar este equilibrio cuando hablamos de la gestión del territorio. En Abruzzo este es un problema que sentimos muy de cerca porque es una región muy verde, con gran variedad de paisajes y que aún es relativamente desconocida comparada con otras regiones italianas. Nuestro reto es encontrar un equilibrio entre esa voluntad de escondernos del mundo y esa voluntad de abrirnos al turismo. Claramente, el turismo de masas nos produce miedo, porque es un turismo que consume y destruye. Pero, sin lugar a dudas, no hemos logrado encontrar un desarrollo turístico que sea sostenible, respetuoso con el territorio y que sea lento. Incluso llego a plantearme si un desarrollo turístico como el que acabo de mencionar existe.

Sus protagonistas suelen estar marcadas por transiciones: adolescencias arrebatadas, juventudes violentadas, una madurez marcada, también, por el desamor y la separación. ¿Qué le atrae de esas edades?

Yo creo que la literatura debe abordar de manera profunda las transiciones, las dificultades, la ambivalencia y el conflicto. Realmente, yo no creo que la felicidad sea objeto de interés para la literatura y, de existir esta felicidad, ha de ser vivida y experimentada mientras dure. Lo que realmente necesita elaboración es la cara contraria a la felicidad, es decir, la dificultad y el dolor.

La maternidad aparece como amor y también como deuda. ¿Cree que toda madre carga, inevitablemente, con una ambivalencia?

Yo creo que sí, que la maternidad abarca una serie de experiencias indescriptibles, a menudo inefables, que tienen que ver con un estado de absoluta felicidad y plenitud. Pero abarca también una serie de emociones que se encuentran un poco a la sombra y que son tremendamente ambivalentes. Sobre todo en mi territorio, este tipo de emociones que se quedan en las sombras y esta ambivalencia no han sido a menudo relatadas. Y pienso que, por eso, estas grandes sombras de la maternidad siempre han permanecido como un gran tabú.

Las madres, en nuestra cultura, siempre han tenido que mostrarse felices. No se les ha permitido expresar sentimientos negativos y cuando esto sucede, y tenemos ejemplos de escritoras como Lala Romano o Elena Ferrante, que cuando han descrito o han expresado estos sentimientos negativos acerca de sus propias experiencias de maternidad, se ha desatado un enorme escándalo cuando yo, realmente, creo firmemente en las oscuridades de la maternidad. En este sentido, quería citar el título de un libro un poco más desconocido de Elena Ferrante, La hija oscura, que considero que aborda estas zonas oscuras de manera magnífica.

 

donatella di pietrantonio

 

No existe una edad en que no pasemos miedo. Siempre está la fragilidad, ya seamos padres o hijos, a la hora de reconstruir cuando ni siquiera sabemos dónde poner los cimientos. Pero hay un momento específico, el de zambullirnos por primera vez en el mundo, en que estamos expuestos y desnudos, y el mundo no debería herirnos. Por eso, Lucia, que una noche de hace treinta años se salvó por casualidad, observa ahora asustada el silencio de su hija. Aquella noche en el Diente del Lobo estaban todos. Los pastores, los propietarios del camping, los cazadores, los carabineros. Todos, excepto las chicas que desaparecieron.

Con su escritura vibrante y profunda, capaz de hacernos sentir el peso de una mirada y el sonido de una pregunta sin respuesta, Donatella Di Pietrantonio aborda en esta novela una tensión del todo nueva.

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VICTORIA GABALDÓN

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.
Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

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